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HERRAMIENTAS

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La amenaza de las papeleras
Por Antonia Fortt
Publicado digitalmente: 15 de marzo de 2006
(Oeana - Especial para IRW)En los últimos meses, hemos observado en Uruguay el enfrentamiento entre dos formas de entender el desarrollo de un país. Por un lado, la maquinaria gubernamental de Tabaré Vázquez apuesta por los megaproyectos, con inversiones millonarias, pero sin medir los impactos sociales y ambientales. En la esquina opuesta, están quienes han entendido que el progreso de una nación no sólo se mide en la rentabilidad de las empresas ni en los índices del Producto Interno Bruto. Organizaciones sociales y ecologistas se han opuesto tenazmente a la instalación de dos plantas de celulosas en la zona costera de Fray Bentos.
No sólo en Uruguay se da esta dicotomía entre la aplicación a ultranza del modelo neoliberal y un desarrollo sustentable. En Chile, una planta de celulosa destruyó la vida en el Santuario de la Naturaleza del río Cruces en Valdivia. Para permitir las operaciones de esta fábrica de pasta de papel en las inmediaciones de un humedal protegido por la convención Ramsar, las autoridades chilenas recurrieron a los mismos argumentos que se escuchan hoy en Uruguay.
Tabaré Vázquez habla de mayor empleo, de dinamismo económico y de utilización de materias primas locales en la producción de 1.500.000 de toneladas de celulosa anuales. Las empresas Ence (España) y Botnia (Finlandia) son para el presidente uruguayo una ayuda perfecta para alcanzar el desarrollo. Sin embargo, Vázquez omite las graves consecuencias para el ecosistema que acarrean las plantas de celulosa.
Al parecer, las autoridades políticas del Uruguay no se han enterado del desastre ecológico en el río Cruces de Valdivia, en Chile, producto de la irresponsabilidad de estas industrias. Este humedal era hábitat natural para miles de cisnes de cuello negro, pero hoy no quedan más de 300 especies según el último catastro de la Universidad Austral de Chile. Esta misma institución académica comprobó la responsabilidad de la empresa Celulosa Arauco y Constitución (Celco), dueña de la planta, en la muerte de las aves, que caían en los techos de las casas vecinas y agonizaban con convulsiones frente a la mirada de los habitantes de Valdivia. Los contaminantes vertidos a las aguas por la fábrica de pasta de papel acabaron con el luchecillo, principal alimento de los cisnes.
Frente a la evidencia, la Corte de Apelaciones de Valdivia ordenó el cese de las faenas, pero la paralización fue sólo momentánea. La planta de Celco, perteneciente a Anacleto Angelini, uno de los hombres más ricos de América Latina, retomó sus labores destructivas. Tanto así, que el 25 de enero de 2006 murió uno de sus trabajadores. El geólogo Luis Alejandro Barrios Álvarez, de 45 años, falleció por inhalación de gases en un vertedero de la misma empresa de celulosa.
Estas situaciones poco importan cuando se trata de 1.400 millones de dólares de inversión de uno de los tres grupos económicos más importantes de Chile. Con esa lógica se opera en Chile frente a la negligencia cómplice del poder político. El gobierno de Ricardo Lagos fue nefasto para el medioambiente, pero muy rentable para los grandes conglomerados económicos que han multiplicado por tres y cuatro veces sus ganancias. El modelo neoliberal funcionó a la perfección bajo la administración de Lagos, pero sólo para un porcentaje reducido de la población. La diferencia entre los ingresos de los más pobres y los más ricos llega a 34 veces.
Lagos hizo todo para no entorpecer la inversión extranjera y acomodó la legislación para que las grandes empresas dispongan de los recursos naturales bajo la impunidad. Lo mismo ha hecho Tabaré Vázquez en Uruguay, al pedir al Banco Mundial que agilice los préstamos para las empresas Ence y Botnia. Ellas instalarán sus celulosas en el río Uruguay, destrozarán el ecosistema y no generarán desarrollo, frente a la total sumisión del gobierno. Esos mismos gobiernos que alguna vez se declararon de izquierda hoy se rinden ante los intereses económicos, olvidándose de sus pueblos.

Antonia Fortt: Ingeniera Mediambiental de Oceana
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