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HERRAMIENTAS

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Suárez Mason
Un terrorista al servicio de Washington
Por Stella Calloni
Publicado digitalmente: 27 de junio de 2005
Uno de los mayores criminales del país y la región, el ex general argentino Guillermo Suárez Mason, quien fuera importante figura de la Liga Anticomunista Mundial y agente privilegiado de la Central de Inteligencia estadounidense (CIA), murió este 21 de junio a los 81 años en el Hospital Militar adonde fue trasladado desde una cárcel local sin haber sido condenado por más de 630 delitos de lesa humanidad, por los que además era reclamado en varios países en el mundo.
Suárez Mason fue sin duda una de las figuras de mayor peso durante la pasada dictadura militar (1976-1983) y uno de los más ’expertos’ hombres de las guerras sucias, contrainsurgencia y represión, que ejerció sin piedad alguna cuando fue jefe del Primer Cuerpo de Ejército, entre 1976 y 1980, momentos en los que se registraron la mayoría de los secuestros, torturas, muertes y desapariciones en los centros clandestinos de detención que estuvieron a su cargo.
También fue clave en la dirección de los asesores de la muerte que fueron los militares argentinos en la saga centroamericana y socio de John Negroponte, entonces embajador estadounidense en Honduras, en los pactos y alianzas para el crimen que se firmaron en Centroamérica en los años 80.
En 1984, a poco tiempo del retorno democrático bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, cuando ya se estaban instalando los históricos juicios a las Juntas Militares de la dictadura, Suárez Mason, alias ’Pajarito’ o ’Sam’ en la jerga de la guerra sucia, huyó del país eludiendo así varios llamados judiciales. Buscó el amparo de sus viejos amigos de la CIA, con los que trabajó activamente en Centroamérica.
Pero llegó un momento en que su nombre estaba ligado a tantas causas -como que más tarde sería requerido por las justicias de Italia, Alemania y Francia- que finalmente en 1987 fue detenido por Interpol en Estados Unidos (en Foster City un lugar cercano a San Francisco) y sólo un año después fue traído al país, donde ya lo esperaban juicios por más de 40 asesinatos y decenas de secuestros probados entre los 635 delitos en que está acusado.
Fue salvado por los tan repudiados indultos que decretó el ex presidente Carlos Menem en noviembre de 1990 interrumpiendo la posibilidad de ser juzgado y condenado debidamente.
Nunca tuvo un solo gesto de arrepentimiento y admitió firmar ’entre 50 y 100 sentencias de muerte por día durante mucho tiempo’, según consta en archivos desclasificados recientemente por el gobierno de Estados Unidos, en una charla que mantuvo con un diplomático de ese país en 1979.
Estaba recluido por diversas causas, entre ellas 254 secuestros, la desaparición de alrededor de 20 militantes de la organización Montoneros, en una acción combinada con Brasil, en el marco de la Operación Cóndor, y el robo de niños nacidos en cautiverio después de asesinar y desaparecer a los padres.
En una entrevista publicada por la revista Noticias el 5 de octubre de 1996 se jactaba de haber sido ’un general duro porque no admitía transacción, nunca fui un blando (....) A algunos los eliminamos. Eso está más o menos claro’.
Cuando se le consultó por las torturas practicadas en aquellos años, reconoció que ’tal vez deberíamos haberla legalizado para cubrir algunos excesos, como hacen los judíos que dan varias palizas de muerte por día... pero ellos tuvieron la audacia de incluirla en la ley(...) El poder judío es un poder mundial por lo cual nadie los critica’.
En esa entrevista admitió haber conocido a Licio Gelli, el jefe de la Logia mafiosa italiana Propaganda -dos (P-Due), a través del tres veces ex presidente Juan Domingo Perón ’para que intercambiaran informaciones’.
Acusaba a los organismos de derechos humanos, a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo de ser ’zurdos’ ( de izquierda) y también continuó llamando ’subversivos’ a los políticos de izquierda y progresistas. Por su edad había estado bajo arresto domiciliario, que violó en un episodio escandaloso, en febrero de 2004, cuando fue invitado a festejar su cumpleaños por el entonces embajador de Ecuador aquí, quien a raíz de esto fue relevado de su cargo.
Por esta razón y por orden judicial fue llevado a la cárcel donde, si bien estaba entre presos comunes, vivía en un espacio especial.
Algunos de los nombres que se le dieron como ’el carnicero de El Olimpo’, estaba referido a los crímenes cometidos en ese centro clandestino de detención por donde pasaron miles de prisioneros y desaparecidos.
Pero Suarez Mason, como hombre activo de la Liga Anticomunista Mundial, fue clave también en el período en el que los militares argentinos actuaron como asesores en El Salvador, Honduras y Guatemala en la década de los 80, una coordinación en que fueron la mano derecha de la CIA y agencias estadounidenses, de escuadrones de la muerte y los represores de la zona.
Suarez Mason era comandante del Primer Cuerpo de Ejército, cuando impulsó la creación del Grupo de Tareas Exterior (GTE) del Batallón 601, vinculado a la Secretaría de Información del estado (Side), para asignarles las misiones de asesorar a los aliados centroamericanos y perseguir a los exiliados argentinos, en especial a los grupos montoneros y otros fuera del país.
Trabajaron junto con los fascistas italianos de Avanguardia Nazionale y los grupos de la mafia cubana de Miami, especialmente activos- hay que recordar la presencia en Ilopango, El Salvador, de Ramón Medina, nombre falso dado a Luis Posadas Carriles, en sus trabajos de apoyo a los criminales salvadoreños junto a Félix Rodríguez y otros.
En las investigaciones sobre Operación Cóndor, encontramos las ligazones de Suárez Mason, Stephano Delle Chaie, de Italia, el agente de la CIA y la DINA chilena Michael Townley y el ex militar y jefe de escuadrones de la muerte Roberto D’Aubisson para las primeras misiones de asesoramiento. También las investigaciones señalan a la asesoría de los militares argentinos dirigidos por Suárez Mason en instrucciones para secuestros extorsivos, como financiamiento de las operaciones clandestinas.
Y por supuesto todo esto lleva al periodo del Irán Gate, del Contra-gate, el intercambio de drogas por armas para la contra nicaragüense.
En todo esto estuvo involucrado el general que se ha llevado sus secretos a la tumba, incluso su relación con el golpe de Estado del general Luis García Meza (1980), que fue clave para ayudar al financiamiento de los paramilitares centroamericanos, hechos ya investigados en diversas causas.
Precisamente la asistencia militar argentina a la ’narcodictadura’ boliviana, que alcanzó a casi medio millar de asesores, correspondió a un pacto siniestro para colaborar a financiar ese golpe.
En esos momentos los mayores narcotraficantes de Bolivia lograron una enorme expansión a través de los militares y esto estuvo en pleno conocimiento de la DEA, especialmente en su sede de Buenos Aires. El ex agente de la CIA Michael Levine, dijo que este organismo y la propia DEA ocultaron información, porque el proceso desarrollado era en todo favorable a Washington tanto en la región como en Centroamérica.
El enlace con los militares argentinos fue el coronel Luis Arce Gómez, ministro del interior de la dictadura (hoy detenido por narcotráfico). Arce, junto a su pariente Roberto Suárez, estructuraron la fórmula de tráfico de drogas y lavado de dinero que contaría con la cobertura de los asesores argentinos en Centroamérica.
Esto se hizo mediante un pacto por medio del cual los narcotraficantes bolivianos financiarían a las bandas paramilitares de la región y que se firmó en Bolivia con el delegado del general Suárez Mason, el teniente coronel Hugo Miori Pereyra, Stéfano Delle Chiaie de Avanguardia Nazionale y delegados de la CIA.
Miori y Delle Chaie, entre otros grupos mafiosos, conformaron en Bolivia un escuadrón terrorista denominado ’Novios de la Muerte’. Ese escuadrón, al que estuvo vinculado el criminal nazi Klaus Barbie y que coordinaba con el Servicio Especial de Seguridad, enseñaba a soldados bolivianos como torturar a detenidos a la vez que protegían el contrabando de drogas.
Los asesores argentinos tenían una vinculación estrecha con estos escuadrones de la muerte mantenidos por el narcotráfico y por el propio Arce Gómez.
En 1981 se realizó en Buenos Aires el cuarto congreso de la Confederación Anticomunista Latinoamericana (CAL), filial de la liga Anticomunista Mundial (World Anti-Communist League, WACL), presidido por Suárez Mason, con la presencia de Woo Jae Sung, de la Liga Anticomunista y de la Secta Moon; representantes de la P-DUE, líderes de la contra nicaragüense y de la organización terrorista cubano americana Alpha 66 y otros grupos.
A ese Congreso no faltaron los jefes de los escuadrones de la muerte de El Salvador, Roberto D’Aubisson, y Guatemala, Mario Sandoval Alarcón, además participaron los grupos fascistas italianos, el general argentino Eduardo Viola, y varios coroneles, que llevarían adelante la llamada ’Operación Calipso’ dentro de la Operación Cóndor en Centroamérica.
Participaron en esas reuniones John Carbaugh y Margo Carlisle, asistente del senador Jesse Helms, y ayudante del senador James McClure, respectivamente, y también delegados paraguayos y chilenos, y allí se prometió la entrega de ocho millones de dólares aportados por la Liga Anticomunista Mundial.
Bajo las órdenes de Suárez Mason, el coronel Oscar Ribeiro, fue el responsable del Grupo de Tarea Exterior de Argentina en Centroamérica, el coronel Santiago Hoya (conocido como Santiago Villegas o José Hoyos, en los campamentos ’contras’ y otros de los actuantes fueron Alberto Valín, jefe del estado Mayor y el coronel Mario Davico, los agentes del Batallón 601, Raul Guglielminetti,(’mayor Guastavino’, Leandro Sánchez Reisse, (’Lenny’), Jorge Franco,(Fiorito).
Todos nombres ligados, tanto a la represión en Argentina como en Centroamérica, además al tráfico de drogas que iba a las bases de la Fuerza Aérea de El Salvador y desde allí a Estados Unidos, bajo control de la CIA y sus hombres como Posadas Carriles, ahora requerido por la justicia venezolana. Ese dinero servía para los contras y los escuadrones de la muerte de la región, que tienen en su haber miles de crímenes de lesa humanidad.
Esto es sólo un esbozo de la historia de Guillermo Suárez Mason, cuyo silencio no ha impedido sin embargo ir reconstruyendo una de las más reveladoras historias del horror, que no sólo compete a la justicia argentina, sino que se extiende hacia toda la región y hacia la mano que meció la cuna de la muerte desde Washington.
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