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Este miércoles 10 de agosto en Quito se lanza libro «LA REBELIÓN FORAJIDA»
Ecuador: ¿Qué democracia queremos?
Por Mario Ramos
«Hay quienes confunden política con partidos y democracia con elecciones»

Eduardo Galeano

Quito (Ecuador) - 9 de agosto de 2005

Como es conocido, la democracia de los antiguos griegos se ejercía en la polis por los ciudadanos reunidos en asambleas, los cargos públicos más importantes se designaban por sorteo y se desconocía casi completamente la representación; la democracia griega era una democracia directa, es decir, el poder efectivo y directo de los ciudadanos, recordando que en esa antigua sociedad no se otorgaba ciudadanía a esclavos, mujeres y extranjeros.

Lo interesante fue que la democracia griega prescindió de los expertos en la toma de las decisiones políticas. Ceder todo el poder a los «representantes» ha significado, que nuestra democracia representativa se haya transformado únicamente en una democracia electoral; paradójicamente, hoy todo el mundo es ciudadano y tiene derecho a voto, pero los «representantes» terminan representándose solamente así mismos y a sus corporativos intereses.

Esta democracia electoral que vivimos ha significado que al pueblo se le otorga únicamente la posibilidad de elegir un Presidente de la República, unos diputados que integran un congreso y unos alcaldes y prefectos que dirigen los respectivos gobiernos seccionales. Pero se le impide que pueda decidir sobre temas de trascendental importancia para la Nación, como son por ejemplo en la actual coyuntura, Tratado de Libre Comercio, Base de Manta, organización del poder judicial.

No podemos estar organizados en el siglo XXI, básicamente y en esencia bajo la misma forma política organizativa con que nació el país en el siglo XIX.

Se tiene que producir un debate para crear una nueva democracia acorde a las nuevas realidades y necesidades.

Ya se escucha «novedosas ideas» que plantean que el dilema está entre presidencialismo versus parlamentarismo, pero nada se dice sobre el problema de cómo evitar que los partidos políticos, tengan secuestrada a las instituciones y tomen las grandes decisiones sin consultar a nadie.

Se tiene que organizar una democracia que garantice mínimas condiciones para el libre desarrollo personal, para ello el ciudadano tendría que tener la posibilidad de proponer y aprobar leyes, censurar a funcionarios públicos, aprobar presupuestos y otros aspectos más, en una dialéctica entre democracia directa, participativa y representativa.

Cuando se señala de inviable la democracia directa y participativa, se esgrime el argumento de que la gente no tiene la suficiente educación e información para tomar decisiones sobre temas técnicos, a estas personas les recordamos que elaborar leyes es una labor técnica, aprobarlas no. ¿Nos preguntamos, los ciudadanos produciremos leyes y políticas peores que los expertos representantes que nos han gobernado hasta ahora? Aún si fuera así, en una democracia de ese tipo habría más posibilidades de corregir errores.

El papel de los representantes políticos sería la preparación de las normas en condiciones que permitan la libre decisión popular, rendir cuentas periódicamente sobre la delegación otorgada en los diferentes organismos de control (judicatura, contraloría, superintendencias, etc.) y la aprobación de las leyes de segundo nivel.

Queremos una democracia donde las grandes decisiones se las tomen colectivamente y éstas se respeten, donde las instituciones públicas a más de legitimidad tengan credibilidad y permitan la construcción de una sociedad igualitaria y con oportunidades, donde la política se desarrolle bajo reglas de juego estables y aceptadas por todos

¿Complejo? Bueno vivimos en una sociedad compleja y en correspondencia deberíamos tener un sistema democrático complejo, el mismo que tiene que propugnar la recuperación de una ciudadanía responsable, informada y activa.

Para otros las marchas fueron actos racistas en las que intervino básicamente la clase media y alta para botar al cholo del Gutiérrez. En un principio pudo haber primado en las manifestaciones, gente de estrato social medio y alto, pero en las marchas de los últimos cuatro días, fue clara la composición multiclasista de las mismas.

La realidad es más compleja y ya habrá estudios que profundicen sobre el fenómeno surgido entre el 15 y 20 de abril, en lo particular pienso que surgió un estado de conciencia ciudadano que esta ahí forajidamente extendiéndose y dando unos primeros pasos organizativos para conseguir su objetivo: ¡Qué se vayan todos!y refundar el país bajo el diseño de una nueva democracia construida con el debate y la acción de los ecuatorianos.

No se va a permitir que reine por mucho tiempo el «estado de derecho» de las oligarquías y su partidocracia.

Mario Ramos
Historiador quiteño, tiene una Maestría en Seguridad y Desarrollo.
Director del Centro Andino de Estudios Estratégicos.
Miembro de RESDAL y del Grupo civil de monitoreo del Plan Colombia.
Autor del libro «La Rebelión Forajida».

Publicado originalmente en Altercom
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