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No más muertos: ni en alta mar ni en la Amazonía
Por María Augusta Calle

Dos noticias conmocionan al Ecuador de estos días: LA MUERTE DE MÁS DE 100 COMPATRIOTAS que huían de la miseria en un barquito pesquero, como lo han hecho DOS MILLONES DE ECUATORIANOS en el éxodo de estos últimos años; y, la INUSITADA REPRESIÓN que el Gobierno, surgido de la rebelión y el desacato de Abril, ha cometido en las provincias amazónicas de Sucumbíos y Orellana, ante las jornadas de protesta de la población entera.

Quito (Ecuador) - 24 de agosto de 2005

 

No son hechos aislados.

La voracidad de las transnacionales petroleras, que además de contaminar, erosionar y prostituir, se llevan en crudo el 95% de las ganancias, y el abandono de las provincias orientales por parte de todos los gobiernos, la pobreza rampante de una población cuyas familias se enfrentan a la vida con 40 dólares mensuales, el Plan Colombia que expulsa población colombiana a la frontera y población ecuatoriana a la miseria, las fumigaciones que han arrasado con los cultivos de café, cacao, naranjilla, entre otros males, obligan a la desintegración familiar, al éxodo y también a la bronca, a la protesta, al basta ya!!!

La causa y el efecto nos conmocionan a la mayoría. Sin embargo parece que el gobierno no entiende la profundidad de los hechos y la gravedad de la situación. Desde posiciones autócratas, casi ‘dictócratas’, se niega a conversar mientras no se levante medida de hecho y, olvidándose del reciente Abril, declara el «Estado de emergencia» , elimina las garantías constitucionales, militariza la sociedad civil y coarta la libertad de expresión.

Tanto susto por un justo reclamo.

A Sucumbíos y Orellana les asiste la razón. Ellos lo saben y de ahí nace la intensidad de la protesta.

Al gobierno le invade el pánico de enfrentarse con el poder real: las transnacionales petroleras y sus voceros criollos.

Resulta inadmisible que sea la población, sin mando ni poder de decisión, la que tenga que salir a pelear en la calle para exigir que se respete la soberanía y la ley en el Ecuador.

Resulta vergonzoso que el gobierno tenga miedo de enfrentar a la oscura compañía Oxy, que según el Procurador General del Estado, ha cometido más de 30 violaciones al contrato suscrito con el Estado Ecuatoriano, (una sola basta para provocar la caducidad según la Ley) o que se empequeñezca ante las transnacionales que ahora, sólo por la presión de la población, quieren comprometerse a cumplir lo que era su obligación desde hace 50 años.

El pueblo esperaba que el Gobierno, este gobierno, se siente de su lado a la mesa ante las transnacionales. Se equivocó nuevamente. El Ministro de Energía, empleado de extranjeros, está ahí para cumplir el rol de mayordomo en esta hacienda ecuatorial.

Esa falta de decoro, de valentía, de patriotismo, es la que nos ha marcado la historia.

Esa falta de humildad y de objetivos patrios es la que nos lleva a una espiral de violencia impensable para un País aparentemente pacífico.

La necesidad de mantener «el principio de autoridad» , declarada por los gobernantes, parece un pretexto de cegatos.

Que prime «el principio de autoridad» , exclaman los de arriba, negando en la práctica que fue la ruptura de ese dinosáurico «principio» lo que ha permitido que este País recupere, aunque por instantes, su dignidad, cuando expulsó de la Casa de Gobierno a más de un traidor, y que fue la ruptura de ese «principio» lo que permitió al vicepresidente Palacio y a su equipo, ser gobierno.

¿Hasta dónde se pretende llegar? Oponer la fuerza bruta al reclamo de un pueblo hambriento y enfurecido, es igual que colocar gasolina en el fuego.

No queda otro camino que un tapete verde sobre una mesa de diálogo. De diálogo sensible y justo, no de sordos. El País así lo exige, más aún, si este Gobierno nació de la protesta...

En Sucumbíos y Orellana la gente está luchando por quedarse en su tierra, por comer, por trabajo, por no engrosar las estadísticas de migrantes, de los muertos y las muertas en alta mar. No puede ser que a los pobres se les imponga la disyuntiva: o huyes en el éxodo o no protestas contra la injusticia porque te silenciamos.

El momento exige mesura. El «principio de autoridad» no es sinónimo de grado militar. Es un sentimiento de respeto mutuo y de confianza en quienes tienen, ahora, el poder efímero del que fueron investidos en Abril.

Refundemos el País que ha colapsado. Los nuevos tiempos exigen nuevas actitudes.

No queremos más muertas y muertos, ni en alta mar ni en la selva amazónica.

María Augusta Calle
Comunicadora y socióloga ecuatoriana. Directora de la Agencia de Prensa Altercom.
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