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HERRAMIENTAS

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Colombia
Armando Bronca: ¿Cuál democracia?
Columnista ANNCOL
Por ANNCOL
¿Cuál ”democracia” en Colombia? La ”Democra-tadura” es promovida por los Estados Unidos, pero también por Gran Bretaña, Alemania e Israel. Devolverle al pueblo su soberanía es parte del programa para un Gobierno de Reconstrucción y Reconciliación Nacional.
 

[Allende La Paz / ANNCOL / Colombia]

Desde hace unos meses estamos oyendo a la Sra Condolezza -dientes de perro- Rice pelándole los dientes al mundo para que adopten la democracia ”made in usa” como su ”cracia”, o si no se las verán con las armas del imperio. Y se atreven a elaborar listas de países que no son ”democráticos”, en la cual incluyen a Venezuela, pero sorpresivamente califican a Colombia, bueno no a Colombia, sino a su gobierno como ”democrático” y hablan de que es una de ”las democracias más estables del hemisferio”.

Si no fuera por los más de 180 mil muertos y los más de 3 millones de desplazados forzados dejados por ”el ejercicio de la democracia” que practica la oligarquía colombiana, la cuestión sería ”para morirse de la risa”. Pero no. Ni siquiera vale que el expresidente López Michelsen en su senectud -contrario a lo de otros expresidentes que en la vejez sufren de Alzheimer- diga que en “En Colombia no hay democracia en el sentido corriente del vocablo”. Yo creo que si él lo dice por algo será. Recordemos que el ex-compañero-compañero es un hijo de la rancia oligarquía y conoce por dentro los hilos del ejercicio del poder oligárquico.

Miremos un poco la historia y veremos que lo de la tal democracia es puro cuento. Desde 1948 el partido conservador adelantó una “guerra preventiva” contra los liberales, y también contra los comunistas. Fueron ellos los creadores de los primeros grupos paramilitares: “la chulavita”, famosa por su “corte de franela”. Esa violencia física, visible, dejó más de 300 mil muertos y un millón de desplazados.

Logrado el acuerdo entre las cúpulas de los partidos liberal y conservador, proceden a la desmovilización de la guerrilla -liberal en su mayoría y un gérmen comunista-, al asesinato de sus principales líderes -como lo sueñan ahora los oligarcas de hoy, que son casi los mismos de ayer, por lo menos son los mismos apellidos, y llegan a un pacto que se llamó Frente Nacional, que contemplaba la alternabilidad de los partidos liberal y conservador en la presidencia durante 16 años, extraña “forma de democracia” que no permitía la participación de otro partido diferente a los tradicionales liberal y conservador, es decir, un pacto excluyente aún más ya que en Colombia “hacen política” los ricos que tienen millones de dólares para invertirlos en las campañas.

Esta “Demo-cracia” fue ejercida con mano fuerte aplicando las recetas estadounidenses de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) y sus desarrollos posteriores, configurándose una verdadera “Democra-tadura”, o sea, un laberinto leguleyo que “garantiza” formalmente nada más, los derechos de los ciudadanos y un “terror totalitario” desarrollado desde las altas esferas del estado consistente en el masacramiento de las comunidades y el asesinato selectivos de los líderes populares y de izquierda. En los primeros tiempos las fuerzas militares adelantaban todas las “tareas sucias” de la asesina DSN y les tocaba enfrentar las acusaciones de violaciones de los derechos humanos, que ya no de los derechos ciudadanos.

El costo internacional de tal “Democra-tadura” era evidente y entonces se las “ingenian” y reviven el paramilitarismo, esta vez apoyándose en los terratenientes y en los narcotraficantes, en una alianza que muestra patente su catadura moral. Es el narcoparamilitarismo el encargado de ejecutar las tareas sucias que las fuerzas armadas no podían realizar sin ensuciarse la cara y entre sus creaciones monstruosas están los “asesinos de la motosierra” y los “sicarios en moto”, verdaderas muestras de la perversidad con que la oligarquía ejerce el poder.

La “Democra-tadura” no podía permitirse el lujo de permitir una expresión política diferente a los partidos liberal y conservador -vale decir oligárquicos- y de sus nuevos aliados, los grandes capos del narcotráfico, y adelantan el genocidio de la Unión Patriótica (U.P.), con el asesinato de más de 4.000 líderes de dicho partido de izquierda, la desaparición forzada de 1.000, y las masacres en los poblados de mayoría de simpatizantes de la UP.

Pero la “guerra preventiva” iba dirigida no solo hacia la U.P., sino que también eran asesinados miembros de los partidos trotskistas, maoístas, socialistas, etc, y todos los líderes de las organizaciones gremiales y de masas populares. Colombia iba siendo hundida día a día en una orgía de sangre en ejercicio de la “Democra-tadura” más antigua y consolidada del hemisferio, masacre tras masacre, desaparición forzada tras desaparición forzada, ejecución extrajudicial tras ejecución extrajudicial, o asesinato selectivo, es lo mismo.

Los gobiernos oligárquicos, incluído el gobierno actual de la mafia del Cartel de Medellín, han contado con cómplices internacionales, o “promotores” de la “Democra-tadura”. Los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos llevan la delantera, pero Gran Bretaña, Alemania e Israel han contribuido en el entrenamientos de los asesinos y torturadores de las fuerzas y también de las fuerzas narcoparamilitares. Recordemos que el oficial israelí Yair Klein fue el primer instructor que tuvieron los narcoparamilitares del Cartel de Medellín y de Fidel y Carlos Castaño. Pero también la España de Zapatero se convierte en cómplice y le vende 1 millón de euros en armas livianas, que son precisamente las utilizadas para asesinar la población civil.

Lógicamente para que el panorama estuviera “totalmente” controlado era necesario asesinar todo lo que oliera a organización popular, sino que también había que “censurar” los medios de comunicación -y asesinan los que no los obedecen- convirtiendo el ejercicio del periodismo en una profesión peligrosa y se apunta Colombia el deshonroso mérito de que de cada 10 periodistas asesinados en el mundo, 7 lo son en Colombia, así como las constantes amenazas contra otros, casos más recientes los de Carlos Lozano, Hollman Morris y Daniel Coronell, convirtiendo nuestro país en un país amordazado.

También en esa política “democra-tadura” había que silenciar a los defensores de derechos humanos para que no se registraran las violaciones consuetudinarias que las fuerzas militares-narcoparamilitares cometían -y cometen- contra los civiles desarmados, inermes.

La alianza impúdica entre las fuerzas militares-narcoparamilitares se extiende a todos los ámbitos estatales y los políticos encuentran una forma fácil de financiarse las campañas con los dólares del tráfico de drogas, así como miembros del poder judicial encuentran la forma de enriquecimiento fácil por sus “sentencias”, laxas, permisivas, para los oligarca-narcoparamilitares, pero duras cuando de condenar luchadores populares se trata.

El resultado está a la vista para que lo vea el que quiera ver. Las cifras causan escalofrío por la sevicia, por la perversidad, con que son adelantadas las operaciones militares-narcoparamilitares contra la población civil, inerme, desarmada, pero que son de otro tenor cuando son adelantadas contra las fuerzas guerrilleras, porque entonces les entra el “culillo”. En Colombia ni siquiera hay un remedo de democracia formal, o “electoral”. Hay es una “Democra-tadura” que extermina físicamente sus contradictores políticos y llega al extremo de atacar a los que luchan por sus reivindicaciones. Todos los presidentes colombianos han desarrollado su forma de gobierno, su “democra-tadura” oligárquica-mafiosa, apoyándose en la DSN y usando como instrumentos a los militares y a la mafia del narcotráfico, incluyendo lógicamente a César Gaviria Trujillo, que por estos días está en plana campaña electoral y pretende deslindar campos con sus aliados naturales y familiares, la narco-mafia colombiana.

No aceptamos la imposición de “modelos de democracia” que tienen como base la explotación del hombre por el hombre y la expoliación de nuestros recursos para enriquecer al imperio en tanto nuestros niños se mueren de hambre y de falta de atención médica. Trabajamos por una Nueva Colombia como la contemplada en el programa por un Gobierno de Reconstrucción y Reconciliación Nacional, que le devuelva la soberanía al pueblo, para que sea éste el que mediante una Constituyente defina cuál es la forma de gobierno que quiere darse a sí mismo y cuáles políticas deben adelantarse desde el estado para ir sentando las bases para una paz definitiva, con justicia social, independencia y soberanía nacional.


Publicado originalmente en ANNCOL
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