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HERRAMIENTAS

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Reportaje a Eleuterio Fernández Huidobro
"Es una campaña fácil, ganaremos ahora o nunca"
Por Eduardo Tagliaferro
Publicado digitalmente: 15 de septiembre de 2004
A poco más de un mes de los comicios presidenciales en el vecino país, el senador del Frente Amplio Eleuterio Fernández Huidobro confía en el triunfo de su candidato Tabaré Vázquez, “servido en bandeja” ante la situación de crisis financiera y bipartidista de Uruguay.
En Uruguay se acercan momentos de definiciones. En 40 días se realizan las elecciones presidenciales. Como pocas veces, el Frente Amplio, con la candidatura de Tabaré Vázquez, está cerca de ganar las presidenciales. Tal vez le falten uno o dos puntos para triunfar en primera vuelta. Los frenteamplistas trabajan para que los uruguayos que viven en la Argentina crucen el charco. En esta entrevista con Página/12, Eleuterio Fernández Huidobro, senador por el Frente y uno de los fundadores del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, señala que el FA es la expectativa de los pobres y también de los empresarios y de la gente del campo.
–¿Cómo definiría la campaña del Frente Amplio?
–Esta es una de las campañas más fáciles. He estado en muchas y recuerdo que fue más difícil el referéndum contra la privatización de la empresa petrolera, en el último diciembre. Allí había que realizar una fuerte argumentación y polemizar. Ahora basta con pararse en una esquina y preguntar: ¿Quién fue el responsable de lo que está pasando? Luego hay que comenzar a repartir boletas.
–¿Con nombre y apellido, a quiénes señalan los uruguayos como responsables?
–La gente vapuleó en diciembre a los dos principales responsables: José María Sanguinetti y Luis Lacalle. Inteligentemente, ellos cargaron sobre sus hombros la campaña por la privatización de la empresa petrolera. Les dimos una paliza. Ganamos por el 60 por ciento. Pero en realidad ellos probaron allí su aceptación popular. Con esos dos caudillos de la derecha desprestigiados y derrotados, con la ventaja que nos da el actual presidente Jorge Batlle, que cada vez que habla mete la pata, aparece como imposible no ganar. Los Blancos inventaron a Jorge Larrañaga. Este es el único contrincante real que enfrentamos.
–¿Con qué discurso se presenta Larrañaga?
–Se presenta con un discurso parecido al nuestro, progresista de izquierda. Pasa algo parecido a lo que sucedió en la última elección en Brasil. Todos los candidatos se presentan como de izquierda, nadie es de derecha. No logra mejorar aunque se desmarca siempre del gobierno. Es un cuadro joven, no llegó su hora todavía.
–Al margen del aumento cuantitativo, ¿cómo ve al Frente Amplio a lo largo de estos años?
–Vivimos un crecimiento permanente. Hay analistas que dicen: “El Frente Amplio va a ganar por imperio de que su crecimiento es sistemático”. Desde 1971, con el interregno de la dictadura, el crecimiento del Frente es constante y la caída de los partidos de la derecha también. Para ver la tendencia tiene que recordar que en el año ‘94 hubo un triple empate en las elecciones presidenciales. Lo que se denomina un empate técnico. Sanguinetti llegó a la presidencia en aquella ocasión por 15 mil votos. Así, ante la inminencia de que en la próxima ganábamos, inventaron la reforma constitucional que incluyó el ballottage. En Uruguay los golpes de Estado se dan por ley. No se olvide de que tenemos muchos abogados.
–¿Crecen por virtudes propias o por desgaste de los otros
–Cuando digo que es una campaña fácil es porque ellos nos sirvieron en bandeja el triunfo. Si no ganamos ahora, no ganamos más. Estamos frente a la crisis financiera más grande del Uruguay. Se fundió todo. Le metieron la mano en el bolsillo a su propia clientela electoral, a los empresarios, a la gente del agro. Estamos frente al fracaso estrepitoso y total del sueño neoliberal, del modelo menemista. Ellos decían: eso fracasó en la Argentina porque fue mal aplicado por Carlos Menem, aquí no va a pasar. Batlle no cayó como Fernando de la Rúa, porque nosotros lo sostenemos institucionalmente.
–¿Qué expectativas tienen los sectores empresarios?
–Qué otra expectativa pueden tener esos sectores. Los partidos tradicionales se han pervertido, se han degradado. Algunos partidos seconvierten en una asociación para delinquir. En los Blancos la corrupción no campea tanto, pero también se da. Esto damnificó al empresariado. Hubo estafas colosales. Los Rohm. los Peirano dañaron a los empresarios, no a los pobres.
–El vaciamiento vino de la mano de los negocios sucios que dominaron la Argentina en los ’90.
–En el año ’91, hubo cinco interpelaciones cuestionando las adjudicaciones de algunos bancos. Se les decía que le estaban adjudicando el Banco Comercial a una banda de delincuentes. Ellos respondían que habían sido chorros en la Argentina, pero que no lo harían en Uruguay. Se da cuenta que la historia es inapelable. La clase dominante va a reflotar a sus partidos. Pero tendrá que hacer una renovación, estos dos partidos así como están no le sirven. No sé si desde la agenda del poder internacional no les están diciendo que se renueven y que apuesten a desgastarnos cuando lleguemos al gobierno.
–La construcción del Frente Amplio a lo largo del tiempo es similar a la del PT de Brasil. ¿Qué diferencias y qué similitudes tienen?
–El Frente es más viejo que el PT. La salida de la dictadura en Brasil es anterior. Los aspectos de la acumulación son parecidos. El tema es que Lula no ganó. Tuvo que ir al Parlamento y negociar todas las leyes. Tiene una coalición prendida con alfileres.
–¿Cuántos votos aportan los uruguayos que viven en la Argentina?
–En el actual panorama, dos puntos porcentuales son decisivos. Y esos puntos están en Buenos Aires, Rosario y algunas ciudades más. Nosotros hemos peleado en el Parlamento por el voto consular. Ellos, como una falange, se abroquelaron en contra. Les estamos diciendo a los uruguayos que están en Barcelona que no vengan, que donen el dinero para traer a los que están más cerca. El pecado original de los Blancos y de los Colorados fue el ocultamiento del exilio uruguayo. Eso demuestra el fracaso de la política neoliberal. Calculamos que debe haber 300 mil uruguayos en esta zona.
–¿Cuáles serían las medidas prioritarias para un gobierno del Frente?
–La más urgente es lo que llamamos el Plan de Emergencia, medida que venimos levantando desde hace años. Medidas contra la pobreza. No se puede construir nada si no nos ocupamos de la gente muy dañada. Esto no es la solución. No queremos institucionalizar la pobreza. Ellos apostaron a los servicios y a que fuéramos una plaza financiera prostibularia, a las zonas francas. El tercer punto es el Uruguay inteligente, invirtiendo en tecnología y en educación. El cuarto es el Uruguay democrático. El quinto es el Uruguay integrado. Estos son los talones de Aquiles que ellos mostraron en estos años. El problema fue que esa pompa de jabón que fueron las SAFI uruguayas es que funcionaba. Eso se vino abajo en el 2002, luego de que cayera aquí. Pero se veía venir.
–¿Cuánto los favorece el contexto regional?
–Con Kirchner acá, con Lula en Brasil, nosotros vamos en coche. Eso también lo ven los empresarios uruguayos. Quién puede hablar con Kirchner. Acaso el loco de Batlle que dijo que ganaba Menem. Quién puede dialogar con Lula. Los dos partidos tradicionales rompieron los puentes y además ellos apostaron por Menem. Ese era el modelo. Batlle se alineó con el ALCA, le mandó una puteada a Itamaraty y una patada a la Argentina. Nosotros desde hace años decimos que hay que integrarse y juntos hablar con el grandote del Norte.
–¿Cuál es su recuerdo del fallecido Liber Seregni?
–La muerte del general produjo un hecho político. El viejo se moría, nosotros lo sabíamos y las Fuerzas Armadas también. Un jueves veo en la tapa de La República que el jefe de la División Número 1 colgó en la sala de honor el retrato de Seregni, que fue comandante de esa guarnición y que había retirado la dictadura. Al revés que acá. El gobierno le rindió honores de ministro y descolocó a los dinosaurios golpistas que protestaban por el cuadro. El sepelio fue multitudinario y, en un punto, la gente tenía que entregarles el cajón a los militares, todos pensábamos que ahí se armaba una gresca. No pasó nada. En el mismo momento en que el General se iba para siempre estaba volviendo. La oficialidad estaba de acuerdo con ese homenaje. La derecha de allá está más acorralada que la de acá o la de Brasil.

Página/12 - 13 de Setiembre de 2004
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