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Lic. Laura Inés Etcharren   
Historia de la Sociología en Argentina
Por Lic. Laura Inés Etcharren
(¿Quién es Lic. Laura Inés Etcharren?)
Publicado digitalmente: 20 de octubre de 2005

LM (1)

Nociones Preliminares

Para introducirnos en la historia de la sociología argentina, es preciso, antes, referirnos al concepto de la sociología y sus raíces.
La sociología, forma parte de las ciencias sociales. Aunque no tiene un objeto de estudio claramente definido, producto de la variedad de temas que aborda y analiza, podría decirse que su principal interés, reside en el estudio sistemático de los grupos y las sociedades en las cuales las personas viven. Es decir, la sociología, intenta, por un lado, estudiar la construcción de los sujetos colectivos, al mismo tiempo que indaga en la creación, mantenimiento o cambios en las estructuras sociales. Además, explora como la interacción social, afecta el comportamiento individual y social.
La American Sociological Asociation considera a la sociología como "el estudio de la vida social, el cambio social y las causas y consecuencias de la conducta humana (...) investiga la estructura de los grupos, organizaciones y sociedades y como las personas interactúan dentro de estos contextos El término "sociología" es un neologismo creado por Augusto Comte en su Curso de filosofía positiva. Es la combinación de socius (en latín ’socio’) y logos (en griego ’estudio’ o ’conocimiento’).
Sin más, son muchos y variados, los conceptos o fenómenos estudiados por esta disciplina. Aunque también, casi todos mantienen una estrecha relación, que nos brinda la posibilidad de articular el conocimiento, para así poder analizar los procesos y hechos sociales.

Gino Germani y La Fundación de la Sociología como carrera en Argentina

En Argentina, la sociología como carrera, viene de la mano de Gino Germani, en el año 1957. A través de la fundación de la carrera y del Departamento de Sociología, junto a un importante proyecto editorial, que Germani, inicia en los años ’40 y se despliega hasta los ’60, es que se abre un importante campo cultural que nos sirve como parámetro de análisis para la reconstrucción de la historia cultural e intelectual de la sociología en Argentina.
En una conferencia ofrecida en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, el Licenciado Juan Carlos Marín dijo: “La Sociología que se instaló a fines de la década del ’50, ha sido muy confundida y atacada por una especie de cientificismo cuantitativo, cuando en realidad la empresa que intentaban realizar, que realizaba en gran medida el primer destacamento, era una empresa consustanciada por desentrañar el orden cultural que había creado con esa capacidad de originalidad al fascismo y al nazismo, esta era una demanda sustantiva que corta transversalmente a la cultura en todo el mundo.”
Después de 1955, la sociedad argentina, comienza a experimentar importantes cambios, que vienen dados por la situación del movimiento peronista. Recordemos que en ese mismo año, se puso en marcha la REVOLUCIÓN LIBERTADORA, bajo el gobierno dictatorial de Lonardi. La misma, tuvo objetivos claros y limitados, considerando como fundamental: liberar al país de la “segunda tiranía.” Bajo ese lema se inició, un intento de “desperonización” en los diferentes sectores de la sociedad. No obstante, y en contrapartida a aquellos intentos libertarios, surge la RESISTENCIA PERONISTA, cuyo objetivo principal fue, hasta 1973, el regreso de Perón al poder. Con esa meta, la resistencia se presentó como una respuesta defensiva a la represión y al hostigamiento de los trabajadores en el lugar de trabajo.
A su vez, la resistencia, no solo luchaba por la defensa de las ventajas económicas obtenidas durante el gobierno de Perón, sino también, por la organización obrera, ya que los términos de justicia social y soberanía nacional constituían la retórica ideológica estatal, bajo dicho movimiento.
En síntesis, la resistencia peronista marca un período clave en la historia de la clase trabajadora Argentina. Su estructura de sentimiento, contribuyó a establecer el tono de las relaciones sociales y políticas. La nostalgia de la clase obrera Argentina, como parte integrante de esa estructura de sentimiento, marca la añoranza de dicha clase por aquel peronismo que data del año ‘45. Y a pesar, de que la armonía social no era tal, durante el gobierno de Perón, los obreros sentían una contención por parte del gobierno así como también, en parte, una satisfacción de sus necesidades materiales, cuestiones que no experimentaron durante los regímenes militares.
Frente a tal estado de la cuestión, entra en escena, el ya mencionado Gino Germani. Para él, la sociología mucho le debe al peronismo. Germani, se presenta en los escenarios argentinos, con el planteo de poseer las principales herramientas para explicar el movimiento peronista.
Cargado de herramientas tales, como la economía, la demografía y la teoría de Talcott Parson (1902- 1979) , Germani aporta un análisis ciertamente científico, propio del estructural- funcionalismo . A partir de su análisis, da lugar a un campo asociado a la invención del peronismo: el campo de las ciencias sociales.
Así, desde Gino Germani, la pregunta recae en el ¿Por qué del Peronismo? Y la respuesta se asienta en la conformación dual de la sociedad argentina. Es decir, el porcentaje de inmigrantes recibidos, ha llegado a ser, muchas veces, más importante que la sociedad que los recibía. Esto último, abre una brecha importante entre la vieja y la nueva clase obrera.
Frente al agotamiento del modelo agro-exportador (1880-1930) se inicia el proceso de Industrialización por Sustitución de Importaciones, el cual requería una importante demanda de mano de obra, al mismo tiempo que movilizaba el fenómeno de las migraciones internas.
Mientras la vieja clase obrera, era de origen inmigrante, politizada, con características urbanas, formada bajo la noción de autonomía y con una fuerte conciencia de clase; la nueva clase obrera, era un producto de las migraciones internas, que venían a cubrir la mano de obra faltante en las zonas urbanas y que por ende, debió ubicarse en el cordón de las grandes ciudades.
Una nueva clase obrera, que se manejaba con anomia, en tanto sus valores paternalistas, su no institucionalización y su característica fundamental de poco acostumbramiento a la sindicalización, a la militancia política. Prácticamente, los nuevos migrantes son anómicos, y solo se convierten en masa de trabajadores por la ISI, sin poder ser, integrados políticamente.
Por lo tanto, el análisis interpretativo de Germani, nos lleva a pensar en él, como un hombre que viene de una tradición y de una lucha antifascista, con un deseo hacia el Socialismo, como expresión de su crítica al Capitalismo.
La concepción de Germani, no es inocente, todo lo contrario. El desafío de crear una carrera, como la de sociología, en Argentina, encierra toda una concepción estratégica, que encuentra sentido en la construcción de conocimiento, consiguiendo el apoyo del movimiento estudiantil, y dando inicio a una carrera, que comenzó su ciclo buscando dar respuesta a los procesos sociales que se venían dando en nuestro país, al igual que en el resto de América Latina.

Las bases del pensamiento de carácterísticas sociológicas en América Latina

La sociología argentina se “inaugura” de la mano de pensadores tales como Sarmiento, Alberdi, Mitre, etc. Pensadores que comienzan a trabajar sus ideas, con parámetros europeos aunque también del positivismo empírico, aunque sin hacer referencia, a la sociología propiamente dicha.
Muchos de ellos, por tener una impronta cultural e ideológica más avanzada, debido a su paso por Europa y Estados Unidos, se dedicaron al estudio de la Nación Argentina así como del resto de América Latina, acompañados de un bagaje cultural característico. Tanto es así que “Hubo cuatro grandes vertientes teóricas disponibles: la española, con su tradición igualitaria, el peso de la neoescolástica y la contemporánea influencia del liberalismo gaditano; la monárquico-constitucional inglés, construida a partir del Bill of Rights de febrero de 1689, la teoría política de John Locke y la experiencia párlamentaria; la francesa, especialmente con los componentes rousseaunianos de soberanía popular e igualdad y las preceptivas de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano; y la norteamericana, con su impronta federal y constitucionalista.” (Ansaldi; 1998)
De esta manera, nos remontamos a los diversos libertadores latinoamericanos, y encontramos puntos en común, que son fundamentales para comprender más acabadamente el surgimiento de la sociología; como ser, la necesidad de encontrar caminos autónomos de interpretación de los procesos históricos y sociales así como de recuperar una visión propia del mundo, para dar respuestas a condiciones semejantes. Es decir, las distintas vertientes latinoamericanas pueden ser pensadas como proyectos contra-hegemónicos e innovadores, que buscaron plantear un nuevo proyecto, recuperando las categorías europeas, para después apropiarlas y reinterpretarlas ante la realidad de las sociedades latinoamericanas y por la vía sociológica, filosófica, política, antropológica, etc.

La Sociología Argentina en sus Pensadores

Antes de las primeras guerras por la independencia, el discurso de Rousseau así como otras cuestiones provenientes de la Europa moderna, hacen eco en algunos de los intelectuales de América Latina, que más tarde llegaran a otros sectores de la población, produciendo la posterior formación de la identidad latinoamericana. Este fenómeno fue interpretado de diferentes maneras: por un lado, como condición para salir de la barbarie, y así iniciar una nueva etapa, según la visión de Sarmiento y Alberdi; y por otro lado, fue visto como una amenaza a la verdadera identidad de "nuestra América", según la visión política de Martí.
Sin embargo, quien inaugura la primera cátedra de sociología en la Facultad de Filosofía y Letras en Argentina es, Ernesto Quesada (1858-1934). Formado en Alemania, Quesada escribe un ensayo impecable, llamado “Dos Novelas Sociológicas.” Admirador de Bismarck, Quesada inaugura, la sociología académica en Argentina, defendiendo el status de la misma, como la síntesis de las demás ciencias sociales.
Su orientación estuvo muy ligada al positivismo de Augusto Comte (1798-1857) y el evolucionismo spenceriano, y más tarde, fue un divulgador de la teoría relativista de Oswald Spengler, cuyos estudios introducirá en el país.
Defensor, entonces, de las ideas del positivista Comte, Quesada escribió un libro sobre él, al que le sucedieron otra serie de artículos y ensayos. Preocupado por las relaciones entre Comte y Herbert Spencer (1820-1903), realiza un estudio minucioso y complejo, en donde, incorpora el pensamiento de Charles Darwin (1809-1882) para completar la divulgación de la teoría evolutiva. La formulación que hace de esta misma, es claramente explicada por Enrique Marí: “(...)la teoría de Darwin vino a quedar como parte integrante de la teoría general de la evolución en las líneas spencerianas, pues en tanto el primero se ocupa desde el punto de vista estricto de la ciencia, Spencer amplía el radio de la teoría y la concibe como solución general.”
Para Quesada, Spencer, recoge un vacío, extendiendo la teoría evolutiva al terreno sociológico; haciendo servir al pasado y al presente de los fenómenos sociales como elementos de experimentación y comprobación. Tanto es así, que través de la obra de Spencer, la doctrina de Darwin pudo triunfar en el mundo filosófico, gracias a su inmediata aplicación a la sociología.
En contra punto con Quesada, encontramos la figura de Carlos Octavio Bunge (1875-1918). Quien desarrolló una labor intelectual ciertamente destacada en Argentina, la cual llegó a extenderse a gran parte de Latinoamérica, también de la mano del positivismo.
Una de sus principales obras, donde alberga un conocimiento sociológico esclarecedor, es “Nuestra América y Principios de psicología individual y social” (1903)
Bunge, también intentó explicar desde el darwinismo el comportamiento de las sociedades latinoamericanas frente al proceso inminente de modernización, producto, entre otras cosas, del aluvión inmigratorio.
Cultivó un biologismo aristocratizante bajo la elegante prosa de quien fue visto como un “literato a escondidas” y un “superhombre nietzschiano” por Quesada. La complejidad de su pensamiento, se debe a la gran cantidad de teorías de las cuales se nutrió, aunque principalmente se desliza el preciso factor de decantación de ideas situado en torno al organicismo social y el racialismo. “Bunge se valió de las ideas de Wheeler para armonizar la “Teoría de la evolución” con el organicismo social, participando así de una búsqueda que preanunciaba la emergencia de peligrosas legitimaciones biológicas para Estados corporativos, como también prolongaciones científicas de pretendida autonomía que llegan hasta los actuales planteos sociobiológicos.” (Miranda- Vallejo; 2004) De esta manera el organicismo aparecía como un elemento eficaz para comprender los fenómenos sociales y una vez lograda esa meta descubrir el alma nacional.
Pero Quesada y Bunge, no fueron los únicos argentinos interesados en el desarrollo de la sociología en Argentina, también encontramos dentro de nuestra historia, otros intelectuales abocados a la construcción y crítica de conocimiento. Algunos de ellos han sido: Agustín Alvarez (1857-1914) ; Juan Agustín García (1862-1923) ; Joaquín V. González (1863-1923) y Antonio Dellepiane (1864-1939) El segundo de ellos, es muy importante para pensar la construcción de la subjetividad de los hombres que conforman esta sociedad moderna, ya que para él, “el que realiza la obra es el pueblo”
A través de criterios psicológicos, García se dedicó al estudio de los sentimientos y las creencias, que influyeron, de forma extrema, en las formas de actuar, pensar y sentir de los sujetos que constituyeron el pasado de la Argentina y que marcaron nuestro presente. Consideraba que los impulsos afectivos, al igual que los sentimientos y las creencias definían mejor el alma de los pueblos que las ideas. Así estudió algunos de ellos como la creencia en la grandeza futura, el pundonor criollo, el culto nacional del coraje, el sentimiento de desprecio de la ley, el deseo de enriquecerse rápido.
Ahora bien, retomando la línea de pensamiento de Ernesto Quesada, columna vertebral de la sociología en Argentina, nos encontramos con que él mismo, con su gran impronta de investigador, por cierto también escéptica, buscó revertir aquella demonización liberal del período de Juan Manuel de Rosas, como producto de su formación germánica.
Pasó por diversas temáticas, una de las fundamentales, la constituyó, la cuestión del idioma nacional; un tema de base indiscutido, al interior de los diversos pensadores/ intelectuales argentinos, ya que el lenguaje conforma, entre otras cosas, la forma en que el hombre, en cuanto ciudadano nativo, tiene de presentarse ante el mundo.
Desde el prócer argentino, Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), el lenguaje y el papel del gaucho en la sociedad se viene discutiendo. Incluso, muchos años después, el escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) toma cartas en el asunto, aportando una crítica más destructiva que constructiva, que pone en jaque el libro argentino por excelencia, Martín Fierro.
Considerado como una de las personalidades sudamericanas más ilustres del siglo XIX, la presidencia de Sarmiento sirvió para asentar los cimientos de la construcción de la Argentina contemporánea.
FACUNDO: civilización y barbarie es una de sus principales obras. En ella, elabora un apasionado ataque contra el régimen de Rosas al mismo tiempo que puede considerársele un ensayo sociológico novelado, que se ha convertido en un clásico de la literatura argentina e hispanoamericana en general y de la creación literaria del romanticismo. El Facundo no es un libro más, puesto que no solo abarca la filosofía, la pedagogía, la sociología, la política, etc. Facundo encierra la pasión de un hombre por su país, un hombre que alberga las ansias transformadoras de la sociedad en la que vive y mediante su libro las describe. Así en uno de los pasajes de Facundo, Sarmiento dirá: "en Facundo Quiroga no veo un caudillo simplemente, sino una manifestación de la vida argentina tal como la han hecho la colonización y las peculiaridades del terreno.”
Civilización y Barbarie son la mirada sarmientina de la realidad argentina. Una ciudad en la cual, la modernidad y todo lo que ella implica, se hacen presente, frente a la “lejanía” del campo. Un campo, que aparece, desde Sarmiento, como el reflejo de la anarquía, de la barbarie. De ahí, la idea de que en la Argentina, La Civilización y La Barbarie conformaron dos estilos de vida. También desde Facundo, el educador dejará en claro una de las máximas de nuestra Nación: “el mal que aqueja a la Argentina es la extensión (el territorio)” Tanto es así que si se cambiase el territorio se podría trocar la sociedad, para convertirla en el tipo de sociedad que queremos.
Con una mirada un tanto autárquica, al mismo tiempo que discriminatoria, Sarmiento comienza a dar aquellos pasos sociológicos hacia la interpretación de los males que aquejaban a la sociedad argentina.
Sarmiento, consideraba que el gaucho no podía participar de la civilización. Para él, el problema se encuentra en la sangre del argentino. Mientras que al comenzar el período de construcción del Estado Liberal Argentino y con él la ola migratoria, el problema radicaría, desde el positivismo, en el otro, es decir, en el inmigrante.
Con una concepción eurocentrista muy marcada, el educador, se refiere a las razas y nos dice: “Las diferencias de volumen del cerebro que existen entre los individuos de una misma raza, son tanto más grandes en cuanto más elevadas están en la escala de la civilización. Bajo el punto de vista intelectual, los salvajes son más o menos estúpidos, mientras que los civilizados se componen de estólitos semejantes a los salvajes, de gentes de espíritu mediocre, de hombres inteligentes y de hombres superiores.” (Sarmiento; 48) Es decir, para Sarmiento, el gaucho lucha contra la naturaleza, pero es parte de la misma; mientras que el hombre civilizado, si bien, también, lucha contra la naturaleza, forma parte de un proceso histórico.
Sobre la base de lo expuesto, el debate entre Sarmiento y Juan Bautista Alberdi (1810-1884), será de gran ayuda para observar dos miradas hacía un mismo fenómeno. Para Alberdi, la idea de dos civilizaciones no es errónea, lo que sí considera equívoco, es el lugar que Sarmiento le asigna. O sea, para Alberdi, colocar la civilización en las ciudades y la barbarie en el campo es un error, no solo de historia sino también de observación. Además de representar signos de anarquía y de “antipatías ratifícales” entre dos espacios que se necesitan y complementan mutuamente.
Para Alberdi, el gaucho no implica lo mismo que para Sarmiento. Alberdi ve en el campo el baluarte de la independencia y en el gaucho su primer soldado. Esta visión contrapuesta, nos invita a preguntarnos ¿De dónde parten diferencias tan de fondo, entre ambos pensadores? La respuesta es profunda y simple, asentada en dos cuestiones: Por un lado, en el mandato alberdiano de Gobernar es poblar, que después se plasma en la Constitución Nacional (1853), y por otro lado, en la visión de Sarmiento de luchar por la educación común; ambos preceptos vinculados a la fundación de poblados, a la colonización y al trabajo y a la producción de la tierra, que forman parte, en última instancia, de la visión de toda una generación y de un modelo de país.
“Gobernar es Poblar” muestra una Argentina abierta a ser poblada por todos los hombres del mundo que quieran habitarla. En Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, Alberdi le otorgaba a la inmigración un protagonismo «civilizador». Mientras que Sarmiento, resalta la idea de que la inmigración es sinónimo de colonización.
En algún momento, Sarmiento dijo que la Nación Argentina no se logrará plenamente mediante un acto de voluntad política, ni se agotará en un sentimiento histórico.
Cabe destacar que a lo largo de toda la obra de Sarmiento se puede apreciar una gran atracción en la estructura científica de la historia, es decir, en la posibilidad de descubrir las leyes de la evolución histórica. La identificación viquiana de poesía e historia como característica fundamental de las épocas bárbaras, creía haberla encontrado en los cantares populares que seguían difundiendo de pago en pago las hazañas de Facundo, años después de su muerte.
Siguiendo la tradición gauchesca y el idioma Nacional, Quesada irrumpe en los escenarios intelectuales sosteniendo que en un país multilingüístico la auténtica lengua nacional no puede ser el lenguaje vulgar de las clases populares, sino la noble usada por escritores y gente culta.
“La pluralidad es un dato del proceso argentino que un moderno como Quesada está dispuesto a pagar como tributo al progreso. Pero un miembro de la élite criolla como Quesada no está dispuesto a que esta mezcla degenere en esa hibridación fértil hasta la teratología del “cocoliche”, y por eso considera imprescindible definir qué elementos dentro de esa mixtura deben resultar esenciales e inamovibles.”
Quesada sostiene que la tradición nacional no debe ser menoscabada, y para ello, el alma, como esencia más pura de nuestra tradición, debe enfrentarse a la “hibridación.” Bajo esta premisa toma la figura del gaucho y reconoce que esa lengua a la cual refiere, no es autóctona sino heredada del imperio colonizador, y utiliza, pues, al gaucho para explicar, entonces el por qué de tal afirmación.
Los gauchos argentinos son “los andaluces de los siglos XVI y XVII transplantados a la pampa.” No obstante, el tipo original sufrirá modificaciones sustantivas impresas nada más y nada menos que por la pampa. “La vida aislada en las soledades de las llanuras sin fin les dio su razón y linaje: tornáronse melancólicos y resignados, modificando su carácter, que ganó en seriedad lo que perdió en brillantez. Y así, el descendiente de andaluz, a la larga, se convirtió en el gaucho argentino”.
Horacio González dijo “Aunque Quesada curiosamente tiene una posición progresista, pero con un fuerte precio, digamos, le pone un límite a toda la novelística gauchesca, incluso corre un riesgo de poner un límite al Martín Fierro, cosa que no hace porque en realidad debate con el Juan Moreira, es un debate con el populismo en la Argentina, es un debate que siempre se re- abre, tenemos que re-abrir ese debate, porque no hay pensamiento social y crítico si no hay ese debate.”
Vemos entonces, como a pesar de las críticas que el gaucho ha recibido a lo largo de la historia, su presencia en la construcción de la identidad nacional es fundamental. Oscar Terán sigue siendo un eje de análisis revelador para comprender esta cuestión. Fundamentalmente cuando hace referencia a la idea de que un proceso fundador, requiere de un autoexiliado, y es ahí donde encontramos al gaucho; un gaucho que se va hacia el sur, perseguido por aquella civilización tan concreta que describe Sarmiento y en donde el gaucho parece no tener lugar alguno, extinguiéndose del territorio. “El gaucho ha muerto -decía un crítico extranjero-, la civilización le ha matado dulcemente, sin convulsiones.”
Continuando con este debate de nacionalidad y lenguaje, pilares fundamentales, para la construcción de la sociología en Argentina, también se hace presente Leopoldo Lugones (1874-1938)
La revolución estética que se inició en la Argentina en 1893, coincide con la llegada a Buenos Aires de Rubén Darío. Como representantes de la reacción nacionalista se encuentran Ricardo Rojas, Manuel Gálvez y el ya mencionado Leopoldo Lugones. Estos escritores encontraron su momento de cristalización a partir del establecimiento del Martín Fierro de José Hernández como texto fundador de la nacionalidad.
Lugones fue un importante escritor argentino. Tuvo una variada actuación política, ya que tuvo contacto con el socialismo (fue uno de sus iniciadores en Argentina), el liberalismo, el conservadurismo y, finalmente desde 1924 con el fascismo.
Salvando las distancias, tanto en Borges como en Lugones el regreso a su país incrementa el interés de ambos escritores por los temas nacionales, al mismo tiempo que los enfrenta. En su libro “El payador”, Lugones sustituyó al gaucho patriota por el cantor, y le otorgó al Martín Fierro el rango de epopeya nacional.
“El canon criollista busca la afirmación cultural latinoamericana y proclama su diferencia con respecto a la cultura europea y universal. La estrategia criollista recurre con ese fin a la representación estética de una abundancia de figuras y signos considerados característicos de un país o región: el llanero en Venezuela, el gaucho en Argentina o el huaso en Chile.” (Legrás)
Entrado el siglo XX, el criollismo argentino seguirá, fundamentalmente, dos caminos: Por un lado, servirá para afianzar la clase media en ascenso a las ideas libertarias procedentes de Europa, y por otro lado, se identificará con un nacionalismo cultural que alterna posturas progresistas como las de Ricardo Rojas con entonaciones más conservadoras y poli oligárquicas como las del mencionado Leopoldo Lugones. El criollismo proporcionado por Lugones a través de su reinterpretación del Martín Fierro, entre otras cosas, como héroe nacional, busca la despolitización del criollismo. Despolitización que se haya estrechamente ligada a un discurso nacionalista xenofóbico.
Para este escritor, el nacionalismo cultural y literario, devenía entonces en un nacionalismo de elite, que excluía a las multitudes de origen foráneo de su programa y de su espacio de realización. Para ello apelaba a la idea de que el “espíritu del pueblo” o el “alma de la raza” se expresaban naturalmente a través de los versos gauchescos, y que la poesía gauchesca, al igual que las antiguas poesías épicas de Europa, no hacía más que representar el devenir histórico de nuestra nacionalidad. Según esa ecuación, podía admitirse sin demasiadas dudas la existencia de una Nación Argentina y de una Literatura Nacional.
Ahora bien, años más tarde, el protagonismo pasa a tenerlo Jorge Luis Borges. Su visión por lo nacional, de por sí muy particular y pesimista, lo encuentra en una crítica permanente hacia el Martín Fierro. Una crítica de la cual no pudo o tal vez, no quiso salir, puesto que le ha dedicado un lugar muy importante dentro de su obra.
Borges no sólo experimentó rechazo hacia la Academia Española sino también hacia la lengua orillera. En el Idioma de los argentinos estableció que al problema verbal no puede dársele ninguna solución general, manifestando que “el lenguaje es como la luna y tiene su hemisferio de sombra.”
En un estudio llamado “Borges, critica y teoría cultural” Beatríz Sarlo establece que a lo largo de su vida, Borges se preocupó por escribir ensayos y criticas sobre textos “menores”. La autora, manifiesta que la inclinación por lo “menor” es una característica esencial de la obra de Borges. Por tal motivo hace ingresar a la literatura “menor” en el canon de la literatura Argentina anticipando así otros temas de la reflexión contemporánea. Por lo tanto, será la teoría de lo “menor” según Sarlo lo que le permitió a Borges una lectura original de lo popular literario y cultural.
En lo referente a su análisis crítico, el Martín Fierro ocupó un espacio central de su obra. A lo largo de toda su vida Borges escribió sobre este poema, prólogos, paráfrasis que Sarlo considera que se hayan secreta o abiertamente plasmados en sus ficciones, textos y un libro también breve. En su artículo “El escritor argentino y la tradición” también le dedica una importancia distinguida a dicho poema.
“No podemos suponer que el Martín Fierro es, como algunas veces se ha dicho, nuestra Biblia, nuestro libro canónico.”(Borges; p:267) Pero al mismo tiempo reconoce la perdurabilidad del mismo.
Borges, traza dos líneas posibles de la construcción cultural Argentina y afirma que la historia de nuestro país hubiera sido diferente si nuestro gran texto nacional hubiera sido el Facundo de Sarmiento en lugar del Martín Fierro, al cual se lo ha canonizado como “mito de la nacionalidad.” En base a esta concepción cabe destacar que el Facundo, independientemente de las diferencias que se puedan tener con Sarmiento, no es un libro más, puesto que no solo abarca la filosofía, la pedagogía, la sociología, la política, etc. sino que también encierra la pasión de un hombre por su país, un hombre que alberga las ansias transformadoras de la sociedad en la que vive y mediante su libro las describe. Así en uno de los pasajes de Facundo, Sarmiento dirá: "En Facundo Quiroga no veo un caudillo simplemente, sino una manifestación de la vida argentina tal como la han hecho la colonización y las peculiaridades del terreno.”
Sarlo, en lo referente a lo dicho en el párrafo anterior considera que Borges discute con dos argumentos; por un lado, que el gaucho malo es un paradigma no referencial sino mítico; y por otro lado, que la canonización de los textos que lo glorifican es una operación posterior a su desaparición, incluso como marginal social.
En ese mismo artículo, Borges distingue entre poesía de los gauchos y poesía gauchesca. Al mismo tiempo establece que solo con comparar cualquier colección de poesías populares con el Martín Fierro o con el Fausto aparece esta divergencia. Borges escribe que los poetas populares del campo y del suburbio se refieren siempre a temas tales como el amor, el dolor, la ausencia, etc. y considera que el vocabulario empleado por ellos es mucho más general y hasta podríamos decir más accesible. Por su parte los poetas gauchescos utilizan aquel lenguaje popular exaltando lo autóctono, es decir, que en los poetas gauchescos lo que hay es una búsqueda permanente de las palabras nativas, del color local. Debido a esto, establece que poco fácil le resultará al extranjero comprender por ejemplo a Estanislao del Campo.
Dijo Borges con ironía “El culto argentino del color local es un reciente culto europeo que los nacionalistas deberían rechazar por foráneo.”(Borges; p:270)
De lo dicho se desprende que no es necesario escribir literatura con color local para transmitir la imagen, el sabor y el olor - entre otras cosas- de lo propio, de lo argentino, ya que a veces, el dejarse llevar es más efectivo para lograr tal propósito. Lo argentino, en Borges, tenía que ver fundamentalmente con el ejercicio del lenguaje, como la escritura y la lectura en el marco de un proceso que delimitaba espacios (lo nacional, lo universal) pero sin clausurar las fronteras que debían acotarlos. Así la literatura argentina tiene que ver desde la mirada borgiana con la tradición de toda la cultura occidental; sin embargo la especificidad de la literatura argentina no pasaba por la reacción xenófoba frente a lo otro ni por la reproducción de lo extranjero; todo lo contrario, la literatura argentina pasaba por el lenguaje al mismo tiempo que por la tonalidad que se le asignaba a ese lenguaje.
Volviendo al Martín Fierro y a la interpretación que Borges realiza del mismo, nos encontramos con que para él, el libro de José Hernández es una payada autobiográfica redactada en un español de entonación gauchesca, lo cual impide por mucho tiempo que podamos olvidarnos que es el gaucho el que canta. No obstante Borges no deja pasar por alto que en algunos momentos Hernández parece olvidarse del color local. Para él el fin que Hernández se propuso en el Martín Fierro era sumamente limitado, a saber, la historia del destino de Martín Fierro referida por éste. “No intuimos los hechos sino al paisano Martín Fierro contándolos. De ahí que la omisión, o atenuación del color local sea típica de Hernández.”(Borges; p: 182)
Ahora bien, más allá de las objeciones que Borges pudo haberle hecho al Martín Fierro el alcance del mismo en el ámbito local e internacional es indiscutido. La literatura gauchesca como género artificial, tal como Borges la define, ha sido tomada como propia por el pueblo rioplatense entrelazándose su origen con las luchas por la independencia en ambas márgenes del Río de la Plata.
Durante toda su obra discutirá con Hernández, quien decía que el problema no era el gaucho sino el indio, el cual se mostraba salvaje e incivilizado, mientras que el primero necesita ser educado e incorporado a la civilización. Tanto es así, que en su obra, Hernández va mostrando tales intenciones.
Retomando, a Alberdi, Mitre y Sarmiento, entendemos que con variedad de matices y consideraciones propias al contexto, pensaron al inmigrante en su papel de civilizador forjando un país moderno, como colono agricultor o artesano industrioso. Por otra parte, Eugenio Cambaceres y Julián Martel discurren, a través de novelas naturalistas, sobre la inferioridad biológica y racial de la inmigración europea. Mientras que, positivistas tales como José Maria Ramos Mejía, consideraron que los inmigrantes y sus descendientes serían de todas maneras integrados a través de la educación nacional. Leopoldo Lugones, a su vez, reivindica la tradición gauchesca como modelo de identidad nacional y raíz de origen. Contrapone a la inferioridad del inmigrante, la figura superior del gaucho; de lo que se trata es de elaborar una mitología nacional revalorizando el Martín Fierro de José Hernández.
La imagen del inmigrante entre las élites intelectuales argentinas, desde la famosa máxima de Alberdi, hasta las primeras décadas del siglo XX, fue evolucionando. Del migrante percibido como instrumento civilizador se pasa a la imagen del migrante como elemento a ser civilizado por la sociedad argentina y sucesivamente, según el caso, a considerarlo como un factor social clave, del éxito o del fracaso de la sociedad.
Tanto Miguel Cané (1851-1905) como Ernesto Quesada, principalmente, vienen a dar una respuesta a ¿qué es la sociología en Argentina? Respuesta que se encuentra dada por una interpretación de la realidad, que se haya íntimamente relacionada, con el punto de vista de la filosofía social. De este modo, mientras la sociología era solo una materia dentro de la Facultad de Filosofía y Letras, Cané defiendía la literatura como ciencia en lo singular, y Quesada defendía la sociología, como literatura de lo general.
Ese debate, recorre aún los claustros universitarios, resonando también, en los llamados estudios culturales, buscando llevar adelante un paralelo entre los actuales y anteriores debates sociológicos.
Por último, la llegada de Karl Marx (1818-1883) a la universidad abre un nuevo espacio de debate, que gira sobre el eje de las luchas, luchas sociales, luchas de clase. Luchas que son interpretadas desde el marxismo, ya traducido al castellano, por pensadores tales como Quesada, quien a su vez, lo introduce en el debate académico, como herramienta indispensable para comprender y analizar el conocimiento social y las relaciones sociales.

Consideraciones Finales

Primero que nada, es interesante observar que hay signos de la sociología en Argentina desde el mismo momento en que comenzaron a debatirse todas aquellas cuestiones que tenían que ver con el destino de la Nación. Sin expresarse, en términos sociológicos, muchos de los próceres, intelectuales y pensadores, que fueron conformando la historia argentina, analizaron los diversos sucesos por los que atravesaba el país de la mano de intelectuales extranjeros. Así, poco a poco, se fueron consolidando las distintas generaciones; generaciones, que le dieron a la sociedad argentina sesgos particulares, propios de cada contexto socio- político. De esta manera, reconocemos y rescatamos a Esteban Echeverría y la generación del ’37; a Carlos Bunge y la generación del ‘80 y por último a José Ingenieros y la generación del ‘96.
En segundo lugar, sería válido y reflexivo, hablar de Alberdi, y rescatar al pensador nacional, más que al liberal; lo mismo si nos referimos Korn, ¿por qué, en lugar de destacar al socialista, no hacemos hincapié en el filósofo de la libertad creadora? También cuando mencionamos a Ernesto Quesada, sería mucho más relevante observar de él, su bagaje como historiador, que su impronta positivista.
La idea es, a partir del análisis de los distintos pensadores, apuntar a lo nacional, a la tradición, al nativo, al inmigrante, a la lengua como elementos fundantes de la identidad nacional. La intención de este trabajo, ha sido entonces, realizar un recorrido por la conformación de la sociología en Argentina, sobre la base del pensamiento crítico, de quienes fueron los pilares más sobresalientes en la construcción de esta disciplina. Una disciplina que intenta dar respuestas, al mismo tiempo que comprende la necesidad de crear un espacio abierto al debate y a la reflexión, para no recaer en un pensamiento autárquico, que conlleve a un reduccionismo de los procesos sociales, urbanos y rurales, dejando pequeños grandes vacíos en la influencia que han tenido, todos los hombres aquí mencionados, en la constitución de la Nación Argentina, así como en la construcción de la subjetividad de cada uno de los sujetos que hoy, conformamos esta sociedad moderna.


1. Socióloga. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires, Argentina.
2. Parson, trató de formular una teoría fundamental de las ciencias humanas, elaborando conceptos- hipótesis con tal grado de abstracción que pudieran ser utilizados por todas las disciplinas, generando así, un conocimiento integral.Entre lo más sobresaliente de sus postulados, nos encontramos con la formulación de la Teoría General de la Acción. Esto es, una teoría que sirviera como lenguaje común para que pudieran dialogar las diferentes teorías sociológicas entre sí así como también las diferentes disciplinas.Si bien su teoría tiene diversas etapas, lo que Parsan intenta permanentemente es analizar a los grupos, a las sociedades como si fueran un sistema de acción. Así, él considera que lo mencionado puede ser explicado a través de un único argumento. Hay una estructura general de la acción que puede aplicarse a cualquier cosa que sea acción. Sin embargo, el problema que Parson aborda, de diversas maneras y en las diferentes etapas de tu teoría, reside en encontrar esa estructura de la acción, la cual, una vez hallada, nos permitirá comprender, o mejor dicho explicar no solo los sistemas sociales sino también los sistemas psíquicos.
3.Antes de llegar al Estructural- Funcionalismo, Parson aborda su objeto de estudio partiendo, en un primer momento, por el modelo Weberiano (1937). Luego, abandona el modelo weberiano, y por ende, abandona el punto de vista individualista. Es decir, mientras que en el primer modelo, es la acción lo que explica al sistema social, en el segundo enfoque, llamado Trisistémico (social- cultural- personalidad), el acto- unidad es lo que debe ser explicado (1951) Por último, aborda el objeto, desde el modelo del Estructural- Funcionalismo. Llamado por él Paradigma de las cuatro funciones. Aquí se comprometió definitivamente con la teoría sistémica y para explicar la acción, utiliza el modelo de la Teoría de la Biología. El modelo de toda acción, será entonces, la relación que existe entre un organismo vivo y su ambiente. Se puede decir, que el entorno es lo imprevisible, y el sistema implica la adaptación. Adaptación como un proceso dinámico, puesto que es el sistema el que debe hacer cosas para adaptarse al medio.
4. Entre otras novelas sociológicas del mismo autor encontramos; La política argentina y las tendencias yankees (1887); La cuestión obrera y su estudio universal (1909); La argentinidad de la Constitución (1918); La sociología relativista spengleriana (1921) y La época de Rosas (1926)
5. Otras de sus obras: Los envenenados (1908), Viaje a través de la estirpe y otras narraciones (1908), Nuestra Patria (1910), Historia del Derecho Argentino (1912), El Derecho. Ensayo de una teoría integral (1916)
6. Algunas novelas del autor ¿Adonde vamos? (1904); La creación del mundo moral (1912); South América. El arte de hacer barbaridades (1918)
7.Algunas novelas del autor: Introducción al estudio de las ciencias sociales argentinas (1907); Cuadros y caracteres snobs; Escenas contemporáneas de la vida argentina (1923); La Ciudad Indiana (1933)
8.Algunas obras del autor: La tradición nacional (1888) El juicio del siglo (1910) Patria y democracia (1920) Estudios de Historia Argentina (1930)
9. Algunas obras del autor: Las causas del delito (1892) Dorrego y el federalismo argentino (1926) El Himno Nacional Argentino, estudio histórico-crítico (1927) Estudios de historia y arte argentinos (1929) Rosas en el destierro (1936) Nueva teoría general de la prueba (1939) Rosas (1950, póstumo) El idioma del delito (1967, póstumo)
10. Si bien Domingo Faustino Sarmiento perteneció a una familia federal, él fue unitario y formó parte de la generación del ’37.
11. El criollismo en la literatura argentina (1902)
12. Terán Oscar. Ernesto Quesada: archivar e historiar (la patria); UBA - UNQ - CONICET
13. Ibid.
14. Ibid.
15.Legrás, Horacio. Georgetown University.
16.Obras Completas. Tomo I
17.Al haber canonizado al Martín Fierro como mito nacional, la figura del gaucho malo, el matrero y de su prolongación urbana, el cuchillero pasa a ser paradigma de identidad.
18.Obras Completas. Tomo I
19.Ibid.
20.Miguel Cané fue un escritor Argentino. Nació en Montevideo durante la expatriación de su familia y regresó a Buenos Aires depués de la caída de Juan Manuel de Rosas. Como abogado, desempeñó diversos cargos y apoyó la política de Sarmiento. Perteneciente a la generación del ’80, Cané escribió su obra maestra Juvenilla. Durante algunos años, también fue decano de la Facultad de Filosofía de Letras.

Bibliografía de Consulta
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 Terán, Oscar. Ernesto Quesada: archivar e historiar (la patria); UBA - UNQ - CONICET
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 Sarmiento, Domingo Faustino. “Conflicto y armonía de las clases en América”, Gran Americano, Capítulo I, Talleres Gráficos Norte, Buenos Aires.
 Parfait, Blanca "ARGENTINA EN SUS PENSADORES" Guerrero y su visión del hombre de la pampa.
 Hernández, José. “Martín Fierro”, Biblioteca La Nación, Buenos Aires.
 Borges, Jorge Luis. “El Idioma Nacional de los Argentinos”
 Borges, Jorge Luis. “El Escritor Argentino y la Tradición” en Obras Completas, Tomo I, EMECÉ Editores, Buenos Aires- Argentina, 1996.
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 Botana, Natalio. LA TRADICIÓN REPUBLICANA. Alberdi, Sarmiento y las ideas políticas de sutiempo.
 Buela, Alberto. NAIDES ES MÁS QUE NAIDES. (A Propósosito de Juan Agustín García)

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