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El electorado se prepara a elegir entre el más simpático o el que haga menos daño
La vida democrática estadounidense tiene al abstencionismo como partido mayoritario
Por David Brooks y Jim Cason
Publicado digitalmente: 28 de septiembre de 2004
¿Para qué votar? se pregunta el ciudadano común de este país: "sólo los alientas más".

La guerra en Irak está fracasando, Afganistán retorna a un estado sin ley nutrido por opio, los costos de salud se han duplicado en Estados Unidos durante los últimos cuatro años y, por primera vez en casi un siglo, hay una pérdida neta de empleos en un periodo presidencial. A pesar de estos logros abismales, casi la mitad del electorado ha expresado a encuestadores que desea relegir al presidente responsable de estos fracasos.

Esto ha llevado a que algunos extranjeros de visita en este país en esta coyuntura pregunten: ¿El pueblo estadunidense es simplemente estúpido? ¿Desinformado por los medios y su pésima educación? ¿O saben algo de Bush que no es aparente para los que son de afuera? Una cosa queda clara: las elecciones presidenciales de noviembre serán mas que nada un referéndum sobre Bush, y no una competencia entre dos o más candidatos.

A lo largo de estos últimos meses La Jornada ha realizado cientos de entrevistas con votantes en diversas regiones del país para intentar buscar explicaciones del gran misterio de esta elección: el apoyo sorprendente para un presidente responsable de tantos fracasos. Al evaluar las respuestas y las encuestas, hemos descubierto amplias pruebas de que los simpatizantes de Bush están tomando una decisión inteligente y racional ante las opciones que se les ofrecen y en el contexto de la vida nacional en esta coyuntura.

La base popular firme del apoyo a Bush proviene de personas que podrían ser caracterizadas de "aislacionistas", poco preocupadas sobre los eventos y las actitudes en el resto del mundo. Estos votantes típicamente afirman que cuales sean sus fallas, Estados Unidos es "el mejor país del planeta" para vivir (si no, ¿por qué tantos extranjeros intentan llegar aquí?) y creen que el gobierno estadunidense tiene que hacer todo lo necesario para mantener esta posición privilegiada, sin importar qué opina el resto del mundo. No es algo que se pueda considerar como pensamiento imperialista, aunque en los hechos implica eso.

Abrumador rechazo en el mundo

El hecho de que una encuesta reciente, entre otras, encontró que en 30 de 35 países -incluyendo México- hay una abrumadora oposición a las políticas de Bush y apoyen un cambio de régimen en Estados Unidos no tenga el menor impacto aquí comprueba esto. Igualmente se descarta la reciente declaración del secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Kofi Annan, de que la invasión estadunidense a Irak fue ilegal bajo el derecho internacional. "El resto del mundo siempre nos odia", afirmó un programador de computación en Pittsburg entrevistado por La Jornada. "¿Pero saben qué? Cuando alguien tiene que rescatar al resto del mundo, sea en Bosnia o donde hubo daños por un huracán o cualquier otra cosa, siempre vienen llorando por ayuda aquí a Estados Unidos. No me voy a preocupar sobre qué piensa la gente en el resto del mundo".

La mayoría de la gente en este país lleva vidas relativamente privilegiadas en comparación con gran parte del mundo, con empleos, viviendas y bienes materiales que son envidiados por gran parte del planeta. Los detalles de lo que ocurre en otros países parecen poco importantes, aun en países donde Estados Unidos está en guerra. "Efectivamente, no hubo armas de destrucción masiva, pero Saddam era un tipo malo ¿o no? ¿No está mejor el mundo sin él?", comenta el programador de computación. Interrogado sobre Afganistán, afirmó que la situación está mejor hoy día que bajo el régimen talibán y aun si ese país regresa a su estado anterior "Estados Unidos no puede resolver cada problema del mundo".

Nutriendo esta perspectiva, la realidad es que no hay una clara diferencia entre los que Bush ha hecho en Irak y Afganistán y lo que su contrincante John Kerry dice que haría si es electo.

Pero ¿y qué de la condición cuestionable de la economía estadunidense y la pérdida de empleos? "Hay una opinión generalizada de que la economía pasa a través de ciclos de expansión y estancamiento", comenta una ejecutiva de nivel medio de la empresa GE Capital, división de la gigantesca General Electric. Explicó, en entrevista con La Jornada en Chicago, que aunque la bolsa de valores se ha estancado y el déficit presupuestal se ha incrementado dramáticamente durante la presidencia de Bush, la mayoría de sus colegas en su trabajo creen que estos son fenómenos económicos mas allá del control del presidente. "Se considera que la persona en la Casa Blanca no tiene gran impacto sobre estas dinámicas económicas", explicó.

Muchos votantes también creen que cada vez que Washington interviene directamente en la economía, casi siempre empeoran las cosas. "Lo menos que haga el gobierno, mejor", afirmó un carnicero de supermercados jubilado en Carolina del Norte. "Por lo menos Bush sí hizo algo concreto para mí. Yo recibí un recorte de mis impuestos". Cuando La Jornada señaló que los más beneficiados por esas reducciones de impuestos fueron los más ricos, con ingresos anuales mayores de 200 mil dólares, el carnicero respondió "pues sí, sólo recibí 300 dólares. Pero saben, eso ayuda".

Pero ¿y que de las pérdidas de empleos, particularmente el tipo de empleo sindicalizado, como el del supermercado que permitieron que este carnicero gozara de una vida de clase media? "Bueno, pues simplemente no creo que eso sea la culpa del presidente, eso tiene que ver con la economía globalizada", respondió. "Y los sindicatos, pues no estoy tan seguro que tan viables son en el mundo de ahora -todos quieren comprar en Wal-Mart".

Muchos desean votar en esta próxima elección presidencial, pero dicen que no es fácil evaluar a los candidatos. Para los más interesados y con tiempo, es posible hacer búsquedas en Internet y/o leer decenas de notas y artículos todos los días y así conocer más a fondo qué es lo que ofrecen los dos candidatos principales en esta elección.

Pero la mayoría no cuenta con ese tiempo ni interés. El trabajador promedio en Estados Unidos tiene una semana laboral más larga que cualquiera de sus contrapartes en Europa occidental, y en más y más hogares, ambos jefes de familia trabajan además de atender a sus hijos. Con este tipo de jornadas, no hay mucho tiempo para realizar amplias investigaciones sobre las posturas políticas detalladas de los candidatos.

Los aspirantes no ayudan tampoco. Bush y su opositor demócrata Kerry esencialmente repiten una y otra vez las mismas declaraciones en cada evento cada día y la propaganda publicitaria de ambas campañas está diseñada para engañar, distorsionar o manipular, no para informar. Además, la gran mayoría de la gente sabe esto, y que hay muy poco confiable en las promesas y declaraciones de cualquier candidato político, ya que pocas se cumplen cuando llegan al poder.

Este escepticismo universal es nutrido por la corrupción implícita en el proceso electoral -muchos entienden que ambos candidatos llegaron a donde están en sus carreras gracias al apoyo de las grandes empresas- algo comprobado este mes cuando una investigación reveló que cuatro de los 10 donantes más generosos a ambas campañas presidenciales eran las mismas empresas multinacionales.

La tarea de los medios

Los medios tampoco cumplen con su tarea de detectar y evaluar hechos y se dedican más a ofrecer información supuestamente "equilibrada" al sólo reportar qué dice cada candidato y qué responde el otro. La televisión, el medio de mayor difusión aquí, y la principal fuente de información para la abrumadora mayoría del electorado, no ofrece gran asistencia a la sociedad civil en profundizar el debate político. Por ejemplo, al cubrir la disputa sobre el servicio militar de Kerry en Vietnam, se informa que hay "nuevas acusaciones de que Kerry no se ganó sus medallas de guerra" y después informan que "la campaña de Kerry niega eso". Pero ¿y los hechos? Lo mismo ha ocurrido con la controversia del servicio militar de Bush en la Guardia Nacional.

Con todo esto, ¿cómo es posible para un votante tomar decisiones objetivas e informadas sobre los temas principales en juego en esta elección? Muchos deciden que jamás se podrá saber la verdad de nada, no se puede confiar en los candidatos o ningún político, y que a fin de cuentas uno no cuenta con los elementos para participar plenamente en el debate político nacional. Peor aún, muchos sienten que incluso si están informados no importa, pues no tienen el poder para influir en las decisiones tomadas por una cúpula política y económica. Con ello, la gran decisión del ejercicio democrático se reduce a evaluaciones de quién es más simpático. Con ello se explica que la retórica de cowboy que ofende a tantos por todo el mundo aquí ayuda al presidente con sus bases. Si Bush es John Wayne, pues no está mal.

Esto se mostró en la elección de 2000, donde nadie negaba que Bush era el candidato menos informado y sofisticado, sin embargo el consenso entre los analistas es que elevó su nivel de aprobación después de los debates presidenciales. La razón, según los expertos, es que Bush era más ameno y simpático que su contrincante Al Gore.

Kerry, figura distante

Lo mismo podría repetirse en esta elección, en la que Bush, en los debates que se realizarán próximamente, enfrentará a un candidato que fue el presidente de su club de debates y quien ha pasado 17 años debatiendo la política nacional en el Senado. Pero la percepción popular de Kerry es de una figura distante, tiesa y poco amigable. Varios analistas han sugerido que muchos votantes tomarán su decisión en base de su respuesta a ¿cuál de los candidatos prefieres como para ir a tomar una cerveza? Hay bastantes demócratas que conceden que la respuesta sería Bush.

Claro, hay millones que votarán por Kerry en todo el país. Pero muchos sólo votarán por él porque no es Bush. Según una encuesta reciente del Wall Street Journal, 51 por ciento de los que dicen que votarán por Kerry lo están haciendo porque son anti-Bush, y sólo 36 lo hace por simpatizar con él. En contraste, entre los que votarán por Bush, 77 por ciento dice que su voto es pro-Bush, no anti-Kerry.

O sea, esto es en verdad un referéndum sobre Bush, lo cual en sí demuestra que la vida democrática es muy reducida aquí. No se trata de optar entre varios proyectos políticos o visiones del país, sino sobre quién es el que simpatiza más o hace menos daño.

Por lo tanto, tampoco es misterioso el fenómeno más notable en el país que se dice ser ejemplo democrático para el mundo, que la mitad del electorado históricamente no vota (o sea, el partido del abstencionismo es por mucho el más grande del país). El programador de computación expresó este sentir ambiguo sobre la elección: "¿Para qué votar? Sólo los animas más".


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