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HERRAMIENTAS

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Entrevista: Tabaré Vázquez (Candidato presidencial por el EP-FA/NM)
"Siento que la exigencia y la voluntad de cambio son incontenibles"
Por Raúl Legnani
Publicado digitalmente: 26 de septiembre de 2004
LA REPUBLICA dialogó con el doctor Tabaré Vázquez sobre dos temas fundamentales de su propuesta: la libertad de información y el plan de emergencia social. Sobre el primero dijo: "Nosotros concebimos y promoveremos la más amplia democracia y libertad de información. Nunca le haremos a los demás lo que criticamos porque nos lo hicieron a nosotros. Eso para nosotros sería una derrota, la peor, la de nuestra identidad, también en ese sentido la sociedad uruguaya tiene que crecer en su democracia". Sobre el segundo aspecto señaló: "No hay ninguna posibilidad de invertir el proceso de desintegración y fractura de la sociedad uruguaya sin una fuerte apuesta a la educación en su conjunto y a la escuela en particular.

­Falta un mes para las elecciones nacionales. ¿Qué tipo de confrontación espera usted para estos próximos 30 días? ­Hasta ahora los candidatos del Partido Nacional y del Partido Colorado se han dedicado mucho más a atacarnos que a explicar sus propuestas y compromisos. Y todo parece indicar que lejos de modificar tal actitud, la van a acentuar durante las próximas semanas. Por eso creo que asistiremos a un incremento de la agresividad. Yo puedo decir lo que haremos nosotros: recorrer nuevamente el país ­por sexta vez en menos de un año­ para compartir con la gente nuestras opiniones, nuestro proyecto de desarrollo productivo sostenible y nuestro compromiso de gobernar para el mismo y desde la sociedad. Culminando el ciclo de jornadas temáticas que iniciamos a fines de julio pasado en aquella multitudinaria reunión con el empresariado uruguayo, y que continuamos con otras también promisorias reuniones para considerar aspectos referidos a lo que nosotros denominamos "el Uruguay social, productivo, innovador y democrático". El próximo lunes 4 de octubre realizaremos una actividad referida al Uruguay integrado. Y le hemos agregado ese mismo día, en un lugar emblemático como el Teatro El Galpón, un encuentro con los trabajadores de la cultura, que hemos denominada Uruguay Cultural.

­¿Cree que los grandes medios de comunicación pueden llegar a sustituir a los partidos políticos adversarios en esa confrontación?

­No; nuestra disputa es con los partidos que han gobernado durante 170 años y que no se acostumbran con naturalidad a que debe haber rotación en el gobierno. Eso es la esencia de la democracia. Son ellos que presionan y crean mecanismos de poder que no respeta la equidad y el equilibrio en la información. Lo han hecho desde el gobierno, lo hacen abusando de la cadena de radio y televisión y violando la Constitución y se agudiza en esta campaña. No es sólo un problema cuantitativo, de cuánto tiempo ocupamos en los informativos (que también ha quedado demostrado que es desproporcionado). Es también un problema cualitativo por cuanto hace a los mecanismos de selección y de utilización de los medios contra nuestras propuestas, incluso llegando a la mentira más flagrante, como lo demostramos recientemente en relación a la propuesta de las AFAP que está prevista en la ley y que es utilizada por varias instituciones en inversiones en la construcción. En fin, la ciudadanía uruguaya es inteligente y responsable. Sabe a qué nos referimos... Y lo sabe también porque tiene memoria y recuerda que en el marco de la campaña electoral del año 1999 sufrimos ­nuestra fuerza política, pero también la ciudadanía­ cosas muy injustas y muy antidemocráticas que denunciamos en su oportunidad. Ahora quisimos alertar para que aquella penosa situación no vuelva a repetirse. Si aceptamos esa manipulación de la información sin protestar, es porque en el fondo podemos tentarnos a utilizar los mismos mecanismos desde el gobierno. Y nosotros no lo haremos jamás, nuestra batalla es por la democratización más plena y plural de la información.

­En sus últimas declaraciones, al señalar que hay medios que no actúan equitativamente, ¿evaluó la posibilidad de que sus palabras actúen negativamente y provoquen un mayor control de los propietarios de esos medios sobre los periodistas?

­La democracia se asume plenamente cuando se defienden sus valores y principios sin mirar los costos. Si yo acepto cosas incorrectas porque me favorecen o porque si las denuncio pueden perjudicarme, transito un camino de degradación que no tiene fin. No lo hago ahora y menos lo voy a hacer desde el gobierno si me toca asumirlo. Creo firmemente que la batalla por una información plural, equitativa, respetuosa de las diferencias es sobre todo una batalla cultural, que debe ganarla toda la sociedad uruguaya y que no se resuelve fundamentalmente con medidas administrativas. Es una batalla de toda la sociedad, de los profesionales de la información y en definitiva debemos lograr que sea también un compromiso de los medios. Es más: cada vez que lo hemos considerado conveniente lo hemos manifestado a los medios y en forma pública. No nos callamos en ningún sentido.

­¿Va a crear un Ministerio de Comunicación o no?

­Este es un buen ejemplo de la manipulación. Nunca figuró ni figura en nuestro programa. Nunca estuvo. Pero en declaraciones de otros candidatos aparece que lo sacamos de nuestras propuestas, luego de sus reacciones. Es falso. No vamos a crear un Ministerio de Comunicación por dos grandes razones. La primera: porque creemos que hay que racionalizar el organigrama de gobierno y en lo posible reducir el número de Ministerios en vez de aumentarlos. Y dentro de este mismo concepto, el tema de la información, la comunicación en lo que hoy se llama la sociedad de la información, requiere crear ámbitos institucionales con la participación de todos los actores, del Estado, de los profesionales, de la sociedad civil, de los investigadores y estudiosos del tema para elaborar auténticas políticas nacionales. No es necesario crear nuevas estructuras burocráticas. Nosotros no tenemos necesidad de inventar ni de repartir cargos, como hizo el gobierno de coalición, llegando al ridículo de eliminar el Ministerio de Deportes cuando se terminó el reparto. Para nosotros la gobernabilidad política no pasa por ahí. La segunda razón, está ampliamente explicada en mi respuesta anterior: nosotros concebimos y promoveremos la más amplia democracia y libertad de información. Nunca le haremos a los demás lo que criticamos porque nos lo hicieron a nosotros. Eso para nosotros sería una derrota, la peor, la de nuestra identidad, también en ese sentido la sociedad uruguaya tiene que crecer en su democracia.

­¿A usted le molestan los periodistas?

­En absoluto. Tengo desde siempre un alto respeto por esa profesión y desde hace muchos años un buen relacionamiento personal con la inmensa mayoría de quienes la ejercen. Eso sí, no soy de los que se creen autorizados para hablar de todo en todo momento. Por una elemental razón de respeto a los demás y a mí mismo, en todo momento considero que los políticos debemos hablar cuando tenemos cosas importantes y necesarias para transmitir. Considero también ­ya lo expresé en el marco de la jornada referida al "Uruguay democrático", pero lo reitero ahora­ que la primera responsabilidad de los comunicadores es la verdad y su primera lealtad es hacia la sociedad.

­Pregunté eso porque dijo que en su gobierno va a poner a un vocero presidencial. ¿No se está alejando de los comunicadores?

­Los gobiernos modernos para asegurar la fluidez de la comunicación, que tiene muchas exigencias cotidianas, utiliza ese mecanismo. Y además me parece que la experiencia de los presidentes que pontifican y hablan sobre todo no ha sido muy buena. Y no me refiero sólo para la institución y la investidura presidencial, sino para el país. El presidente tiene que hablar cuando las circunstancias lo requieran. De presidentes "enciclopédicos", que viven explicando fracasos o propagandeando supuestos éxitos, creo que el Uruguay ya está harto. La comunicación de la Presidencia es parte de su sobriedad y de su rigor y seriedad. Ya de presidencias alegres creo que estamos cumplidos.

­¿Va a debatir con Jorge Larrañaga?

­Creo haber contestado esa pregunta muchas veces. En 1989, como candidato del Frente Amplio a la Intendencia Municipal de Montevideo debatí con los candidatos del Partido Colorado (Ing. Cáceres), Partido Nacional (Ing. Cat) y Nuevo Espacio (Cr. Lichztejtein). En las elecciones nacionales de 1994 debatí con los candidatos presidenciales del Partido Colorado (Dr. Sanguinetti) y del Partido Nacional (Dr. Ramírez). En otras instancias mantuve debates con los doctores De Posadas y Saldain. Sinceramente, creo que ningún otro dirigente político del Uruguay contemporáneo ha debatido más que yo. En materia de debates no necesito "guapear". Tampoco necesito prestarme a los objetivos de la campañas electorales ajenas. Si alguien quiere ser la alternativa al cambio, el imán de los conservadores, que se lo gane a pulso. Me resulta cómico que sólo quieran polemizar conmigo y no con otros candidatos. Todo esto es demasiado básico, demasiado simple, demasiado inspirado por las encuestas y las estrategias electorales. Tan legítima la de ellos, como la nuestra. Por otro lado yo creo que hay múltiples formas de que las ideas y las propuestas circulen. Además son ellos que le deben a la ciudadanía una explicación del estado en que han dejado al país; son ellos que no asumen en absoluto sus responsabilidades. Yo no me voy a prestar al circo.

­En los últimos meses distintos analistas, en la gran mayoría de los casos adversarios de su fuerza política, han centrado sus estudios sobre el pasado, particularmente sobre la historia de los Tupamaros. Al ser el Espacio 609 la posible fuerza mayoritaria, ¿esos análisis pueden ser la base de una provocación de carácter político?

­La gente vota con inteligencia, con memoria y mirando hacia el futuro. Sabe que lo que se está eligiendo es su vida en los próximos cinco años. La campaña de levantar los fantasmas del pasado o de hablar del pasado para no tener que rendir cuenta de este presente tan duro, ya comenzó pero no me preocupa. Tengo confianza en la inteligencia de los uruguayos y no creo que se pueda engañarlos con provocaciones y con fantasmas. Somos grandecitos y entre la dictadura y estos años de crisis hemos visto otra que fantasmas. Creo, con el presidente Lula, que también los uruguayos derrotaremos el miedo con la esperanza. Sí puedo agregar que quien apela al miedo y a los fantasmas lo hace porque aunque le sobran excusas le faltan resultados; quien agita fantasmas es porque no tiene ideas; quien siembra miedos es porque se siente débil...

­Cualquier cosa que pase en la sociedad ­desde movilizaciones de los trabajadores a un incidente entre propagandistas de distintos partidos­ sus adversarios la vinculan de inmediato al EP-FA/Nueva Mayoría. ¿Qué actitud deben tener sus militantes ante este tipo de estrategia de quienes compiten con usted?

­Nosotros somos una fuerza pacífica y pacificadora, como dijo el general Líber Seregni y todos lo hemos asumido plenamente. La serenidad, la capacidad de comunicarnos con la gente y de explicar nuestras propuestas, son nuestra fuerza. También nuestra trayectoria y no haber tenido nada que ver con esta política de desastre de los varios gobiernos. Eso no nos vacuna, fíjese que incluso ambos candidatos del gobierno han invocado a los piqueteros, como si nosotros tuviéramos algo que ver con ese movimiento. Otra cortina de humo detrás de la que quieren ocultar la realidad. Nuestros militantes saben perfectamente que la nuestra es una actitud de serenidad, de confianza en nosotros mismos, de respeto a los demás, de compromiso con el Uruguay.

­¿Le molesta que hayan protestas de la sociedad, en tanto pueden no coincidir con sus planes de acumulación de fuerzas?

­Las sociedades son construcciones complejas, donde existen conflictos y tensiones. La democracia es el mecanismo adecuado para que esas contradicciones se resuelvan en el diálogo y con plena libertad. Las visiones simplistas o demonizadoras de esta realidad terminaron en tremendos fracasos. Gobernar no es ni improvisar ni decir "sí" siempre y a todo. Gobernar es anticiparse al futuro y proteger a la gente. Para ello hay que elegir las prioridades y hay que mediar entre diferentes intereses. El problema es a qué y a quién se le dice que "sí" y a qué y a quién que "no". Nosotros tenemos claras nuestras prioridades, le diremos "sí" al trabajo y a la producción y "no" a la especulación; "sí" a los más débiles y desprotegidos, pero "no" al asistencialismo permanente, exigiremos contrapartidas para que los niños vayan a la escuela y atiendan su salud y haya trabajo comunitario; y le vamos a decir "sí" a la transparencia y a la eficiencia y "no" al burocratismo, a la inmoralidad, al despilfarro y a la corrupción. A pesar de que hay una enorme cantidad de reclamos acumulados yo tengo una gran confianza en la inteligencia del pueblo uruguayo, que comprende perfectamente que después del huracán de fracasos que nos azotó tendremos que avanzar, pero con realismo y en forma sostenible. Esa es la gobernabilidad que vamos a construir con todas las fuerzas políticas que quieran participar desde el gobierno y desde la oposición en un proyecto nacional de desarrollo, pero también con los actores sociales. Lo hemos dicho en todas las actividades programáticas, hay que construir un gran compromiso ciudadano para impulsar un programa nacional de desarrollo.

­¿No fue un error suyo afirmar que va a dedicar unas horas semanales al ejercicio de la medicina? ­Decir la verdad nunca es un error. Tampoco creo que sea un error practicar 3 o 4 horas semanales mi profesión de médico. Se lo debo por humanidad a mis pacientes, y además me parece una excelente oportunidad para no perder el contacto directo con la gente, con la vida común de la gente. No quiero una presidencia palaciega y no la voy a ejercer así. Necesito ese contacto con la gente. Algunos presidentes juegan al golf, navegan en barco, crían caballos, no creo que sea malo que yo siga siendo médico por 3 o 4 horas en la semana. Además sería bueno que los uruguayos recuperemos las mejores tradiciones de los presidentes que podían caminar y mezclarse entre la gente. La dignidad de ese cargo no está en los oropeles; tampoco en actitudes "demagógicamente simpáticas"; la dignidad del gobierno está en servir de la mejor manera al país.

­¿Evaluó que hay importantes sectores de la sociedad que están descontentos con el gremio médico y que eso puede ser perjudicial para usted?

­Los médicos trabajamos y vivimos con la parte más sensible y más extrema de los seres humanos: su salud, su vida. Trabajamos en las fronteras de la vida y eso es muy complejo, muy gratificante cuando triunfamos y muy duro cuando perdemos. Yo lo vivo a diario. Y por lo que yo vivo en el contacto con la gente, los médicos en el Uruguay son apreciados y valorados. En el ejercicio de nuestra tarea cometemos errores como los comete cualquier otra persona en el desempeño de la suya; pero en nuestro caso esos errores tienen consecuencias mucho más dolorosas. No me he puesto a pensar si ser médico me favorece, ahora, ayer o nunca. Ha sido mi pasión y lo seguirá siendo mientras viva. Para llegar a ser médico aún en aquel Uruguay de los años 50, tan diferente, donde una familia humilde y de trabajadores como la mía podía lograr que si hijo fuera médico, fue un gran sacrificio. Especializarme también. Yo llevo muy adentro mi condición de médico y la reivindico. Y me ha servido incluso en la política, fundamentalmente para entender mejor la sensibilidad de la gente. Es un buen punto de observación.

­Su fuerza política parece estar ganando las elecciones en octubre pero por muy poco margen. ¿ Por qué, a esta altura de la campaña, la diferencia no es mayor?

­¿Le parece poca ventaja que están indicando los diferentes estudios de opinión pública? Para nosotros no es insignificante tener el 50% de los votos. Y no solamente es importante, además es algo que no se da desde hace muchas décadas para ninguna fuerza política nacional. Si a eso le sumamos que se han ido 100 mil uruguayos en los últimos tres años y que por su composición socio-cultural esa gente son en una alta proporción votantes progresistas, no creo que seamos nosotros los que tenemos que preocuparnos. Las elecciones son dentro de pocas semanas, esperemos los resultados. Sí puedo decirle una sola cosa: nosotros disputamos con los dos partidos que más tiempo llevan en el poder en América Latina; con un sistema de poder muy aceitado y en condiciones muy difíciles, piense que tenemos que ganarle a todos los partidos juntos, a los votos en blanco y también a los anulados. Creo que algo así no existe en ningún lado.

­La izquierda, desde su misma gestación, soñó con esta hora política. ¿Por qué no hay más militancia y mayores expresiones de alegría en la calle?

­Como usted comprenderá yo no soy el más indicado para ver esta realidad, pues en los actos, las giras, las caravanas, incluso cuando transito por las ciudades, recibo y siento una gran participación y entusiasmo. Aquí hay situaciones variadas. En el Interior hay un clima maravilloso, de movilización y participación, en algunos barrios de Montevideo se ha dado y crecerá, no tenga duda que crecerá el entusiasmo. Además una fuerza política como la nuestra, de más de un millón de votantes, no puede pretender tener un millón de militantes. Pero admitamos que hay un fenómeno más general y profundo que ha de ser debidamente analizado por cuanto refiere a la compleja relación entre ciudadanía y política, a la cual no es ajena la realidad uruguaya. ­Admitamos también que por diversas razones, pero principalmente por la razón de la aguda crisis padecida, hoy la sociedad uruguaya no es una sociedad alegre, festiva. Es más cautelosa, más desconfiada, menos autocomplaciente, más exigente con la política y con los políticos. Y está bien que lo sea.

­¿Usted teme un desborde de la militancia que termine asustando a los votantes indecisos?

­No, en absoluto. Permanentemente convocamos a los militantes de nuestra fuerza política, no solamente porque tenemos plena confianza en su sensibilidad e inteligencia, sino además porque pertenecemos a una fuerza política cuya soberanía reside en su gente.

­¿Qué le recomendaría a su gente para los próximos días?

­Más participación, más diálogo con la sociedad, más información y compromiso. Pero en realidad esta es también una exigencia para nosotros, para los dirigentes, para los militantes. Los cambios verdaderos se hacen entre todos y el protagonismo para el cambio hay que reforzarlo y construirlo desde ahora.

­Sabe que no nos gusta eso del "Uruguay posible". Es que no nos imaginamos a ninguno de los 33 Orientales cruzando el río para pisar La Agraciada y así lanzar la ofensiva final por la Independencia. Por algo cruzaron gritando "por la Patria", con la bandera de Libertad o Muerte. ¿No hay como un exceso de cautela en sus mensajes?

­El mensaje principal que nosotros transmitimos es el del cambio. El cambio necesario, el cambio responsable, el cambio entre todos y en clave de país. No creemos en el "Uruguay perfecto", ni proclamamos la quimera de un "nuevo Uruguay", ni vendemos el espejismo de una "revolución de centro", proponemos y comprometemos a trabajar con todos los uruguayos y las uruguayas por un Uruguay mejor. No nos preocupan las proclamas de quienes ahora se han vuelto súbitamente opositores y revolucionarios. Cambiar en serio es lo menos cauteloso que hay, es realista, pero también lleno de sueños y esperanzas. Es un proyecto de una utopía realizable. Además tengo plena confianza de que cuando nos pongamos en camino el entusiasmo va a crecer.

­La gente quiere cambios y usted les dice que esos cambios no van a venir de la noche a la mañana. Los uruguayos no pueden esperar, están mal. ¿Cómo va a hacer para que esos cambios estructurales y graduales creen una mística que haga que la emigración se pare? ¿Cómo va a hacer para que la muchachada vuelva a creer en este país, que no gana, desde hace años, ni al fútbol?

­Le reitero: una cosa es la esperanza y otra el ilusionismo. Nosotros nos identificamos con esa esperanza que toda sociedad necesita para realizarse como tal. Trabajamos desde ella y por ella, porque sin esperanza no hay cambios. Ahora bien, la esperanza no es sinónimo de ingenuidad o irresponsabilidad. Es sinónimo de voluntad de cambio y de confianza para gestionarlos en clave democrática, con sentido progresista y progresivamente. A los seres humanos no los vencen los problemas, los vence la resignación. Y yo constato a diario que más allá de los problemas que padecen, los uruguayos y las uruguayas no se resignan, quieren salir adelante y están dispuestos a trabajar duro en ello. La gente sabe que no habrá milagros, habrá cambios en serio y por eso nos vota. La mística no se crea con ilusiones, sino con un horizonte nuevo, rompiendo el país del NO, pero también con programas posibles. No se trata de crear una mística a cualquier costo y futuras frustraciones. La gente, los muchachos volverán a creer y a comprometerse, cuando vean que generamos trabajo, que atendemos a los más débiles, que somos austeros y que combatimos en serio la corrupción sin mirarle la cara a los poderosos ni a nadie. La ley igual para todos. Si yo le dijera que hay un mecanismo que va a resolver automáticamente la pérdida de confianza en el país (que llega incluso al fútbol), estaría haciendo demagogia. Al país lo han dejado en la lona y hay que reconstruir también la fe y la confianza en él. Para todas las generaciones y en particular en los jóvenes. Sin vivir prometiéndoles un futuro, la gente vive hoy, hay que construir ese hoy y mirar lejos con sentido de Nación. Eso es lo que le falta al país desde hace décadas; eso es lo que sucesivos gobiernos blancos y colorados no han sabido o querido impulsar: un proyecto nacional.

­¿Por qué no hay militancia juvenil en su fuerza política?

­Aclaremos algo, entre los menores de 29 años tenemos una intención de voto en casi todas las encuestadoras que va entre el 56 y el 60%. Somos, lejos, la fuerza con el mayor apoyo de los jóvenes. Pero "más acá" de las encuestas sobre la intención de voto está la movilización política juvenil. En nuestras movilizaciones hay una fuerte presencia juvenil. Y "más allá" de esta participación de los jóvenes en la actividad política, hay una movida juvenil que desde diversas perspectivas promueve cambios en clave de ciudadanía y con sentido progresista. Ahí están fenómenos tales como la "murga joven", el "teatro joven", en fin... son nuevas respuestas a nuevas preguntas sobre viejos problemas. En todos nuestros programas hay un fuerte componente referido a este tema. Hace a la calidad de la democracia. Tengo la impresión, por la experiencia con mis hijos, y con otros jóvenes que la participación de los jóvenes en buena medida la tienen que construir ideas jóvenes y los propios jóvenes. Y también que tienen que ganarse su lugar.

­Usted ha jerarquizado el plan de emergencia social para atender a los más necesitados, pero los sectores más humildes no son los que se van del país.

­Es verdad, pero nosotros no elegimos la prioridades en cuanto a los que se van o se quedan en el país. Nos duele mucho la emigración, la sufrimos social y familiarmente y sabemos que es una sangría muy grave, pero el primer problema que queremos afrontar es el de la miseria. Cien mil mujeres, niños y hombres que viven en condiciones infrahumanas, y también el de los pobres, que ya es un problema más estructural. Eso tiene además de la urgencia humana, la que nos golpea todos los días, tiene una enorme gravedad porque si seguimos cayendo, si sigue habiendo departamentos con niveles de mortalidad infantil como en Africa, la situación será irrecuperable. No hay desarrollo posible con esos indicadores sociales. Por todas esas razones hemos priorizado el Uruguay Social. Pero además porque en ello nos jugamos algo mucho más importante que nuestro éxito político, nos jugamos nuestra identidad de izquierda, nuestra propia razón de ser.

­¿Cómo va a hacer para retener a esos muchachos inteligentes provenientes de las capas medias, cuando tienen fuera de fronteras posibilidades de realización mejores?

­Su pregunta toca dos aspectos de un mismo problema y neurálgico problema del Uruguay: instrumentar políticas que ayuden a los uruguayos que viven en Uruguay a permanecer aquí y que ayuden a volver a los que debieron emigrar. Toda nuestra propuesta de desarrollo productivo sostenible está atravesada por tales políticas y, en ese marco, por una línea para la participación de profesionales, de técnicos jóvenes y con experiencia. Retenerlos es un esfuerzo en varios planos, uno de oportunidades de trabajo y crecimiento profesional, otro es de carácter anímico, de confianza en el país, de condiciones de vida, aunque también hay que asumir que en estas cosas no hay soluciones simples y mecánicas. Habrá que trabajar duro y con pasión, para poder transmitir pasión y ganas de quedarse. Lo cierto es que si este país rompe este estancamiento y esta cultura generalizada del "no se puede" y de la resignación y toma impulso, es un país maravilloso para vivir.

­Se ha dicho que para llevar a la práctica ese plan de emergencia, se necesitará realizar un censo. ¿Estamos ante un nuevo fichaje de los ciudadanos uruguayos?

­El censo ya se está haciendo y francamente no creo que sea un fichaje.

­¿Puede pasar que con ese censo usted cree una fuerza política disciplinada en torno a su figura?

­Sinceramente, ni se me pasa por la cabeza tal idea, ni creo que le pase por la cabeza a nadie que la tenga bien ubicada sobre sus hombros...

­Además del Estado ¿qué organizaciones de la sociedad van a participar de ese plan de emergencia?

­Lo expusimos en nuestra intervención en la actividad sobre el Uruguay Social, para que tenga éxito e impacte de la mejor manera en la gente que lo necesita deben participar, de manera coordinada, el gobierno y sus diferentes dependencias, las Intendencias Municipales que son fundamentales (todas, sin discriminación de ningún tipo), las organizaciones de la sociedad civil y humanitarias que hacen un trabajo insustituible. Y con dos condiciones: la mayor transparencia y la menor burocracia. No queremos que se queden por el camino una parte importante de los recursos, deben llegar a la gente.

­Chirichi ha dicho que con su plan de emergencia a los más pobres le tocarán 240 pesos, un sueldo similar a los de los cubanos. ¿Cuánto va a recibir cada uruguayo que se afile a ese plan de emergencia?

­Admito que no conozco la realidad cubana tan bien como la conoce el señor Chiruchi. Conozco sí las condiciones de pobreza e indigencia en que viven muchos habitantes del departamento de San José... y sé también de muchos maragatos que, para paliar su situación, recurren por ejemplo a los servicios de salud prestados por la Intendencia Municipal de Montevideo. Nosotros no vamos a afiliar a nadie a nada. Es obvio que los 100 millones de dólares se sumarán al gasto actual, naturalmente integrado y coordinado de otra manera y sobre todo no estamos hablando de distribuir "sueldos" estamos hablando de alimentación y salud para niños y sus madres. Esto es para la emergencia, pero las soluciones estructurales tienen que ver con cosas más amplias, con el nivel de crecimiento y desarrollo del país y con el trabajo y la educación. Ya lo hemos explicado reiteradamente, atenderemos a los 100 mil uruguayos que viven en la miseria y que no pueden esperar, y nuestros estudios y los realizados por investigadores y profesionales muestran que podemos tener un fuerte impacto social y en poco tiempo. A mí me produce una cierta vergüenza ajena cuando hablan de estos temas. Ellos prometieron y anunciaron a los cuatro vientos que tenían un préstamo del BID de 110 millones de dólares para combatir los asentamientos y la miseria, previo a las elecciones de 1999. ¿Entonces sí era una maravilla y ahora no vale nada? Claro, ellos de ese préstamo ejecutaron sólo 18 millones. Sí 18 millones, porque además de insensibles, son incapaces y burócratas. Y en este gobierno están todo el Partido Nacional y todo el Partido Colorado.

­Seregni dijo un día que había que tener mucho cuidado con el asistencialismo, porque quien recibe la asistencia asume una actitud pasiva ante la vida. Yo le agrego que puede existir el peligro de haya corrupción, tanto por el lado de quien da esa asistencia, como por quien la recibe. ¿Existe ese peligro? Si existe ¿cómo lo va a controlar?

­Ese legado de Seregni lo hemos tenido especialmente en cuenta en éste y otros temas. Como también hemos tenido en cuenta el legado de Juan Pablo Terra y tantos otros compañeros y compañeras, que tan valiosos aportes han hecho en la búsqueda de soluciones a los problemas de la sociedad uruguaya. Por eso decimos que en materia de políticas sociales hay que conjugar asistencia y promoción social. Porque la asistencia es un derecho de quienes no tienen otra forma de resolver sus problemas básicos y una responsabilidad de la sociedad para con ellos, y porque la promoción es el mecanismo para generar ciudadanía. Y por eso sostenemos además que la expresión que mejor sintetiza ese equilibrio entre asistencia y promoción es "protección social". Si usted repasa el Plan de Emergencia constatará que en el mismo señalamos explícitamente que se exigirá a las familias que sean beneficiarias de esos programas que los niños vayan a la escuela y que atiendan su salud. Y además están previstos planes de trabajo comunitario. Todo requerirá contrapartidas y además serán planes a término, si no, no son de emergencia. La corrupción es un peligro que se da a todos los niveles. En nuestra visión se combate de tres maneras diferentes pero complementarias: Un clima general en el gobierno y en la sociedad de transparencia (una batalla cultural contra cualquier forma de corrupción y dando el ejemplo desde arriba). Normas, órganos y procedimientos que refuercen el control institucional; y control ciudadano. En las sociedades modernas y avanzadas la corrupción se combate con el control vertical y horizontal y ciudadano. Y aquí también funcionará este control riguroso.

­¿Qué papel va a jugar la escuela pública?

­No hay ninguna posibilidad de invertir el proceso de desintegración y fractura de la sociedad uruguaya sin una fuerte apuesta a la educación en su conjunto y a la escuela en particular. Por una razón muy simple: hablar de Uruguay y sus características, su identidad, su capital humano e incluso sus convicciones democráticas, es hablar en primer lugar de la escuela pública. No es exagerado decir que el Uruguay moderno es hijo de la escuela pública. Es una verdad incontrastable, que si aquella sociedad de inmigrantes que hace varias generaciones llegaba a esta tierra buscando un futuro mejor devino en un nación, es porque en el Uruguay hay desde hace más de siglo un sistema escolar público, laico, gratuito y obligatorio. Yo, particularmente, le debo mucho a mi querida Escuela Yugoslavia... Los desafíos del Uruguay actual plantean también nuevos desafíos a ese sistema. En tal sentido, reiteramos lo que expresamos el 23 de agosto en el marco de la jornada sobre el Uruguay social, así como no nos resignamos a las políticas sociales para que los pobres sigan siendo pobres, tampoco nos resignamos a que la escolaridad de los pobres sea una pobre escolaridad. Por eso también le reitero los compromisos de gobierno que expresé en esa oportunidad. Avanzaremos en la universalización de la educación inicial; extender escuelas de tiempo completo; extender y fortalecer red de protección social en la educación a nivel primario y secundario (alimentación, salud, transporte, etc); mejorar la calidad social de la enseñanza procurando el mejoramiento sustantivo de los resultados educativos. ¿Que para esto se necesitan recursos? Es verdad. También se necesita ­fundamentalmente se necesita­ voluntad política. Claro, lo que no se puede hacer es tirarle ese fardo a la escuela sin darle los recursos y las capacidades necesarias. ­Puede pasar que si se transforma a la escuela en un centro asistencial y no educativo, se desvalorice su rol natural.

¿Va a haber escuela pública para pobres y escuela pública para los no tan pobres? Porque como usted sabe no es lo mismo una escuela pública en Cerro Norte que en Pocitos, ¿verdad?

­Se lo decía anteriormente, lo principal es una escuela que crezca en sus capacidades educativas, en sus programas en permanente evolución pedagógica y que atienda los nuevos temas que nos plantea el mundo actual. Enfrentar esas demandas no pasa solamente por enseñar computación e idiomas. Ello es importante, pero no es suficiente. Es necesario enseñar en valores, enseñar desde la razón y la igualdad de oportunidades para la libertad y la democracia... en fin; hay que formar profesionales y técnicos, pero fundamentalmente han que formar ciudadanos. En ese marco la escuela pública tiene un papel insustituible y fundamental. Yo sueño con las mejores escuelas en los barrios más carenciados, con las mejores maestras para los alumnos que más las necesitan... y quiero hacer ese sueño realidad. Siempre reafirmando dos conceptos, la autonomía técnica de la educación y sus órganos, y la democratización de las relaciones entre todos los que componen la educación.

­En los últimos años las autoridades de la enseñanza y de los sindicatos no han podido ponerse de acuerdo. ¿Qué le hace creer que va a poder lograr, por lo menos, un diálogo más o menos respetuoso?

­No sólo en la educación sino en la política, aquí se ha creado un enorme malentendido, y es que el diálogo es unidireccional, mientras que dialogar es debatir conceptos sin prejuicios, tener espíritu abierto, y tener claro cuáles son las instancias en las que se debe resolver. Diálogo no es sinónimo de paralización, pero tampoco de gritería ni sordera. Yo tengo absoluta confianza que si restablecemos en serio el diálogo, si hay objetivos claros en el conjunto de la sociedad, si dejamos de actuar mirando el corto plazo y resolvemos los problemas más urgentes, pero también mirando hacia los más importantes, no tengo ninguna duda que el diálogo se recompondrá y será altamente fructífero. En la educación el diálogo no es un método, es la esencia de su progreso y de su constante actualización. Con una premisa fundamental, ¿cuál es el punto de referencia fundamental? Son los niños, los estudiantes, es la sociedad. Todos los demás ­aún defendiendo nuestras legítimas aspiraciones­ debemos mirar hacia allí. Y no tengo dudas ­lo aprendí como estudiante, como docente y también como padre­ que ese es el espíritu dominante en la educación.

­¿Contrataría de asesor a Rama?

­No.

­¿Y a Carmen Tornaría la tendría en cuenta?

­En ningún caso voy a mencionar nombres.

­¿Pensó en Héctor Florit?

­Le reitero, por una cuestión de elemental respeto a los demás y a mí mismo, no voy a mencionar nombres. ­¿Se siente ganador en octubre?

­Siento que la exigencia y la voluntad de cambio son incontenibles en todo el país. Y sí, creo firmemente que en octubre ganaremos el derecho y la responsabilidad de instrumentar desde el gobierno y con la sociedad un proyecto nacional de desarrollo productivo sostenible. Porque el triunfo electoral no es un fin en sí mismo; es un mojón ­importante, sin duda­ en el camino del pueblo hacia su realización.


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