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Un ensayo, de la mano de Jorge Luis Borges y Ezequiel Martínez Estrada
 
Lic. Laura Inés Etcharren   
De la tradición gauchesca a la emergencia de la ciudad
Por Lic. Laura Inés Etcharren
(¿Quién es Lic. Laura Inés Etcharren?)
Publicado digitalmente: 14 de noviembre de 2005

Para tener en cuenta

Buenos Aires, es una de las ciudades más bellas del mundo. Sus usos y costumbres; su estética edilicia; la arquitectura conservada; el vocabulario; los modismos; las tendencias en materia de indumentaria; la cuna de los inmigrantes; etc. Buenos Aires, una ciudad que mucho ha cambiado.
Una Buenos Aires distinta, difícil de caminar, aunque eternamente bella, y tristemente alienada.
Tiempo pasado, ni mejor, ni peor, simplemente, distinto al presente de hoy. Un pasado, que inexorablemente, se hace presente para invitarnos a la reflexión. Para realizar una retrospectiva, y así poder ver, en que nos quedamos, y en que evolucionamos.
Aquella frase conservadora, “todo tiempo pasado, siempre fue mejor” es falaz. Todo tiempo pasado, como todo presente y futuro, deben ser distintos, signados por la capacidad evolutiva y por la toma de conciencia de los errores incurridos y de la acciones acertadas.
Propuesta
Propongo hacer un recorrido que vaya: De la tradición gauchesca, a la emergencia de la ciudad. Mencionar las características más sobresalientes de la gauchesca y reconstruir, en la medida de lo posible, el surgimiento de la ciudad de Buenos Aires, a partir del año 1880.
La tradición gauchesca
Jorge Luis Borges (1899-1986)fue un escritor y pensador sumamente controvertido y cuestionado por su ideología política, así como también, por sus interpretaciones hacia ciertos clásicos de la literatura Argentina que ocupan un lugar central en la tradición de nuestro país.
Sus posturas políticas evolucionaron desde el izquierdismo juvenil al nacionalismo, y después a un liberalismo escéptico desde el que se opuso al fascismo y al peronismo. A lo largo de toda su producción de cuentos, Borges, creó un mundo fantástico, metafísico y ciertamente subjetivo.
No sólo experimentó rechazo hacia la Academia Española, sino también, hacia la lengua orillera. En “EI idioma de los argentinos” (1928) estableció que al problema verbal no puede dársele ninguna solución general, manifestando que “el lenguaje es como la luna y tiene su hemisferio de sombra.”
En un estudio llamado “Borges, critica y teoría cultural” Beatriz Sarlo (1942) establece que a lo largo de su vida, Borges, se preocupó por escribir ensayos y criticas sobre textos “menores”. La autora, manifiesta que la inclinación por lo “menor” es una característica esencial de la obra de Borges. Por tal motivo, hace ingresar a la literatura “menor” en el canon de la literatura Argentina, anticipando así, otros temas de la reflexión contemporánea. Por lo tanto, será la teoría de lo “menor”, según Sarlo, lo que le permitió a Borges una lectura original de lo popular literario y cultural.
En lo referente a su análisis crítico, el Martín Fierro (1872), ocupó un espacio central de su obra. A lo largo de toda su vida, escribió sobre este poema. Prólogos, paráfrasis, que Sarlo considera, que se hayan secreta, o abiertamente plasmados, en sus ficciones, textos y un libro también breve. En su artículo “El escritor argentino y la tradición” (1951) también le dedica una importancia distinguida a dicho poema.
“No podemos suponer que el Martín Fierro es, como algunas veces se ha dicho, nuestra Biblia, nuestro libro canónico.” (Borges; p:267) Pero al mismo tiempo reconoce la perdurabilidad del mismo.
Tal como lo había hecho Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964) pero de un modo opuesto, Borges, traza dos líneas posibles de la construcción cultural Argentina y afirma que la historia de nuestro país, hubiera sido diferente, si nuestro gran texto nacional hubiera sido el Facundo de Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), en lugar del Martín Fierro de José Hernández (1834-1886) al cual, se lo ha canonizado, como “mito de la nacionalidad.” En base a esta concepción, cabe destacar, que el Facundo, independientemente de las diferencias que se puedan tener con Sarmiento, no es un libro más.
El Facundo, es un libro que no sólo abarca la filosofía, la pedagogía, la sociología, la política, etc, sino que también, encierra la pasión de un hombre por su país, un hombre que alberga las ansias transformadoras de la sociedad en la que vive y mediante su libro las describe. Así en uno de los pasajes de Facundo, Sarmiento dirá: "En Facundo Quiroga no veo un caudillo simplemente, sino una manifestación de la vida argentina tal como la han hecho la colonización y las peculiaridades del terreno.”
Sarlo, en lo referente a lo establecido en el párrafo anterior, considera que Borges discute con dos argumentos; por un lado, con que el gaucho malo es un paradigma no referencial, sino mítico; y por otro lado, con que la canonización de los textos que lo glorifican, es una operación posterior a su desaparición, incluso como marginal social.
En ese mismo artículo, Borges, distingue entre poesía de los gauchos y poesía gauchesca. Al mismo tiempo, establece, que solo con comparar cualquier colección de poesías populares con el Martín Fierro o con el Fausto aparece esta divergencia.
Escribe que los poetas populares del campo y del suburbio se refieren siempre a temas tales como el amor, el dolor, la ausencia, etc y considera que el vocabulario empleado por ellos, es mucho más general y hasta podríamos decir, más accesible. Por su parte, los poetas gauchescos, utilizan aquel lenguaje popular exaltando lo autóctono, es decir, que en los poetas gauchescos lo que hay, es una búsqueda permanente de las palabras nativas, del color local. Debido a esto, establece que no le resultará fácil al extranjero, comprender por ejemplo, a Estanislao del Campo.
Dijo Borges con ironía “El culto argentino del color local es un reciente culto europeo que los nacionalistas deberían rechazar por foráneo.”( Borges; p:270)
No es necesario escribir literatura con color local para transmitir la imagen, el sabor y el olor - entre otras cosas- de lo propio, de lo argentino. El dejarse llevar, es más efectivo para lograr tal propósito. Lo argentino en Borges tenía que ver fundamentalmente con el ejercicio del lenguaje, como la escritura y la lectura en el marco de un proceso que delimitaba espacios (lo nacional, lo universal) pero sin clausurar las fronteras que debían acotarlos. Así, la literatura argentina, tiene que ver desde la mirada borgiana, con la tradición de toda la cultura occidental; sin embargo la especificidad de la literatura argentina, no pasaba por la reacción xenófoba frente a lo otro, ni por la reproducción de lo extranjero; todo lo contrario, la literatura argentina pasaba por el lenguaje, al mismo tiempo que por la tonalidad que se le asignaba, a ese lenguaje.
Retomemos pues, la interpretación de Borges acerca del Martín Fierro.
Para él, el libro de José Hernández, es una payada autobiográfica redactada en un español de entonación gauchesca, lo cual, impide por mucho tiempo, que podamos olvidarnos que es el gaucho el que canta. No obstante, Borges, no deja pasar por alto que, en algunos momentos, Hernández, parece olvidarse del color local.
Según el escritor, el fin que Hernández se propuso en el Martín Fierro, era sumamente limitado, a saber, la historia del destino de Martín Fierro referida por éste. “No intuimos los hechos sino al paisano Martín Fierro contándolos. De ahí que la omisión, o atenuación del color local sea típica de Hernández.” (Borges; p: 182)
Ahora bien, más allá de las objeciones que Borges pudo haberle hecho al Martín Fierro, el alcance del mismo, tanto a nivel local como internacional, es indiscutido.
La literatura gauchesca como género artificial, tal como Borges la define, ha sido tomada como propia por el pueblo rioplatense entrelazándose su origen con las luchas por la independencia, en ambas márgenes del Río de la Plata.
Desde la óptica de José Hernández, el problema, no se reduce al gaucho sino al indio, el cual es salvaje e incivilizado, mientras que el primero necesita ser educado e incorporado a la civilización. Tanto es así, que en su obra, Hernández, va mostrando tales intenciones.
La opinión de Sarmiento, también es importante, puesto que para él, el campo se presentaba como el reflejo de la anarquía, de la barbarie. De ahí, que este pensador, entendiese que en la Argentina, La Civilización y La Barbarie, conformaron dos estilos de vida. Dos estilos, que delimitan claramente una forma de pensamiento autárquico y discriminatorio, fundamentalmente si tenemos en cuenta que desde la concepción de Sarmiento el gaucho no puede participar de la civilización. El gaucho lucha contra la naturaleza, pero es parte de la misma, mientras que el hombre civilizado, también lucha contra la naturaleza, pero es parte de un proceso histórico.
El poema de Hernández narra entonces, la vida de Martín Fierro. Desde su armonía con el medio familiar y social, hasta su condición de gaucho matrero. Las dos partes en las que el mismo se divide (ida-vuelta) dejan ver como el gaucho que se fue, no es el mismo que vuelve, ya que este último, es un gaucho domesticado, prudente, en tanto que perdió toda su pasión.
Llegado a este punto cabe preguntarnos ¿qué es la tradición argentina? Desde Borges, la tradición argentina es toda la cultura occidental. Además, repite en su artículo que lo que hay que hacer, es avocarse a lo artístico, es decir, plantea que no sólo hay que circunscribirse a lo argentino, sino que también, hay que ensayar sobre todos los temas.

La emergencia de la ciudad

“La ciudad de don Pedro de Mendoza yace identificada con la tierra. Es la antigua ciudad del aborigen que aflora por instantes más bien que a trechos, para ser sofocada súbitamente por las otras.” (M. Estrada; p: 17)
En 1580 Juan de Garay fundará Buenos Aires. Inmensa pampa, unos pocos matorrales, los indios beligerantes y una distancia infinita hasta las rutas comerciales más usuales.
“La ciudad de Garay sobrevive en lo valiente, progresivo, tenaz. De todas las ciudades de Buenos Aires es la más sólida, porque es aquella de la aventura, de la conquista por la raza, del catolicismo. Ciudad eterna y universal.”(M. Estrada; p: 18)
Hasta fines del siglo XVIII, la ciudad de Buenos Aires, se mantuvo alejada de los grandes núcleos urbanos. No fue punto de interés de los conquistadores, a causa de estar situada en una zona donde no abundaba el ansiado metal, objeto de culto por la empresa colonizadora de las sucesivas cortes españolas.
Buenos Aires, fue objeto de la creación de un imaginario colectivo que se reflejó directamente en su literatura. Tanto es así, que la obra del primer Borges, al igual que la obra de Ezequiel Martínez Estrada, son el reflejo mismo de tal situación.
Hablar de Buenos Aires, implica hacer referencia al tema de la inmigración, como factor determinante de la conformación de la sociedad Argentina.
Con la construcción del Estado Liberal argentino, comienza la ola inmigratoria y con ella, varias interpretaciones. El positivismo argentino encontraba que el problema de los inmigrantes radicaba en que los mismos, no habían resultado lo que ellos pensaban. Según esta corriente, la fisonomía social se veía desvirtuada. Mientras que para el período positivista, el problema se encontraba en el otro (inmigrante), para Sarmiento, el problema se encontraba, en la sangre del argentino.
Éste último, tenía una idea de civilización y progreso, lo que hacía que considerase fundamental, integrar a los recién llegados. Integración, que se debía hacer mediante la escuela, ya que la educación, no sólo, según él, permitía la producción, sino que también, permitía la creación de vínculos de ciudadanía.
Dentro del famoso debate entre Juan Bautista Alberdi (1810-1884) y Sarmiento, se encuentra el tema de las migraciones. Para ambos, el futuro de Argentina estaba en la inmigración. Para Sarmiento era necesario desarrollar una comunidad política con libre acceso de la tierra, en la cual los inmigrantes pudiesen tomar carta de ciudadanía. Por su parte, Alberdi se jugaba por un desarrollo inmediato de la sociedad civil y un desarrollo posterior de la sociedad política.
“La Argentina se ubica en el segundo lugar entre las naciones que han recibido mayor inmigración europea en la centuria que abarca desde aproximadamente mediados del siglo XIX hasta la década del 50 de este siglo.” (Lettes y Sautú; p: 2-3)
Intentaré mostrar entonces, como desde mediados del siglo XIX, y con la vuelta de Martín Fierro (1879) hasta mediados del siglo XX, la ciudad fue cambiando. En este punto vale decir, que lo que intentó hacer Hernández, en el Martín Fierro, fue acomodar al gaucho que volvía, a una situación en la cual, la modernización en la Argentina, ya no tenía retorno.
Para ese entonces, y con la continuación de la Campaña al desierto por el Gral. Julio Argentino Roca (1843-1914) mucho se respetaba a la tradición y a la jerarquía en la ciudad, por lo que medianamente, se pudo mantener el orden.
No obstante, con la ola inmigratoria y el proceso de modernización que se abre en nuestro país, las cosas, van cambiando paulatinamente.
A partir de 1880 surge en Buenos Aires el proyecto modernizador que encuentra su fundamento en la europeización y apertura del país. Buenos Aires se inserta en la economía capitalista internacional como uno de los primeros productores agrícolo/ganadero mediante el modelo agro- exportador. Un modelo, que experimentará su agotamiento en 1930, dando lugar, al modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI)
Por tales motivos, podemos decir que los conceptos de ciudad y modernidad se interrelacionaron significativamente, de modo tal, que no sólo cambió el imaginario exterior, sino también, la idea que sus habitantes tenían del mismo. Tanto es así, que Beatriz Sarlo dirá, "El impacto de los procesos socioeconómicos, iniciados en la última década del S. XIX, alteró no sólo el perfil y la ecología urbana, sino el conjunto de sus experiencias de sus habitantes. Así, Buenos Aires interesa como espacio físico y como mito cultural: ciudad y modernidad se presuponen porque la ciudad es el escenario de los cambios, los exhibe de manera ostensible y a veces brutal, los difunde y generaliza."
El proceso de modernización, no sólo abarcó el paisaje urbano, sino también, los medios de comunicación, los usos y costumbres, etc, generando así, dentro del círculo de importantes intelectuales, profundos debates, dirigidos a la formulación de dar respuestas, a tal proceso.
El caso de Ezequiel Martínez Estrada es revelador. Tanto en Radiografía de la Pampa (1933) como en la Cabeza de Goliat (1940) este autor, tiene la capacidad asombrosa de llevar al lector por un recorrido pictórico de nuestro país y específicamente de Buenos Aires.
A comienzos de la década del ’20, el mundo popular, atravesaba una transformación aceleradísima, definida por el curso de la urbanización y los procesos de alfabetización.
En el libro “Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y1930” Sarlo, cita a Bernardo Canal Feijoo, quien formula que en Radiografía de la Pampa, se reúnen una serie de temas ideológicos que pueden ser agrupados en tres grandes haces:
-El primero expone la certidumbre de que el crecimiento económico se vio acompañado, en la Argentina, de miseria espiritual, lo cual supone un dato fundante que explicaría su constitución, proporcionando también un pronóstico para su futuro.
-El segundo tema es el de la “barbarie democrática” que, en el ensayo argentino de Sarmiento a Lugones, tomó figuras sucesivas; gaucho, montonero, caudillo, inmigrante. Esta barbarie, caracteriza un estado donde no hay perspectiva jerárquica que ordene las voluntades sociales encontradas y modere los impulsos oscuros que las ponen en movimiento.
-El tercer haz temático se sustenta en los dos primeros. Se trata de lo que sucede en América con la cultura europea. La religión, las costumbres, los sistemas de modelización de la vida cotidiana, la producción misma de sentidos atraviesan por un proceso de barbarización.
Para Martínez Estrada, Buenos Aires, carece desde su origen, de la estabilidad de las ciudades europeas con las que se las compara. Hay una imitación de Europa y al mismo tiempo, de las imitaciones de Europa. En Buenos Aires, lo que se produce, es una especie de modernización ficticia; la formación social y cultural argentina, dice Sarlo, es un simulacro. “Todo lo que en otras sociedades es “profundo”, aquí es efecto de una construcción superficial de sentidos que no se relacionan con una “verdad” existente.”(Sarlo; p:224)
Ahora bien, según Martínez Estrada, la ciudad surge como una continuación de la Pampa: "El verdadero frente de Buenos Aires son sus techos, como en el plano. La ciudad es techumbre inmensa y cuidadosamente cuadriculada, como si fuera un pavimento. Sobre el suelo se superpuso un piso, sobre ese otro, y así se forma el suelo, edificado a semejanza de la tierra pampeana.”
Por otra parte, la ciudad “(...) tiene que haber contribuido como ninguna otra institución de origen humano al "capiti diminutio" del hombre. Hoy no podemos desprendernos de la ciudad para comprender al ser humano en su forma verídica. El hombre por excelencia es el que inventa un aparato o un mecanismo, o una fórmula química, más bien que ese otro que inventaba la danza, las metáforas, los ideogramas y el discurso. Los grandes detractores de la ciudad y de la civilización, cuando tienen que pensar en la forma verídica del hombre, piensan en el salvaje, lo cual es absurdo y abyecto.”( M. Estrada; p:54)
Martínez Estrada, muestra en los libros presentados, una barbarie que se encuentra en permanente lucha con la civilización. Buenos Aires, la cabeza, esta condenada a ver resurgir esas fuerzas bárbaras que supone que ha dominado.
Buenos Aires, creció como debía hacerlo, mediante la contribución de las provincias. Buenos Aires, como la ciudad, tenía la responsabilidad del progreso.
Por lo tanto, podemos concluir diciendo que Buenos Aires “Era no sólo la cabeza para representar un papel gigante, sino para pensar en lo por venir.” (M. Estrada; p: 30)

Consideraciones Finales

La metamorfosis de Jorge Luis Borges es sumamente notoria, si bien nunca se caracterizó por ser un hombre accesible y simple, la progresiva pérdida de su visión, lo fue convirtiendo en un hombre cada vez más adusto, pesimista, netamente conservador y por sobre todas las cosas, sumamente crítico.
Lo que Borges opina de la gauchesca; del Martín Fierro; del tango; de los refranes populares; de la oralidad criolla y sus inflexiones; de la novela popular rioplatense en el siglo XIX, tiene gran originalidad argumentativa. Sus intervenciones sobre la gauchesca en la década del ‘20 hacen un neto corte polémico respecto del discurso intelectual nacionalista y esencialista, tal como lo expresa Sarlo. Esta posición, Borges, va a subrayarla en las décadas que siguen, desconfiando irónicamente de un discurso ’mayor’ sobre la fundación gauchesca de la cultura Argentina.
En lo referente a la ciudad, La Cabeza de Goliat, es una teoría acerca de la ciudad de Buenos Aires, en donde al igual que en Radiografía de la Pampa se puede sentir un importante desarrollo del campo de las sensibilidades.
Beatriz Sarlo, expresa que la ciudad es objeto del debate ideológico-estético: “se celebra y se denuncia la modernización, se busca en el pasado un espacio perdido o se encuentra en la dimensión internacional una escena más espectacular.” (Sarlo; p: 28)
A pesar de las criticas hacia La Cabeza de Goliat, por parte de Gino Germani por ejemplo, quien decía que de la obra de Estrada nada era aprovechable; la misma, nos ha servido de referente para indagar sobre el surgimiento del proceso de modernización a través de la emergente ciudad de Buenos Aires.
Por lo tanto, el pasaje que se experimenta de la tradición, a la modernidad en nuestro país, es revelador de un proceso de urbanización y de constitución de una nueva forma de interacción entre los sujetos, mediante un profundo desarrollo de las relaciones impersonales, además de la incorporación de la nueva cultura tecnológica y los cambios que ella conlleva.
Se pasó del campo a la ciudad; de la payada al rock & roll; del gaucho nativo al inmigrante, al porteño; es decir, el cambio que produce la modernización y que obliga en cierta medida, a dejar de lado los valores culturales de la tradición, es lo que lleva al mismo tiempo a los intelectuales y pensadores contemporáneos, a reivindicar la tradición argentina en el contexto de la modernidad, invitándolos también, a pensar y repensar, acerca de la crisis por la que atraviesa, nuestro sistema de valores. Un sistema, en donde el campo de la cultura está devaluado, frente al campo económico. Lamentablemente se ignoran los alcances que, tanto la cultura como las artes tienen, en el crecimiento y desarrollo de un país.


Bibliografía Consultada
-Martínez Estrada, Ezequiel. “LA CABEZA DE GOLIAT”. MICROSCOPIA DE BUENOS AIRES. Editorial Losada S.A, Buenos Aires, 1983.
-Martínez Estrada, Ezequiel. “RADIOGRAFÍA DE LA PAMPA”
-Sarmiento, Domingo Faustino. “Facundo”, Biblioteca La Nación. Buenos Aires.
-Sarmiento, Domingo Faustino. “Conflicto y armonía de las clases en América”, Gran Americano, Capítulo I, Talleres Gráficos Norte, Buenos Aires.
-Hernández, José. “Martín Fierro”, Biblioteca La Nación, Buenos Aires.
-Borges, Jorge Luis. “El Idioma Nacional de los Argentinos”
-Borges, Jorge Luis. “El Escritor Argentino y la Tradición” en Obras Completas, Tomo I, EMECÉ Editores, Buenos Aires- Argentina, 1996.
-Schultz, Margarita. Identidad nacional en un ensayo de Borges
-Sarlo, Beatriz. Borges: Crítica y teoría cultural, BORGES STUDIES ON LINE.
-Sarlo, Beatriz. “Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930” Ediciones Nueva Visión, Bs. As, 1999.

Obras Completas. Tomo I

Al haber canonizado al Martín Fierro como mito nacional, la figura del gaucho malo, el matrero y de su prolongación urbana, el cuchillero pasa a ser paradigma de identidad.

Citas:

1.Obras Completas. Tomo I

2.Ibid.

3. La Cabeza de Goliat.

4. Ibíd.

5. Una Modernidad Periférica: Buenos Aires 1920 y 1930.

6. La Cabeza de Goliat.

7. Ibíd.

8. Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930.

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