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Kirchner-Chávez
Lo que se pactó y no se redactó en Caracas
Por
El Equipo
Publicado digitalmente: 24 de noviembre de 2005
El encuentro del pasado lunes entre el presidente argentino Néstor Kirchner y el líder venezolano Hugo Chávez fue presentado ante la prensa como un encuentro de “negocios” y no “político” por los medios masivos argentinos. El único aspecto político que se pretenidó vislumbrar era un apoyo de la Argentina para acelerar el ingreso de Venezuela al MERCOSUR. Ante esto cabe hacer la observación de que Kirchner fue “llamado” a Venezuela por el respaldo económico y financiero que Chávez comprometió a dar a la Argentina. Al mismo tiempo, la “ausencia” de Lula no sólo debe entenderse como el signo de debilidad de su gobierno por el retroceso económico que está llevando al presidente brasileño a su peor momento, sino al inicio de un análisis entre Kircher y Chávez sobre la coyuntura electoral brasileña. Chávez no sólo firmó un convenio con Kirchner por la construcción de un gasoducto y demás inversiones, sino que se comprometió a la compra de bonos de deuda externa argentina, tal como lo viene haciendo, habiendo comprado ya U$S 950 millones. En el transcurso del 2006 la Argentina deberá afrontar una serie de pagos de deuda en plazos mucho más cortos que los actuales, y fuentes de la Cancillería argentina confirmaron que Venezuela acordó de palabra financiar a la Argentina hasta unos 6.000 millones de dólares en caso de no obtener negociaciones favorables. A cambio, Argentina no sólo respaldará al gobierno bolivariano, con quien de todos modos sostiene las mejores relaciones de la gestión Kirchner, sino que deberá negociar con Brasil la asistencia del desarrollo nuclear en el anillo energético propuesto por Chávez. Con el mega-gasoducto, Venezuela proveerá de gas a la Argentina y Brasil, mientras estos dos países deberán adoptar una política más dinámica en el desarrollo de energía nuclear para la región. Tanto Kirchner como Chávez, dialogaron en privado sobre la situación de Brasil, donde recientemente las encuestas estarían indicando que Lula no sería reelecto en ninguno de los escenarios. Este esquema obliga a un replanteo regional dado que habiendo sido la esperanza popular de Sudamérica, el fracaso de Lula habilita a la reinstauración formal de un gobierno neoliberal en la principal potencia económica de la región. El presidente venezolano y el argentino, a medida que se aproximen los comicios en Brasil, de no cambiar la tendencia, apoyarán al intendente de San Pablo, José Serra del Partido Socialdemócrata Brasileño, más afín a las pretensiones del eje Caracas-Buenos Aires-Brasilia. El PSDB, como las socialdemocracias latinoamericanas poco guardan de su imagen de izquierda y se ubica más cercano a una posición de centro, pero es “el menor de los males” ante las chances del Partido del Frente Liberal, apoyado por Washington. Ambos mandatarios ya tienen una posición tomada respecto a Bolivia y el apoyo a Evo Morales, pero también temen que la convulsión social fogoneada desde Estados Unidos y apoyada por los poderes locales derive en la temida crisis que inclusive se trata en el parlamento boliviano sobre la secesión regional, lo cual implicaría un revés a la política energética y el suministro de gas de Bolivia a la Argentina por lo que el gasoducto desde Venezuela cobra mayor importancia Venezuela no sólo se pone a la cabeza de la confrontación política con Estados Unidos, sino que sabe que cuenta con una herramienta para sostener en Sudamérica a futuros gobiernos más integracionistas que los neoliberales que gobernaron en toda la región durante la década del ’90. Chávez es conciente que Venezuela, como quinta potencia petrolera del mundo, está sobre un mar de petróleo con reservas exploradas para al menos doscientos años por lo que este no es un problema coyuntural, sino todo lo contrario, máxime con la posible escalada del barril de crudo a U$S100-150 en los próximos 36 meses. Con esto, Venezuela no sólo financia la infraestructura para su desarrollo industrial sino que cumplirá el papel de sostenedor financiero para la región. Por ello, Chávez es motor en el plan de que Argentina salga del Fondo Monetario Internacional, cancelando la deuda y retirándose del organismo y evitar intromisiones, con lo que se esperaría que en un plazo de tres a cinco años, dos de las tres potencias sudamericanas se encuentren por fuera de la órbita de los organismos multilaterales. Los medios argentinos se escandalizaron con el posicionamiento de Kirchner que implicaría un enfriamiento con las relaciones con Estados Unidos. Un periodista de renombre y para nada “combativo” como Gustavo Silvestre salió el martes al cruce de los lobbystas con el sentido común: “¿Qué trajeron de bueno las relaciones argentinas con los Estados Unidos?”. El siguiente paso que impulsará Venezuela de mantener este rumbo es la idea lanzada por Hugo Chávez de un Banco Sudamericano para asistir desequilibrios financieros en la región. Otro punto que se encuentra en la mesa, pero que Kirchner es reticente en su aceleración es a la conformación de contingentes militares comunes como una proto-OTAS que busca Chávez, dado el tradicional lazo de las FF.AA. argentinas con la Escuela de las Américas y West Point.
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