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Lic. Laura Inés Etcharren   
Las Maras: Panorama callejero centroamericano
Por Lic. Laura Inés Etcharren
(¿Quién es Lic. Laura Inés Etcharren?)
Publicado digitalmente: 12 de diciembre de 2005
Cuando la violencia estalla y la paz solo se presenta, como un fetiche de la “guerra”, nos encontramos con las Maras. Aquellas pandillas que invaden Centroamérica poniendo de manifiesto una nueva forma de composición social, de percepción de la violencia, evidenciando nuevos modus operandi, además de diversas formas de pensar y sentir la realidad social.

Consideraciones Preliminares

La entrada a la modernidad y la posterior incursión a la pos- modernidad conlleva una serie de fenómenos dables de ser estudiados para poder comprender de manera más acabada el entramado de las relaciones sociales, así como el por qué del surgimiento de relaciones más impersonales y el resquebrajamiento de los lazos de solidaridad antes constituidos.
De un tiempo a esta parte, las sociedades, atraviesan por importantes crisis que devienen de una metamorfosis en las identidades construidas, allá lejos y hace tiempo.
El recurrente reclamo de derechos sociales, es el reclamo de mayor biopoder. Esto es, un mayor control social para no recaer en la decadencia social tan temida. Tanto es así, que la destrucción de los sistemas de solidaridad tradicional, de tipo comunitario y familiar, es lo que ha llevado al Estado a intervenir a través de diversos servicios sociales para los enfermos, desempleados, ancianos, etc. Aunque muchos sectores sociales han quedado por fuera de tales intervenciones, es decir, más marginados, mediante la conocida lógica del despojo.
Evidentemente, cuando hablamos de los procesos sociales y urbanos nos encontramos con una correspondencia entre el espacio social que ocupamos y la práctica social. Por ejemplo, en términos de clase, observamos como por lo general, las personas de una clase se relacionarán con otras de su misma clase. De no suceder esto, se pondrán en juego las conocidas estructuras de diferenciación que evidenciarán una crisis de clase. Una crisis, que dará cuenta, entre otras cosas, del surgimiento de nuevos antagonismos. Antagonismos, que ya no se presentarán como luchas de clase, debido al surgimiento de nuevos movimientos sociales, los cuales tendrán un común denominador: poner en cuestionamiento las nuevas formas de subordinación.
De lo expuesto se desprende entonces, el surgimiento de las Tribunas Urbanas (1) y de Las Maras. Con características bien diferenciadas pero con un fuerte fundamentalismo, ambos grupos ponen en cuestionamiento, el orden social establecido. Además, Las Maras, marcan un fuerte proceso de descomposición social que se viene dando en Centroamérica y que parece querer propagarse por todo el mundo, mediante la reproducción de la violencia como respuesta a las “injusticias” de las que creen ser víctimas.

Las Maras

Representan un fenómeno social ciertamente complejo. Son pandillas juveniles que tienen como base principal la reproducción de la violencia social en las calles. Se las conoce como maras y se encuentran dispersas por El Salvador, Honduras, Guatemala, México y EE.UU. Aunque también es sabido que ya tienen centros en Canadá, Australia y el Líbano.
La pandilla MS (Mara Salvatrucha) es la más conocida y ha sido identificada en 36 estados de Estados Unidos. Es mayor en Los Ángeles, y también existe en México, El Salvador, Honduras y Guatemala. Su líder recibe el nombre de Satanás, tiene tan solo 19 años y dirige la banda juvenil no solo más conocida, sino también, la más poderosa del mundo, con más de 100.000 miembros.
Su origen se remonta a la década de 1980 en Los Ángeles, integrada por centroamericanos, con el fin de defenderse de otros grupos étnicos de pandilleros, pero luego gran parte de sus acciones derivaron en delincuencia.
Es decir, las Maras, son las nuevas pandillas juveniles que ocupan los barrios fronterizos de Estados Unidos y México, entre otras países centroamericanos. Constituidas por miles de jóvenes, hijos de la marginación, las maras, arrasan con todo lo que encuentran a su paso.
Como se mencionó, son jóvenes que crecieron en los contextos urbanos de los años ’80: Según relevamiento de datos, están compuestas por los deportados de Estados Unidos; parte de los 100.000 huérfanos de la guerra civil; las víctimas de la represión de los ’80 (ex policías y ex militares); y los jóvenes que parecen no encontrar opciones acceso que los conduzcan a llevar una vida distinta a las que llevan en algunos espacios latinoamericanos signados por la pobreza y la miseria.
El número 13, es absolutamente representativo entre los mareros. La letra M es la treceava del abecedario y significa “vida loca” (marihuana) y “Mexicano.”

Delincuencia: de Robin Hood a Las Maras

Desde hace ya varios años, el aumento de la delincuencia, ha puesto en jaque la cuestión de la seguridad en nuestro país, pero también, en el resto del mundo.
Atrás quedaron los hombres al estilo de Robin Hood, que robaban a los ricos para darle a los pobres marcando la etapa del bandolerismo social en muchas partes del mundo.
Históricamente, los bandoleros representaban una forma primitiva de protesta social, un fenómeno de sociedades primitivas, agrarias, tenazmente tradicionales, de estructura precapitalista. Eran fundamentalmente campesinos y trabajadores sin tierra, oprimidos y explotados por otros, como ser: señores, ciudades, gobiernos, etc.
La visión que tenían los diferentes estratos de la sociedad, sobre este tipo de bandidos, era paradójica. Por un lado, eran considerados criminales por el Señor y el estado; mientras que por otro lado, permanecían dentro de la sociedad campesina, siendo vistos como héroes, vengadores, luchadores por la justicia, etc.

Desviación
Hoy en día, podemos hablar de las conductas desviadas. Conductas que generan todo tipo de temores sociales.
Secuestros express, secuestro extorsivos, cautiverio, asaltos, hurtos, violaciones, asesinatos etc, son las modalidades delictivas de las que debemos cuidarnos todos los ciudadanos.
Cabe destacar que, la desviación, está creada por determinado orden social. Las condiciones de pobreza, como las crisis políticas, por ejemplo, constituyen elementos esenciales para la expansión de tales conductas.
Pero lo importante, es saber definir a que uno se refiere con conductas desviadas y cuantos tipos de desviaciones existen.
Los grupos sociales crean la desviación al hacer las reglas cuya infracción constituye la desviación. No es una cualidad del acto cometido por la persona, sino una consecuencia de la aplicación que los otros hacen de las reglas y las sanciones para un ofensor. Por lo tanto, el que un acto sea desviado depende de cómo reaccionan las personas frente al mismo.
Existen dos tipos de desviación: Primaria y Secundaria. Se habla de desviación primaria cuando un individuo ha cometido por una sola vez un acto contrario a las normas sociales vigentes. Mientras que la desviación secundaria, tiene que ver con la reiteración de dicha actuación y se etiqueta a la persona como desviada en la interacción social subsiguiente y acepta (interioriza) esa identidad. Léase, la sociedad es la que determina.
En el caso particular de los mareros, la violencia, los asesinatos, los robos, las violaciones, la delincuencia, los secuestros y demás son elementos que se encuentran presentes y que definen en gran parte la conducta de un importante número de mareros, lo que lleva a las sociedades y a los gobiernos a etiquetar a todos los mareros de delincuentes.

Génesis de Las Maras

El fenómenos de los mareros, como ya se ha mencionado, es sumamente complejo, por lo cual, estudiar la génesis del mismo es fundamental para tener una visión más amplia y un entendimiento más acabado sobre uno de los movimientos más peligrosos de los últimos años. Un movimiento, que si bien se está expandiendo por el mundo, carece de un estudio en profundidad que de respuestas necesarias e informe a quienes desconocen sobre su existencia. Además, resulta necesario saber sobre su expansión, debido a que la extensión de mareros a nivel mundial implica un gran peligro para las sociedades enteras en tanto que es necesario conocer sus mecanismos de actuación para salvaguardar a los individuos de los ataques de estas pandillas.
Para comprender tal fenómeno, es preciso hacer referencia al fenómeno del pachuquismo y de los cholos. El elemento que las maras recuperan de aquellos movimientos juveniles es, nada más y nada menos, que el barrio.
El barrio, aparece como un espacio fundamental para los mareros, ya que en cierto modo, el mismo significa límites, delimitación.
Las maras, tuvieron encuentros y desencuentros con las comunidades mexicanas y chicanas a punto tal de apropiarse de ciertos elementos distintivos de aquellas pandillas. Es más, hasta llegaron a ocupar espacios antes habilitados y controlados por cholos, chicanos y mexicanos -el antiguo Barrio 18, hoy la M18, perteneciente a una de las dos maras salvadoreñas más importantes-
“Los jóvenes mareros también recuperaron formas del barrio chuco y cholo donde destaca la formulación de consignas como: “Eme a morir”, “Hasta Morir”, “Eme ese a morir”; “la MS siempre”, “La MS se respeta”, “La MS controla”; “La mara es mi familia”.”(2)

Sentimiento de pertenencia

El barrio entonces, es un elemento esencial en el mundo de Las Maras. Allí, no solo se marcan las lealtades, sino que también, se exacerba el sentimiento de pertenencia para con la pandilla.
Existen diversas formas de integración a la mara que se llevan adelante mediante los denominados rituales de iniciación. Ejemplos: Peleas entre nuevos habitantes y viejos miembros del barrio para conocer las habilidades y evaluar el respaldo que se dará en caso de lucha con otros barrios o personas; en el caso de las mujeres que quieran iniciarse como mareras, deberán por ejemplo, tener relaciones sexuales con los hombres de la mara.
También existen los casos en los que tales rituales no existen y la aceptación para formar parte de la mara depende no solo de la confianza, sino también, de la socialización compartida y las experiencias comunes.
Ahora bien, quienes lideran las maras son por lo general, las personas de mayor fuerza y mejor capacidad de pelea. Generalmente el liderazgo se encuentra en manos de los veteranos pero los jóvenes tienen una marcada tendencia a decir que en el barrio son todos iguales y que por ende, todos son jefes.
Poseen un lenguaje bastante específico que marca particularmente la pertenencia a la mara. Quienes decidan abandonar el barrio o negarlo (3) , en algunos casos, serán asesinados.
Otro elemento primordial y que se encuentra íntimamente relacionado al barrio es, la “vida loca” Una vida que se encuentra asociada a los bajos instintos, a los desbordes y excesos como producto del masivo consumo de drogas. Así, la violencia se incrementa y las muertes aumentan, llevando a muchos mareros a la cárcel. Utilizan armas de todo tipo que denotan el perfil agresivo que poseen.
La característica indumentaria es fundamental y delimita también los rasgos sobresalientes de las maras.
“La estética del pachuco dio paso al vestuario de los cholos. Los cholos de la tercera generación introdujeron nuevos elementos en el vestuario hacia los años ’80. Se destacaba el abandono de las cabelleras peinadas hacia atrás por cabezas con cabellos muy cortos, casi rapadas. Algunos conservan el bigote corto y la barba candado. Pantalones baggies (diez centímetros debajo de las rodillas, o “shorts largos”), camisetas blancas de tirantes o anchas.”(4).
Así, las maras, “también recuperaron la gestualidad del cholo, su andar cadencioso, su actitud desafiante, la conformación cinética de las iniciales del barrio, o su representación con las manos y los brazos que (de forma personal o colectiva), se convierten en trazos figuran las letras de su barrio o de su mara” entre otras cosas.
En cuento a los tatuajes, los mismos representan mucho más que una cuestión estética, representan básicamente la vida emocional de los mareros. Lo mismo sucede con los murales que pintan. En ellos se ven reflejadas diversas situaciones de la vida del marero, o bien ciertos códigos, como ser el ya nombrado número 13, los Homie, los seres queridos, los países de origen, el entramado de las relaciones sociales así como los diversos imponderables a los que han tenido que enfrentarse a lo largo de sus vidas.

Contra Las Maras

Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y también Estados Unidos han acordado el llamado “Plan Internacional de Operaciones Simultáneas contra Pandillas”
El 10 de octubre de 2003 se aprobó en Centroamérica una ley antimaras que incluía el nombramiento de jueces que debían juzgar a personas etiquetadas como mareros por la policía. La misma ley fue reformada el 12 de noviembre de ese mismo año, manteniendo la identificación entre marero y delincuente.
Las sanciones tipificadas por “este delito”, fueron de dos a cinco años de cárcel. La policía tiene poder y atribuciones para encarcelar a los jóvenes que, según sus criterios, aparenten ser maras, independientemente de su conducta, su pertenencia (o no) a una mara y haber cometido (o no) un delito.
En la actualidad, todo marero que se encuentre armado y sea sorprendido por las autoridades competentes, recibirá una pena que comprende entre los dos y seis años de de prisión, sin tener en cuenta la clase de arma que porte, será igualmente detenido, ya sean armas de fuego, blancas (navajas, cachiporras) o demás.
La derecha salvadoreña y la policía apoyan estas medidas e impulsan el “Plan Mano Dura.” El mismo consiste en detener a mareros, o bien, durante redadas, o por simple sospecha.
Según datos estadísticos el “Plan de Mano Dura” ha propiciado la detención de más de 5.000jóvenes. En junio de 2003 se registraron más de 11.000 detenidos. A pesar de esta ofensiva (similar a las emprendidas en Honduras), solo el 5% de los detenidos pudieron ser procesados y condenados, no obstante un alto margen de violación de los Derechos Humanos.
La policía de Los Ángeles, por ejemplo, ha impulsado medidas específicas contra los mareros.
En marzo de 2004 presentó una orden de restricción contra 600 miembros de MS, de las zonas de Pico Urión y Hollywood, prohibiéndoles reunirse en la calle, viajar en el mismo vehículo y comunicarse por teléfono entre ellos mientras estén en esta zona.
En mayo la policía migratoria estadounidense alertó a la mexicana de Nuevo León, señalando que en el municipio de San Nicolás se identificaron miembros de la texana Mexican Mafia (MM, Mexikanemi o la Emi), de la también texana Hermandad de Pistoleros Latinos (HPL, 16 / 14: letras P y L) y del Sindicato Texano.
Pues también se dio a conocer que, además de los salvadoreños, estas maras, se encuentran formadas por personas de países tales como Ecuador, Guatemala, Honduras y México.

Consideraciones finales

Evidentemente el paradigma callejero centroamericano de los últimos años recibe el nombre de Maras. Pandillas organizadas en la comisión de delitos, dedicadas a la profesionalización de la violencia, el robo y el asesinato.
Como contestación a los planes elaborados en su contra por los distintos países de Centroamérica, las maras, amenazan con seguir matando gente en caso de continuar siendo perseguidos y no dejarlos manifestar sus percepciones acerca de la realidad.
Entonces, la problemática de los mareros va mucho más allá de un simple reclamo por parte de ellos. Los mismos portan un nivel de violencia indiscriminado, a punto tal de una vez asesinado el objetivo, los mareros ejercen sobre el cuerpo, alevosía. De este modo, el lema con el que se puede sintetizar el fenómeno de Las Maras es: “Matas o Morís” o bien, “La Mara es mi familia”
Según las investigaciones realizadas por el Programa de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Universidad Centroamericana (UCA), la violencia intrafamiliar es una de las causas que influye en la formación y continúa propagación de las pandillas juveniles.

La Revista Lezama publica que los resultados arrojados de las investigaciones antes mencionadas son: Ocho, de cada diez jóvenes pandilleros fueron víctimas o testigos de la violencia intrafamiliar.
En el caso puntual de El Salvador, se estima que existen de 30 mil a 35 mil jóvenes involucrados en las maras. Expertos en temas vinculados a violencia social entienden que los miembros de las pandillas juveniles viven en un ambiente de violencia. Una violencia ya naturalizada en sus imaginarios, por lo que el empleo de la misma es entendido como correcto por los mareros a la hora de resolver cualquier tipo de conflicto. Es decir, conforme a sus formas de actuar, pensar y sentir, la violencia, se presenta como la única salida frente a las problemáticas que puedan surgir entre las distintas maras, e incluso, dentro de la mara misma.
Aunque también, es preciso señalar que independientemente del marco de violencia en el cual se pueda crecer, existe en determinados individuos, una marcada predisposición a cometer actos violentos. Lo cual, abre un espacio de debate abierto frente al fenómeno de las maras que a su vez indica, cierta heterogeneidad al interior de las mismas, en cuanto a las causas que llevaron a individuos comunes a convertirse en mareros.
Por último, estas pandillas, no existen en nuestro país (Argentina). Mejor dicho, no llevan aún, el nombre de Maras. Existen las denominadas bandas o patotas, que si bien no tienen las mismas características que las maras, sí poseen un manejo de la variable violencia, imponente y jactancioso.
Es decir, no hay mareros en Argentina pero si hay una importante conformación de grupos que manejan códigos específicos que cuidan su lugar. El caso de las villas es ejemplificador, las situaciones de violencia que se viven al interior de las villas son alarmantes. Lo mismo ocurre con las rivalidades entre las distintas villas.
La entrada de la policía a la villa no es fácil. Fuerte Apache, una de las más conocidas junto con Ciudad Oculta son de muy difícil acceso para las autoridades policíacas.
Al igual que los mareros, los comúnmente llamados villeros, no son todos delincuentes. Sin embargo al ser parte de ese espacio físico se los etiqueta como tal. Representan a un sector marginal de la sociedad, y como los no delincuentes representan una minoría el rescate de los mismos de la mayoría se vuelve mucho más complicados.
Se desprende entonces que, tranquilamente las maras pueden llegar a nuestro país porque hay antecedentes de grupos violentos que pueden terminar por tomar las características más sobresalientes de las maras. Como estas últimas lo hicieron con los cholos y pachuchos, los villeros, u otros grupos signados por la violencia pueden adoptar los códigos de los mareros y adaptarlos a nuestra sociedad.
De suceder esto, se producirá un fuerte quiebre en la seguridad de la sociedad, dado que el orden social establecido estará en cuestionamiento más que nunca y desde los diversos vértices sociales, por lo que la necesidad de rever el control social se volverá aún, mucho más necesario de lo que ya de por sí es.


1.El surgimiento de las Tribus Urbanas va de la mano de un cambio en el contexto socio- cultural en el que se hayan inmersas las sociedades latinoamericanas.
El individualismo, como una de las características más sobresalientes de la modernidad, pretende ser opacado por el surgimiento de estos grupos, que entablan un sentimiento de pertenencia con una serie de ideas y criterios estéticos que los distinguen del resto de los miembros de la sociedad.
Las Tribus Urbanas, tienen una estrecha relación con la moda y la experimentación de fuertes emociones internas, vividas al interior del grupo y que parten de nuevas formas de construcción de lo social. Lo que buscan básicamente, es vivir con el grupo, alejados de lo político. Aunque cuestionan notablemente el sistema en el que se vive.
2.Por Revista Lezama, especial para Causa Popular - Sunday, Jun. 05, 2005 at 2:21 PM
3. Entre los códigos de la mara, se denomina Homie a quien decide abandonar o negar el barrio.
4. Por Revista Lezama, especial para Causa Popular - Sunday, Jun. 05, 2005 at 2:21 PM

Bibliografía Consultada
-Revista Lezama, especial para Causa Popular - Sunday, Jun. 05, 2005 at 2:21 PM
-Diccionario de Sociología. Giner, Salvador- Lamo de Espinosa, Emilio- Torres, Cristóbal. Ciencias Sociales, Alianza Editorial. Madrid, España, 1998.
-Revista Encrucijadas de la Universidad de Buenos Aires. UBA 2000. LA CIUDAD DE LOS OTROS. Jóvenes juntos, pero ¿para qué? Las tribus urbanas. Margulis, Mario y Urresti, Marcelo. Año uno, número uno.
-Bandidos. Eric Hobsbwabn. 1976
-Desviación. Howard Becker.
-Delito y Sociedad, N°8, 1996. Tamar Pitch ¿Qué es el control social?

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