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ARTÍCULOS AFINES




ARTÍCULOS AFINES



Roberto Cirilo Perdía - Montoneros
“El poder económico tuvo una responsabilidad directa en promover al Golpe de Estado”
Por Gabriel Martin y Aníbal Libonati
Publicado digitalmente: 24 de marzo de 2006
Roberto Cirilo Perdía nació el 9 de julio de 1941 y empezó su militancia a los quince años cuando comenzaron a crearse los Centros de Estudiantes en Pergamino, el pueblo que lo vio crecer brevemente, hasta que emprendiera un recorrido sin fin de militancia. No era peronista, ni el peronismo era cosa de familia pero para los ’70 integró la Conducción Nacional de la principal organización político militar peronista: Montoneros.

¿Cómo vivió el Golpe del ’55? Tanto en lo personal como en lo familiar, teniendo en cuenta que es el nacimiento de la violencia política de la segunda mitad del siglo XX de la Argentina.

Mi abuelo era peronista, mi vieja estaba ahí, entre el peronismo y el radicalismo, mi viejo era más bien radical. Lo que me impactó fueron los sucesos posteriores a la caída de Perón. La tristeza de mucha gente. En la secundaria, hablando por lo bajo con algunos compañeros, supe de las persecuciones que se habían lanzado sobre quienes eran peronistas. En el ‘56/’57, empecé a militar, junto a un grupo de compañeros, en la Democracia Cristiana, con los sectores más cercanos al peronismo, que estaban encabezados por Sueldo ya en aquel entonces, contra lo que era la vieja guardia de la DC, militancia que desarrollé hasta el ‘59/’60. Después me vine para Buenos Aires, ingreso a la UCA, a estudiar derecho, donde fui fundador y presidente del centro de estudiantes, fundador de la Federación Universitaria. Empiezo a trabajar en un banco, donde me aproximo a una agrupación gremial y empiezo a desarrollar una actividad a nivel gremial. Allí conformamos el sindicato de trabajadores bancarios de BA; todo eso respondía a una lógica desarrollada por Frondizi, presidente por aquellos años, quien trató de imponer dos cuestiones: por un lado, el desarrollo de la industria metalmecánica en Córdoba, para abastecer a todo lo que hoy en día es el área del Mercosur, y que también propició la conformación de sindicatos ideológicos, como una forma de romper el “viejo” esquema del sindicalismo peronista de la CGT. Esa jugada la hicimos en el Banco Nación, y esa jugada, como muchas de las cosas que se quieren hacer en un sentido y después salen en otro, al gobierno de Frondizi le salió mal. En Córdoba se formaron SITRAC-SITRAM. Se da el avance del sindicalismo de lucha, combativo y clasista. Sobreviene el derrocamiento de Frondizi, se mantuvo el espíritu de lucha de los sectores gremiales, y junto a la militancia política que se incrementó, dieron por resultado casi diez años, el Cordobazo. En el banco trabajé hasta el ’62, participé en la huelga bancaria del ’59, una huelga muy importante, donde tuve mis primeras experiencias a nivel luchas callejeras. Castigado, me mandaron al sector archivo, donde estuve poco más de un año, hasta que no aguanté más y renuncié.

¿Cómo se acercó al peronismo?

La relación se dio por un acercamiento de la Democracia Cristiana al peronismo, en el ’62, cuando en las elecciones la DC llegó a un acuerdo para que el peronismo se pudiera presentar con la fórmula Matera-Sueldo, aprobada en Madrid por Perón. Al día siguiente de la proclamación de la fórmula, se hizo un acto multitudinario en Rosario, al que concurrieron más de ochenta mil compañeros; después de ese acto, se redactó un decreto por el cual se impidió la presentación de esa fórmula en los comicios a realizarse. A partir de ese momento, en los sectores juveniles de la DC se empezó a debatir acerca de la conducta que debía exhibir el partido, y se decidió adoptar una postura abstencionista. Pero, la conducción del partido desoyó el pedido del sector juvenil, y entonces, con una buena parte de los compañeros, entre los que se encontraban, entre otros Mendizábal, Oscar De Gregorio, Habbeger y varios más con los que más tarde confluimos en Montoneros, decidimos seguir en la DC, para utilizarla como plataforma de denuncia y que sirviera para que el peronismo pudiera expresarse. Los cuatro años que seguimos militando en la DC sirvieron para que, en todos los congresos y asambleas políticas realizadas en el país y en América Latina, denunciáramos la proscripción que sufría el pueblo peronista, y toda la situación que se daba en nuestro país. Con el golpe de Onganía, ya siendo conducción de la democracia cristiana, y viendo que la situación política no daba para más, decidimos auto-disolvernos orgánicamente, seguir los pasos del pueblo, sabiendo que de ser cierto este compromiso, volveríamos a encontrarnos en otro lugar, para estar más cerca del campo popular. Esto fue así, muchos de ellos dieron origen al grupo Descamisados, yo había ingresado a las FAP, y poco después confluimos en Montoneros.

Para entonces comienza a acercarse al peronismo, ¿ya discutía la cuestión de la vía armada?

En el ’66, empecé a trabajar orgánicamente en el movimiento peronista, y en el ’67 formamos lo que sería la base de una agrupación local, con la idea de dar inicio a un foco rural, para sumarnos a los compañeros de la FAP que estaban por lanzar la experiencia de Taco Ralo. A nosotros como grupo originario del norte de Santa Fe, nos faltaba decidir qué íbamos a hacer: si abrir un foco en nuestra provincia o si sumarnos al foco de Tucumán. A mediados de setiembre de ese año, teníamos una cita con los compañeros que iban a realizar la experiencia de Taco Ralo - nosotros no sabíamos dónde se iba a realizar -, y estábamos definiendo si los acompañábamos a ellos o habríamos otro frente rural. Esa decisión no se tomó porque los compañeros de Taco Ralo cayeron. Nosotros en Santa Fe veníamos con una construcción más política, de hecho yo era apoderado de varios sindicatos de la zona de Reconquista y Villa Ocampo; con un grupo muy afín conformamos una seccional de la Federación de Trabajadores Rurales (FATRE) y llegamos a realizar algunas acciones de propaganda armada. Íbamos a ver a algún patrón rural, y con algunos fierros viejos les hacíamos comprender la necesidad de reconocer las leyes laborales y terminaban firmando un acta en el que se comprometían a respetar esas leyes. Después, como abogado, exigía el cumplimiento de las actas firmadas. Eran momentos políticos diferentes; esto lo puedo graficar en que cuando coincidíamos con estos patrones en algún juzgado, ellos le decían a los jueces que nosotros les habíamos arrancado esos compromisos a través de una “cierta presión”, pero los jueces se inclinaban a ver la cuestión desde un punto de vista estrictamente legal, es decir, dando entidad a los compromisos firmados. Hasta tal punto esto era así que, Manrique, ministro de Acción Social, trabajó fuertemente para que se pagara el salario familiar en la zona, llegando incluso a enviar un delegado (que fue Simón Lázara, con quien nosotros habíamos tenido algunas reuniones) para que comprobara el pago de esos salarios. Todo esto se realizaba para descomprimir la situación que se daba en la zona. Es decir que nosotros veníamos trabajando políticamente, confluyendo con los trabajadores de varios sindicatos, con algunos curas de la zona y con algunos militantes con desarrollo en el territorio. Nuestro planteo político consistía en desarrollar acciones armadas, pero sobre la base de la construcción política que habíamos desarrollado. Lo que era diferente a la experiencia de Taco Ralo, algo más foquista en consonancia con lo que había esbozado Regis Debray en Revolución y contrarrevolución. A la caída de Taco Ralo, la conducción de las FAP, decide que quienes estábamos operando en el norte de Santa Fe, nos trasladásemos a Tucumán y a Salta para reorganizar esa zona (fuimos dos compañeros), lo cual hicimos siempre dentro de la estrategia de desarrollo de una guerrilla rural, hasta el año ’69.

Para la época en que militaba en la democracia cristiana, ¿se discutía acerca de la vía armada, o estas discusiones se dieron con posterioridad?

Para ese entonces se estaba empezando a discutir sobre ese tema. En el peronismo se estaba dando, en los grupos cristianos también. Se empezaba a debatir sobre la vía armada, sobre el problema de la violencia (cómo, dónde), sobre las características de la violencia a asumir. Recuerdo haber publicado un artículo en “Cristianismo y Revolución” en el que sostenía la necesidad de practicar la violencia necesaria para alcanzar que los derechos fuesen cumplimentados. Esa era la visión que tuvimos como grupo originario del norte de Santa Fe. Pocos meses antes de la reunión de la OLAS en La Habana, participé de un plenario realizado en Quilmes, en el que estaban otros grupos abocados a lo mismo que nosotros, en el que se alcanzó un acuerdo explícito, a pesar de todas las diferencias que surgieron en las discusiones sobre si violencia sí o no, y esa resolución fue llevada a la reunión de la OLAS por el compañero García Elorrio: al grupo que se largara, los demás lo íbamos a apoyar, el grupo que asumiera el compromiso práctico de encarar la lucha armada, los demás grupos lo íbamos a apoyar. Esto tenía que ver con la cultura de la época, con el pensamiento que sosteníamos en aquel entonces; recuerdo que para el año ’66, el año del golpe, asistí al Festival Mundial de las Juventudes realizado en Bulgaria, y allí me encontré con Calvo, un poeta peruano, marxista, que había formado las guerrillas en el año ’64 en su país, quien me dio unos poemas en los que se preguntaba “dónde están aquellos que hablaron, ahora que sonaron los primeros tiros y yacen sobre la tierra los muertos, ¿dónde están los que hablaron?”. Es decir que esa idea era coincidente con el pensamiento profundo de quienes veníamos del cristianismo de ponerle el pellejo a las palabras. Se acabó seguir hablando. En aquella época había un chiste de moda, sobre la famosa frase “La vida por Perón”, entonces se tira una pluma en Plaza de Mayo y al que le caiga la pluma encima debe dar la vida por Perón, y todos soplando ¡para que la pluma no le caiga! Bueno, es un chiste medio gorila, pero que es producto del fracaso y frustración que significó para el peronismo el primer intento fallido del retorno de Perón en 1964. La Resistencia peronista tuvo dos períodos. Una que va de 1955 hasta el ’64, al que se la puede simbolizar con aquella pintada “Todos los países reconocen a la Revolución Libertadora. Villa Margarita NO

”, y aparece el Perón Vuelve. Los protagonistas de esa resistencia son los sindicatos y los sindicalistas, siendo un factor deficitario de la interpretación sobre la resistencia peronista. Hay que reconocerlo. En esas resistencias nace la Juventud Peronista, y lo hacen bajo la protección, el aval y el apoyo de los sindicatos. Esto es justo reivindicarlo.

Hay que tener en cuenta que era un espacio que era legal...

Claro, y tenían recursos, porque es una conquista de las elecciones de Frondizi, porque Perón lo apoya con la condición que se recupere la legalidad de los sindicatos. Esos sindicatos recuperados sirvieron de sustento a la Resistencia, que si bien era anárquica, continuó siéndolo pero un poco más organizada. Esa estrategia creo que fracasa porque no tuvo de todos modos suficiente impulso, y además porque no logró incorporar a los sectores medios a sus propuestas, no tuvo suficiente apoyo social y siguieron siendo los trabajadores los que resistían solos a la dictadura o a los gobiernos democráticos condicionados y debilitados porque provenían de elecciones proscriptitas. Esa soledad de los trabajadores, que fue una de las causas de la caída de Perón, también es causa por la cual el peronismo no logra conformar una fuerza para que pueda retornar Perón en 1964, más allá de decisión de Brasil de retenerlo. No se produjo un “argentinazo” ante el frustrado retorno. Creo que de ahí viene el problema famoso de ponerle el pellejo a las palabras. Hasta entonces todo lo hecho no había sido suficiente... No fue suficiente para concretar el Perón Vuelve, y un cambio en la Argentina que nadie tenía bien en claro que era, pero se sintetizaba en el Perón Vuelve, y retomar las transformaciones del peronismo. Cómo se harían era otra cuestión.

“El impulso nuestro era amontonar y ponernos a accionar”

¿Se puede afirmar que la segunda etapa de la Resistencia surge en 1966 con el golpe de Onganía y sus pretensiones de retener el poder por dos décadas?

La segunda resistencia es la que comienza a organizarse tras el golpe de Onganía, nace bajo la impronta de la primera resistencia de que había que lograr un mayor grado de organización, y tiene que ser de otra manera, y se incorporan franjas de los sectores medios. Se incorporan producto de una política de la Dictadura porque democratiza la proscripción, la persecución, con el planteo de que queda por fuera de la lucha política, el famoso programa de Onganía de los tiempos, primero los tiempos económicos, luego los sociales y por último los políticos, pautado a unos 20 años por lo menos. Era erradicar a la política de la sociedad y todos sus ámbitos. La reacción fue que los expulsados de la política volvieron con piedras y palos en la mano. Ahora en las luchas aparecían dirigentes que antes no estaban. Ese golpe crea las condiciones para que se genere un nuevo tipo de situación político social, y ese movimiento de resistencia se amplía a otros sectores sociales. Bajo esa forma se va dando el debate acerca de la violencia, de qué forma se va a ejercer esa violencia y aparecen las diferentes opciones, la de los cubanos, hacerlo como foco, urbano, desde lo político, pero con la idea de el que salga hay que apoyarlo. Se frustra el intento de las FAP en Taco Ralo. Siempre dentro de la FAP se criticaba más la cuestión organizativa por la cuestión del centralismo, cuando nos organizábamos en el interior. La FAP se chocó con un grupo del interior que hicieron una operación en el litoral y la firmaron como FAP, y la discusión pasó por, no por cuestionar la operación sino porque le usaron el nombre. La idea nuestra era mucho más a la montonera, vamos y vamos, y después se verá. A partir de ahí se va conformando el grupo del interior, para 1970, para ir constituirse como Montoneros. Se produce lo de Aramburu en ese interior, firmado por Montoneros, y se dio una síntesis entre los grupos de modo del interior entre estos y los del interior, conformándose así el primer grupo grande, con organizaciones regionales en todo el país. Simultáneamente se va cambiando la estrategia, y pasa de la rural a la urbana. El punto de inflexión fue el Cordobazo. Se avanza en este proceso, con las discusiones que se desatan, se va constituyendo como Montoneros y sus regionales. Para 1971 se da el gran debate de cómo va a seguir, pero con muchas discusiones porque había muchas dificultades porque Montoneros estaba al borde del knock out, caían compañeros, los reemplazos eran muy difíciles.

Previo a la integración a Montoneros, durante su paso por el norte argentino ¿cuál fue la relación con los sacerdotes tercermundistas?

Sí, el montoneros nuestros se funda en el norte de Santa Fe en una parroquia en el monte de Villa Ana con el párroco del lugar. Y ese cura era parte. Éramos FAP todavía, pero no es que teníamos sólo relación sino que muchos de estos curas formaban parte de la organización.

¿Para ese tiempo tenían también relación con el grupo de Cooke?

Había vínculos y estaba en ese momento el tema de capacitación en Cuba, y Cooke era como una llave. Pero no teníamos discusiones políticas porque se habían dado previamente sobre la OLAS y la cuestión de la violencia. Una vez que empezamos con la acción directa las discusiones eran más directas. Y Cooke era el puente hacia Cuba y era de acción, además de un gran teórico.

Su vinculación a Montoneros fue en 1970...

Sí, después de lo de Aramburu y la caída del grupo de La Calera, el grupo original buscan asistencia por estar en estado de emergencia y toman contacto con las FAP y ahí tomamos contacto porque se les prestó casas para guardarlos. Se produce una interrelación con los compañeros. Y hacia mediados de años ya veníamos decididos a operar como Montoneros, entonces no hubo plenario ni discusiones, ya estábamos en la calle. Es un tema difícil de entender ahora, no es que no existían internas. Sí existían, pero estaba la voluntad de producir hechos y avanzar en la dirección decidida, que estaba muy por encima de las discusiones internas, sobre lo que iba a ser, cómo se iba a organizar. El problema de la discusión ya lo habíamos vivido con la vieja FAP, que había engrillado a las estructuras. El impulso nuestro era amontonar y ponernos a accionar. Entonces, producido lo de Aramburu, producido lo de La Calera y la emergencia, se dio naturalmente que montoneros es todo esto. Yo estaba en Salta como FAP, vine acá y ya está, éramos montoneros, y todos para adelante.

¿Como fue el proceso de recuperación de Montoneros?, ¿tuvo que ver la cuestión de participar del proceso electoral de Cámpora?

El primer gran tema de profunda inserción de Montoneros en el peronismo se da con el Aramburazo. Luego en 1971, el segundo paso, se debate qué pasa y viajan unos compañeros a Madrid, Carlos Alberto Hobert junto a Alberto Molinas, y Perón les plantea que va a haber a elecciones, que vuelve a la Argentina y que va a ganar las elecciones. Hobert estaba convencido de esto, pero nosotros no. No sabíamos si eso era posible . Para mayo del ’72 el planteo se hace público y se parte la organización, porque Hobert plantea que sólo las elecciones eran con Perón en la Argentina. Era la primera vez que una guerrilla en América Latina se definía por el camino electoral. Eso provocó crisis con los sectores de izquierda, crisis dentro del peronismo de las FAP y sindicalistas, el PB que nos acusaban de reformistas, traidores, etc... Ahí decidimos salir a la calle, con la organización partido a la mitad con la parte de Montoneros Sabino Navarro que negaban el proceso electoral. Creo que la decisión de Montoneros de incorporarse al proceso electoral le dio a la organización un gigantesco salto.

Y es ahí con ese acierto se dispara el crecimiento de Montoneros ...

Claro, y ese acierto reivindica el rol de la lucha armada por parte del peronismo. La evaluación qué hago es que las masas buscan apoyarse en los procesos superadores de los límites que el sistema le opone. Y Montoneros tuvo esa genialidad. La primera fue el de Aramburu con lo que se salta al corazón de las masas, y el segundo hecho positivo es la convocatoria electoral, que significó a las masas un camino que le permitiera ganar. Desde el ’55 todo había sido derrota. Lo de participar en el proceso electoral, como fuerza guerrillera, fue inaudito para las organizaciones revolucionarias de América Latina se definieran por un proceso electoral. También llevó a que el retorno de Perón el 17 de noviembre de 1972 hasta el 20 de junio de 1973, que la política de Montoneros pasó a ser hegemónica dentro del peronismo. Unos pocos meses de gran vertiginosidad en la que Montoneros dejó su marca en la historia argentina. Pasamos de ser pequeños grupos de diez o doce compañeros, hasta que de golpe en diciembre de 1972 se hizo un acto en una cancha de Rosario y había seis mil personas cantando consignas montonereas. Ahí nos colocamos en el centro de la política de acumulación, y de un pequeño grupo de militantes se multiplicó.

Cobra allí la necesidad de una cuestión organizativa.

Por supuesto, comienzan a abrirse los frentes de masa, se le da forma a la JP, al Movimiento Villero, a la UES y demás organizaciones de superficie.

Usted ya era de la estructura de Conducción...

Sí, la Conducción se constituye en 1972. Hasta el momento eran reuniones de delegados regionales, se discutían líneas en reuniones mensuales y cada uno trabajaba. Ya para el ’72 había que dar otro tipo de respuestas porque sin cierto grado de centralización es difícil hacerlo. Se construyó la primera conducción conformada por Firmenich, Yägger, Hobert, y yo; y siguió funcionando el Consejo Nacional con todas las regionales como autoridad máxima.

Ya tenían mayor relación con Perón...

Sí, de hecho estuve en una reunión hecha una semana después del triunfo electoral de 1973, en la que estuvimos en Roma y Madrid con Perón. A Roma viajamos Firmenich, Quieto y yo. Antes de eso todavía no se había unificado oficialmente con las FAR pero estábamos en pleno proceso, por eso viajamos en forma conjunta. En Roma hicimos cinco reuniones, en la primera Perón nos convoca al Hotel Spléndid, frente a la embajada de Estados Unidos, y estaba López Rega e Isabelita, y Perón pide que nos quedemos para verlo a Cámpora que fue a darle el agradecimiento formal por el triunfo electoral. Perón nos recibe con nosotros adelante, y la interpretación que da Cámpora “son estos los que mandan”.

Perón les da otra entidad.

Y sí, pareciera eso porque Cámpora nos explicaba los planes de gobierno. Fue un invento de Perón, un mensaje a Cámpora, o vaya a saber uno que pasaba por la cabeza del Viejo.

¿Fueron a llevarle a Perón algún planteo o propuesta?

Habíamos hecho reuniones con equipos técnicos, eran tres que respondían a la Tendencia, llevamos un planteo con un documento de los tres grupos donde estaba la materia gris de la Tendencia. Además llevamos una serie de nombres como eventuales candidatos a ocupar cargos, y además una serie de nombres de gente que no debería ocupar cargos. También algunos planteos políticos, principalmente sobre el gobierno de transición de Cámpora, que abarque a otros sectores medios, sectores medios del radicalismo. Nosotros en el ’73 no vivimos con la idea de arrasar todo. Lo propusimos ante Perón a Carranza, que era un radical que había puesto una bomba en una estación de subte durante el primer período peronista. Suelen decir que nos queríamos llevarnos todo puesto y en realidad proponíamos algo frentista, con los radicales en el gobierno porque formaban parte del campo nacional y debíamos tenerlos de este lado para evitar cualquier intento de golpe militar. Tuvimos esa idea, tal vez equivocada. Queríamos construir un país distinto, inclusive proponiendo a Carranza como ministro, el mismo que en 1955 puso un caño en el subte. La idea era sacarles el radicalismo a los militares, que no puedan contar con el aparato radical. Siempre con la postura de que los radicales no son enemigos y los queremos de este lado de la mesa. Y con el mismo sentido planteamos la fórmula Perón-Balbín. Eso es lo que pasa con Perón allí en Europa. También se plantea el tema militar y nosotros sí le decimos que debía descabezar a toda la cúpula.

Ya para entonces lo conocieron a López Rega....

Sí, pero estaba ahí, acotado en ese momento. Pasaba por las reuniones y en una de esas metía un bocadillo pero nada más. Si bien trabajaba de filtro de Perón, con nosotros no lo hacía. Luego fue tomando otro papel. Es decir, no le dimos entidad en ese entonces, a las pocas semanas ya lo vimos distinto. Inclusive él ya sabía de la condición delicada de la salud de Perón y tenía la idea de ser presidente. Nos contaba la historia del guitarrista de Gardel: por una cuestión de costos Gardel viaja en avión y el guitarrista malo se queda en tierra, Gardel muere en el accidente y el guitarrista malo se ganó la vida siendo “el guitarrista malo DE Gardel”, decía que Perón no tenía hijos, Isabel iba a ser presidente y que el iba a dirigirlo todo. Calculo que todo esto lo manejaba por orden de sus jefes en Washington. El 25 de mayo ya le dimos entidad.

¿Con el retorno definitivo de Perón nacen las discusiones dentro de Montoneros mismo?

El 20 de junio de 1973 nosotros apostamos todo, a movilizar al pueblo a Ezeiza. Apostamos todo allí, tal vez erróneamente, a la presencia masiva del pueblo peronista que se vería por primera vez con Perón luego de 18 años de resistencia. Pusimos todo el esfuerzo, hubieron casi tres millones de personas en Ezeiza, no eran millones de montoneros, sino que había una simpatía. Y ese día se da la emboscada de López Rega y Osinde al servicio de otros intereses. Después se produce alguna contradicción cuando ratifica la presencia de Villar, con Osinde no pasa nada... A partir de ahí se agudiza el conflicto. Al día siguiente hace una crítica directa hacia nosotros y se da una discusión en toda la organización. Pensemos que el promedio de la militancia sería de 20 años y el de la Conducción de 25 años. Y con esta militancia que venía con todo el fervor, era muy difícil digerir esto, sentir tocar el cielo con las manos y éramos muy ingenuos.

“En la Dictadura la desaparición era la doctrina”

Cuando empiezan las idas y vueltas de Perón, más idas que otra cosa, se trataba de mantener calmas las aguas desde los medios de prensa de la Organización, y bajarle el tono de confrontación hacia la militancia para no romper aún más.

Sí, en cierto modo era así. Habría contradicciones con Perón más que evidentes y tratábamos de contener el enfrentamiento con Perón, y procurábamos contener esa presión que sentíamos desde la base, en lo cual el tema de la edad jugaba también un papel. La presión igualmente era más allá de los problemas de Perón, por otro lado también sabíamos que estaba los halcones en contradicción, entonces procurábamos frenar las cosas tratando de no poner todas las responsabilidades sobre Perón y por otro lado que las diferencias se dieran con las políticas, entonces que se confronte lo que estaba haciendo el gobierno con lo que había dicho que iba a hacer, para que allí aparezca el problema y no en las teorías y choques personales. Pero Perón mismo empujaba al choque directo, como durante la reunión con los diputados de la Tendencia. Empujaba el choque, nosotros queríamos demorar el choque y Perón los quería acelerar.

Los quería acelerar para disciplinar y encolumnar a Montoneros...

Era un doble planteo, el sabía que le quedaba poco tiempo y consideraba que tenía que disciplinarnos. Perón sabía lo poco que le quedaba de vida. Nosotros en 1973 sabíamos que Perón estaba mal y le quedaban apenas seis meses de vida. Entonces planificamos algunas acciones más, lamentablemente alguna de las que planificamos, la primera fue con el Estado Mayor del Ejército, que dirigía Carcagno, que era saber qué iba a hacer el Ejército post-Perón, y nos manifiesta que ellos habían decidido que en el conflicto interno en el peronismo habían decidido trabajar junto a nosotros, cosa que certifica Rosendo Fraga en uno de sus libros, hablando de la locura que tenía Carcagno de apoyarse en la Juventud Peronista. Carcagno además había algunas señales positivas, como pedir que se fueran del país los miembros de la Junta Interamericana de Defensa, que estaban acá asentados y los sacan del país; luego en la Conferencia Anual de Comandantes de Ejércitos Americanos que se hizo en Caracas planteó que el enemigo no era la subversión, sino que son los agentes económicos de las transnacionales. Esa misma noche que da el discurso el ERP produjo uno de los asaltos, a Azul o el de Comando de Sanidad, y entonces el teniente coronel Cesio le recimina: “Así que el enemigo no es la subversión, están tomando los cuarteles”. Entonces Carcagno queda muy debilitado, y cuando a Perón lo notifican de la reunión se encarga de generar las condiciones para echarlo. El día que asume Anaya, sucediendo a Carcagno, dice en su discurso de asunción que el enemigo es efectivamente la subversión. Con lo cual la Argentina vuelve a integrarse a la Doctrina de Seguridad Nacional, y se termina todos los acuerdos que se estaban estableciendo con Carcagno, como el Operativo Dorrego, seminarios conjuntos, la posibilidad de participación como formación miliciana en las maniobras anuales como legitimación de la presencia de fuerzas milicianas. También planificábamos en conjunto sacar a los militares de los cuarteles para que no estén encerrados y tomen contacto con la población civil, de modo que vivan y confraternicen con el pueblo. Con los militares tuvimos dos políticas, aparentemente contrapuestas; una de no entregar las armas como dijo Evita ante el levantamiento de Lanusse y Menéndez en 1951 porque los militares no eran garantías, entonces no entregamos ni un simbolismo; y la otra política era entablar un diálogo para acercar posiciones y sacarlos del esquema en el que se movían. Esto partiendo de la base de que el tema militar siempre fue muy conflictivo que podía desatarse como golpe de Estado en cualquier momento.

¿Veían dentro del Partido Militar un sector potable para entablar ese diálogo?

Y...solamente fue con Carcagno. Allí encontrábamos permeabilidad, mismo con otros militares con que me reuní y hasta me planteaban problemas con sus hijos porque militaban con nosotros y nos pedían que los cuidemos, porque se sentían impotentes de encarrilarlos y meterlos en el Ejército como hubiesen querido. Hicimos varias reuniones, planificamos estas cosas como los seminarios planificados en la Universidad entre miembros de la JUP y militares para que discután e intercambien, con la idea de ejecutarla en 1974 y tomen otro contacto.

De ahí recibieron críticas desde todo el arco de izquierda...

¡Ah no! Cuando hicimos el Operativo Dorrego el ERP saca un afiche que está Carcagno entrando en una comisaría donde estaba preso el compañero Fierro tras la toma de La Calera, y Carcagno fue el represor de Córdoba al mando del III Cuerpo, y está la foto de él pasando por encima de Fierro tirado en el piso, y empapelaron el país con esos afiches como diciendo “con estos son los que están dialogando los Montoneros ahora”. Fue dura, y todos esos grupos nos garroneaban y nos daban en los tobillos, como Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña desde la revista Militancia donde nos pegaban por izquierda.

“Perón mismo empujaba al choque directo”

¿El 1º de Mayo fue una ruptura inevitable? Había que ir a la Plaza de Mayo y plantearle las diferencias...

Nosotros veníamos planteando el diálogo con Perón y las masas, que no se produjo el 20 de junio. Hicimos los actos el 11 de marzo, levantamos las banderas, pero el 1º de mayo había que ir a la Plaza. No ir al diálogo con Perón era la ruptura, entonces había que ir a la Plaza. Y nosotros planteábamos el diálogo así que decidido ir a la Plaza, vamos a la Plaza. Ahí planificamos con mayor grado de finura, dos temas, uno la presencia de compañeros, no tan masiva como el 20 de junio; y segundo tomar todas las precauciones de seguridad a modo defensivo ante cualquier ataque. Más o menos eso lo garantizamos. Una parte de la Plaza estaba del lado nuestro, y teníamos un montón de medidas preventivas. Yo estaba con Rodolfo Walsh y otros compañeros que hacíamos de comando de enlace con las comunicaciones que viajaban del país, porque el Gobierno había dado la orden a la Policía Federal de los frenaran en los distintos puntos del país, entonces había que eludir a la policía, y traer a la gente hasta acá, salvo un pequeño grupo de Mar del Plata que no pudo llegar. Hubo un problema en la General Paz, que Villar no los quería dejar pasar, entonces le metimos a la prensa allí y Villar puteaba. Esa noche, en que el general Iñiguez, que era peronista se afanó un patrullero y salió a dar vueltas por Buenos Aires putéandolo a Villar, y nosotros hicimos una radio y Villar se puso a triangular para agarrarlo a Iñiguez y nos cayó a nosotros en el departamento que teníamos, entonces Rodolfo Walsh hizo levantar la radio porque estaba con unos aparatos que recibían la señal policial junto a tres compañeros; y también lo escuchábamos a Iñiguez putéandolo a Villar, ventilándole negocios, pidiendo aumento salarial...¡lo jodió toda la noche! Pero volviendo, la noche anterior al 1º de Mayo, a la tardecita llegó un grupo de compañeros de la Patagonia que había evadido los cercos y se le plantó a Villar en la General Paz, que él había bloqueado, y ahí le pusimos la prensa y pudieron pasar. También como medida de seguridad, todos los edificios de la Plaza estaban con francotiradores entonces nosotros garantizamos la presencia de periodistas extranjeros para que denunciaran toda agresión. Entonces Villar llamaba a los negociadores para supuestamente conciliar, y los metía presos, y nosotros a propósito le mandamos un periodista para que “negocie” y lo metió preso y pudo certificar que Villar hacía eso. Pero, llegamos al tema del acto, la consigna nuestra era “Que pasa General que está lleno de gorilas el gobierno popular”, pero el acto se fue de las manos, la gente tenía mucha bronca y encima apareció el desfile de la Reina del Trabajo y se empezó a cantar “No queremos carnaval, Asamblea Popular”, la puteamos a Isabel, Perón se enoja y lanza el famoso discurso de “Hacer tronar el escarmiento”. La idea no era irse de la Plaza, sino bancar ahí y quedarnos, pero los compañeros que estaban al frente tenían esa decisión; los más viejos, Borro, Framini, Chaves que era un histórico de la Resistencia de La Plata, se indignan, se dan vuelta y se van, pegan la vuelta. Ellos nos acompañaban siempre, se quedaban atrás, nos acompañaban en la política. Y nos vamos de la Plaza. Después del acto hubieron dos hechos sintomáticos, lo que Oscar Alende me contó personalmente le dijo a Perón que “¿Qué pasó con los muchachos General?”, y le contesta, “Bueno, fue un tirón de orejas”; entonces a las pocas semanas aparece una vía de negociación a través del Chango Funes, y estábamos acordando la normalización del movimiento, que el protagonismo no estaba en el Partido sino en el Movimiento, y reorganizarlo bajo la conducción de Perón, lo que aceptamos y que se iba a empezar a normalizarlo con la cuarta rama, una comisión de dieciséis integrantes, cuatro por rama y con la juventud sabíamos que ganábamos, por lo que el Consejo Superior hubiésemos tenido un fuerte peso. Perón lo había aceptado y estaba acordado para fines de junio, y Perón se muere el 1º de julio.

“Cometimos un error con el pase a la clandestinidad”

La decisión de retomar la lucha armada, ¿cómo fue discutida?

Con el pase a la clandestinidad en septiembre de 1974. Lo que pasó allí fue que mantuvimos unas semanas de apoyo a Isabel en el sentido de que queríamos que termine su mandato para que hubiese elecciones, eso consta en el diario Noticias. Esto lo quiero aclarar porque hay una discusión instalada en muchos grupos del peronismo de que nosotros los Montoneros queríamos el golpe, por eso invito a cualquiera a que diga en qué momento y lugar nosotros tomamos esa posición. Recién se discutió para noviembre de 1975 la cuestión del Golpe.

Usted en su libro marca que en subconsciente colectivo, a partir del Golpe las contradicciones iban a verse con más claridad...

Seguro, se discutió este problema y una regional vino con el planteo, y la política oficial fue que no nos interesaba promover el Golpe, y nuestra respuesta fue intentar el Partido Auténtico. Esto es un tema que está bastante instalado en la sociedad. Nunca hubo una decisión planificada y orientada hacia ello.

Porque se habla mucho sobre que las organizaciones político militares apostaban a esta cuestión de que se haga evidente ante el resto de la sociedad el enfrentamiento.

Creo que había algo de eso en el subconsciente de la militancia, pero no en la racionalidad de las organizaciones no, para nada. Estaba el hartazgo de que te cagaban a tiros en nombre del peronismo.

También hubo una reunión para exigirle a Isabel que saque a López Rega del gobierno y así descomprimir la situación.

Para el ’74 promovemos el apoyo a Isabel para que termine el mandato. Y en ese marco, con el accionar de la Triple A, planteamos a los partidos políticos en una gira realizada por Quieto y Firmenich para presionar a Isabel que se deshiciera de López Rega. Eso motivó a que Isabel convocara a una reunión en la que participaron varios políticos, estaban los Radicales y demás fuerzas políticas de ese momento. Balbín se enoja porque uno de los concurrentes lo hizo público, pero está el testimonio. Esa reunión se realiza y lo sienta a su lado a López Rega, y ahí ella les dice a los dirigentes políticos: “Me han dicho que algunos de ustedes tiene algunas cosas para decirle a Daniel, que era uno de los alias de López Rega que usaba en confianza, diganlá ahora”. Y nadie dijo nada. Y esto trae otra definición, que es que la dirigencia política argentina le faltó coraje cívico en ese momento para decir lo que había que decir, y hacer lo que había que hacer; porque tenían la información en sus manos sobre lo que era y hacía la Triple A, inclusive había militares dispuestos a hablar, y uno de los militares presos, Paina, quería atestiguar porque él había sido fundador de la Triple A. Se armó una comisión investigadora, y en vez de averiguar qué pasaba con la Triple A se agarró del famoso cheque de la Solidaridad para condenarla a Isabel, pero de la Triple A ni una palabra. Y la historia sigue porque ahora hablan mucho sobre López Rega pero no dicen nada de su vinculación con los norteamericanos y la CIA. Se hablan de cosas secundarias y no principales. Pasó exactamente eso con la comisión investigadora, los dirigentes no se animaron a jugarse, López Rega era peligros pero los patos los pagábamos nosotros y otros compañeros del campo popular. En esa situación, se venía produciendo una cosa cotidiana que era la muerte de los compañeros, teníamos los locales abiertos, la Triple A los seguía y los mataba en cualquier descampado. Teníamos una cantidad constante de bajas en ese momento, y una presión de los compañeros por responder.

Por eso el debate del pase a la clandestinidad, que se la caracteriza como error pero existía todo un hostigamiento que hacía de esto una consecuencia.

Esa presión existía, y nosotros cometimos un error con el pase a la clandestinidad porque había otros mecanismos porque desarmamos las estructuras de superficie y muchos compañeros quedaron al desamparo. Con el pase a la clandestinidad evitamos muchas muertes en ese período, pero cada muerto era distinto. Esto es difícil manejarlo, no es lo mismo un compañero que lo sacábamos de un barrio y lo pasábamos a la clandestinidad y el compañero era conocido en Florencio Varela y se iba a Rosario, porque ese compañero caía en Rosario, lo mataban en Rosario y era un don nadie; en cambio en Florencio Varela era un militante de años reconocido, si ese compañero hubiese caído en Florencio Varela hubiese motivado una solidaridad de protesta social. Entonces al caer en Rosario era un muerto más. Si hubiésemos adoptado otras medidas, no se si hubiésemos evitado las muertes, pero sí evitar la desinserción, el desarraigo del pueblo peronista y la Organización, fue clave esto en el proceso a la clandestinidad que en vez de alivianarlo lo profundizó. La decisión fue tomada bajo la presión, está claro, pero como Conducción debimos haber tomado otros carrilles. No hubiera reducido el nivel de bajas, pero si hubiese habido una mejor situación política.

¿Qué otras opciones considera que podían adoptarse en vez de pasar a la clandestinidad?

Dos carriles había. Uno, que era descentralizar la organización, que lo plantea a mediados del ’76 Rodolfo Walsh, y lo empezamos a ejecutar en 1977 cuando ya era tarde. Igual creo que el planteo era tardío porque debíamos haberlo hecho para 1974, haber actuado así rápido. La otra alternativa era golpear, pero no públicamente, bancar el enfrentamiento, no públicamente pero no pasar a la clandestinidad, con todos los efectos que eso podía acarrear. Igualmente podría haber otras.

Walsh plantea el repliegue y reconstituirse como la vieja Resistencia peronista...

Con respecto a lo de Walsh, es otro tema que está desfigurado en la historia, que es lo siguiente. Lo que nos plantea, el Walsh real, que permanentemente se movió por la derecha nuestra y no por la izquierda como dice Verbitsky, y en el ’76 nos plantea que hay que volver para atrás y disolver para diluirse en el movimiento territorial, como especie de Resistencia a largo plazo en el Movimiento. Decía que teníamos que estar en el Movimiento y pasar el chubasco. Pero es retroceder al movimiento para respirar con las masas. Y no es incorrecto porque era lo más cercano a la realidad y de lo que había que hacer, en vez de lo que hicimos. A fines de 1976, y que sale en febrero del ’77, está la circular 12 donde Walsh plantea esto, y plantea la descentralización bastante profunda. Hay otra cuestión de la que no se habla en general. En el año 1974 y 1975 la resistencia obrera era muy importante en la Argentina, y nos habíamos definidos como nuestra identificación con la vanguardia obrera, en Córdoba, o de la costa del Río Paraná que va desde Santa Fe hasta La Plata, donde estaba el sindicalismo más combativo. Allí teníamos mucha fuerza. Y esas luchas no nos planteaban ir para atrás. Ese movimiento obrero pedía más. En agosto del ’74 participé de un conflicto de SMATA en Córdoba, donde habla Salamanca, Firmenich, Tosco, y habían cinco mil trabajadores, y están publicado en Noticias y La Voz del Interior el discurso de Firmenich pidiendo calma, de avanzar en organización, despacio, porque lo que pedían era más lucha y eran de SMATA. Y nos recriminaban la inacción, nos decían “¿Dónde están los Montoneros? ¡Acá no hacen un carajo ustedes!”. Nos recriminaban inacción y pedían acción militar contra las patronales. Y esos eran trabajadores industriales, obreros de fábricas concentradas en Córdoba. Lo mismo nos pasó en Villa Constitución, lo mismo con los astilleros de Paraná. Esos sectores pedían más lucha, no menos. Lo que se había producido era una fractura dentro del campo popular, mayoritariamente peronista, donde mientras la militancia territorial daba un paso atrás porque Walsh tenía razón, había una militancia gremial que pedía un paso adelante. Nosotros dimos el paso adelante que pedía la clase obrera, y en ese contexto cometimos un error. El Golpe de Estado, tampoco hay que olvidar lo que dice Balbín, plantea que había una “guerrilla industrial”, ¿de qué está hablando? Estaba hablando de este tema, porque esa lucha se estaba desarrollando en la Argentina. Y esa es la razón por la que el Imperio le pierde confianza al peronismo como factor de contención de la lucha de clases en la Argentina. El Imperio plantea, está el peronismo ahí, lo tenemos a López Rega, y cuando lo echan al Brujo en el marco del Rodrigazo, porque ese estallido responde a la política imperialista porque tiene que ver con la recomposición del poder separando el oro del dólar y empapelar al mundo de dólares, porque esa era su política para el control financiero en el mundo. Si acá esa política que impone Rodrigo se encuentra con el movimiento popular que resistía y no la aceptaba, fracasaba su política. Si el pueblo hubiese aceptado tranquilamente lo que quería Rodrigo que era la hegemonía del sector financiero, no pasaba nada. No lo logran, e inclusive no solamente participamos nosotros y la vanguardia sindical, sino también acompaña la burocracia sindical porque las 62 Organizaciones convocan al paro. Entonces el Imperialismo ve que “tenemos a estos hijos de puta en contra, sino que arrastran a la burocracia”. Esta es la posición de lo que pasa en la lucha interna en la Argentina. Inclusive cuando se produce el Golpe de Estado, no es sólo el problema de los zurdos contra la derecha y la burocracia; es un problema de que una parte importante del sindicalismo va adhiriendo a esto forzado por la lucha y la situación económica.

¿Cuando usted dice que el peronismo es la contención de la lucha de clases se refiere sólo al gobierno de Isabel o a Perón también?

Fundamentalmente a Isabel. Creo que cuando Perón viene ya tenían planteado voltearlo, y primero generan lo del 20 de junio, Perón era un factor que podía jugar en el medio. Con el derrocamiento de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, Perón lloró dos días porque se dio cuenta que se terminó todo, que todo se le había ido a la mierda. Porque el pensaba e imaginaba y dijo “Con el Chicho y yo en el sur, con otros apoyos a los gringos los paramos”. Cuando ese proceso cambió, Perón se da cuenta que vienen por él, y empieza a retroceder y comienza a pegarnos más duramente. A partir de ahí, confían que con el dueto López Rega-Isabel, pero eso estalla. Estalla en el propio peronismo desde sus propias bases. Por eso tras el Rodrigazo, los datos indican que los militares a fines del ’75 ya tomaron la decisión de dar el Golpe de Estado, porque esto no lo podían controlar más. El hecho significativo, cuando se produce lo de Villa Constitución cambiaron la respuesta del poder político, no toleran la intervención de las negociaciones. El poder político y el poder económico no negocian. En cada conflicto hay tres factores, el de los trabajadores, el capital del empresario y el Estado. Si enfrento a los trabajadores y al Estado perdían, y entonces buscábamos algún apoyo en el Estado alguna contradicción para conseguir el apoyo para avanzar. En Villa Constitución fue el primer conflicto donde esto no se puede hacer. Y el negociador del otro lado tiene nombre y apellido: José Alfredo Martínez de Hoz, que para ese momento estaba elaborando el plan para el Golpe de Estado. Ahí fue la señal de que estaba el modelo para la nueva política, no se negocia más, no hay más acuerdos y vamos al enfrentamiento, a lo que Balbín le suma lo de la “guerrilla industrial”. Y salgo pequeños grupos, esto no está recogido por la historia. El peronismo prefirió quedarse entre “derecha e izquierda” entre “burocracia e izquierda”, y nada más, no quiere analizar este fenómeno.

¿Tenían idea de la crueldad que impondría este nuevo tipo de Dictadura?

No, para nada. Teníamos un documento de ellos que había recuperado un soldado de un cesto de basura donde hablaban de centros especiales de detención. Interpretamos que esto sería, que como en la otra etapa con Lanusse habían tenido el problema de la solidaridad que se daban entre los familiares de los presos, y vínculos con la población, como pasó en el caso de Trelew. Imaginamos que construirían cárceles en centros militares, que la seguridad para ellos sea mayor y rompan los vínculos con la sociedad. No se nos ocurrió jamás que la política iba a ser un sistema masivo de detención y desaparición masivo. Siempre hubo desapariciones en la historia, pero se dieron como situación de excesos particulares, no es para nada justificable, pero no era una doctrina. En la Dictadura la desaparición era la doctrina.

Ya en las primeras horas del Golpe rodearon los centros fabriles del Gran Buenos Aires y demás cordones industriales para reprimir a los trabajadores.

Eso estaba por descontado, porque aplican las detenciones masivas, no llamaba la atención. El Golpe arrasa primero con todo y luego comienza a seleccionar. A ese paso le sigue el otro, que los jefes de recursos humanos y de personal se fueron transformando en agentes de los militares. Primero te detienen a la militancia activa, la primera oleada va por todo. El asunto fue que en esta ocasión los detenidos no volvían a aparecer, los desaparecían. El otro elemento fue la puesta al servicio de la Doctrina de Seguridad Nacional a la represión para las empresas como Ford, Mercedes Benz...actuaron claramente como enemigo.

En esta etapa Montoneros ya estaba lanzado en un enfrentamiento de aparato contra aparato...

Bueno...esta es la lectura que podemos hacer ahora. En ese momento la cuestión era que la resistencia se mantiene, no que ahora nos borramos. Fuimos viendo las características del proceso con el paso de las semanas. Hubo dos momentos importantes, en abril de 1976 dimos por concluida la lucha interna del peronismo, porque esto barrió con el peronismo viejo y entonces planteamos lo del Peronismo Montonero como partido, pensando que el golpe había barrido a la derecha peronista. A las pocas semanas, y fue planteado en un Consejo Nacional, vienen compañeros que nos contaron algunas consignas que se estaban cantando en las canchas de fútbol, algo así como “Con la Puta y con el Brujo, comíamos que era un lujo, con el Oreja, corremos la coneja”. A la vieja imagen del peronismo de Isabel y López Rega no le cambiaron la cara, pero sabían que con el “Oreja”, Martínez de Hoz, con su política, los había hecho mierda. Entonces nos planteamos, bueno, paremos porque algo está pasando con la conciencia colectiva, que a partir del 24 de marzo estaba cambiando. La gente percibió que lo anterior era malo, pero esto es peor. Ahí nos planteamos nuevamente la disputa interna dentro del peronismo como eje de acción.

Sobre el traslado de la Conducción fuera del país, fue algo muy criticado inclusive por los militantes, como miembro de la misma ¿qué reflexión le merece?

Eso tiene que ver con la situación que se va endureciendo. Nosotros empezamos a padecer los golpes más duros a partir de septiembre de 1976 y para diciembre comienza a debatirse qué hacer. En ese marco están los planteos que hace Walsh de preservar la memoria histórica y el centro de la Organización, en su planteo de descentralización hacia adentro. Entonces se plantea sacar del centro de la escena a algunos sectores que fueron, la Conducción Nacional; a las conducciones de los frentes de masas, a los referentes históricos y memoria histórica de la organización. ¿Qué quiere decir esto? La Conducción, con la idea de que hubiera algo de que entrara y saliera del país; a los frentes de masas para mantenerlas fuera del país; a los referentes históricos son los viejos militantes que aunque no fueran dirigentes de masas para ponerlos a resguardo, pensando en el tema de la reconstrucción; y en la memoria histórica se refería a cuadros viejos que no eran de la Conducción, pero qué si venían desde el comienzo de la lucha de diferentes etapas organizativas. Esto es lo que se va sacando del país progresivamente. Ya para diciembre del ’77 van saliendo casi todos. Y simultáneamente debía haber un recambio permanente con gente en el país. Cuando salgo en el ’77 viene al país para hacerse cargo de la Conducción Lino Roqué, que era cordobés. Y cuando está entrando el compañero cae, y la organización se queda sin conducción en el país; a partir de ahí cambiamos la metodología establecemos vínculos en las zonas de frontera. Pero en frontera también actúa el enemigo, y se producen a fines del ’77 las detenciones en Montevideo, donde cae Oscar de Gregorio, cuando está entrando a Montevideo, donde teníamos una cita, lo balean y lo traen a la ESMA diciendo que lo van a operar, y lo desaparecen.

Ya la cuestión organizativa era débil...

Sí, se iba resquebrajando, porque se había planteado una descentralización pero se van rompiendo los contactos, los vínculos.

Me refiero a la cuestión de mantener el verticalismo o descentralizar.

El planteo fue descentralizar con la salida de los compañeros, y con la salida de muchos militantes se da una descompaginación general. Por el otro lado la descentralización fragmenta más y el enemigo penetra más, y se desorganiza todo para peor. Para 1978 es el período más caótico del país. Después del Mundial se define que ya había finalizado la ofensiva enemiga, y que había que preparar a las organizaciones sociales y demás instancias orgánicas para la contraofensiva.

¿La Contraofensiva se ordenó para evidenciar, demostrar cierta capacidad de respuesta al golpe?

No. Lo primero era mostrar que se había acabado la capacidad de los militares de profundizar su ofensiva. No por carencia de recursos, sino por carencia de moral. Sus bajas eran nulas: no habían perdido aviones, tanques, submarinos, su nivel de bajas había sido ínfimo; lo que sí habían perdido era moral de combate, producto de las aberraciones que habían realizado, de la forma en la que desarrollaron el enfrentamiento. Este fue el análisis que hicimos. Además, se iba complicando la situación política. Para nosotros, estábamos volviendo al ciclo histórico en el que el pueblo se vigorizaba y empezaba la contraofensiva para echar a los militares. No lo planteamos como una idea de contraofensiva nuestra para voltearlos. Nuestra idea era la de ayudar el empuje popular que se empezaba a dar para cambiar la correlación de fuerzas. Esa era la evaluación que hicimos en el año ’79, en un Consejo Nacional en noviembre del ’78 en La Habana. Y la acción de masas se produjo. En abril del ’79, se da la primera huelga general convocada por el grupo de los 25. La primera huelga general durante la dictadura. La primera medida ofensiva a nivel de masas. Lo que yo reivindico es que nuestro análisis político fue absolutamente cierto. Muchos prefieren no darle valor a este análisis, porque detrás del hecho de quitarle entidad a él, viene la postura de afirmar que los militares cayeron por la derrota que sufrieron en la Guerra de Malvinas. Entonces, nuestra democracia habría que agradecérsela a Margaret Thatcher (algo que sostuvo en su momento el ex - canciller Dante Caputo). Este discurso tiene mucha base social en nuestro país, sobre todo en aquellos que no hicieron nada contra la dictadura. Con la justificación de que no valía la pena hacer algo. Este es el encuadre ideológico de la “Teoría de los dos demonios”. Ese análisis del cual, consciente o inconscientemente, se prenden muchos sectores de la clase media (también de la clase media peronista), fue uno de los análisis más frustrantes de los últimos años.

Gonzalo Leónidas Chávez, señala que para ese entonces empezaban a gestarse movilizaciones gremiales por reivindicaciones salariales.

En el mes de setiembre del año ’79, los obreros de la Peugeot de Florencio Varela plantearon una marcha a Capital. Y fue la primera vez que el gobierno militar le ordena a la patronal de esa empresa que satisficiera todas las demandas de los obreros. Le tenían pánico a esa marcha. Y así, los obreros de la Peugeot obtienen la satisfacción de todos sus reclamos, todo para que no marcharan hacia la Plaza de Mayo. Si eso no es un movimiento ofensivo, no sé lo que es un movimiento ofensivo. Y todo esto, después de supuestamente haber destruido al movimiento popular, a la organización popular. Nosotros nos equivocamos en evaluación de la profundidad de la crisis, de la debilidad organizativa, en medir el pánico que habían sembrado en la sociedad argentina. Pánico que todavía no hemos superado, porque no hemos conseguido analizar las verdaderas causas del golpe. Y las causas del golpe no hay que buscarlas en la violencia política existente previa al golpe. Las causas hay que buscarlas en la reconstrucción del poder imperial, y su influencia sobre los países del Cono Sur. No dimensionamos correctamente todo esto que señalé. Ese fue el error que cometimos. La operación tenía tres grados de acción: la militar, la propagandística y la política. En la militar tuvimos muy pocas bajas, la principal fue en Soldati. En la propagandística no tuvimos ninguna baja, se cumplieron los objetivos, se hicieron las transmisiones por RLTV e interferencias a la televisión. Eso tuvo cierta insidencia. Donde caímos, fue en el área política. Eran los que venían a tomar contacto para con las organizaciones existentes para ir articulando formas de acción. Ahí nos hacen mierda, todas las organizaciones estaban muy controladas, y esto no quiere decir que sean botoneadas internas, sino por la eficacia del enemigo.

Algo que no se sabe demasiado, o se lo oculta, es que Montoneros ha financiado a las nacientes organizaciones de Derechos Humanos para que pudieran trabajar.

Sí, todo lo que fue la Campaña Antiargentina, como decían los milicos, fue financiada por Montoneros. Las organizaciones de Solidaridad en el Extranjero, en la mayor parte de los países se financió con militantes y recursos. Al país venían recurrentemente compañeros a traer recursos financieros a las organizaciones de DD.HH., a familiares de compañeros presos, a militantes de las organizaciones de DD.HH. No digo a todos, en absoluto. Pero lo hicimos. Adriana Lesgart que era responsable del área de política femenina y también de derechos humanos viene al país, y cae cuando vino a organizar a las Madres, a las Abuelas, poniendo donde se pudiera. Y así también cayeron muchos compañeros. Lo que tuvimos luego fueron muchas discusiones de las políticas a desarrollar, como la de negar la identidad política de los compañeros desaparecidos, con la política de las máscaras, que los compañeros tenían nombre y apellido y que luchaban por cosas concretas. Pero en general esta batalla de todos modos se ganó desde la propia militancia que va recuperando su identidad. Quedan muchas batallas que no se han ganado, y otras que todavía no se han dado. Y entre las principales cosas que no se han debatido, ni logrado instalar, que el poder económico tuvo una responsabilidad directa en promover al Golpe de Estado.

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. . "Esta historia termina con la derrota del Pueblo en general, y de la clase obrera en particular"
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