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HERRAMIENTAS

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Gonzalo Chaves - Montoneros
La Triple A hizo el trabajo de cortar los puentes entre los viejos y nuevos peronistas
Por Gabriel Martin
Publicado digitalmente: 24 de marzo de 2006
Gonzalo Chaves es un caso emblemático de la represión en la historia Argentina: su familia fue perseguida desde 1955 hasta la sangrienta Dictadura, con la catastrófica situación del asesinato de muchos familiares por no hablar de seres cercanos. Combativo desde los frentes obreros, Chaves militó en Montoneros e investiga el nacimiento de la violencia estructural que fermentó la lucha que estalló entre los ’60 y ’70. Siempre apurado y pese a los años, sigue militando por las causas de derechos humanos y no abandona la militancia política. Inquieto, de todos modos tiene tiempo para sentarse a contar su historia.

Usted nació en el 39, ya para la época del golpe, ¿qué venía mamando de familia? ¿Cómo vivió el bombardeo a la Plaza de Mayo?

Voy a tratar de sintetizarlo. Yo estudié en Bellas Artes, desde muy chico dibujaba y pintaba. A los 20 años, a los 19, hasta los 21 años mi vida iba a ser pintor, porque era lo que me gustaba, lo que mejor hacía y además tenía apoyo de mi familia para eso, pero vino el golpe del 55 que destituyó a Perón, vino la revolución de Valle y Cogorno en el 56 y mi viejo participó de esa revuelta, era suboficial mayor retirado del Ejército, estuvo a punto después de ser fusilado, y por mi casa entró un vendaval, que nos dio vuelta a todos y mi vida cambió, yo la verdad es que no estoy arrepentido de nada en el sentido de decir: “Bueno, si no me hubiese metido en política mi vida hubiese sido otra cosa”, no, nunca estuve frustrado, tampoco por no seguir pintando porque me realicé en otras cosas y entonces yo empecé a militar en realidad y a conocer a la gente de la militancia por las visitas a la cárcel de mi viejo. Nosotros nos pasamos cerca de 7 años, no seguidos, con cortes, visitando a mi viejo en la cárcel y ahí conocí a los viejos militantes de la resistencia peronista...

“Si a Perón lo habían tirado con los fierros, la única forma de volverlo a traer era a través de los fierros”

¿Lo meten preso en el 55 mismo?

En el 56, después de la revolución de Valle acá en La Plata, que el jefe de la revolución acá en La Plata era el teniente coronel Lorenzo Coberno, y empecé, mi viejo un día me dijo: Haceme un favor, -lo fui a visitar a la cárcel de Las Heras- llevale este paquete a un hombre que vive en el río de Quilmas, entonces yo de curioso, lo abrí al paquete, era un paquete chiquito, era un carnet de periodista de la revista Life así forrado en cuerina roja y con letras doradas. Entonces yo fui y lo llevé, al otro fin de semana le pregunté a mi viejo: “¿A dónde me mandaste?”; y me dice: “No boludo, lo que pasa es que acá los presos comunes nos dan una mano para sobrevivir acá y nosotros les tenemos que dar una mano a ellos sino, no...” entonces lo que yo llevé era un carnet de periodista falsificado por un preso común, que lo hacía en la imprenta de la cárcel de Las Heras. No sé para qué, qué uso le habrán dado. Después otro día me mandó a verlo al viejo César Marcos y el viejo César Marcos me cargó con un paquete de diarios que sacaba él de El Guerrillero, una edición de El Guerrillero, para repartirlo en La Plata. Nos fueron metiendo. Y yo después analizando eso dije: “Bueno, acá hay un mandato paterno muy grande”. Después asumido, un mandato asumido. Yo la verdad que leía el periódico Azul y Blanco que era de unos nacionalistas católicos que habían estado con Lonardi y después fueron opositores a Aramburu, leía a Lenin, cosas de Perón, no tenía una idea muy definida de a dónde meterme y militar. Pero un día acá en La Plata venía una marcha de peronistas cantando y a mí se me erizó la piel, escuchar eso, nunca me había pasado de sentir eso, y dije: “Bueno, el lugar mío es este”. No hubo mucha elucubración intelectual ahí y me metí en la Juventud Peronista de La Plata que era un lugar, el lugar de los rebeldes... o sea, querías tirar piedras, ese era el lugar. No te cuestionaba nadie ir a tirar piedras, al contrario, cuanto más tirábas más te respetaban. Esa militancia de la juventud, ¿no?, de la rebeldía.

“Venimos peleando hace tiempo para hacer justicia con Aramburu, ahora se hizo justicia”

¿Esto para que año fue que te metés en la JP?

En el 61-62. La JP de La Plata estaba diezmada por la organización del plan CONINTES, los cuadros de la conducción estaban presos Diego Miranda, Eduardo Bartoletto, Clemente Saavedra estaba en Paraguay, y otros cada uno refugiado donde podía. Así que nosotros nos juntamos cuatro compañeros a reorganizar la Juventud Peronista de La Plata y bueno, en los ‘70 éramos miles, no sé qué pasó de por medio que en los 70 éramos miles. Acá en La Plata era una juventud que tenía una historia de lucha importante.

¿Tuvo participación militante para el primer retorno de Perón? En aquel fallido intento de 1964.

No, nosotros teníamos una participación activa en el retorno del 64. Ya habíamos ingresado con la Juventud Peronista de La Plata estuvimos ahí tratando de organizarnos para el retorno pero la conducción del Partido Justicialista y de la dirigencia sindical no movió un dedo, en el primer retorno de Perón, no movieron un dedo y Perón llegó a Brasil, lo pararon ahí, tuvo que volverse y acá nadie salió a la calle. Sí, hubo manifestaciones, muy espontáneas, pero no de la dimensión que se esperaba. Nadie organizó. Otra cosa fue el retorno del 72, ahí sí la Juventud Peronista tuvo un protagonismo muy grande, casi casi mayoritario con respecto a otros sectores del movimiento y se hicieron movilizaciones para ir a esperar a Perón a Ezeiza. Y bueno es una historia de marchas, de luchas, de sueños, de cosas por hacer y ahí nos fuimos hundiendo en todo esto.

¿En los ‘60 tenían discusión y contacto con otras organizaciones peronistas o estaban focalizados únicamente en La Plata?

Teníamos relación con la Juventud Peronista Revolucionaria de Capital Federal, con Gustavo Rearte, con Envar El Kadri, con la Juventud de Rosario, de Córdoba, de Tucumán, hicimos el intento varias veces de constituir un agrupamiento nacional de la Juventud Peronista y nunca lo logramos. Recién después del Cordobazo fue posible organizarse más o menos bien, pero antes y en provincia también hicimos dos congresos provinciales pero nos juntábamos tres y nos dividíamos... no sé qué pasaba.

¿Todavía ahí no tenían instalado el debate de lucha armada?

No, el debate de lucha armada se inicia con el MRP, que vino con todo un planteo de organizar las fuerzas armadas peronistas. Después toma cuerpo en otros hombres, relacionados o no con el MRP, pero esa es la idea de constituir un brazo armado del peronismo con esta idea de que si a Perón lo habían tirado con los fierros, la única forma de volverlo a traer era a través de los fierros. Y el debate primero fue una posición teórica, después en un momento dijimos: “Bueno, no podemos seguir anunciando la lucha armada y no practicarla” y decidimos comenzar por el principio de las cosas, que es estos grupos político-militares, armarse con las armas que uno pueda recuperar del enemigo. Ese es el inicio acá en La Plata y después nosotros en el 72 la Juventud Peronista de La Plata en un plenario decide incorporarse a Montoneros, no individualmente sino como grupo, en ese momento éramos muchos porque habíamos decidido la incorporación de un sector muy grande de la Universidad, de los jóvenes que se peronizaban para esa época, y en La Plata teníamos una presencia muy fuerte.

Previo a esta incorporación, estaba pasando el Aramburazo, los hechos que venía haciendo Montoneros, Trelew y demás, ¿qué estaban visualizando?

Cuando se produce el secuestro y ajusticiamiento de Aramburu, en el peronismo se armó una discusión tremenda. Nosotros acá la verdad es que estábamos desconcertados porque no sabíamos no teníamos idea de quiénes habían sido, había teorías de que eran los nacionalistas, de que era una maniobra de la propia dictadura, y nosotros lo fuimos a ver a mi viejo, y le preguntamos qué opinaba como viejo peronista y nos dijo: “Muchachos, escúchenme una cosa, nosotros venimos peleando hace tiempo para hacer justicia con Aramburu, ahora se hizo justicia”, entonces mi viejo dice: “La mano del pueblo tarde o temprano llega y ahora llegó”, así que. Entonces nosotros decidimos hacer un volante firmado como movimiento peronista apoyando el ajusticiamiento de Aramburu. Nunca nadie nos dijo nada. Eso fue nuestro primer acercamiento a Montoneros, era por olfato, no había otra cosa, no conocíamos quiénes eran.

No había contacto...

No, no. Nosotros empezamos a tener contacto con las FAP acá en La Plata, con la idea de incorporarnos. La idea nuestra era ser un comando de las FAP, pero bueno, las FAP entraron en una discusión interna muy grosa entre los iluminados y los oscuros y la verdad que no se dio, no sé por qué circunstancia no se dio y bueno, pasó, y después nos incorporamos a Montoneros.

Cuando vuelve Perón, ¿en qué frente estaba militando?

Yo fui de la mesa de la Juventud Peronista de La Plata durante mucho tiempo, después estuve en la conducción del MRP acá en La Plata y a nivel provincial y después en el 72- 73 estuve en la mesa nacional de la JTP.

Le pregunto esto porque ya para el promedio de lo que era Montoneros, tenía 32 años, 33 años, estaba con más experiencia.

Ya era viejo. Así que después en el año 74, el 8 de agosto del 74 la Triple A mata a mi viejo, a mi hermano, la noche anterior habían matado a Luis Macor que era un estudiante de periodismo recién recibido y lo matan también al Gringo Ennio Pierini, a él y a Pierini que era un dirigente obrero de una destacada actuación, había sido fundador del SUPE de la organización sindical de los petroleros, fue uno de los dirigentes de la huelga petrolera del 68 y bueno eso también me cambió las cosas, porque yo desde ese día pasé a la clandestinidad. La Tripe A me fue a buscar a mi casa, yo ya no vivía más ahí y bueno, zafé, y me tuve que ir de La Plata. La verdad que yo no me quería ir, porque no sé, yo había nacido acá, militaba acá, tenía mis amigos, mi familia, no me quería ir de La Plata y los compañeros me decían: “No Gonzalo, te van a matar acá, tenés que irte, te conoce todo el mundo, tenés que irte”. Hasta que la verdad lo que me decidió a irme de La Plata en un momento yo sentí una cosa muy pesada, muy pesada. Que la gente en realidad lo hacía por un gesto de solidaridad, pero para mí me resultó muy pesado y no me lo banqué... la gente me tocaba por la calle no me saludaba, tuve una sensación muy rara, me tocaban y no me la banqué. No sé qué quería decir eso, pero fue muy fuerte, y yo me fui, me fui a militar a Quilmes y ahí participé de la organización de la JTP y de las coordinadoras de comisiones internas y gremios en lucha, que tuvimos un protagonismo muy importante en el Rodrigazo.

¿En toda esta etapa de clandestinidad, cómo se movía, cómo se manejaba?

Yo estuve clandestino del 74 hasta el 83. Durante el gobierno de Isabel era una clandestinidad muy política, con vida política muy intensa y pública, o sea, aparecer y desaparecer. La clandestinidad era que no supieran dónde vivía. Después tuve otra clandestinidad durante la dictadura militar, yo de los casi ocho años que duró la dictadura viví la mitad en el exilio y la mitad clandestino acá en el país, también organizando la resistencia sindical y esa era otra clandestinidad, más cerrada, más hermética, muy solo, sin contacto con la familia, ni con los compañeros ni con los amigos. Era una célula muy reducida de hombres que estaban organizando la resistencia sindical y con una disciplina muy férrea, para sobrevivir, ¿no?, porque la represión era muy dura, era muy dura. Yo vivía con mi familia en la clandestinidad porque ese era el criterio de la organización, de que la familia participara... mis hijos iban a la escuela clandestinos con otro nombre, con otro apellido, mi compañera que era militante, también. Y uno puede decir que aún en las peores condiciones de represión se puede organizar a la gente, aún en las peores condiciones. Si uno tiene objetivos, y es disciplinado, se puede sobrevivir, se puede pelear y se pueden lograr cosas. Para que tengas una idea, esa célula sindical que organizamos en la zona sur del Gran Buenos Aires, recuperamos siete sindicatos en la democracia. A partir de ese trabajo. Algunos compañeros llegaron a ser secretarios generales de gremios y otros tenían una participación protagónica en la conducción de esos gremios. Para darte nombres, nosotros recuperamos la UOM de Quilmes, la UOCRA de La Plata, Gastronómicos de La Plata, el Sindicato de Publicidad de la Capital Federal, recuperamos también el Sindicato del Vidrio de Berazategui, tuvimos una participación protagónica en la recuperación de FOETRA sindicato Buenos Aires y de la Federación Gráfica Bonaerense.

A partir del ’83.

Sí, pero era un trabajo que iniciamos en la clandestinidad. Una célula organizada, trabajo sindical... que cuando llegó la democracia floreció. Y no sé si hay otras experiencias... hay otras experiencia, no fue la única la nuestra, pero bueno, fue un aporte eso, ¿no?. El golpe militar del 76 a mí me encontró militando. Nosotros estábamos en un momento de puja interna muy fuerte en el peronismo.

¿Cómo lo vivió el auge del avance de lo que era la JP y demás en el camporismo y después los posteriores vaivenes y cachetazos desde dentro del propio peronismo luego de los días de Cámpora?

Bueno, nosotros la primavera camporista la vivimos como una fiesta. Pero el gobierno de Cámpora duró 49 días. No se puede creer eso, que se hable tanto de ese período, se hicieron tantas cosas y duró 49 días. Fue un chispaso. Y bueno, después de la muerte de Perón, nosotros hicimos cola tres días y medio para ver a Perón, para despedirlo, lloramos como perros... estoy hablando de la gente de la Juventud Peronista de La Plata y de otros compañeros que veníamos de una experiencia de militancia en el peronismo de años, ¿no?, y nosotros teníamos la seguridad de que la muerte de Perón era una derrota del campo popular y la íbamos a pagar, la íbamos a pagar caro, no era sólo la muerte de un hombre. Y estábamos preparados para eso. Después vino el golpe y en realidad el golpe no es un antes y un después. Esas cosas no se entienden ahora, porque parece una discusión... porque la dictadura a partir del 24 de marzo del 76 se inició un genocidio organizado del Estado, pero ese genocidio no empezó en el 76, ese es el tema, empezó durante el gobierno de Isabel. El primer centro clandestino de detención es en el año 75 en la escuelita de Famaillá de Tucumán. En Tucumán en el año 75 hay 400 desaparecidos, ya que las prácticas de desaparecidos no empezó con el golpe, empezó con la “democracia”, del gobierno de Isabel y todo eso los militares lo hicieron enarbolando el decreto de participación del Ejército en el exterminio de la guerrilla en Tucumán y después con el segundo decreto que se extiende a todo el país. Y bueno, eso es lo que digamos, le dio cierta legalidad, legitimidad a un hecho tan tremendo como es el genocidio organizado. Porque se supone que un genocidio... para organizar un genocidio participa mucha gente en la sociedad y necesita cierto consenso, necesita armas legales, porque todo se hace a través de los instrumentos del Estado. Algunos por omisión, otros por disciplina, otros por convencimiento, pero hay un conjunto de gente que hace posible el genocidio, si no el genocidio no es posible. Puede ser el posible de la muerte, la persecución, pero un genocidio como ocurrió en nuestro país desde el Estado, que se hace a través de decretos, órdenes escritas y firmadas por los mandos, salvo la participación de uno, dos, cien, no es de los militares solos...

La oligarquía, los sectores políticos...

Claro, claro. Nosotros decimos dictadura militar... en realidad no sé si está bien dicho eso, porque en ese término escondés muchas cosas... los que se enriquecieron con la dictadura no fueron los militares solamente. O por ahí los militares se enriquecieron tanto como otros, como los grandes grupos económicos.

Actuaron como sicarios de los grupos económicos.

En cierta medida sí, en cierta medida fueron un instrumento. No sé, eso puede ser polémico, pero en cierta medida fueron un instrumento del poder económico. No es que sean víctimas ellos, no son inocentes, pero los usaron y después los condenaron. El poder suelta la mano. Entonces la condena es a los militares, pero, ¿y la condena a los civiles... a Martínez de Hoz por ejemplo? Y bueno, y después hubo un consenso en la sociedad, nos duela o no... el “no te metas”, “en algo andarán”, ¿no?

“La Triple A se creó en la casa de Perón”

Lo que contaba de la muerte de Perón como una derrota del campo popular, todas las discusiones que se estaban dando Perón volvió al poder, al gobierno y seguían pululando Villar, Margaride, López Rega... cómo vivían las discusiones internas de balancearse en respetar la conducción estratégica de Perón y querer articular políticas de...

La Triple A...hay gente que dice que fue creada por Perón, lo dicen así... no necesariamente reaccionarios. Yo no creo eso, no tengo pruebas, pero que se hizo en la casa de Perón, se hizo. Se hizo en la corte de Perón, en el entorno y uno de los creadores es López Rega, entonces uno se tiene que preguntar también, es un tema difícil de tomar, complejo, muy complejo, pero el peronismo tiene que admitir que tiene un grado de responsabilidad en eso, no es ajeno, porque si no no se explica cómo un ministro de Perón, el secretario privado de Perón, una de las personas más cercanas, es el tipo que organiza la Triple A. Y la Triple A preparó el escalón para el golpe del 76, hizo el trabajo más sucio, que es romper los puentes entre las viejas generaciones del peronismo y las nuevas generaciones. ¿Vos te acordás en la guerra de Los Balcanes?, en la última guerra de Los Balcanes, la aviación de la OTAN, se dedicaba a bombardear los puentes, cortaba comunicaciones, bombardeaba los puentes, y los fue aislando. La Triple A hizo ese trabajo, cortar los puentes entre los viejos y nuevos peronistas, cortó los puentes, y liquidó así a lo mejor, lo más grande de la vieja dirigencia de la resistencia peronista, como Julio Troxler, Ennio Pierini, Atilio López, el vicegobernador de Córdoba y dirigente de mi viejo, y nos fue aislando, aislando. La lectura nuestra no fue del todo correcta de esa situación, vivíamos tiempos muy difíciles, éramos perseguidos por todos lados, nos perseguían para matarnos, pero no es una metáfora...

Estando Perón vivo, la relación y a era más que ríspida, para mecionar un ejemplo emblemático fue la masacre de Ezeiza que eran “peronistas”...

Ezeiza fue una emboscada contra el campo popular, y para derrocar al camporismo. Fue articulada por líneas internas del peronismo, y no permitirle a Cámpora renunciar, porque lo iba a hacer, estaba escrito, para que Perón fuera presidente. Pero lo tuvo que hacer presionado. De todos modos es un gesto inaudito en este país que alguien renuncie a favor de otro. Lo de Ezeiza es el comienzo, una visagra, el inicio del retroceso del campo popular, la decisión de operar al peronismo por líneas internas. Porque al peronismo siempre se lo operó desde afuera, así fue durante toda la vida, y así el peronismo se unía, se organizaba y era imbatible en la calle cuando movilizaba, y en las urnas cuando votaba. Fue una decisión inteligente del poder de operar desde adentro.

Hechos como el de Ezeiza, la ruptura en la Plaza de Mayo, ¿qué debates tenía con los compañeros para manejarse ante un líder por quién habían dado toda la lucha?

Lo de la Plaza del 1º de Mayo fue muy duro. Perón públicamente manifiesta un exabrupto increíble, dice “Siguien muriendo dirigentes sindicales y todavía no ha sonado el escarmiento”, no se que quiso decir con eso, era un llamado a no se qué, una barbaridad. No lo voy a justificar esas cosas de Perón. De todos modos en esas contradicciones con Perón no obramos inteligentemente, fuimos ingenuos y torpes.

¿Por qué lo dice?

Porque los enemigos internos nos querían sacar de la familia peronista. Porque todo el mundo trabajaba sobre la supuesta muerte de Perón, que le quedaba poco tiempo de vida. Ellos se propusieron sacarnos de la familia para que no heredemos. Nosotros debimos habernos quedado en el peronismo para heredar, pagando el precio político, inclusive muertes.

¿Pero había otra posibilidad en medio de tanto hostigamiento que una organización contenga a la militancia callándose la boca?

No callándose la boca, pero manejando eso. Lo que no había que hacer es ir por el camino que tu enemigo quiere que vayas. Hay peleas que tenés que eludirlas porque no te interesan. Nos faltó experiencia en la relación con Perón. Porque los jóvenes de los ’70 no tenían esa experiencia en la relación con Perón, muchos de los viejos dirigentes de la JP no vivieron ese proceso, muchos de la JP procedían de sectores medios no tenían ese conocimiento que tenían los viejos militantes. Esto no es un pecado ni un cuestionamiento, es la realidad. La muerte de Rucci por ejemplo. Perón dijo “Me tiraron un cadáver en el jardín de mi casa”. Algunos dicen que fueron los Montoneros, lo que queda de la vieja conducción montonera lo niegan o no se pronuncian. Pero fue un error político. Si alguien pensó que con eso aportaba algo al proceso liberador en la Argentina se equivocó, porque eso justificó otras cosas, por esas cuestiones surge la Triple A, bajo esos argumentos. Rucci no era santo de nuestra devoción, fue un error político caro. No lo puedo afirmar, aunque hay muchos compañeros que afirman que la operación Rucci fue la organización.

Algo que se discute tanto es el pase a la clandestinidad y también se lo considera un error.

El pase a la clandestinidad es el error madre que nos lleva a otro error. Rodolfo Walsh escribió mucho sobre esto, nos replegamos sobre el aparato militar y eso es una trampa mortal. Nosotros en realidad tendríamos que haber defendido la legalidad. Hubiésemos pagado un precio alto en vidas, pero hubiésemos tenido triunfos políticos. Aclaro que esto lo digo con el diario del lunes bajo el brazo, así es fácil decirlo. A nosotros nos perseguían en la calle, nos tiroteaban en la calle, nos echaban de todos los espacios políticos en Buenos Aires, Córdoba, Salta, Santa Cruz, todos los gobernadores afines a la Tendencia fueron destituidos, y la decisión fue en esa circunstancia, pero de todos modos la veo hoy incorrecta. Esa decisión política de pasar a la clandestinidad nos condujo por un sendero sin retorno.

“El que no peleó no tiene derecho a pedir nada”

¿Cuál era la fortaleza de Montoneros?

La mayor capacidad de Montoneros fue cuando pudo articular el conflicto social. En esa circunstancia y Montoneros era la fuerza político militar que podía articular el conflicto, y ese fue el momento de gloria, pero cuando perdimos esa capacidad terminamos siendo una organización más.

Durante la Dictadura hubo resistencia popular no obstante la represión, y eso siempre se pretendió silenciar...

Hubo resistencia sindical a la Dictadura militar, suena vulgar pero no está aceptado. Está negado, es una batalla negada y no es ingenuo ocultarlo. Durante el Golpe hubo siete paros nacionales en la Argentina. En Chile no hubo ninguno, en Brasil ni uno solo, en Uruguay tampoco salvo las dos semanas de paro cuando empezó el golpe pero después nada. Entonces uno escucha hablar de la resistencia chilena o brasileña, y dicen que en Argentina no pasó nada. El 27 de abril de 1979 fue el primer paro nacional en pleno auge de la Dictadura, plata dulce y todo eso. Se pararon un millón y medio de trabajadores, y esto lo dicen los medios oficiales. ¿Cómo ocurre eso? Ese paro se produce porque hubo cosas previas, se organizó, no se hace de un día para el otro, entonces eso demuestra que de algún modo se organizaba. En 1976 hubo muchos conflictos también, lo mismo en el ’77 y ’78, en 1982 se produce la movilización del 30 de marzo que fue un paro y movilización a Plaza de Mayo, en plena Dictadura militar, previo a Malvinas, y miles de personas se movilizaron a la Plaza de Mayo, y se produjo una batalla campal. Y esto se repitió en Tucumán, en Mendoza donde muere un dirigente obrero, todo esto en plena Dictadura. De eso nunca se habló, nadie lo reivindica.

Inclusive participaron sindicatos que no fueron de lo más combativos.

Eso fue así también fue así, como los gremios no intervenidos y los intervenidos lograron hacer estos fenómenos. Parece que hay una contradicción insalvable entre ilegalidad y lucha de masas. Es una contradicción insalvable porque es casi imposible lograr una lucha de masas sin tener márgenes de legalidad. Entonces el movimiento obrero se planteó una disputa de los espacios de legalidad. Y eso nosotros no lo vimos, no lo practicamos. Desde el interior de las organizaciones “permitidas” de la Dictadura, crecer a partir de eso, con ciertos márgenes de legalidad; hacer una prensa, participar de las movilizaciones. No niego el valor de la lucha clandestina sindical, pero se conjugan porque desde la legalidad de esos sindicatos la gente pudo organizarse.

En 1977 usted se va al exilio a México...

Estuve en México, España y Cuba. Volví en 1978 a militar en la clandestinidad y me quedé hasta 1980, me fui otra vez y volví después de la guerra de Malvinas a militar nuevamente en la clandestinidad.

Cuando estaba en el exterior, con estas luchas obreras que marcaban cierta organización de masas, cuando Montoneros toma la decisión de lanzar la Contraofensiva ¿puede haber sobrevalorado este aspecto?

Fue un análisis equivocada de la realidad, había un proceso de acumulación de fuerzas en los trabajadores, pero era en una etapa de resistencia, por eso creo que “contraofensiva” es hasta un término inapropiado. Montoneros analizó que la Dictadura podía terminar por una insurrección popular, por un proceso de lucha prolongada, pero nunca se habló de que terminara con una salida electoral. Montoneros no estuvo preparado para una salida como esa, más allá que fue una democracia restringida.

El silencio sobre esas luchas obreras ¿puede corresponder a no reconocerlo para argumentar que el único fundamento fue la derrota de Malvinas?

Para mí esa es la intención, la historia oficial quiere decir que los militares se fueron por la derrota de Malvinas y no reconocer las reivindicaciones obreras, las luchas populares. Y el que no peleó no tiene derecho a pedir nada. Mucha de las leyes de la Dictadura siguieron con la democracia, volvió el Estado de derecho pero a los trabajadores se les devolvieron cosas, la democracia no entró en ninguna empresa del país, y si hay una institución antidemocrática en el país es una empresa porque la voz del trabajador no vale nada. Dar a conocer la lucha del movimiento obrero es un aporte, no se va a modificar nada, pero hay que reconocer que los trabajadores fueron víctimas de la Dictadura y se lo debe reconocer, todo el traspaso del PBI de los trabajadores a los concentrados hay que revertirlo. Todo el mundo está esperando que se revierta. Y hay que reconstruir esa memoria para volver a construir.

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