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HERRAMIENTAS

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Huir de Bagdad
Por Gennaro Carotenuto
Publicado digitalmente: 22 de octubre de 2004
Diecinueve soldados estadounidenses se amotinan: la misión era suicida. El halcón Donald Rumsfeld habla de retiro en plena campaña electoral, el primer ministro de Polonia, Marek Belka, reducirá sus tropas desde enero y hasta Silvio Berlusconi planea el retiro. Si hay elecciones en enero en Irak podría ser el inicio de la huida occidental del infierno iraquí.

(Roma) Érase una vez el 30 de junio. Era el día del trasvase de poderes entre Paul Bremer, el virrey de George W Bush en Bagdad, y un gobierno iraquí supuestamente soberano. Durante los meses anteriores se contaba que era el evento que pacificaría el país y solucionaría mágicamente los problemas. También la guerra hubiese solucionado todo y las chicas iraquíes -como las afganas- hubiesen besado en la calle a los marinos que distribuían sonrientes cigarros y chocolates. Ahora la brujería que solucionará todo son las supuestas elecciones de enero. Ahora hay un gobierno "soberano". Pero ninguno de los problemas, desde el terrorismo al quiebre económico, se ha aliviado para la población iraquí. Ésta sigue muriéndose bajo los bombardeos de los libertadores, o por las bombas de los terroristas. Nadie cree que las elecciones pacificarán nada. Para empezar, los mismos "pacificadores", los ideólogos de las guerras infinitas, que están comenzando a vacilar en la idea de presentar la pacificación de Irak como inminente. Sin embargo todo rueda alrededor de las elecciones. Al final de setiembre Rumsfeld y su Quisling iraquí, Allawi, se encontraron cara a cara en el Pentágono. La situación era juzgada por los dos tan grave que ni siquiera pudieron negarlo completamente cuando el encuentro trascendió en una rueda de prensa conjunta. El ministro del gobierno que en mayo de 2003 declaró "misión cumplida" en Irak, salía entonces con declaraciones chocantes, que no es suficiente encarar dentro de la campaña electoral en curso en el país norteamericano: "Pensar que, para irse, Irak tenga que estar completamente pacificado no es sabio". Oficialmente las elecciones siguen en agenda para fines de enero, pero ya está claro que -si se votara- no será en todo el país, sino sólo en las zonas tranquilas, las que sin ninguna duda votarán a favor del gobierno colaboracionista. Con tres cuartos del país es suficiente según Rumsfeld. Es llamativo que el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, que cada vez mide menos las palabras, y afirma que el mundo con la invasión de Irak se hizo menos seguro, está haciendo preparar los padrones electorales a decenas de miles de quilómetros de Bagdad, nada menos que en México. Convencer a países amigos de mandar tropas para garantizar el proceso electoral empieza a ser un cáliz que tanto Rumsfeld -si siguiera en su cargo después del 2 de noviembre- como Annan quieren alejar de sí.

Fue clarísimo el primer ministro polaco, hasta ahora uno de los más fieles vasallos de la estrategia de invasión y gestor -no de los peores- de una importante zona de ocupación que otorgó a su país una buena subida en los eslabones de las potencias mundiales. Ahora Marek Belka, para salvar su poltrona, tiene que declarar que las tropas polacas no permanecerán en Oriente Medio una hora más de lo necesario. El importante contingente de 2.500 militares se empezaría a retirar, según dijo, al comenzar enero de 2005, haya o no elecciones. Belka no es Zapatero, pero sus militares gestionan una zona de ocupación crucial en el centro-sur del país, donde están bajo mando polaco un total de 8 mil hombres, incluidos rumanos y ucranianos. De ahí ya se fue un pequeño pero significativo contingente de 450 tailandeses. Los asiáticos se fueron silenciosamente, ya que el gobierno de Thaksin Shinawatra es uno de los más fieles aliados de Bush en la península de Indochina. ¡Pero se fueron! Y entonces Belka -estructuralmente débil en su país, y que ya tuvo 17 muertos en Irak- tiene que empezar a considerar distintos equilibrios, en un país que, desde un sustancial apoyo a la misión, ahora ha llegado a un 70 por ciento de la opinión pública a favor del retiro inmediato.

UN DESFILE MILITAR, PERO MARCHA ATRÁS. Tailandia, Filipinas, Honduras, República Dominicana: la coalición de los voluntariosos pierde integrantes. Más ruido hizo José Luis Rodríguez Zapatero, y el portazo en la cara fue justificado con la excepcional situación del cambio de mando entre el pp y psoe. Otros países optaron por quedarse simbólicamente y retirarse de hecho, reduciendo sus contingentes: kazakos, noruegos, los anglosajones de Nueva Zelanda, hicieron hacer las maletas a la mayoría de sus tropas. Singapur queda con 33 hombres apenas, suficientes para que quede la banderita pero sin ningún papel en el campo. Quien resiste es Australia, mientras Japón y Corea prometen -sin por ahora cumplir- el envío de nuevas tropas. Los que cumplieron en cambio son los mongoles: 180 soldaditos de Ulan Bator se encuentran desde este mes patrullando carreteras iraquíes.

Si los polacos y los demás parecen animados sólo o prioritariamente por las ganas de escaparse, el gobierno italiano hasta ahora se había alineado con la doctrina Bush, a pesar de la erosión del consenso, representada por un conflicto al cual la opinión pública es abrumadoramente contraria. Sin embargo las palabras de Rumsfeld facilitaron el cambio de rumbo que, de manera claramente vergonzosa, ha esperado las palabras del ministro de Defensa estadounidense para tomar partido. El ministro de Defensa italiano, Antonio Martino, habló enseguida de una genérica reducción de tropas italianas conectada a un fortalecimiento del gobierno de Allawi. Los italianos están empeñados en un masivo entrenamiento de tropas locales. Más allá del ministro de Defensa ha ido Franco Frattini, ministro de Exteriores. Éste ha presentado un "plan de transición democrática" en tres etapas. Aunque Italia no es Singapur, su lógica es clara: irse en puntas de pie, sin hacer mucho ruido. Frattini piensa llegar a las elecciones de enero, si es que las hay. Luego, completar el entrenamiento local y, "pacificado" el país, sustituir las tropas occidentales por tropas musulmanas. Es un plan, como se lee, de política ficción que podría ser así: nos vamos cuando haya un gobierno filooccidental, pero, si no lo logramos rápido, que se repartan Irak los países vecinos. El primer punto del plan está condicionado por las elecciones. El segundo por la derrota de la guerrilla, que está lejísimos de concretarse, y el tercero muestra el desconocimiento elemental de la geopolítica regional por parte del gobierno italiano y de la mayoría de los gobiernos occidentales. Empezando por Estados Unidos, que se metió "de cabeza" en el pantano iraquí. Desde la primera Guerra del Golfo la principal preocupación occidental ha sido la fragmentación de Irak y la división del país en zonas de influencia de países de la región con intereses geopolíticos directos. ¿Cómo poner de acuerdo a los vecinos en la formación de fuerzas de paz? ¿Aceptarían los chiitas fuerzas sunitas, ya que se supone un veto claro a la presencia de fuerzas iraníes? El solo hecho de que un ministro occidental se plantee un tal rompecabezas es una muestra de la desesperación con la cual, más allá de las declaraciones oficiales, se está buscando una salida.

Si Berlusconi busca tímidamente una salida sin disgustar al amigo George, hay un solo gobierno occidental que no tiene ninguna duda sobre quedarse en Irak por tiempo indefinido: el de Tony Blair.

TÁCTICA SIN ESTRATEGIA. Se mueven los ingleses. No para irse, sino para enredarse más. Lo hacen a pedido del mando de Estados Unidos. Se mueven de Basora a las cercanías de Bagdad, de su zona de ocupación a la de ellos. Es una medida debida a que cada vez más fuerzas son trasladadas al asedio medieval de Faluja, que resiste y cada día se parece más a Coventry, Guernica, Dresden. Faluja, que es más que "coventrizada", como se decía durante la Segunda Guerra Mundial de las ciudades a las cuales les tocaba la misma suerte de la ciudad inglesa martirizada por los bombarderos nazis. La Gran Bretaña de Tony Blair, que sigue presentando el terror de la guerra como una misión humanitaria, no vacila. El lunes el ministro de Defensa, Geoff Hoon, ha confirmado también el envío de 600 nuevos soldados a las zonas calentísimas de Iskandariya y Latifiya, 25 quilómetros al sur de la capital iraquí, dejadas al descubierto por el ejército de Estados Unidos. Los militares que serán expuestos a este riesgo altísimo son los escoceses del batallón Black Watch, reservistas. El detalle ha creado aun más polémicas. Hoy en día los británicos en Irak son 9.200. Ya que el gobierno de "izquierdas" de este país es firme en su política de potencia, hay que buscar dentro de las fuerzas armadas para encontrar dudas y preocupaciones. Según el diario The Guardian, detrás del respeto oficial de las órdenes hay grandes malhumores. El general Michael Walker, jefe del gabinete del ministerio, y el jefe del ejército, Mike Jackson, expresaron en privado fuertes preocupaciones tanto por el significativo debilitamiento de las fuerzas británicas en el sur de Irak, como por el hecho de que este ejército sea prácticamente el único que no tenga definida una estrategia de retiro de sus tropas desde Irak. Hoon ha sido fuertemente presionado en el parlamento. Como denuncia Charles Kennedy, líder del partido liberal-demócrata, el nuevo desplazamiento, lejos de ser ponderado militarmente, es sólo un gesto político más de Blair en respaldo a Bush para favorecerlo el próximo 2 de noviembre, el día de los muertos.


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