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HERRAMIENTAS

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Carta de Alejandro Olmos Gaona
La memoria siempre es parcial
[Bambú Press]
Por Alejandro Olmos Gaona
Publicado digitalmente: 15 de junio de 2006
Después del golpe de 1955, más allá de construcciones delirantes que hablan del famoso Comando Adelantado que lideraba Cooke y de un peronismo que actuaba con criterios de cierta organicidad, la realidad es que había una acefalía total en el movimiento. A Perón le enviaban informes desde Buenos Aires, que nada tenían que ver con la realidad. Omos padre organiza las Marchas del Silencio y el Comando Táctico lo desautoriza.
Buenos Aires, junio 13 de 2006

Estimado Bardini:

Siempre recibo los interesantes correos de Bambú, y he visto la polémica suscitada por la película Patriotas, habiendo visto unos fragmentos de la misma en el acto de homenaje a los fusilados que se hizo en el Salón Azul del Senado el jueves pasado. También acabo de recibir un correo de un Sr. Rulli, a quien no conozco, que al refutar ciertas visiones que muestra la película dice que es una afirmación arriesgada la acusación de que Perón había condenado el alzamiento en un primer momento y que luego de varios meses ante informes del general Tanco modificó su opinión.

El Sr. Rulli en su interesante nota hace constantes referencias a la memoria y cita una carta de Perón a Cooke, con términos que no son precisamente de apoyo al alzamiento, aunque con ese lenguaje ambiguo típico de Perón, el texto podría dar lugar a muchas interpretaciones.

Lamentablemente para los peronistas, Perón es infalible e intocable, y la memoria selectiva que utilizan, siempre está dispuesta a justificar cualquier cosa, olvidándose que como dice el gran historiador francés Pierre Nora, la memoria siempre es parcial y aunque es necesaria para el análisis histórico, no debe ser confundida con la historia que es otra cosa, y es la que sirve para reconstruir los hechos sine ira et studio como aconsejaba Tácito.

Más allá de esas construcciones delirantes, e insostenibles, que hablan del famoso Comando Adelantado que lideraba Cooke y de un peronismo que actuaba con criterios de cierta organicidad, la realidad es que había una acefalía total en el movimiento y cada uno se manejaba con sus análisis de situación. Las cárceles estaban llenas, y los que se había salvado de caer en ellas estaban prófugos o exiliados. En medio de ese caos organizativo, y aún teniendo referencias que Perón había condenado el alzamiento de Valle, al extremo de decir que eran unos traidores, mi padre -Alejandro Olmos- organizó en junio de 1957 la “Marcha del Silencio” en homenaje a los fusilados que comenzó en el Obelisco y terminaría en la Plaza San Martín. Ese acto determinó que entraran a la cárcel de Caseros más de mil detenidos, habiendo sido mi padre detenido por el Jefe de Coordinación federal, Coronel Schettini, quien le manifestó que atrás de la marcha, existía la génesis de un nuevo golpe, que por supuesto no era cierto.

Para la realización de la marcha, mi padre no contó con la colaboración de los delegados de Perón, ya que éste ciertamente había condenado el movimiento, y fue así que cuando viajó a Caracas a fines del 57, Perón le reprochó que hubiera organizado la Marcha del Silencio, diciendo que había sido un homenaje a la traición. Mi padre trató de explicarle que su visión era equivocada y partía precisamente de informes que le mandaban sus hombres de Buenos Aires, que nada tenían que ver con la realidad.

En junio de 1958, mi padre vuelve a organizar la segunda marcha, y el Comando Táctico Peronista lo desautoriza, diciendo que era una maniobra de provocación, ya que Perón había acordado con Frondizi. Es por eso que para impedir la marcha el Comando Táctico designa una comisión integrada por Jorge Cooke, hermano de John William, el Capitán de Navío Jornet y un Sr. Olmedo, invitándolo a mi padre al Jousten Hotel para convencerlo de no realizar la marcha, proponiéndole una solución transaccional: oficiar una misa a la tarde fuera de la Capital Federal. Mi padre les respondió que era un homenaje vergonzante y se retiró sin que se llegara a ningún acuerdo.

Fue así que al regresar a las oficinas del periódico se comunicó telefónicamente con Perón a Ciudad Trujillo, diciéndole que a pesar de la decisión del Comando Táctico, la marcha se iba a realizar. Perón le respondió que era necesario evitar choques y conflictos, respondiendo mi padre, que la decisión de hacer la marcha era irreversible. Se ve que Perón reflexionó y recordó los diálogos con mi padre ya que al día siguiente le mandó un cable desde Ciudad Trujillo, que se publicó en Palabra Argentina adhiriéndose a la Marcha, y el Comando Táctico quedó pagando.

Es decir que nada tuvo que ver Tanco como sostiene la película, y no es cierto lo que sostiene Rulli sobre la actitud de Perón.

Un abrazo

Alejandro Olmos Gaona


© (2006) Alejandro Olmos Gaona
Todos los derechos reservados.
Para reproducir citar la fuente.
Gentileza Bambú Press.
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