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Editorial del domingo 11 de junio de 2006
Boca no le encargaría a River que haga su propia historia
[Bambú Press]
Por Jorge Eduardo Rulli
Publicado digitalmente: 15 de junio de 2006

La película Patriotas, que se proyectó en el Salón Azul del Senado la noche del viernes pasado 9 de junio, como parte importante de la conmemoración de los cincuenta años del levantamiento del General Valle, así como pocas horas después se proyectó también, en el canal 7 del Estado, constituye según mi punto de vista, el más claro síntoma de una crisis de identidad instalada en la dirigencia política, así como en muchos sectores intelectuales; expresa un extravío de todo sentido de lo que puede ser una política cultural por parte de la gestión de Gobierno y es a la vez, un empecinado intento por confundir y trabucar trayectorias y verdades e impedir la recuperación de un pensamiento nacional.

Que Anguita en el Canal 7 y María Seoane en el 13, habiendo sido ambos notorios militantes del PRT/ERP en los años 70, sean ahora los responsables de recuperar la historia peronista de los fusilados del 56, no es un hecho casual ni puede dejarse pasar como un dato menor. Boca no le encargaría a River que haga su propia historia, sino hubiera de por medio un quiebre de la propia identidad, un plan siniestro o un extravío absoluto de sentidos. Que aparezcan hombres como Felipe Pigna y Rosendo Fraga en el film de Anguita, como referentes de aquellos hechos, junto a otros personajes del menemismo o de la llamada tendencia revolucionaria, y que el film de los fusilados del 56 pase casi inadvertidamente de la vida de los mártires de junio a la de Rodolfo Walsh, quien como escritor y sin ser peronista, en aquellos años, rescató tempranamente uno de los hechos más crueles de esos crímenes, tal como fueron las muertes en los basurales de José León Suarez, tampoco son hechos casuales sino la clara voluntad de un plan preconcebido y la expresión de una ideología dominante que intenta organizar la información según los intereses mezquinos del Poder de turno.

Mucho más importante fue como biografía de aquellos hechos trágicos, el trabajo realizado por un hombre del 45, un hombre de enorme relevancia en el movimiento popular, y me refiero al escritor y periodista Salvador Ferla, cuyo libro “Mártires y verdugos”, logró, en aquellos tiempos difíciles, una mirada abarcadora del intento revolucionario y de la represión que lo sucediera y sin embargo, el film se permite ignorar tanto esa obra como la existencia misma del escritor.

Pero hay mucho más todavía. La película de Anguita tiene graves errores históricos, verdaderas tergiversaciones que no pueden ser casuales de manera alguna. Se sindica como integrantes de la Junta Consultiva, grupo de políticos que sirvieron a la Revolución Libertadora en el 55 como maquillaje y para presunta legitimación de sus actos, y que avalaron con su presencia, con sus discursos o con sus silencios los asesinatos de junio, a dos dirigentes del radicalismo que tuvieron en algún momento de su vida, importantes entendimientos con Perón: me refiero al Dr. Arturo Frondizi y a Ricardo Balbín. Con el primero Perón firmó el acuerdo para respaldarlo en las elecciones del 58 y con el otro se recordará siempre el abrazo histórico de ambos en el año 73 y el discurso de Balbín frente a su féretro, donde apela como pocas veces en nuestra historia de enfrentamientos a la unidad del pueblo y a la recuperación de la nacionalidad, expresando: "Este viejo adversario, despide al amigo". Ninguno de ellos, ni Balbín ni Frondizi integraron aquella Junta, esto es un hecho histórico. Todo lo contrario, en la película se rescata a Oscar Alende como alguien que habría rechazado los fusilamientos cuando ello no es cierto, ya que no sólo integraba la Junta sino que guardó silencio frente a la sangre derramada. Ocurre que en esta transversalidad que se configura como extraño neoperonismo de rasgos liberales y a la vez de izquierda presunta, muchos políticos provienen de aquella vertiente y parece que era importante y oportuno rescatarla... aún al precio terrible de falsificar la historia.

Asimismo, enfatiza la película el hecho de que la Dictadura acusara de comunistas a los conspiradores de junio del 56, mientras ignora el rol cumplido en esos mismos días por el partido comunista. No nos consta en absoluto que se haya acusado a Valle o a sus compañeros de comunistas, pero si recordamos que en esos mismos días aciagos de junio, cuando la represión militar conducía a los paredones y a la muerte, la milicia del partido comunista que integraba los Comandos Civiles en apoyo de la Revolución Fusiladota, ocuparon los aeropuertos civiles de la provincia de Buenos Aires para evitar la fuga de alguno de los insurrectos... Suponemos que también estos hechos hoy resulte inconveniente recordarlos, dados los antecedentes partidarios de muchos de los funcionarios que años después descubrieron los derechos humanos, las mieles del poder y de la participación en el gobierno de la República.

Pero hay además y como si todo lo anterior fuese poco, una afirmación arriesgada y que por primera vez se lanza desaprensivamente a la opinión pública, me refiero a la acusación de que Perón habría “condenado duramente el alzamiento” en un primer momento, y que posteriormente, transcurridos seis meses y contando con información más fidedigna de parte del General Tanco, recién lo habría reconocido a Valle como a un héroe de la Resistencia. No es solo un hecho sacado de contexto y en el marco de una historia que se permite desconocer en profundidad la época de la que trata y a la que aplican estereotipos de oportunismo para justificar la propia ignorancia, yo creo que más que una malversación de la información periodística, es parte de una maniobra generalizada de desperonización, que proviene de aquellos años y que ahora continúa por izquierda y una vez más y como siempre desde el Poder.

Vayamos ahora a las pruebas y a los testimonios de la memoria. La película reconoce que Valle no tenía por razones operativas relaciones con Perón. Toda posible conducción del Peronismo implicaba a Perón en el exilio o sea en ese momento en Panamá. Mientras tanto, en el interior del país, surgía gradualmente algún tipo de dirigencia informal o liderazgo que el Pueblo comenzaba a reconocer como parte de una reorganización generalizada, que se identificaba con la Resistencia peronista. En este plano de reconocimientos, estaba sin dudas: John William Cooke que aún no había sido nombrado delegado del Movimiento, y que no se hallaba preso en Ushuaia como dice la película sino en la Escuela de Mecánica del Ejercito, y seguramente estaban también varios otros cuadros importantes, tales como César Marcos, Raúl Lagomarsino, Enrique Oliva, Manuel Damiano, Héctor Saavedra, José María Rosa, Fernando Torres y muchos otros más, detenidos todos desde varias semanas antes en el Departamento de Policía y luego, durante el alzamiento, reunidos de apuro en la Escuela de Mecánica junto al Bebé, con la intención de fusilarlos en masa, y allí se ve la maniobra de alentar el golpe por parte del gobierno, maniobra que el propio Valle le imputa a su asesino en la carta postrera, si bien el intento de fusilarlos no pasó de simulacros con balas de salva, que los prisioneros sobrellevaron con un valor y con una dignidad que asombrara a sus carceleros y verdugos y que conduce como reconocimiento poco más tarde, a Perón a formalizar un nivel de conducción en el territorio.

Ninguno de esos cuadros prisioneros del peronismo en el país aprobaba en verdad el golpe militar, conspiración que por otra parte nunca intentó erigirse abiertamente como peronista, todo lo contrario, siempre estuvo claro que fue un intento puramente militar, aunque con participación pasiva de civiles entusiastas por dar la pelea cuanto antes. Intento militar surgido fundamentalmente del pundonor y de la vergüenza que como militares sentían muchos de ellos ante las felonías de sus camaradas y los abusos de la Marina, y que no se proponía el retorno explícito de Perón sino el fin del Estado de terror imperante, el lograr detener el plan de coloniaje que se implementaba y el poner en marcha una salida electoral sin restricciones. El film de Anguita apela a la desmemoria de un patético y anciano Framini, recogido sin duda por su tardía adscripción al peronismo auténtico y lo hace referirse a una supuesta conducción cívico militar del alzamiento que todos los hechos y las pruebas existentes desmienten categóricamente. En la carta que Perón le escribe a Cooke el día 12 de junio la referencia al golpe es explícita pero debe leerse como un diálogo interno con los compañeros que se preparan para asumir una conducción táctica en el país y como la visión de un estratega que tiene sus ojos puestos en un horizonte mucho más vasto que el que le fijan sus enemigos. Escribe Perón en una carta absolutamente personal a J.W.Cooke: “El fracaso de la asonada del 10 de junio ha sido la consecuencia del criterio militar del cuartelazo. Los dirigentes de ese movimiento han procedido hasta con ingenuidad. Lástima grande es que hayan comprometido inútilmente la vida de muchos de nuestros hombres, en una acción que, de antemano podía predecirse como un fracaso.”Y más adelante añade: “...lo he repetido miles de veces a todos los apresurados que confiaban más en un golpe de la fortuna que en la preparación sistemática y racional de un trabajo adecuado. Desgraciadamente, el golpe fallado del 10 de junio, me ha dado la razón pero, el precio ha sido demasiado grande. Hubiera preferido equivocarme. Sin embargo, esto ha de servirnos para no insistir en un camino inconveniente. Nuestra finalidad ha de ser la Revolución Social, con todas sus características y con todas sus consecuencias.” Hasta aquí Perón en carta a Cooke que figura en el primer tomo de la correspondencia entre ambos y que por vez primera pone sobre el tapete un debate que durante años marcará la vida del movimiento popular, me refiero a los caminos revolucionarios que tomará la lucha y sus opciones. A continuación algunas hebras de pensamiento reflexivo absolutamente personal.

No alcanzo a imaginar claramente cuál sería el intento de Anguita, de Seoane y de muchos otros libres del sur que participan en algún tipo de concertación ideológica para configurar un pensamiento nuevo y advenedizo, pero presiento que se estarían intentando sentar las bases de un movimiento popular diferente a lo que hemos conocido. Que ese movimiento necesita con urgencia anclajes históricos y que lo que intenta es ir revisando y reinterpretanto el pasado inmediato desde el Poder que ejerce, aplicando las mismas categorías ideológicas sobre las que sustenta su transversalidad actual de sectores medios provenientes de la izquierda y del liberalismo partidocrático. Un caso emblemático de este discurso nuevo que explora y a la vez trata de conquistar el pasado para ponerlo al servicio de sus nuevas políticas, es el tratar de instalar en la opinión pública y sin mayores reflexiones, un aserto arriesgado, que el terrorismo de Estado habría comenzado en 1956 con los fusilamientos de Valle y sus compañeros, a la vez que enfatizar la carta póstuma de Valle para legitimar indirectamente la muerte de Aramburu... Hasta las desobediencias militares aisladas que se alientan con provocaciones y con políticas de cambios demorados sobre la estructura militar actual sirven la finalidad de mantener un clima de confrontación que refiere implícitamente a los setenta, y tengo la impresión que en el centro axial de este andamiaje propagandístico que incluye el énfasis en la figura de Evita como contrapartida de la invisibilización de Perón y que abarca desde los discursos de Tumini a los cursillos filosóficos de Feimann, estaría la herida en el ego y el destierro a que condujo la expulsión de la plaza el primero de mayo del año 74... Me vienen ganas de gritarles: ¡Señores: nunca hubo un movimiento Evita, al menos un movimiento de Evita sin Perón, y aunque no puedan aceptarlo y les incomode hasta el imaginarlo, deberían saber que si Evita viviera, no habría sido sino la leal y amorosa esposa del General y jamás la cómplice de hombrecitos minúsculos y sectarios, expertos en desandar los caminos de la Revolución Nacional¡

Nada de todo lo anterior sería objeto de mayores sospechas y preocupaciones, ni iría más allá de los revisionismos históricos a los que estamos acostumbrados, sino estuviéramos ante la amenaza terrible de una confirmación de los modelos profundos que hacen a la nueva colonización. Me refiero a que se agrandan actualmente las distancias entre los discursos, que son claramente posneoliberales cuando no directamente setentistas, mientras las agendas políticas resultan incapaces o acaso timoratas de modificar los cambios profundos operados durante los años noventa. Si fuéramos como país una excepcionalidad en la América Latina, no intentaríamos ver más allá de las actuales circunstancias, pero la cercanía de procesos similares tanto en el Uruguay, como en Chile y sobre todo en el Brasil, nos impresionan como que nuevas configuraciones políticas están exigiendo de nosotros un esfuerzo particular del pensamiento y del análisis. No nos preocupan las supuestas categorías sociales y los consensos ideológicos que se nos imponen como nuevas verdades generalizadas, a diario y desde posiciones de Poder, lo que nos preocupa es que esos consensos y discursos políticos ignoren los agronegocios, los modelos de rol y las insumo dependencias que afectan toda posible soberanía nacional. De hecho, el que los ignoren, significa en los hechos que los hacen suyos, que los respaldan. Y si hacen suyas las políticas de Estado heredadas de la época del neoliberalismo, ahora, justamente en el final de la era del petróleo y cuando se nos vende que los Biocombustibles son una enorme oportunidad para la Argentina, no podemos dejar de preocuparnos y de preocuparnos mucho...

Jorge Eduardo Rulli


© (2006) Jorge Eduardo Rulli
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