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HERRAMIENTAS

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Debate sobre estrategia
¿Movimientismo, Tendencia Revolucionaria o Alternativa Independiente?
[Movimiento Evita]
Por Marcelo Koenig
Publicado digitalmente: 22 de junio de 2006

Definir la estrategia de un movimiento no es una cuestión sencilla. Permanentemente se recurren a simplificaciones que tan sólo permiten aproximarnos al tema central. Por ejemplo, el domingo 2 de abril, en el diario Pagina 12 en una nota acerca del Congreso Nacional de la CTA, su Secretario General Victor De Genaro comentaba, entre otras cuestiones, que la estrategia política de esa central está inspirada en la Alternativa Independiente. Esta idea se basa en la posición política que fue levantada en la década del setenta por el PB y las FAP. Saber que ésta no es la política del Movimiento Evita no alcanza para definir verdaderamente y por la positiva cual es nuestra estrategia, pero sin duda puede ser un punto de partida para abordar la discusión. Una discusión que aun está abierta y que de algún modo, explicito o no, cruza muchos de los debates que se dan en el seno del movimiento.

En un libro reciente, acaso el más riguroso estudio histórico sobre el origen de los Montoneros, Lucas Lanusse (sobrino nieto de aquel general liberal que osó decir que al General Perón no le daba el cuero para volver a la Argentina), clasifica y describe las siguientes categorías para dar cuenta de las distintas estrategias que se discutían en el peronismo revolucionario de los sesenta y setenta:
"Con el tiempo se fueron perfilando dos posturas que serían conocidas como "movimientismo" por un lado y "alternativa independiente" por el otro. Equidistante de ambas se ubicaba la idea de conformar una "tendencia revolucionaria" dentro del Movimiento (...)
Los movimientistas creían en un peronismo revolucionario en su conjunto, y en un Perón también revolucionario. Por lo tanto, relegaban a un segundo plano las diferencias dentro del Movimiento. No desconocían la existencia de "traidores", pero creían que la propia dinámica de la lucha los obligaría a sumarse a la misma o a quedar a un lado (...)
Los tendencistas, por su parte sostenían que dentro del Movimiento Peronista existían diferencias irreconciliables en cuanto a los objetivos estratégicos, pero le reconocían al mismo potencialidad revolucionaria y llamaban a dar el combate en su interior (...) En esta visión, "los burócratas" era enemigos, pero se toleraba la convivencia "táctica" con ellos (...)
Los alternativistas, finalmente, mantenían la identidad peronista, pero descartaban cualquier tipo de convivencia con los "burócratas" (...) En la práctica -y aunque nunca se manifestase abiertamente- esta postura implicaba la idea de un Perón "burgués" (...) El alternativismo era, en definitiva, una postura clasista: proponía que la clase obrera desarrollara una herramienta política propia, independiente de "burócratas y traidores"; una herramienta que no terminara resultando funcional a reformistas con aires electoralistas o golpistas"

(Montoneros, el mito de sus 12 fundadores, Editorial Vergara, 2005).

No traemos a la memoria estas clasificaciones para hacer un ejercicio de conocimiento de nuestra historia, ni tampoco porque creamos que la historia se repita, ni siquiera como farsa. No pretendemos hacer revisionismo histórico, ni dirimir 30 y pico de años más tarde cual debió ser la postura correcta para determinada época. Por el contrario, recordamos estas posiciones del peronismo revolucionario respecto de Perón y el movimiento Peronista en su conjunto, porque creemos que esquematizadas en ellas se hallan tres estrategias distintas que vale la pena considerar para aproximarnos a la definición de una estrategia propia para nuestro tiempo.

¿Cómo podríamos resumir hoy estas tres estrategias? Por un lado están aquellos que todavía desconfían de las intenciones de Kirchner. No se animan a ser crudamente la oposición, como sí lo hace la izquierda dogmática que obtusamente acusa a nuestro Presidente de continuismo (y algunos este 24 de marzo llegaron al delirio de compararlo con la dictadura). La posición que se entronca con la alternativa independiente se sitúa por fuera del escenario político y se miente a sí misma equidistante entre los errores y aciertos del kirchnerismo, intentando conciliar aquellos que adhieren al proyecto nacional de Kirchner y aquellos que lo combaten. Como si fuera posible definir el campo popular en términos abstractos, más allá de las posiciones políticas concretas. Esta claro, como decíamos, que ésta no puede ni debe ser nuestra posición.

Más complicado es dirimir entre las otras dos estrategias. La idea de la tendencia revolucionaria traída a estas épocas implicaría un apoyo al Presidente y un compromiso táctico con el kirchnerismo rivalizando con las posiciones burocráticas o bien con todos aquellos que de algún modo fueron parte (sobre todo desde dentro del PJ) de la década de los noventa del proceso de destrucción nacional y exclusión social. Estas consideraciones llevan a una lógica de acumulación propia de nuestro movimiento, en el que el apoyo del presidente no implica vínculo querido pero sí necesario con otros sectores que lo apoyan. El movimiento de este modo se considera por fuera o bien antagonizando con otros kirchneristas, que a diferencia de nosotros, se opondrían al cambio político y social que propugnamos. A esta estrategia se hace referencia cuando se habla de un gobierno en disputa. La idea de la transversalidad, entendida como la unidad de los que no son pejotistas, tiene en sí gran parte de esta lógica. Incluso la idea de acumulación y articulación entre, o desde el espacio del llamado "piqueterismo kirchnerista" o los movimientos sociales kirchneristas también abreva en esas aguas. Según esta estrategia el proceso de crecimiento de nuestro movimiento debiera hacerse a expensas de otros sectores (más reaccionarios) del kirchnerismo y estaría destinado a trascender la propia construcción del kirchnerismo, resignando sus elementos reformistas dándole poder a sus elementos revolucionarios.

Distinta es la posición movimientista. A ella aludimos cuando hablamos de reconstrucción del movimiento nacional encarnado en la conducción de Kirchner y también cuando decimos que nuestro destino está intrínsecamente vinculado al destino de nuestro Presidente. El movimientismo coloca a la contradicción principal fuera del kirchnerismo y no busca los enemigos adentro. Está claro que no todos comparten los mismos objetivos dentro del kirchnerismo, ahora bien, cabe la pregunta ¿puede la dinámica propia de Kirchner sustentarse sobre los sectores que quieren que nada cambie? Sistemáticamente el propio Presidente da una respuesta a este interrogante quemando las naves y apuntando a más. Múltiples ejemplos se pueden dar de esto. Y aunque Kirchner avanza, siempre teniendo en cuenta el marco de correlación de fuerzas, más de un vez los sectores más "revolucionarios" del kirchnerismo nos vemos desbordados en nuestras expectativas inmediatas.

La estrategia movimientista implica asumir la conducción de Néstor Kirchner sin oportunismos ni medias tintas. Asumirla incluso cuando en el marco de su dispositivo no da un rol protagónico en ciertas circunstancias a nuestro movimiento. No se trata de ser sumisos, ni mucho menos relegar las banderas de Justicia Social y Liberación por las que siempre hemos luchado, por el contrario se trata de creer, con el corazón y con la cabeza, que Kirchner es quien va a encarar con decisión y firmeza las transformaciones necesarias. Es a partir de esto que nosotros debemos preguntarnos no como nos beneficia el kirchnerismo sino que podemos hacer nosotros para veneficiar este proyecto nacional y popular que conduce nuestro Presidente.

Marcelo Koenig


© (2006) Marcelo Koenig
Todos los derechos reservados.
Para reproducir citar la fuente.
El presente artículo fue publicado en la Revista Evita Nº 6.

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