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Misión Barrio Adentro
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Misión Robinson
Misión Robinson

Articulista de "Le Monde" se suma al tren anti-popular y anti-social
Ataque a las «misiones sociales» venezolanas para defender el negocio de la «ayuda internacional»
Traducción artículo de Le Monde y Comentario IRW
Por El Equipo
Publicado digitalmente: 13 de julio de 2006

Comentario IRW
Traducción de artículo de “Le Monde

Equipo de Investigaciones 'Rodolfo Walsh'Comentario IRW



Las usinas de difusión de descrédito contra Chávez y la República Bolivariana de Venezuela no descansan. Los artículos que producen, ante la falta de argumentos reales para sustentar sus intenciones ideológicas, llegan al límite de lo absurdo.

Proveer de atención médica a los pobres, alfabetizar a los excluídos, facilitar el acceso a los distintos niveles de educación para quienes no han logrado una formación, dar techo a los desabrigados, posibilitar el acceso a alimentos a precios solidarios para combatir el hambre, realizar una reforma agraria conforme ordena la constitución, no parecen medidas nada reprobables desde ningún punto de vista [1].

De última, es lo que de alguna manera pretenden hacer infinidad de planes de organismos internacionales (Banco Mundial, BID, etc) por distintos grupos de población en el mundo con fondos aportados por los paises miembros. Que lo haga el presidente de un país elegido democráticamente con recursos genuinos y propios debería ser elogiado.

Por otra parte, el conjunto de afirmaciones como “la pobreza aumenta”, “el desempleo crece”, “disminuye el número de empresas”, “las inversiones declinan” con una total ausencia de datos precisos hace sospechar de su veracidad, tanto cuanto de la argumentación de que frente a un crecimiento del 9%, la economía se muere...

Pareciera que el articulista defiende los intereses de todos aquellos que se enriquecen a expensas de la pobreza, deseando que la misma se perpetúe, con lo cual se garantizaría la continuidad de la llamada "industria de la ayuda al desarrollo", ejecutada a través de los organismos multilaterales de crédito, con sus altas tasas de interés, su entramado de burócratas y auditores con descomunales salarios, onerosos estudios, asesorías e investigaciones, inexplicables comisiones, y alto índice de corrupción, como señalara el propio presidente del Banco Mundial, el "halcón" Paul Wolfowitz [2].

El Equipo

Las nuevas «Misiones» de Venezuela


Le Monde, Sección: Reportaje
Por Michel Faure
Publicado: 11 de julio de 2006 14:25 | Última actualización: 11 de julio de 2006 14:25

Uno puede explicarle lo que quiera a Francisco Pérez, que la democracia se está desmoronando, que el país se militariza, que el sueño bolivariano es una quimera, que es la máscara de un nuevo imperialismo, que el sector privado se muere y que la deuda estalla, qué más da: Hugo Chávez es el Presidente que el pueblo tanto esperaba.

Todo lo que desea este cuadragenario, es que la revolución sea eterna, como por otra parte el jefe del propio Estado lo prometió en un discurso citado en un folleto oficial: “Venezuela cambió, y no cambió por un día o un año, sino para siempre. No hay camino de vuelta, no hay marcha atrás, salimos de las catacumbas."

Francisco Pérez no tiene una vida fácil. A los 45 años, es preparador químico durante el día y conductor de taxi por la noche. Este oficio es peligroso en Maracaibo, ya que lo podrían matar por algunos bolívares. Pero gracias a sus dos empleos, puede alimentar a su familia.

Esta mañana ha venido a ver a los “misioneros”, ya que como su vista está comenzando a disminuir, él va a necesitar anteojos. Está contento de que su bien amado Presidente, con la ayuda de su no menos venerado camarada Fidel Castro, haya instalado numerosos centros de salud hasta en el menor barrio de la ciudad. Es la obra de la “misión” titulada Barrio Adentro, que se podría traducir aproximadamente como “en el barrio”.

Es una red nacional de centros de diagnóstico y de primeros cuidados gratuitos que proporciona también gratuitamente los medicamentos. El Gobierno quiere instalar estos dispensarios a razón de “uno para alrededor de 250 familias, en todo el país”, explica Marilin Villalobos, una joven miembro del aparato de las “misiones” en Maracaibo.

Estamos en la parroquia (así se llaman los distritos de la ciudad) Luis Hurtado Higuera, un barrio popular. Los médicos del dispensario son cubanos - a excepción de una joven dentista venezolana. Uno de ellos explica que se afligen de no poder hablar, ya que tienen consignas, “nuestra presencia es a veces mal interpretada y suscita polémicas”. Les está prohibido pues responder a las preguntas de los periodistas y hasta ser fotografiados.

En otro centro, una doctora aclara que está aquí desde hace tres años y que su familia quedó en Cuba, como las de los otros médicos venidos de la “Gran Isla”. “Pero todo va bien, todo va bien”, añade ella guiñando el ojo. En su sonrisa, uno cree adivinar la señal discreta de que todo no va tan bien así. Quizá erróneamente.

A estos dispensarios de barrio acaba de añadirse una nueva misión, Barrio Adentro 2, que reúne laboratorios de análisis y diagnóstico avanzados. Disponen de materiales de ecografía y radiología, tienen servicios de urgencias, una flota de ambulancias, salas de operaciones y centros de alta tecnología médica.

En la única provincia de Zulia, cuya capital es Maracaibo y que cuenta con 2,4 millones de habitantes, ya se instalaron 63 centros de diagnóstico avanzados, 15 bloques quirúrgicos y 3 laboratorios de alto nivel

En menos de tres años, una nueva red de Salud Pública ha surgido de la nada: Chávez creó estas “misiones” en 2003, con objetivo, según él declaraba, “de profundizar la revolución bolivariana y consolidar la democracia social participativa (...) con el fin de resarcir al pueblo por la inmensa deuda social de décadas de capitalismo salvaje ".

Una farmacéutica de Maracaibo, cuyo dispensario no dista mucho de la plaza de la República, suspira: “Para nosotros, como para los médicos liberales, los dispensarios de Barrio Adentro son una competencia terrible."

Jamás, afirma Francisco Pérez, se le pide del dinero al paciente, o un justificante de su nivel de renta. Antes de la creación de los dispensarios, dijo, habría quedado con la vista disminuida, “conduciendo su taxi en una niebla”. Ir a un oftalmólogo, luego a una óptica, para hacerse hacer un par de anteojos habría sido impensable. Incluso en el hospital público, explica, “las cosas habrían sido difíciles, ya que hay mucha gente, pocos médicos y los anteojos no habrían sido gratuitos. Antes, nosotros los pobres, éramos la clase de los olvidados. Se podía morir, nadie se preocupaba. Con el Presidente Chávez, es diferente ".

Pobres y ricos pueden hacerse examinar gratuitamente en un dispensario de su barrio, hacer análisis, someterse a una intervención quirúrgica, luego salir con los medicamentos de los que tienen necesidad, sin gastar 1 bolívar. Hasta pueden ir a Cuba a hacerse operar de catarata u otra patología ocular, en el marco de otra “misión” llamada “Milagro”.

“Adelante hacia el nuevo socialismo !", declara Chávez. “Lo que es seguro, es que con estas misiones, los opositores no van más a ser muy numerosos”, remarca sonriendo Aljimiro Fleires, delante del centro de salud del municipio de Mara, en la salida norte de Maracaibo. “Por otra parte, no son los últimos a venir a hacerse tratar aquí."

Delante de la puerta, tres mujeres desamparadas. Vienen de la montaña que rodea la inmensa bahía. Tardaron un día para venir desde su pueblo. La abuela, su largo cabello blanco despeinado, se apoya contra una pared. Preocupada, su hija está callada. Su nieta explica los dolores de los que sufre la vieja mujer, cuenta el viaje para llegar, y la perspectiva de pasar la noche sin un techo. Sólo el niño de la joven mujer, un pequeño muchacho sonriente, parece encontrar la aventura divertida. “Fue un duro viaje para estas mujeres, observa Aljimiro, las misiones no están aún en todos los pueblos, pero al menos pudieron llegar aquí. Antes, esta vieja se habría muerto sin cuidados."

Nadie duda que fuera urgente reducir la pobreza tan visible. Incluso Javier Muñoz, diputado a la asamblea regional de la provincia de Zulia y opositor notorio a Chávez, reconoce que era necesario que alguien se ocupara por fin de la alfabetización y el acceso a la salud de los pobres, “esta clase de excluidos que ha sido como la falta tectónica que erosionó a nuestras instituciones”. Añade: “Estas misiones, bueno, es verdad que la gente está contenta."

Va más lejos aún cuando afirma que el sistema político había alcanzado tal nivel de descomposición que “si Chávez no hubiera llegado, habría sido necesario inventarlo”. Eso no impide, sugiere, “observe a su alrededor! A pesar de todos estos programas de asistencia, la pobreza aumenta, el desempleo también, el número de empresas está en baja, las inversiones declinan. El populismo autoritario y benévolo que es, sin duda, la mejor definición del “chavismo” es un fracaso total. La política social por sí sola no puede constituir una política de desarrollo."

Uno se imagina a Maracaibo próspero: de sus costas se bombea la mayor parte de los aproximadamente 3,2 millones de barriles de petróleo bruto producidos cada día por Venezuela. Es una ciudad inmensa y triste donde crece la miseria bajo un sol de plomo. Los vendedores ambulantes invaden el viejo centro, cerca del puerto. La bahía está llena de una alga verde y apestosa que hace desaparecer los pescados. Amplias avenidas cruzan el paisaje donde circulan taxis colectivos - viejos coches americanos de los años setenta. Grandes conjuntos de edificios decrépitos y algunas residencias más elegantes, custodiadas tanto como Fort Knox, puntúan un horizonte plano de calles bordeadas de casas pobres y de pequeñas plazas tristes como terrenos vacíos.

Algunos bloques de casas en torno a la plaza de la República dan la ilusión de una metrópolis. Fast-foods iluminados con neón, unas o dos terrazas invadidas por los mosquitos, un parque público bien mantenido y un restaurante cuyo bar está dotado de una pantalla de televisión gigante, pasando partidos de béisbol, resume lo que tiene de animado el centro de la ciudad. Para entrar en este restaurante, es necesario dejarse palpar por un gorila con smoking que comprueba que uno no está armado.

El diputado Muñoz tiene el aire desesperado delante su plato de camarones quizá pescados en las aguas irisadas de hidrocarburos de la bahía. ¿“Qué podemos hacer, en la oposición?, se pregunta. Estamos ante una dictadura constitucional. Chávez ha llegado al poder hace ocho años ahora, por la vía democrática, y desde entonces militarizó todas las instituciones. En cuanto a la pobreza, la estatizó, se la apropió con todas estas misiones. Por supuesto, la gente está contenta de ser asistida, pero es necesario salir de este clientelismo para desembocar en un verdadero y duradero progreso social. Nosotros, los opositores, debemos ser más creativos."

Por el momento, la creatividad de la oposición está paralizada. Uno de los posibles candidatos preparados para enfrentar a Chávez en la próxima elección presidencial este otoño, es el gobernador de Zulia, Manuel Rosales. Él no encontró nada mejor que copiar la política de las misiones del jefe del Estado. Así unidades móviles van de barrio en barrio para ofrecer cuidados médicos y dentales gratuitos a los habitantes, en el marco de un programa titulado “Barrio a Barrio”, una respuesta directa a “Barrio Adentro”.

El problema para Rosales, es que no dispone de los mismos recursos que Chávez, que dedica un 28% del PIB para la financiación de sus programas de asistencia social, aprovechando la renta petrolífera, combustible de un crecimiento económico del 9% este año.

Chávez hizo de estas misiones un sistema de Gobierno. Sustituyen - y obstruyen - los servicios existentes, públicos o privados, permiten un tejido social estrecho, con “coordinadores” de barrios que son el embrión de la estructura de ayuda, pero también de vigilancia local. Cada ciudadano se convierte en un asistido, debidamente definido, agradecido y dependiente. El Estado “bolivariano”, a través de sus misiones, extiende su control político al amparo de un voluntariado bienvenido. Se substituye a las instituciones existentes, y eso en todos los ámbitos afectando la vida cotidiana de la gente.

“Barrio Adentro” no es la única “misión bolivariana”, ni la salud el único ámbito de intervención del Gobierno. La alfabetización, con la “misión Robinson 1” lanzada en junio de 2003, permitió aprender a leer a 1,3 millón de Venezolanos adultos en un año, gracias a la participación de 100.000 profesores voluntarios bajo la dirección de 70 especialistas cubanos.

La “misión Robinson 2” se propone continuar con la educación gratuita de las poblaciones alfabetizadas permitiéndoles alcanzar el nivel del final del ciclo de la escuela primaria en dos años. La “misión Ribas”, lanzada en noviembre de 2003, ofrece a cualquiera que no concluyó sus estudios secundarios, reanudarlos para terminarlos en dos años. La “misión Sucre” viene a coronar el dispositivo abriendo la educación superior a las personas que no hayan tenido acceso. Ofrece cursos a distancia elaborados por “la Universidad bolivariana de Venezuela”.

Señalemos también la “misión Hábitat”, que se propone ofrecer un techo a todo ciudadano necesitado, y la “misión Zamora”, para la reforma agraria que sacraliza la Constitución. Ésta reconoce el derecho a la tierra para los campesinos pobres, declara “contrarios al interés social " a las grandes propiedades agrícolas e impone al Estado el deber de una “reforma íntegra”. Los misioneros de Zamora organizan no solamente la redistribución de las tierras sino también dan a los agricultores semillas, máquinas y les enseñan los conocimientos técnicos que a menudo les faltan.

No olvidan por fin la “misión Mercal”, que abrió en todo el país más de 2.000 puntos de venta. Su objetivo es el “de combatir el hambre a través de la comercialización y la venta directa de alimentos básicos a precios solidarios". El “Mercal” está abierto a todos, sin condición de recursos.

Tal sistema es a la vez socialmente eficaz y económicamente perverso, y es curioso ver uno de los principales opositores a Chávez intentar reproducirlo a más pequeña escala, predicando al mismo tiempo ideas liberales. Muñoz admite que todo eso equivale a una catástrofe anunciada. Especialmente está entristecido por los títulos con descuento que ofrecerá “la universidad bolivariana” que pretende dar, en solamente tres años, una formación universitaria completa a sus estudiantes. “No vamos a formar a verdaderos profesionales, capaces de espíritu crítico, listos para enfrentar la competencia internacional, sino pequeños soldados de la revolución bolivariana. Y sin embargo, es en las universidades que se construye nuestro futuro."

¿Qué hacer? ¿Esperar la caída del precio del petróleo, y con él la caída del régimen de Chávez? “No sé, responde Muñoz. Esperar, es prolongar la agonía, pero quizá debamos ejercitar la paciencia." Vacía su vaso de cerveza y degusta su último camarón. “De pequeño, cuando estaba enfermo, mi madre me decía que era necesario sudar la fiebre, ésa era su expresión. Quizá sea eso lo que debemos hacer con Chávez: sudar toda esta fiebre, y finalmente curarnos."



Traducción: Erika Alonso
Versión original del artículo (en francés):

PDF - 27.3 KB
Le Monde
Les nouvelles missions du Venezuela
Por Michel Faure.

http://www.lemonde.fr/web/article/0,1-0@2-3230,36-794323,0.html

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