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HERRAMIENTAS

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Conflicto en la Editorial Perfil
Opiniones sobre el conflicto de Editorial Perfil
Comunicado de la CGI, opinión de Jorge Lanata y respuesta
Por ANCLA
Se trata de un Comunicado de la Interna de Perfil, de la posición contraria de Jorge Lanata y de una réplica de un periodista de ese diario.
 

Comunicado de la Comisión Gremial Interna de Perfil

La disyuntiva no puede ser obsecuencia o miseria

Para sorpresa de muchos, en la edición de ayer del diario PERFIL aparecen más de cinco páginas dedicadas al conflicto existente entre los trabajadores de la editorial y diario Perfil y la empresa propietaria del multimedios. Entre los diversos textos publicados se destaca el artículo de Jorge Fontevecchia, fundador del diario y CEO de la empresa, que bajo el título de "El problema político y sindical en el diario Perfil", fija posición sobre nuestros reclamos y la postura de la empresa.

Contrasta esta actitud con el vergonzoso, injurioso y descalificativo dislate de Jorge Lanata, quien, se degrada a si mismo con una diatriba bochornosa. Cuan lejos está éste Lanata de aquél que un 27 de junio de 2002 nos invitara a su programa televisivo en apoyo a nuestra huelga de 23 días de duración en defensa del Estatuto del Periodista Profesional, debido a la decisión de Editorial Perfil de pedir su anulación al juez que tramitaba el Concurso de Acreedores de la empresa. Nos causa dolor tanta degradación.

La verdad, aunque duela

Ante nuestro primer planteo salarial/laboral (que data de por lo menos tres meses atrás), la empresa respondió con una negativa. Su actitud motivó a la Comisión Interna a emitir el duro comunicado al que hace referencia Jorge Fontevecchia. Entonces, reunimos fuerzas y el 7 de junio, Día del Periodista, realizamos la Asamblea General más importante de los últimos años en Perfil.

Por primera vez, a 10 meses de la reapertura del diario, los periodistas de todo el grupo nos conocimos y discutimos una salida a los bajos salarios y al incremento de nuestro trabajo. Muchas voces se alzaron contra la terrible desvalorización de nuestras expectativas sociales.

Ese día también marcamos una contradicción flagrante de Jorge Fontevecchia. Víctima él del terrorismo de Estado de la dictadura militar, el CEO de la empresa victimizaba a sus trabajadores al apropiarse de un derecho que había sido pisoteado por la barbarie de ese régimen nefasto. En Perfil, el Día del Periodista no es reconocido como tal.

Ante todo, claridad en los números

A partir de esa gran asamblea nada fue igual en la empresa. La dirección de la Editorial tomó nota del estado deliberativo en que se encontraba el personal y buscó, sobre la base de un aumento del 5%, ($40 para los sueldos más bajos) zanjar la cuestión. Nuevas asambleas solicitaron a Perfil que mejorara su propuesta.

En este momento, la resolución del conflicto se encuentra trabada por la negativa empresaria a satisfacer nuestras demandas. Reafirmando nuestra voluntad negociadora, y en el ánimo de la preservación de cada uno de los puestos de trabajo del personal, accedimos a en esta instancia, solicitar un aumento mensual en efectivo de $200 remunerativos para todo el personal, más $ 44 de tickets, con el objetivo de que el salario de quienes menos ganan llegase a los $1.000. Y proponíamos, proponemos, además, una discusión seria y responsable sobre los catorce puntos de nuestra demanda. Nos parece inconducente en este punto, decir que los salarios de $800 fueron para quienes el diario era su primer empleo. Luego de meses del diario en la calle, no aceptamos pasantías que financien proyectos empresarios. Nuestras demandas no son un supuesto capricho juvenil. Realizamos un trabajo cotidiano como cualquier trabajador de un medio, bajo condiciones políticas complejas y debe ser remunerado como tal.

La empresa, entonces, dio a conocer otra fórmula para resolver la crisis. La nueva oferta fue anunciada mediante correo interno el viernes 7 de julio por la tarde y es diferente a la que formula Jorge Fontevecchia en su artículo, treinta y seis horas más tarde. Mientras en la primera propuesta Perfil anuncia un aumento de los tickets de comida para todos aquellos que los que los reciben, en el enunciado del domingo, Jorge Fontevecchia lo circunscribe para aquellos cuyos sueldos sean menores a los $2.000. Además, en el comunicado interno del día viernes, la cifra de aumento mínimo ofrecido por la empresa es de $100 para los salarios menores de $1.300.

El nuevo planteo realizado desde las páginas del diario vuelve atrás parcialmente con el ofrecimiento efectuado el viernes, que se encontraba lejos aun de nuestro planteo. También se omite que su inclusión en el recibo de haberes sería como suma no remunerativa.

Destacamos el giro positivo del artículo de Jorge Fontevecchia en cuanto al análisis de la pauta salarial existente en el diario Perfil. Es evidente el cambio de actitud de la empresa en los últimos meses. Según consta en el expediente Nro. 1133895/05 abierto en el Ministerio de Trabajo, la empresa se negó a dar a conocer los salarios de su personal ante un requerimiento de la Comisión Interna efectuado en la sede de la cartera laboral. Noventa días más tarde vemos con agrado el poder discutir sobre cifras concretas y precisas. Y en honor a la precisión, y en defensa de lo que hemos afirmado, reiteramos que en Perfil son muchos los periodistas que cobran $800 en mano. Y que más de 130 trabajadores, sobre aproximadamente 500, reciben salarios inferiores a $1.300.

Pero lo más importante lo reconoce Jorge Fontevecchia en su artículo, al afirmar que, en el diario, el promedio salarial (incluyendo $220 ticket de almuerzo que se utilizan para alimentarse durante las horas de trabajo) de las 126 personas que integran el plantel de efectivos es de $1.800, esto es, un 80% de los $2.300 que el INDEC señala como valor de la canasta familiar. Y esto, sin contar a todos los colaboradores del diario que, en clara violación de la Ley, se ven obligados a presentar factura para poder trabajar. La suma de toda esta masa salarial daría un promedio por trabajador francamente inferior a lo manifestado por Jorge Fontevecchia.

Algo más, para no dar lugar a equívocos. Al contrario de una supuesta sobredimensión de personal, lo que existe en Perfil es un corset a nuestras aspiraciones. Los salarios en el diario nacieron devaluados, además, por la sencilla razón de que allí un redactor tiene una pauta de 40 horas semanales contra las 36 que desarrollan los de la editorial y que es el horario establecido por ley. Esta prolongación de la jornada laboral se ha formalizado violando todas las disposiciones legales existentes.

Una empresa en expansión

En el final de su nota, Jorge Fontevecchia se despide con un mensaje optimista, bajo la forma del anuncio del nacimiento de la puntocom de Perfil para mediados de septiembre. A la espera de que, por el bien de todos, dicho sitio no esté basado en la hipótesis de la "pauta oficial", queremos resaltar el importante crecimiento empresario que en los últimos años viene desarrollando el grupo Perfil, tanto a escala nacional, como internacional.

Sin embargo, y, aunque bajo ciertos límites, como consecuencia de esta relativamente nueva dinámica de sus negocios, la suerte de Perfil ha dejado de regirse por una u otra contingencia local.

La performance del grupo está atada hoy, más que nunca, a los vaivenes de la economía mundial. Un derrumbe financiero en Brasil, con la consiguiente caída en los negocios del grupo en ese país, podría por ejemplo, repercutir gravemente en las perspectivas de Perfil Argentina (a pesar de cualquier pauta oficial), debido al peso preponderante que tiene en las finanzas generales del grupo el negocio en Brasil. Además, muchos recordarán que Jorge Fontevecchia informó que el déficit que generaría el relanzamiento del diario sería financiado durante algunos años con el aporte de nuestra "prima" brasileña, gracias a la suculenta facturación lograda por ésta desde su nacimiento.

Una verdad irrefutable

Los trabajadores declaramos en su momento nuestra disposición por ejercer un periodismo puro, pero no con salarios de $800. Esta posición fue rechazada en primera instancia por la empresa al anunciar el martes por la noche que si las notas iban sin firmas, el diario no saldría el domingo.

A pesar del temor y del recuerdo del cierre del primer diario Perfil decidimos mantener la medida de no firmar en reclamo de una recomposición salarial y una mejora de nuestras condiciones de trabajo.

Jorge Fontevecchia señala que nos iría un poco mejor si el Gobierno modificara su práctica de utilizar la publicidad estatal como una herramienta de premio o castigo.

No aceptamos que la alternativa a la borocotización, sea la miseria social. Nos aceptamos ser víctimas de las disputas de otros. Jorge Fontevecchia nos llama a negociar. Nos parece alentador este planteo, porque nosotros también queremos hacerlo. Esperamos que la empresa atienda nuestros reclamos.

Los trabajadores de Perfil tenemos derecho a una vida mejor. Esta es nuestra agenda y queremos que sea respetada:

  1. Salario mínimo inicial de $1.800. Aumento del 35% para quienes ganen por debajo de $2.500; del 25%, para sueldos inferiores a los $3.500. Para los sueldos mayores a ese monto, reclamamos un aumento del 10%. Todo retroactivo a mayo. Cláusula gatillo mensual de ajuste según inflación. Rediscusión de las escalas salariales ante todo hecho que modifique el presente reclamo. Igual salario por igual tarea.
  2. Aumento del valor de los tickets a $264 mensuales / $12 diarios. Universalización del beneficio para todos los trabajadores de Perfil, cualquiera sea el salario que perciban.
  3. Aumento del pago por Antigüedad al uno por ciento del salario por año trabajado.
  4. Asignación por guardería de $350 hasta los cuatro años.
  5. Modificación de la estructura de liquidación de haberes, incorporando al básico todos los items que distorcionan nuestro salario en el recibo de sueldo (Ej: prolongación horaria, mayor productividad, etc).
  6. Pago real de horas extras al 100% de acuerdo a nuestros estatutos.
  7. Devolución de las quitas salariales efectuadas durante la crisis del 2001/2002.
  8. Efectivización de todos los colaboradores y factureros permanentes y la inclusión de todos ellos en las recomposiciones salariales solicitadas.
  9. Resolución definitiva de los problemas ocacionados al sector Publicidad por la modificación unilateral de sus salarios.
  10. Remuneración diferenciada ante toda publicación extraordinaria o distintos subproductos especiales que edite Perfil. Dicho salario extra deberá ser acordado entre Perfil y los trabajadores afectados.
  11. Reconocimiento por parte de Perfil de la jornada de trabajo semanal de 36 horas tal como marca el Estatuto del Periodista Profesional y del Personal Administrativo de Empresas Periodísticas. Compensación de francos y feriados trabajados de acuerdo al art. 34 del Estatuto del Periodista Profesional.
  12. Cese inmediato de todo acto hostil por parte de la empresa y contra los trabajadores, que lesione la salud y la integridad moral y profesional del personal.
  13. Devolución del Día del Periodista. Pago del 7 de junio de 2006 como horas extras al cien por ciento y del franco correspondiente.
  14. Fin de la exclusividad, derecho de los trabajadores a disponer de su capacidad de trabajo.
Comisión Gremial Interna de los
Trabajadores de Prensa de
Editorial y Diario Perfil

10/07/06

Carta abierta:

La opinión de Jorge Lanata sobre el conflicto en Perfil

Querido Nelson Castro:

Tengo un problema. Soy, en esta redacción, el único que vio este asunto del lado de Fontevecchia. Quiero decir: sé qué significa sacar un diario contra viento y marea, con casi todo en contra y sólo con los lectores a favor. (Y si quisiera tenerme aún más lástima podría agregar que yo tenía 26 años, y ni un centavo, y ninguna editorial de revistas para apoyarme). Para colmo, durante toda la semana el Presidente y la señora CK se empeñaron en darnos clases de periodismo, de modo que no estamos en un gran día.

Cuando Oscar Wilde decía que el hombre destruye lo que ama, creo que se refería a los periodistas. Formo parte de un gremio donde el puterío por metro cuadrado es altísimo, somos vedettes culposas de las plumas y pensamos que el Universo entero está ahí detenido, esperando nuestra palabra. Somos (y sólo en eso K y CK tienen razón) corporativos y tan corruptos como los políticos, y nos encanta protegernos en lo políticamente correcto sin arriesgar nunca nada. También es cierto que las empresas que tratan de conquistar la selva del periodismo son muchas veces impresentables: lobbys con plata negra de la política, o aventureros que utilizan los medios para presionar al poder y conseguir negocios. No cuento ninguna novedad si digo que existen las notas vendidas, los reportajes arreglados, los suplementos especiales con sobre incorporado, y, desde las empresas, la explotación de los estudiantes como mano de obra casi esclava, la violación de los derechos de autor, etcétera, etcétera. Se le agrega al periodismo una frutilla sobre el helado: un convenio increíble, lúcido y maravilloso cuando sos periodista. Pero muy difícil de cumplir cuando intentás llevar adelante una empresa en la vida real. Calma, calma: no estoy proponiendo incumplir el convenio. Pero creo que sería útil que el público conociera algunos de nuestros privilegios (o nuestros derechos adquiridos, si se quiere).Un periodista se convierte en trabajador efectivo al día 28 de su labor. Si al día 29 nuestro colega llega de mal humor y mea el escritorio de su jefe debe cobrar, por ser despedido, el equivalente a 13 salarios más el proporcional de vacaciones y aguinaldo, claro. Más claro: si gana mil pesos y es echado al mes, cobrará unos 14.000. Esta previsión indemnizatoria tiene una lejana razón de ser, en la época en la que se abrían diarios con fines electorales y se cerraban a poco de perderse tal o cual elección. Esta era una manera de proteger la fuente de trabajo. Hoy, este régimen provoca lo siguiente: si alguien quiere sacar un medio debe tener, en previsión de sus eventuales pasivos contingentes, uno o dos millones de dólares para pagar indemnizaciones en el caso de que todo vaya mal, y tenerlos antes de empezar. Preguntarnos por qué, en este país devastado y flexibilizado, se mantuvo el Estatuto del Periodista es obvio: el poder de turno nos tiene miedo, prefiere no pelearse con el gremio. ¿Quiero que lo saquen? De ningún modo, soy periodista, me encanta. Me pregunto sobre su incidencia en la aparición de proyectos nuevos.

De todos modos, ningún empresario trucho se amilanó con la ley para despedir a cientos de trabajadores: lo hicieron igual, y estamos llenos de diarios y revistas cerrados que dejaron a mucha gente colgando del pincel. Debo agregar algo en descargo de PERFIL: cuando el primer diario cerró, negoció y pagó millones de dólares en indemnizaciones. Asistí, en estos treinta y dos años de trabajo, al cierre de varios diarios: siempre ganaron los empresarios y muchas veces las mismas comisiones internas se encargaron de darles una mano al extremar más y más sus posiciones. Si empezás un conflicto tomando rehenes, ¿qué te queda para negociar después? La mecánica de convocar asambleas en horarios de trabajo, por ejemplo, sigue siendo una manera de realizar paros virtuales. Eso sin hablar de la hipocresía de quienes lo llevan a cabo: me pasé la vida viendo a tipos que no son capaces de hablar en voz alta en Clarín, pero que en PERFIL o en Página arengaban a los gritos desde arriba de un escritorio emulando a Lenin en la famosa locomotora. En general, he advertido que somos más revolucionarios donde podemos revolucionar, que donde no podemos, y no me gustan los que les ponen el pecho a las balas cuando están seguros de que son de salva. Y ahí estábamos, en los primeros años de Página, tratando de sacar plata de abajo de las baldosas para pagar los sueldos, y con una pérdida mensual de unos ochenta mil dólares de entonces. Con casi nada de publicidad y peleando para sobrevivir. Nunca tuvimos tantas medidas de fuerza como entonces: el Partido Comunista, consciente de nuestras dificultades, decidió que era mucho mejor sacar otro diario para competir en lugar de ayudarnos, y sacó Sur, que duró un año y luego cerró. Papel Prensa negándose a vendernos papel más barato, cuando Clarín y La Nación lo compraban a la mitad del precio de mercado, subsidiados por el Gobierno. Nosotros, a la vez, discutiendo con la interna una cláusula automática de ajuste inflacionario, que finalmente aceptábamos, a costa de nuevas pérdidas. A pesar de eso, salía un diario. Creo que me hice católico en esos tiempos, frente a aquel milagro:

 Ah, traje nuevo -me dijo un día un delegado- y después nos dicen que no pueden aumentar los sueldos...

A ese grado podía llegar la estupidez en una discusión. Cosas tan distintas discutíamos. Y me olvidaba: agreguemos a Ambito Financiero, Menem, la SIDE, los distintos servicios, las revistas truchas, todos siempre bien dispuestos a informar sobre los conflictos de los “progres” que pagaban malos sueldos. Una vez, en medio de una maniobra extorsiva para “exteriorizar el conflicto”, me harté. ¿Por qué tenía que tener miedo de que la gente se enterara del problema? Contemos todo -dije- y es más: voy a publicar, uno por uno, la lista de salarios de todos. El conflicto se levantó. Los periodistas ganaban bastante más que los lectores, y pensaron que no lograrían su adhesión.
 Vamos a terminar hablando de Página/12 en los bares. Diciendo: “Te acordás...”.

Fue lo que sucedió. Al octavo año el diario cambió de dueños y yo di vuelta una página en mi carrera. No volví a trabajar en un diario sino hasta ahora. No recuerdo si en el primer o segundo año de Página (87 u 88) publicamos, por primera vez en la historia, una columna de la Comisión Interna explicando los motivos de un paro y convocando a él, y una mía, como director, donde decía que nuestra manera de protestar es informar, instándolos al trabajo. Pasó desde entonces mucha agua bajo el puente pero nunca mas vi, ni aquí ni en el exterior, un debate de este tenor abierto al público. Es saludable que todo esto suceda.

La aparición de este conflicto motivó la decisión empresarial de postergar la salida cotidiana de los sábados, como paso obligado hacia el proyecto de salida diaria. Espero que esa suspensión no sea permanente, y el proyecto reencuentre su cauce fuera de la puja sindical. Los trabajadores y la empresa tienen que encontrar la manera de volver a caminar juntos un camino de dos o tres años de crecimiento y billeteras ajustadas. ¿Cuánto va a perder Fontevecchia con esto? ¿Siete millones? Bueno, que pierda ocho... Esa respuesta es la más fácil, la mas cómoda, pero también la más idiota. Dejemos de tropezar, siempre, con la misma piedra.

Jorge Lanata
Capital Federal

Esta carta apareció en la edición del diario Perfil del 9 de julio de 2006

Respuesta a Jorge Lanata

Señor Jorge Lanata:

Espero que algún día pueda entrar a este blog y leer lo que a continuación voy a escribir. Yo soy periodista, trabajo en el Diario Perfil y me gustaría responderle a la “carta abierta” que escribió en la publicación del 9 de julio, dado que, al leerla, no sólo me quitó las ganas de almorzar en familia un domingo al mediodía, sino que, por sobre todas las cosas, me dio vergüenza ajena y me pareció indignante e insultante para los colegas que estamos reclamando por un salario justo y mejores condiciones de trabajo.

• En primer lugar, me gustaría argumentar en su contra que su texto fue altamente tendencioso (a favor de Fontevecchia, claro está). No sólo por la horrible ilustración que acompañó al texto (un revólver-pluma, por si alguien no tuvo la “suerte” de verlo), sino por sacar de la galera un tema que no está en discusión: el Estatuto del Periodista. Le aclaro, señor Lanata, que el Estatuto no es un privilegio -como usted lo definió-, sino un derecho.

• Pero, ya que tiene ganas de hablar del Estatuto del Periodista, podríamos animarnos a ir un poco más allá y trascender el único tema al cual Ud. se abocó: las indemnizaciones (que, le informo, sólo se dan cuando el despido es sin causa, o sea, si yo voy y hago pis arriba de mi jefe me echan y no me tienen que pagar nada). Le propongo, entonces, investigar si esa Ley (porque le repito, no se trata de un privilegio, sino de una Ley sancionada en 1946 por el Poder Ejecutivo Nacional) se cumple dentro de la Editorial o si -como yo creo- es pisoteada día a día. Un ejemplo: mientras la jornada laboral establecida por la ley es de 7 horas 20 minutos (36 horas semanales), en la Editorial trabajamos más de ocho (en mi caso, nueve: de 12 a 21). Por otro lado, en la Editorial existe una gran cantidad de colaboradores que trabajan permanentemente, cumplen horario y aún no han sido efectivizados (en el Estatuto se habla de 24 notas anuales y, le aseguro señor Lanata, que todos estos compañeros las superan ampliamente). Todo esto, sin agregar las horas extras y los francos que no se nos pagan.

• Siguiendo con su carta, señor Lanata, quiero informarle que el hecho de realizar Asambleas en horario de trabajo no necesariamente significa un “paro virtual”. Si se hubiese molestado en dar una vuelta por las redacciones de la Editorial, habría notado que TODOS los periodistas cumplimos con nuestra tarea: muchos compañeros salimos a la calle a hacer notas/entrevistas en el transcurso de la Asamblea y las horas que Ud. considera perdidas, nosotros las recuperábamos, aunque fuese una vez cumplido nuestro horario de salida, cumpliendo con las fechas y horarios de todos los cierres. Todas las notas fueron entregadas.

• No se equivoque, Lanata. Acá nadie está hablando de revolución. Sólo de un salario digno, un salario que se corresponda al esfuerzo y la inversión de nuestros años de estudio, al trabajo intelectual que nos exigen y a la responsabilidad que debemos afrontar al momento de escribir un texto que leen miles de personas. Deje la revolución para los libros de historia que tanto le gusta escribir.

• Ud. escribe que, siendo director de Página/12 y en medio de un conflicto gremial, propuso valientemente publicar el sueldo de los trabajadores y que ellos no quisieron porque, claro, después de todo, no eran tan bajos. Yo le informo que si Fontevecchia quiere publicar en el Diario mi salario, con mucho gusto le alcanzo mi recibo de sueldo. No creo que pueda generar envidia en ningún lector.

• Tampoco hay necesidad de endiosar a Jorge Fontevecchia por su gauchada de permitir publicar nuestro petitorio en SU diario, ni de permitir que el “debate”, se haga público. Mientras Ud. y Fontevecchia tuvieron cuatro páginas enteras, el petitorio de los trabajadores apenas fue una columnita.

• ¿Así que el Diario no saldrá los sábados porque los trabajadores pedimos 200 pesos de aumento como mínimo? ¿Está seguro Señor Lanata? ¿No será que no se vendió ni un ejemplar en aquellos agotadores sábados de experimento?

• Por último, Lanata, yo también deseo que todos encontremos “una manera de volver a caminar juntos un camino”. Porque amo mi trabajo. Porque amo el periodismo. Porque realmente deseo que a la Editorial Perfil le vaya bien, porque quiero que el Diario pueda consolidarse en el mercado y salir los sábados, lunes y martes también, si a Ud. le place. Pero...¿billeteras ajustadas? ¿Ud. le puede explicar eso a nuestros hijos? ¿Ud. le puede explicar eso al dueño del departamento que alquilo? ¿Ud. sabe cuánto sale un alquiler? Vamos a hacer cuentas: como mínimo, 500 pesos. Ahora, si la mitad de los redactores del diario (y otros más de la editorial) cobramos 800 pesos...¿me puede explicar cómo hago para comer y viajar en colectivo (sin mencionar la ropa, el teléfono, la luz y todos esos ¿privilegios?) con 300 pesos por mes?

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