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HERRAMIENTAS

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Helios Sarthou
El peligro del gatopardismo
Por Nelson Cesín
Publicado digitalmente: 28 de octubre de 2004
Para el dirigente de la Corriente de Izquierda (CI), al Frente Amplio se le planteará el dilema de "cambiar algo para que todo siga como está" o "cambiar en serio". "Hay que apostar a las bases, a la participación de la gente", dice.


 ¿Cuál es su evaluación sobre el contenido y la forma de la campaña que ha desplegado el EP-FA?
 Comenzó de forma muy fría, pero en estos últimos tiempos la gente se incorporó a discutir, a participar. Pero lo que me parece más destacable fue la caravana del sábado 23; ahí noté que la gente estaba contenta porque se abría una esperanza. No sabemos bien cómo va a funcionar esa esperanza, pero el solo hecho de que tantos se hayan volcado a las calles es muy importante como fenómeno colectivo. El tema es que de alguna manera esto es el cambio de un sistema, ¿no? Los dos partidos tradicionales siempre defendieron un sistema de intereses creados, de capitalismo rudimentario sometido al ámbito de los organismos de crédito. Esa política de rotación en el poder de blancos y colorados (que en realidad no era rotación porque era el mismo camino con distintos personajes) es lo que puede haber caído o caerá en esta elección.
 ¿Usted dice que el triunfo del EP-FA operaría como un cambio de sistema?
 No del sistema económico-social, sino del sistema de administración política. Un gobierno del Frente debe representar la hora en que el pueblo entre a gobernar, de que haya una posibilidad de cambio en profundidad. Lo que puede hacer y lo que no puede hacer tiene que ver primero con su proyecto de país. Hay algunos temas eje: hay que acabar con la corrupción en el plano ético; hay que abolir el secreto bancario; no podemos seguir con este régimen de seguridad social de las AFAP. Los organismos de crédito nos encajaron los temas clave: el Banco Mundial nos introdujo la reforma educativa con una concepción del hombre para el mercado; el bid nos impuso la privatización de la seguridad social a través de las AFAP; y el Fondo Monetario nos ha estrangulado por el lado de la deuda externa y la receta de las privatizaciones. Que nadie crea que el resultado que está obteniendo el Frente obedece a la lucidez de los dirigentes: obedece a que tiene toda una historia atrás en la que están las luchas que sirvieron para crear conciencia, las izquierdas doctrinarias que trabajaron para minar la interpretación oficial que daban colorados y blancos.

 ¿La izquierda tiene claro qué papel le dará a esa gente en un gobierno?
 Creo que no, y lo demuestran las últimas decisiones, adoptadas sobre la base de una forma cupular: los cabezas de lista con el presidente. Debe abrirse paso una participación amplia. Hay que tener en cuenta que el Frente va a enfrentar una oposición durísima de los partidos que perdieron, con el apoyo de medios de comunicación poderosos que les son afines, y si no contamos en la base con gente informada esa resistencia no se podrá enfrentar. La participación está impuesta hasta como mecanismo de defensa. Pero además es necesaria para no dejar el rumbo de un proyecto en manos de un aparato burocrático.

 Usted hablaba de cuatro ejes fundamentales de cambio...
 Sí, pero hay dos que sobresalen: el de la deuda externa y el de las privatizaciones.

 Correcto, pero ninguno de ellos está contenido en el programa de gobierno del EP-FA.
 Lo que pasa es que cuando se entra al ejercicio de un gobierno la dialéctica va alterando los programas, los va corrigiendo, porque se enfrentan a elementos negativos que hay que tratar de superar. Al Frente le va a ser muy difícil reunir los fondos para dar cumplimiento a muchos de sus objetivos si paga los 1.700 millones de dólares de deuda que se vencen en el corto plazo. En ese sentido no va a haber más remedio que plantearse argumentos que no se han manejado. Enrique Iglesias declaró que el FMI estaba estudiando que un país que tenía afectado su pbi en más de 40 por ciento no podía pagar la deuda y que estaban viendo cómo encarar ese problema, no por altruismo sino porque no pueden matar al cliente. Se utiliza el mecanismo del miedo cuando se habla de las consecuencias del no pago, pero se eluden esos datos de nueva generación.

 Al parecer también lo elude la dirigencia en pleno del EP-FA, que se ha comprometido a pagar la deuda utilizando el mecanismo de su refinanciación.
 Yo entiendo que otras soluciones podrían implicar aspectos que choquen contra determinados sectores sociales con los cuales se ha pensado que podría haber un diálogo, una concertación. El dilema que tendrá el Frente es ése: seguir con un régimen de gobierno parecido al de los partidos tradicionales, con una mayor honestidad en el manejo de la administración y una asistencialidad mayor para los desposeídos, pero que en el fondo es la continuidad del régimen del endeudamiento para ir encontrando soluciones parciales para calafatear el sistema, o cambiar. En el tema de la deuda, además, en el plano jurídico se ha avanzado mucho en el sentido de que no tiene por qué ser pagada; se invocan para ello los artículos 46 y 49 de la Convención de Viena, según la cual un contrato de origen fraudulento, en este caso porque fue suscrito por un gobierno usurpador como el de la dictadura, pierde legitimidad. Esto es lo que está sosteniendo la Sociedad Internacional de Juristas. Hagamos entonces una auditoría para determinar cuál parte de la deuda externa es legítima y cuál no.

 Sin embargo Danilo Astori, designado ministro de Economía de un gobierno de izquierda, dijo que "romper con el FMI y repudiar la deuda significa para Uruguay aislarse del mundo e ir a una suerte de africanización de la sociedad".
 Antes no lo decía. En 1984 decía que el FMI somete a las economías...

 Pero ahora sostiene que Uruguay y la composición de su deuda cambiaron...
 Dice que la deuda cambió, pero no que el FMI cambió. Nadie duda de que el Fondo persigue la compresión de salarios, quiere impedir la autonomía de las economías de los países y busca el sometimiento a sus orientaciones. Yo no planteo hacernos los campeones y proclamar yo no pago y se acabó; debemos decir que no podemos pagar por esto y aquello. Pero además hay normas que se han dictado: la ley 13.751 aprueba el pacto de los derechos económicos, sociales y culturales, cuyo artículo 1, numeral 2, establece que para cumplir sus obligaciones un país no puede afectar sus medios de subsistencia. Hoy estamos en esa situación: podemos demostrar cómo están nuestros hospitales, cuántos asentamientos tenemos y cómo se vive en ellos.

 ¿Usted sugiere que apelar a esos u otros mecanismos depende de un acto de voluntad política?
 Claramente, y de un gran respaldo popular. El presidente argentino Néstor Kirchner hizo en cien días cosas que se estaban pensando para hacer pero nadie se animaba a llevarlas a cabo, y subió al 85 por ciento de adhesión popular.

 Usted visualiza el riesgo, entonces, de que un gobierno del EP-FA sólo se detenga en planes asistencialistas.
 Eso depende mucho de cómo el Frente se apoye en las organizaciones populares, en sus organismos de base. No sé incluso cuál será el comportamiento de las personas que se incorporaron al Encuentro Progresista o a la Nueva Mayoría, porque pueden decir yo no aprobé lo que dispusieron los organismos del Frente, y ahí entramos en problemas.

 Se supone que todos concurren a la elección bajo un mismo programa.
 Sí, pero el programa común no reproduce los principios fundacionales del Frente. Fue creado para posibilitar políticas de alianzas con las que la CI no está de acuerdo. Hay mucha gente que proviene de los partidos tradicionales y que estuvo a favor de la reforma educativa de Rama, de las privatizaciones. Por eso creemos que hay que apostar a otro tipo de apoyos al Frente, como el de la ley de iniciativa popular que estamos impulsando.

 Pero en ese proyecto hay propuestas que no están contempladas en el programa de gobierno del FA. Allí se habla, por ejemplo, de anular la ley de caducidad, de la suspensión del pago de la deuda, de la derogación de la reforma educativa y de llevar el salario mínimo a 5.500 pesos.
 Sí, por eso es que tenemos una óptica distinta a la de la mayoría del Frente. Pero las cosas son dinámicas, y repito: puede pasar que al FA le sea muy difícil encontrar los recursos necesarios para cumplir lo que promete.

 Habida cuenta de las diferencias programáticas que reseñaba, ¿qué explica la adhesión de la CI al FA?
 El Frente tiene una historia, una declaración constitutiva que debe ser respetada. Transitoriamente usted puede hacer un programa, pero los que están en el Frente tienen derecho a reclamar que aquella declaración constitutiva, que era antimperialista, anticapitalista, tenga validez actual porque nadie la ha derogado. Nosotros entendemos que si no adoptamos algunas posiciones fundamentales de este tipo, como el rechazo al secreto bancario y a las privatizaciones, un seguro de salud estatal con cobertura universal y financiación proporcional a los ingresos, si no resolvemos el problema de la tierra, va a ser muy difícil operar los cambios para corregir los dramas que hoy vivimos. Yo no digo que el Frente no vaya a intentar fórmulas para ir en esa dirección, pero le tengo mucho miedo al pacto social y a la coparticipación con los otros partidos. Al pacto social, porque no he visto que los sectores económicos poderosos se hayan ocupado nunca del drama de sus trabajadores. ¿Cuál es el pacto social que se puede hacer con las fuerzas que han venido manejando el país en su beneficio? No hagamos acuerdos con ese capital, equilibremos la relación con sindicatos fuertes. En cuanto al tema salarial, como los sindicatos son aún débiles hay que convocar los consejos de salarios. En la década del 40 el funcionamiento de estos consejos, electivos, desarrolló el sindicalismo.

 ¿Cuál será la ubicación de la CI en un gobierno de izquierda?
 La administración municipal de Tabaré Vázquez es un buen precedente: no tuvo conflictos con ADEOM, favoreció aspectos sociales, cuando hubo que sacar a alguien por alguna irregularidad se lo hizo. Hacia adelante, vamos a apoyar el desarrollo de la participación, fortaleciendo el papel de los comités de base. Como el Frente es una fuerza democrática abierta al juego de las distintas orientaciones, vamos a pelear también por crear conciencia en torno a los temas que consideramos fundamentales. Por otra parte, muchos de los planteos de la CI son comunes con los compañeros del sublema Por un País Soberano, con los que hicimos un acuerdo que no es meramente electoral. Trabajaremos para favorecer esta orientación ideológica. Si la dirigencia del Frente es inteligente va a entender que es beneficioso para todos la expresión de distintas tendencias. Sería muy malo que pasara lo que pasó en el PT de Brasil, del cual Lula excluyó a los discrepantes una vez que llegó al gobierno.


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