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El español Rodrigo rato,
Presidente del
El español Rodrigo rato,
Presidente del "fallido" FMI.

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Conferencia Monetaria y Financiera de Naciones Unidas.
Bretton Woods, New Hampshire, EEUU, 1º de julio de 1944.
Conferencia Monetaria y Financiera de Naciones Unidas.
Bretton Woods, New Hampshire, EEUU, 1º de julio de 1944.

El fin de la era Bretton Woods
El FMI se adapta a la nueva economía mundial
Traducción de artículo de Le Monde (Francia)
Por Alain Faujas
Publicado digitalmente: 8 de agosto de 2006

¿Será el fin del organismo multilateral de crédito cuyo cometido fue, por más de 60 años, consolidar la hegemonía mundial de una decena de naciones contribuyendo a impedir, con sus recetas, el desarrollo económico de la inmensa mayoría de la humanidad?

Probablemente sus mentores consideren acabada su función y estén diseñando nuevas herramientas para cumplir el mismo cometido.

Sin embargo el articulista intenta re-crear al Fondo, otorgándole nuevos roles y posiciones desde una perspectiva que, como mínimo, se podría calificar de ingenua.

Comentario IRW

 

Una reforma importante del Fondo Monetario Internacional (FMI) se perfila para el otoño (septentrional). Su Director General, Rodrigo Rato, indicó, el jueves 3 de agosto, que iba a presentar, en la asamblea general de la institución que se celebrará a mediados de septiembre en Singapur, las propuestas de reforma del cálculo de las alícuotas de los Estados miembros, que determinarán sus derechos de voto en el ejecutivo.

Es importante que las economías más dinámicas estén representadas en función de su peso real en el mundo, no tanto para cambiar las orientaciones de la institución como para darle aún más credibilidad”, declaró el Sr. Rato en una rueda de prensa en Tokio.

De hecho, el FMI debe superar la doble crisis de legitimidad y utilidad por la que atraviesa. La buena salud de la economía mundial, cuyo crecimiento esperado para 2006 gira en torno a más de un 5%, plantea un problema existencial al Fondo.

Él que, desde su fundación en 1945, se presentaba como “bombero” o como “gendarme” de los países que sufrían una crisis de cambios, se encuentra a contramano. No hay crisis, por lo tanto menos préstamos e incluso reembolsos anticipados por parte de Brasil (15,5 mil millones de dólares, lo que representa 12,04 mil millones de euros), Argentina (9,6 mil millones de dólares) e Indonesia (3,7 mil millones anunciados el 22 de junio): ¡los préstamos pendientes disminuyeron a la mitad en un año, para establecerse en torno a 30 mil millones de dólares concedidos a 73 países, un importe correspondiente a la décima parte de los préstamos de un gran banco europeo!

El FMI busca una razón de ser. Su Director General propuso, en las asambleas de primavera, confiarle una misión de “vigilancia multilateral sobre los grandes desequilibrios mundiales”. En vez de limitarse a reprender a Hungría por sus déficit presupuestarios, el FMI se ocuparía, por ejemplo, del formidable déficit de pagos americanos y del no menos formidable excedente chino.

Los analistas aplaudieron, comenzando por el norteamericano José E. Stiglitz, Premio Nobel de economía 2001, que no cesa de denunciar el papel desestabilizador de su país, cuyo déficit comercial de 805 mil millones de dólares en 2005 es “el principal factor de desequilibrio mundial”.

Otros dudan, no obstante, de la capacidad del FMI para incidir en la política económica de los grandes países. Explicar, por ejemplo, a los Americanos que deben aumentar sus impuestos; o a los Chinos que deben parar de acumular gigantescas reservas de cambio, que deben favorecer el consumo interior y dejar que el yuan se aprecie.

“Consejero Matrimonial”

Ese rol, de quien imparte lecciones, confiado al FMI que creó repetidas crisis invita a reir, exclama Dominique Plihon, profesor en París-XIII y presidente del consejo científico de la asociación Attac. Nunca ha criticado a los Estados Unidos y siempre ha hecho el juego a la liberalización del comercio, las finanzas y los mercados. No podría adquirir credibilidad a no ser defendiendo prioritariamente los derechos fundamentales económicos y sociales y colocándose bajo los auspicios de la ONU, con el fin de encuadrar los movimientos de capitales a través de una nueva reglamenación internacional”.

Barry Eichegreen, profesor de la Universidad de Berkeley, vería al Fondo como un “consejero matrimonial” capaz de conducir la pareja infernal a la razón, “los Estados Unidos que deben elevar sus impuestos, y China que debe aumentar sus gastos en educación, salud pública e infraestructuras”. Considera que “el FMI sigue siendo el mejor lugar de reunión para discutir; ya que China y los grandes mercados emergentes no forman parte del G7 y los grupos como el G20 carecen aún de experiencia y legitimidad”.

Sería aún necesario que la credibilidad del FMI fuese restaurada, que no aparezca ya como un instrumento de los Occidentales y que se convierta en el portavoz de sus 184 Estados miembros, ya que los EEUU detentan un 17,5% de los derechos de voto, Francia un 5,1%, pero China y la India detentan solamente 3% y 2 % respectivamente.

Los proyectos que se presentarán en Singapur hablan de aumentar el peso de China, de Corea del Sur, de México y de Turquía; África vería su representación colectiva reforzada. Pero ¿los Estados Unidos y los países europeos aceptarán verse disminuidos?

Algunos apoyan que Europa acepte esta evolución y sobre todo que acepte hablar con unanimidad: facilitaría así la legitima potenciación de los países emergentes, inyectaría credibilidad al Fondo y ganaría en influencia. Tal es la opinión de Michel Camdessus, antiguo Director General del FMI, y también el de Jean Pisani-Ferry y de André Sapir, del centro de investigación Bruegel, que considera que, disperso, el 30% del peso de los Europeos pesan menos que el 17,5% de los Estados Unidos.

Es pues urgente que el FMI se afirme como “un lugar de construcción de las normas multilaterales”, declara Pierre Jacquet, jefe economista de la Agencia francesa de desarrollo. Si se continúa con el vacío actual, “se correría el riesgo de ver volver a la política de potencias del siglo XIX”, afirma, concluyendo: “Es necesario construir la gobernabilidad económica mundial, pero no contra los Estados Unidos”.

Alain Faujas,
publicado en francés en Le Monde,
Sección: Organizaciones Internacionales,
el 8 de agosto de 2006.


Traducción: Erika Alonso
Versión original del artículo (en francés):

http://www.lemonde.fr/web/article/0,1-0@2-3220,36-801582@51-801656,0.html

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