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HERRAMIENTAS

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Estancia Monte León, Provincia de Santa Cruz, República Argentina.
Propiedad adquirida por el
Estancia Monte León, Provincia de Santa Cruz, República Argentina.
Propiedad adquirida por el "multimillonario" estadounidense Douglas Tompkins a los herederos de Mauricio Braun.
Fuente fotográfica: "The Conservation Land Trust", entidad "fundada" por Douglas Tompkins.

Los argentinos que luchan al servicio de potencias extranjeras
Una duda razonable
Por Pamela Anderson
Publicado digitalmente: 14 de agosto de 2006

El ataque de Israel con el supuesto objetivo de recuperar dos soldados hechos prisioneros en el sur del Líbano por Hezbollah, que luego se fue transformando en la más amplia misión de “limpiar el sur del Líbano” de la presencia militar del grupo chiíta, encubrió otro objetivo.
A poco de iniciada la agresión la Secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, informó que las aterradoras imágenes que mostraban los medios no eran más que los dolores de parto de un “Nuevo Oriente Medio” que estaba naciendo a partir de este accionar bélico.
A partir de allí me surgió una duda razonable e inquietante.

Imaginemos el hipotético caso de una agresión -u ocupación- de la Argentina por parte de tropas u efectivos de un país cualquiera, en el contexto de acciones destinadas a aplastar el “terrorismo internacional que se infiltra”.
O porque están convencidos que desde el país se lo promueve.
O con la altruista intención de liberarnos y proveernos de una democracia de mejor calidad.
O, quizás, para controlar y preservar los recursos naturales no renovables.
O defender intereses comerciales.
Imaginemos, hipotéticamente, que el gobierno y el pueblo argentinos se opusieran a dicha agresión y estuvieran determinados a repeler la ofensiva, entonces deberían ser convocados los argentinos para tomar las armas en defensa de la patria.

¿Qué sucedería con quienes por motivos de doble nacionalidad, o de preferencias religiosas, se hayan alistado en algún momento en las fuerzas armadas del país agresor -o aliado del agresor-?

¿Podrían optar por el lado del que deciden pelear, eligiendo al enemigo?

¿Serían dispensados de su obligación en función de la disyuntiva que se les podría presentar en el campo de batalla?

Y si fuera el agresor el que los convoca a sus filas para luchar contra la tierra que los vio nacer, ¿estaríamos “durmiendo con el enemigo”?

Muchos dirán que es paranoia, que esa hipótesis de conflicto no existe. Otros pensarán: ¿qué podrían querer de la Argentina? análisis surgido de nuestro eterno complejo de inferioridad. Estarán también los que “no saben, no contestan” pero, en cualquier caso, frente al actual contexto mundial, no estaría mal cuestionarlo.

Motivos de preocupación no nos faltarían, tenemos recursos naturales codiciados, agua, tierra, minerales, hidrocarburos, ecosistemas únicos, una posición geoestratégica en el Atlántico Sur, una triple frontera -que ya está en la mira desde hace tiempo-, padecimos atentados “terroristas” aún sin esclarecer, practicamos una insipiente determinación de ruptura de las “relaciones carnales” con el “imperio”, manifestamos voluntad de integración latinoamericana hasta con los “malos”, circulan propuestas de cambio de territorio por deuda, multimillonarios extranjeros compran enormes extensiones de tierra para “proteger la (nuestra) naturaleza”, y, como si todo esto fuera poco, no falta quién allá por el año 1800, propusiera a la Argentina, así como lo hiciera con Palestina, como la posible “tierra prometida” para el asentamiento de un pueblo que se hallaba disperso por el mundo .

Claro que todos estos motivos no configuran un peligro en sí mismos, ni cada uno de ellos por separado, pero en un mundo donde intereses diversos y oscuros generaron situaciones como las de Yugoslavia, Afganistán, Irak, Líbano, Palestina, y varios etcéteras más, además de los que todavía estén por venir, sería bastante constructivo despejar algunas dudas en cuanto a las fidelidades.

Porque aunque tenemos la certeza de que las brujas no existen... ¡que las hay, las hay!

Pamela Anderson


© Pamela Anderson
Todos los derechos reservados.
Para reproducir citar la fuente.

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