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Los Gusanos festejan la "muerte" de Fidel

HERRAMIENTAS

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Maleta no...¡mochilas con papel higiénico!
Por Héctor Arturo
Publicado digitalmente: 15 de agosto de 2006

(La Habana - Especial) La orgía farisaica del pasado 31 de julio, cuando cuatro borrachines y dos ó tres borrachinas miamenses, seguramente bien pagados por Vigilia Mambisa se lanzaron ante las cámaras televisivas y fotográficas, pasó a mejor vida.

Y escribo miamenses con toda intención, porque nadie venga a convencerme de que estos imbéciles son cubanos, aunque hayan nacido en Mantilla, Bolondrón, Campechuela o Los Palacios.

Uno nace donde a la madre se le presentan los dolores de parto, y mi padre solía decir, en una broma de mal gusto, que en ocasiones pudiera ser realidad, que "parir pare cualquiera, porque si no pare se revienta".

Y es inconcebible que un francés le pida a otro gobierno que no sea el suyo que bombardee a París, destruya la Torre Eifell, destroce los campos Elíseos y convierta en polvo a la Riviera. O que un japonés exija que nuevamente arrasen con Hiroshima y Nagasaki, que por cierto, su aniversario 61 recordaremos mañana con horror. O que un español pida que le destruyan a cohetazos el Museo del Prado, la Puerta del Sol, la Avenida de Atocha o que se repita la barbarie plasmada por Picasso en un Guernica que dejó de ser suyo y de los españoles, para convertirse en denuncia universal.

Por ello, solo un cubano mal nacido en el "lugar equivocado y en el momento equivocado", como diría el ilustrísimo asesino en serie Luis Posada Carriles, sería capaz de rogar ante las cámaras de la TV que Estados Unidos aplicara a Cuba la misma política que a Iraq: tierra arrasada. Bombas. Misiles. Fósforo blanco. Ancianos muertos. Mujeres asesinadas. Niños calcinados. Civiles sepultados en fosas comunes. Perros callejeros comiendo carne humana en las calles de Fallujah. Prisioneros torturados en Abu Grabih o Guantánamo.

Todo el mundo vio aquello del cartel durante la única manifestación del mundo en apoyo a la barbarie yanqui contra el pueblo iraquí. Decía, más o menos textualmente: "Ahora Iraq. Después Cuba". Eran los cubanos miamenses. Pero en honor a la verdad, ¿puede alguien atreverse a llamarlos cubanos si claman porque otro país destruya la tierra donde nacieron una vez por puro error materno? Esos mismos, y no otros, fueron los que reeditaron la escena bíblica de Jesús cuando lo sometieron a juicio ante un Pilatos que se limitó cobardemente a lavarse las manos, por carecer del valor necesario para impedir la injusticia de la cruz.

Exigen sangre. Son más vampiros que Drácula y nada tienen de cristianos, aunque vayan de vez en cuando a la iglesia, a confesar sus siete pecados capitales, que ellos multiplican por mil en cada amanecer. Desearon y desean la muerte y se alegran de la enfermedad de un ser humano, como lo afirmaron entre brindis de mojitos, bocinazos desde autos convertibles y parados en una céntrica esquina de la famosa calle 8 de Miami, casualmente frente a un restaurante "cubano" con nombrecito francés, cuyo dueño debe haber desembolsado algunos toletones para mantener su establecimiento en cámara durante tanto tiempo, recibiendo a cuanto comelón y borracho pasaba por allí, incluidos algunos eminentes congresistas yanquis, mal nacidos también de este lado del Estrecho de La Florida.

La ética, la religión, la política, la diplomacia y la más elemental decencia indican que nadie debe alegrarse del mal ajeno. Cuba ha practicado su filosofía honorable, cuando fue el primer país en condenar el asesinato de Kennedy, recio enemigo de la Revolución Cubana, quien cayó en Dallas bajo las balas de conspiradores de la CIA, aún sin descubrir ni encarcelar, y entre los que estaban algunos de esos cubanos que hoy se pasean por las calles de Miami.

Jamás los cubanos de verdad hemos festejado la enfermedad o la muerte de ningún adversario, aunque tuvieran por nombre Johnson, Nixon, Reagan o Más Canosa. Pero se dice que no se le pueden pedir peras al olmo, frase que traducida al buen cubano significa que a los cuatro pelagatos de Miami no se les puede reclamar decencia, porque son precisamente todo lo contrario: indecentes.

Y es que allá impera la filosofía de "poderoso caballero es Don Dinero". Y ya se comenta que los financistas de Vigilia Mambisa se vieron obligados a aumentar las tarifas que ofrecen a sus manifestantes por cada escena de histeria.

El billete verde todo el mundo sabe de dónde sale, porque lo explica bien claro el segundo capítulo de la telenovela titulada Plan para la Transición hacia una Cuba Libre, recontraaprobado el pasado 10 de Julio por ese Míster que ahora vuelve a estar de vacaciones en su rancho texano de Crawford, mientras Israel continúa asesinando genocidamente a palestinos y libaneses, con las armas y municiones que él mismo le suministra.

El dinero sale del contribuyente estadounidense. Son ahora 80 millones de dólares aprobados para sufragar los costos de derrocar a un Gobierno legalmente constituido en otro país con el cual Estados Unidos no está en guerra, al menos en lo que suele entenderse eufemísticamente por ese controvertido vocablo, que no abarca casi medio siglo de bloqueo económico, comercial y financiero, e incluye, además, agresiones de todo tipo, desde 644 planes de atentados personales contra Fidel Castro hasta hacer estallar bombas en hoteles y restaurantes, introducción de plagas y enfermedades, invasiones mercenarias y hasta letreritos electrónicos provocadores en una sede diplomática que al unísono sirve de cuartel general a una "oposición interna" que de interna solo tiene el nombrecito, porque hasta el más bobo sabe, y también lo afirma tajantemente el mencionado documento, que ha sido creada y es mantenida, orientada y financiada desde Miami y Washington.

La gran tajada de ese financiamiento, por supuesto, se queda en las arcas de los tramposos de Miami, y con ella acrecientan sus cuentas bancarias y pagan campañas politiqueras de sus congresistas y senadores "ultrademocráticos" y "súper-republicanos". Una parte, más pequeña, pero también jugosa, viene a las manos de estos "disidentes", verdaderos mercenarios asalariados de un Gobierno extranjero, a cuyas órdenes trabajan como ya una vez hizo Judas por diez monedas y un plato de lentejas.

Ah, eso sí, como el odio les impide pensar y analizar, las declaraciones anacrónicas no se han hecho esperar. Ya no vale la pena comentar los reclamos de invasiones y bombazos, pues bastan las palabras de los voceros oficiales del Gobierno de Estados Unidos y de los cabecillas terroristas de la mafia, para demostrar si acaso hiciera falta que la ambición secular de ese país y sus lacayos a sueldo es la anexión de Cuba.

Dicen al descaro que Estados Unidos no va a permitir la intervención de ningún otro país en Cuba, pues es únicamente a ellos a quien corresponde ese "derecho". Afirman que no aceptan la "sucesión" y exigen la "transición hacia una sociedad democrática, libre, multipartidista y sin presos políticos". Incitan a los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior a sublevarse contra "el régimen de Castro".

Amenazan con una lista de funcionarios a los que se les va a impedir la salida del país, pues deben ser juzgados aquí, cuando ellos se apoderen del país, por los "tribunales imparciales" que ellos constituyan. ¿Celebrarán estos juicios después de que termine la licencia de tres días que una vez los rufianes miamenses pidieron públicamente para matar?

El cinismo también está presente en las últimas declaraciones: El vocero de la Casa Blanca, Tony Snow, quien también anda en estos días de vacilón por Crawford, repitió una frase que ya los cubanos hemos escuchado en más de una ocasión: "Estados Unidos absolutamente no tiene planes de invadir a Cuba".

Más o menos lo mismo afirmaron la belicosa Condoleezza, el secretario de Comercio mal nacido en Cuba Carlos Gutiérrez y los senadores y congresistas venidos al mundo en esta parte del mundo por error geobstétrico y ginecoilógico, y dispénsenme por los términos médicos que acabo de inventar, obligado por las circunstancias y amparado en la realidad.

El problema radica en que eso mismo prometió John F. Kennedy horas antes de la invasión por Playa Girón, de cuyas arenas sus mercenarios salieron con el rabo entre las patas.

Y a mentirosos consuetudinarios y patológicos no se les puede creer ni media palabra. ¿Habrá que recordarle a la Humanidad que el pretexto para agredir a Afganistán fue el de la captura, vivo o muerto, del socio de la familia Bush, Osama Bin Laden? ¿Será preciso refrescar la memoria acerca de que las armas de exterminio masivo que poseía Sadaam Hussein, y que dieron motivo para masacrar a Iraq, jamás han aparecido, porque ya no existían en los arsenales de ese país, debido a que las arrojaron contra Irán durante más de una década, tras haberlas recibido de sus entonces suministradores yanquis?

Pero aunque ha bajado la marea, el cacareo no se ha detenido. La CNN, hay que reconocerlo, ha dado desde La Habana una cobertura sobria a las informaciones más recientes relacionadas con Cuba.

Sin embargo, desde sus estudios centrales repiten hasta el cansancio imágenes acompañadas con una música de fondo sacra, casi luctuosa, con una foto del Comandante en Jefe Fidel Castro en blanco y negro, en la cual se le aprecia sumamente serio, y el texto de "Castro enfermo", en grandes caracteres.

Las preguntas que la "libertad de prensa" ordena repetir a sus conductores en pantalla son las mismas hasta el cansancio: "¿Cómo está Castro y dónde está su hermano Raúl?".

Este sábado, por ejemplo, la ilustre entrevistadora Carmen Aristegui, habiendo tantos y tantos problemas en su México natal con el mangonazo electoral del partido gubernamental contra el opositor izquierdista Manuel López Obrador, prefirió obviar ese tema, y se acercó a Cuba.

Nada habló de la enfermedad de Fidel ni de la sucesión, pero invitó a su espacio, constantemente interrumpido por la publicidad comercial, al escritor, profesor y ensayista "exiliado" Rafael Rojas, ganador del premio Anagrama por su libro titulado "Tumba sin sosiego: Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano". De entrada, los miembros del Jurado que otorgó este galardón conferido en España a Rojas, aunque aprobaron el texto por "abrumadora mayoría", cuestionaron en público su dispersión, sentido tendencioso y difícil lectura. Rojas, quien sustenta que la verdadera democracia en Cuba terminó con la dictadura batistiana, escribe delirante que los únicos y verdaderos intelectuales cubanos son sus amigotes residentes en Miami, España o México, y que en Cuba no queda ninguno que sirva para nada, ni los Premios Nacionales de Literatura, ni Silvio o Pablo, ni Alicia Alonso o Frank Fernández, ni Chucho Valdés, ni Fabelo o Nelson Domínguez, ni Carlos Tabío o Cremata. No. Estos están vendidos a Castro y son malos cubanos y malos intelectuales. Los únicos que sirven son los que decidieron, como él, entregarse al inquilino de la Casa Blanca, sea quien sea, para clamar por la "democratización" de Cuba, al estilo de la época Fulgencio Batista.

A modo de recordatorio, este señoritingo intelectualoide codirige la revista Encuentro de la Cultura cubana, con salida trimestral, pero que recibe anualmente 83 000 dólares del Nacional Endownment for Democracy, una de las tantas organizaciones mafiosas creadas como fachada por la CIA, para suministrar fondos a todo lo que huela a anticubano. Ah, y hace una década firmó un flamante texto, que tituló "La Revolución ha muerto".

Bien hubiera podido emplear su divino tiempo mi colega Aristegui en divulgar que más de dos millones y medio de sus compatriotas mexicanos exigieron hace una semana que se cuenten los sufragios del pasado 2 de julio "urna por urna y voto por voto". O que lo dedicara a indagar cómo fue que se robaron las urnas y las boletas a favor del candidato de Mr. Fox. O si quería tratar algo relacionado con Cuba, debió preguntar de una vez por todas a las autoridades mexicanas cómo y por dónde entró y salió de México el archiasesino Luis Posada Carriles, y quiénes en ese país están detrás del tráfico humano de personas relacionado con Cuba.

El Nuevo Herald, por su parte, sigue siendo lo que es: vocero de la mafia. Un tal Ernesto F. Betancourt tiene la osadía de afirmar en esas páginas que "para mejorar las condiciones de vida del pueblo cubano hay que ponerse de acuerdo con los americanos".

No sabe este imbécil que eso es lo que Cuba viene haciendo desde hace muchos años: ponerse de acuerdo con los americanos. Pero con los americanos de Nuestra América, la de José Martí, la del Río Bravo a la Patagonia, y no con la del águila de Walter ni la anexión de López, y mucho menos con la del Norte revuelto y brutal que nos desprecia. Y se atreve más este trasnochado. Expresa que "los militares demandan una salida que les ofrezca garantías de que es aceptada por el Gobierno americano". Y vuelve a llamar americanos a sus amos yanquis.

A continuación manifiesta de forma tajante: "No se puede dejar a Raúl y a los otros testaferros designados por Fidel que decidan el futuro de Cuba".

No. Este despreciable sujeto quiere que el futuro de Cuba lo decidan Bush, Cheney, Rumsfeld y la Condi, desde la Casa Blanca, el Pentágono, la CIA, el Departamento de Estado o el Rancho de Crawford, en medio de buches de wiskey, y amparados en la Constitución de Estados Unidos y las leyes yanquis, y no en la Constitución de Cuba y las leyes cubanas.

Supuestamente, este patriota dolarizado, el tal Rojas, los otros cuatro pelagatos de Miami, incluidos los descarados senadores y congresistas, y hasta la hija Amanda de la Loba Feroz, hacen y deshacen sus maletas para regresar a Cuba a cada rato.

Desde 1959 hasta la fecha, han derrocado mil veces a la Revolución y otras tantas han celebrado la muerte de Fidel, y ahora volvieron a aplicar sus reglas y no la excepción.

Pero en lugar de maletas de viajes turísticos, lo que debían tener listas, si quieren en verdad el regreso, son las mochilas, para enfrentarse a la Guerra de Todo el Pueblo, que va a esperarlos en las playas, con la misma frase del Comandante Juan Almeida el 5 de diciembre de 1956, en Alegría de Pío, ante las armas yanquis en manos de los esbirros batistianos: "¡Aquí no se rinde nadie...!" Eso sí: como ellos mismos dicen y repiten que en Cuba todo escasea, yo les sugiero que traigan en la mochila bastantes rollos de papel sanitario, pues estoy convencido de que sangre no van a derramar ninguna, pero también sé que sus diarreas van a mancillar nuestras arenas, sin que sean ocasionadas por ninguna dolencia gastrointestinal, sino por un mal que les viene desde la cuna: la cobardía, esa enfermedad incurable que los cubanos de verdad, los de aquí, denominamos pendejismo.

Héctor Arturo
Periodista,
La Habana, 10 de agosto de 2006.
Fuente: Cubahora.


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Publicado originalmente por Nombre de la fuente en: Cubahora

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