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La Reconquista de Buenos Aires
Oleo del pintor francés Charles Fouqueray (1806)
Museo histórico nacional
La Reconquista de Buenos Aires Oleo del pintor francés Charles Fouqueray (1806)
Museo histórico nacional

HERRAMIENTAS

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La Reconquista de Buenos Aires, recreación callejera por parte de estudiantes
La Reconquista de Buenos Aires, recreación callejera por parte de estudiantes

Nota de actualidad
Reconquista es sólo una calle
En los diarios
Por Hugo Presman
Publicado digitalmente: 17 de agosto de 2006

Durante muchos años a los chicos adoptados no se les informaba de esa situación. Se los criaba en la mentira, más allá del amor que le podían proporcionar sus padres adoptivos.

La asociación “Quienes Somos” informa que hay más de dos millones de personas en esa situación. Que no saben quienes son sus padres biológicos. Cuando los hijos de los hijos adoptados padecen de alguna enfermedad de origen genético y el médico le pregunta sobre su historia familiar, carecen de información y por lo tanto de respuestas.

Durante los años de plomo de la dictadura criminal, la apropiación de los bebes y falsificación de su identidad constituyeron unos de los hechos más atroces, en una larga lista de espantosos delitos de lesa humanidad. En algún momento de sus historias, por la excepcional labor de las Abuelas de Plaza de Mayo y últimamente por la sospecha de las víctimas sobre su identidad, ochenta de ellos, se abrazaron con la verdad. Y al encontrarse con su familia biológica, recuperaron los huecos, los agujeros negros de su historia hasta ahí falsificada.

Con los países y la historia de sus pueblos sucede lo mismo. Si se falsifica el relato, las raíces se adulteran, la narración se vacía, los hechos heroicos se minimizan, los acontecimientos oscuros, cuando no canallescos, se exaltan. El resultado es que la mayor parte de la población no puede identificarse con una historia seca y falsificada. Carecen del marco de referencia que explique desde sus intereses y perspectivas, su presente, en relación con un pasado que lo ilumine.

Como decía Arturo Jauretche: “La falsificación de la historia como una política de la historia”. De eso se ocupó el político que escribió la historia oficial, Bartolomé Mitre, representante de los sectores que ganaron la guerra civil argentina que se prolongó durante seis décadas. Luego hubo diferentes intentos de escribir otra historia, más aproximada a la realidad que fueron despojando de su pretendido halo objetivo y científico a la historia oficial.

Son muchos los hechos heroicos en nuestra historia que si hubieran sucedido en EE.UU, Francia, Inglaterra, el cine le hubiera dado envergadura universal. A mero título ejemplificativo: el éxodo jujeño, las vidas y hazañas de Felipe Varela, Miguel de Güemes, el Chacho Peñaloza, Juana Azurduy, la Reconquista de Buenos Aires, etc.

A dos siglos de la Reconquista

En el contexto internacional Inglaterra había triunfado en la Batalla de Trafalgar, perdiendo al Almirante Nelson y quedándose como las dueñas de los mares. La burguesía francesa aliada a España decretó el bloqueo continental a los productos ingleses.

Como dice Alejandro Horowicz en “El país que estalló”: “La revolución francesa quedó encerrada en el continente y se propuso transformar el bloqueo naval en aislamiento comercial inglés

Había que atacar a España en sus colonias, apropiarse del tesoro, al tiempo que se abrían y conquistaban nuevos mercados para los productos ingleses donde había empezado a desarrollarse la revolución industrial.

Y así llegó una flota con 1500 hombres al Río de la Plata, de los cuales setecientos habían enfrentado a las tropas napoleónicas en Egipto. Buena parte de las tropas españolas protegían Montevideo ante la hipótesis que sería el puerto atacado.

¿Como era entonces Buenos Aires? Dice Alejandro Horowicz: “La ciudad de Buenos Aires no era otra cosa que exiguas ocho hileras de doce manzanas cortadas rectangularmente por calles sin empedrar, con casa de tejas de un solo piso, las mejores con jardín delante y jardín detrás... ...Los criollos eran marginados de los principales puestos, en una ciudad donde se leían doscientos ejemplares de la gaceta semanal

La ciudad contaba con tan solo cuarenta mil habitantes.

El 24 de junio, los invasores desembarcaron en Quilmes. El 25 de junio de 1806, bajo una lluvia torrencial, el pueblo corrió hacia el Fuerte, pidiendo armas para luchar, entre los que se encontraban menores de edad. Dice Ezequiel Abásolo en Todo es Historia: “A las dos de la tarde un contingente de milicianos mal armados y peor dirigidos se desplazó hasta el Puente Gálvez, ubicado en el sitio donde hoy se levanta en puente Pueyrredón. Al día siguiente, el Coronel Pedro Arce avanzó desde allí contra los ingleses “proponiéndose la derrota enemiga con solo la atropellada de los caballos”. Lo acompañaban poco más de doscientos hombres, entre los cuales había un grupo de artilleros y casi un centenar de blandengues de la frontera.”

La artillería inglesa llevó a que Arce que comandaba las tropas decidiera la retirada.

La resistencia popular superó largamente a las de las tropas del Virrey.

El 26 de junio, a la altura de Barracas, cientos de hombres mal armados, bajo una lluvia copiosa intentaron evitar el avance de las tropas británicas.

A la noche los ingleses llegaron al Riachuelo.

A las dos de la tarde del 27 de junio, la bandera inglesa ondeo en el Fuerte.

Mariano Moreno, que lloró de bronca con la presencia de las tropas inglesas y su apoderamiento de la ciudad, imputó la caída “a los oficiales de la plana mayor que eran tan militares como el marqués”.

Martín de Álzaga criticó al Virrey Sobremonte de estar preocupado exclusivamente de “poner a salvo a su familia, su persona y sus bienes hasta la última hilacha”.

Muchos de los participantes voluntarios de la defensa atribuyeron la derrota y la bronca consiguiente a la ineptitud de los jefes castrenses.

Algunos cipayos decidieron congraciarse con los invasores. El Fray José Ignacio Grela, convocado por el jefe de la ocupación según lo consigna Roberto Elissalde en “Historias ignoradas de las invasiones inglesas”, dijo: “Venimos en nombre de los cuerpos que representamos y en cumplimiento de las capitulaciones celebradas ayer en esta ciudad a ofrecer a V.E la debida obediencia y las gracias más afectuosas a la humanidad con que han tratado a este honrado y fiel vecindario, las armas victoriosas de V.E. Y si, de otra parte, manda la religión respetar las potestades seculares y prohibe maquinar contra ellas, ¿como negarle al triunfador la fidelidad reclamada?

Entre los disconformes comenzó a prepararse la Reconquista. Como escribió Ignacio Nuñez: “el sentimiento de humillación fue el único que formó todas las conciencias

Santiago de Liniers un marino francés que prestaba servicios a España, planeó la idea de la recuperación de Buenos Aires con el apoyo de quinientos soldados escogidos en Montevideo. Juan Martín de Pueyrredón por su parte reunió unos ochocientos hombres en la cañada de Morón, fundamentalmente habitantes de lo que con el tiempo sería la provincia de Buenos Aires.

El general Beresford, a cargo del gobierno, escribía a Londres solicitando el urgente envío de refuerzos. Mientras tanto decretaba el libre comercio en beneficio de los comerciantes importadores nativos, ingleses y portugueses. Esto perjudicaba a los importadores vinculados a España como Álzaga. También sancionó la libertad de cultos.

Muchas mujeres y una parte importante de sacerdotes apoyaron la liberación de la ciudad cumpliendo diversas tareas. Varios religiosos viajaron a Montevideo para apoyar el reclutamiento de tropas.

El ejército de Liniers, constituido por hombres ofrecidos por el Gobernador de Montevideo Pascual Ruiz Huidobro, partió de Montevideo a Colonia con seiscientos hombres el 22 de julio. Cuando desembarcaron en el Tigre el 4 de agosto ya eran mil quinientos, por la gente que se sumaba. El 10 de agosto, cuando llegaron a los corrales de Miserere, en lo que hoy es Plaza Once, ya eran dos mil hombres.

El 12 de agosto, el enorme apoyo popular que acompañó a las tropas hizo retroceder las fuerzas británicas hacia el Fuerte, derrotados en los sucesivos combates callejeros.

Los invasores izaron bandera blanca solicitando el parlamento. Reiniciado el ataque, uno de los ejércitos más poderosos se rindió incondicionalmente.

El famoso regimiento 71, vencedor en todas las batallas se vio derrotado según Diario de un soldado” (Archivo General de la Nación, página 59): “ante unos hombres descalzos de ponchos, unos hombres que Beresford tenía por unos cobardes”.

Un año después volverían por la revancha con un ejército diez veces superior al de 1806, con veinte buques de guerra y noventas de transporte.

Dice Alejandro Horowicz: “La ciudad de 1806,... ...se había transformado de punta a punta. No porque tuviera mejor conducción militar que antaño -seguía siendo pésima- sino porque había construido en ese lapso todo su intenso aprendizaje político. Ésa es molecularmente considerada la transformación subjetiva de sus integrantes. Los obedientes habitantes de una colonia perdida en los andurriales del mundo, se sienten autorizados a desafiar a una de las dos potencias de Europa. El imponente ejército que había vencido a los soldados profesionales del Montevideo amurallado será enfrentado. El miserable cálculo de Sobremonte -Buenos Aires no puede resistir un ataque inglés- había quedado definitivamente atrás, porque había dejado de ser cierto. La solución militar para defender Buenos Aires no admitía por cierto, sino dos opciones: o sorprender al enemigo en pleno desembarco, o esperarlo en la ciudad, sostuvo Groussac con inadecuada comprensión.
Para Liniers y el Cabildo la solución debía ser obvia, ya que la posibilidad de impedir el desembarco requería contar con fuerzas entrenadas y disciplinadas por profesionales para una operación anfibia, desechada misteriosamente por Montevideo, e imposible de ejecutar en Buenos Aires ante semejante flota. Por eso, Alzaga y el Cabildo sostuvieron la necesidad de aguardar a los ingleses dentro del perímetro de la ciudad, donde la flota quedaba neutralizada, y donde la superioridad de mando se volvía casi inocua. En lugar de una batalla regular, la resistencia partisana de una ciudad sin muralla.”

Nuevamente la resistencia popular, utilizando todos los medios a su alcance, desde piedras a grasa derretida, acompaño a un ejército de aproximadamente ocho mil hombres, de muy buen desempeño que terminó con la capitulación de los agresores.

Cada casa fue una trinchera, cada esquina una trampa mortal. Al momento de la rendición, las tropas de Whitelocke habían sufrido más de cuatrocientos muertos, seiscientos cincuenta heridos y mil novecientos prisioneros.

La victoria fue nuestra. El tesoro de España, acumulado en estas tierras, terminó en Londres.

El Times, al informar de la derrota de la invasión al mando de Whitelocke dijo: “que el desastre había sido el más importante que ha sentido este país desde el comienzo de la guerra de la Revolución Francesa”.

En 1808, el Imperio adopta la doctrina de Robert Stewart Castlereagh: “no importa quién gobierne, lo que hay que obtener es el manejo del comercio”.

El excepcional triunfo, se transformaría posteriormente en derrota con el empréstito de la Baring contraído por Rivadavia, que en la historia oficial es proclamado por Mitre “el más grande hombre civil en la historia de los argentinos”.

Los ingleses volverían militarmente en 1838 y 1845, donde fueron nuevamente derrotados. Pero los comerciantes del puerto de Buenos Aires y más tarde los ganaderos conformaron la oligarquía que triunfó en la guerra civil y les abrirían las puertas económicas a los sectores económicos que estaban detrás de los ejércitos ingleses. Y las incipientes burguesías de San Pablo, Uruguay, y Buenos Aires fueron el brazo armado de los intereses británicos para destruir el Paraguay, el estado más desarrollado en América Latina en el siglo XIX.

Lo cierto es que la sensación de seguridad que dio el triunfo en dos años consecutivos contra uno de los dos ejércitos más poderosos de la época, fue el puntapié inicial que transitaría luego por el 25 de mayo de 1810 y el 9 de julio de 1816.

Los diarios actuales de Buenos Aires, en 1806

La Nación

Las tropas británicas que traían el libre comercio, fueron derrotadas. La barbarie parece que es la semilla que más fructifica en estas colonias

Clarín

Hay calma en la ciudad luego de lo duros enfrentamientos. Preocupación internacional por la suerte del ejército británico

Perfil

Grave denuncia: Sobremonte se habría quedado con parte del Tesoro. Se sospecha que alguna parte se haya derivado a los bolsillos de Liniers y Pueyrredón. Declaraciones exclusivas de Beresford. Alzaga dice que no lo mueven intereses comerciales.

Crónica

Derrotamos a los piratas. Cruel asesinato en el Bajo.

Página 12

Ingleses fritos. La grasa derretida no les sentó bien. Beresford indigestado.

Infobae

Se anticipa para septiembre una fuerte caída en la Bolsa de Londres, cuando se conozca en Inglaterra la derrota británica. Es posible que estos hechos provoquen inseguridad jurídica al no admitirse los derechos de los agresores.

Ámbito Financiero

PENOSO: la derrota que los bárbaros le infligieron al ejército civilizador, no nos deja otro camino que el contrabando.

Los diarios de hoy, hoy...

Inútil fue buscar la magnitud de la fecha, su significación histórica inmensa en los diarios. La Nación, el guarda espalda de Bartolomé Mitre, publicó el sábado 12 de agosto en Página 24, una foto con el título: “A 200 años de la Reconquista” y con el siguiente texto: “Una formación del Regimiento Patricios recreo ayer en el patio del Convento de Santo Domingo la acción de la Reconquista de Buenos Aires, que hace 200 años puso fin a las Invasiones Inglesas. Mañana, a las 15, habrá una nueva representación, que hará el gobierno de la ciudad en la Plaza de Mayo”

Entre los títulos de tapa figuraban: “ No es cierto que la tecnología lo resuelve todo” “ Por que no hacen la tarea” “ D’ Elía es otra vez eje de una fuerte controversia”

Clarín hizo mención a la fecha el 13 de agosto con un título pequeño: “RECONQUISTA. A 200 años se recuerda hoy” Le dedicó dos páginas a partir de la 56. Los títulos centrales son: “Los radicales K ponen al UCR al filo de la fractura” “ Boca: dos gritos y sigue arriba”

En el resto nada.

Como a los chicos adoptados a los que no se les dice la verdad, sustrayéndoles la integridad de su historia personal, a los argentinos se nos somete a sucesivos intentos de vendernos una historia parcial y falsa, donde la omisión de la presencia popular, es una constante en la versión de los ganadores. Como decía George Orwell, el autor de 1984: "Quien controla el pasado controla el futuro: quien controla el presente controla el pasado".

Para los diarios de Buenos Aires, un hecho central de la historia argentina, es apenas el nombre de una calle.

Hugo Presman
12 de agosto de 2006


© (2006) Hugo Presman
Todos los derechos reservados.
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