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HERRAMIENTAS

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Blumberg y su Corpus Christi
Por Gabriel Martin
Publicado digitalmente: 1ro de septiembre de 2006

Duro revés para el Gobierno. ¿Duro? La marcha convocada por el ingeniero Blumberg y propulsada por una serie de fundaciones, amén de Mauricio Macri, Ricardo López Murphy, el radicalismo residual, sectores castrenses retirados y su vocera Cecilia Pando, más sectores religiosos, confluyeron en un acto visiblemente politizado, que en los términos propuestos, superó las propias expectativas.

Fueron varios factores los que ayudaron, “sin querer” a potenciar aún más la convocatoria de Blumerg. En primer término, la convocatoria de “Contramarcha” realizada por D’Elía incitó a que la clase media alta que fue con sus velas al grito de “seguridad”, concurriera más masivamente, a una Plaza que reventó por todos sus lados. Sumado esto a la dialéctica de darle “dueños” a la Plaza de Mayo, puntualmente a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, exacerbó aún más los ánimos del medio pelo porteño.

La “Contramarcha” resultó en un papelón sin precedentes. D’Elía fue boicoteado por el propio gobierno, en el afán de Alberto Fernández por arrinconarlo, y al mismo tiempo se dio el escándalo y ridícula decisión de Adolfo Pérez Esquivel, de afirmar que desconocía que D’Elía convocaba a esa marcha y se replegó en el momento junto a los organismos de Derechos Humanos que lo acompañaban.

Más patético aún fue el rol de Emilio Pérsico, jefe del Movimiento Evita y soldado de Solá, que maneja una caja inmensa para movilizar gente, y finalmente la “contramarcha” tuvo una masiva (¡!) presencia de 2.000 personas (extrañamente los matemáticos de Página/12 se esmeran en multiplicar en vez de sumar y deliran una convocatoria de 15.000 personas).

Pérsico, el “montonero”, adoptó una nueva práctica para el accionar: en los ’70 se repartían armas, ahora se reparten sándwiches de milanesa. Tal es el convencimiento revolucionario de la militancia que supo construir el ex promotor de la misa de reconciliación entre Montoneros y Videla, Massera y Agosti.

Fue llamativo como los medios televisivos, todos, se desesperaban ayer por encontrar a un “negro” en la marcha de Blumberg, donde sobraba el maquillaje, los últimos modelos de teléfonos celulares sacando fotitos y la excelencia de una masiva concurrencia de alta costura. Así como Kirchner el 25 de mayo pasado no le dio el gusto a sus detractores de aparecer en el palco junto a los gobernadores e intendentes peronistas, y se mostró acompañado sólo por Madres y Abuelas, a último momento la oposición realizó la misma jugada: ni Macri, ni López Murphy, ni el masserista Bragagnolo, ni Artaza, ni Pando, ni Castells, se mostraron en el palco de Blumberg y permanecieron mezclados en la paqueta multitud que superaron las 100.000 personas en una Plaza que no tiene precedentes desde hace décadas.

El miedo, como sentimiento de preservación, es una excelente punta de convocatoria.

D’Elía se había referido a que la composición social de la marcha de Blumberg era la misma que la Iglesia Católica junto a la oposición, había convocado el 11 de junio de 1955, contra Juan Domingo Perón. Lo que no diferenció D’Elía fue a Kirchner de Perón, y especialmente, para quién gobernaba cada uno. De hecho, no faltó un trasnochado que calificó de éxito rotundo la movilización al Obelisco de la “contramarcha”, porque “demuestra el carácter revolucionario de Kirchner y por eso reacciona así la oligarquía”. Le faltó a este bebedor empedernido, ver que la Confederación General Empresarial, la Unión Industrial Argentina y demás entes de la oligarquía, no adherían a la marcha de Blumberg, no por coincidencias políticas con Kirchner, sino simplemente porque con Kirchner les va mejor que en los ’90.

Efectivamente, ambas marchas fueron encabezas por los representantes más reaccionarios y recalcitrantes derechistas compuestos por miembros de la clase media para arriba.

Ambas tenían un contenido político fuerte. Blumberg, no sólo hizo “omisión” de las críticas vertidas desde su palco hacia el gobierno, en un acto que llamó “no político”, sino que dejó que una silbatina y cánticos de puteadas resuenen en las gargantas provenientes de La Horqueta, Pilar, Martínez, Caballito, Recoleta, Barrio Norte y demás, apunten contra Felipe Solá, gobernador de la provincia de Buenos Aires. De hecho, en declaraciones a Radio del Plata al día siguiente del acto, Blumberg confirmó por primera vez que está estudiando su eventual candidatura por el PRO en el territorio del silbado Solá.

Pero aquella marcha de Corpus Christi del ’55, fue también multitudinaria, con la misma composición de clase, pero para enfrentar a un gobierno que privilegiaba a los trabajadores y a las clases postergadas (de ahí el apoyo histórico que Perón tuvo en los sectores populares).

En cambio, la marcha de Blumberg fue “contra” un Gobierno que sigue privilegiando a estas clases media alta beneficiadas con el saqueo de los ’90 y que hoy reproduce la concentración de la riqueza y lanza globos de ensayo populares como el acceso al crédito para la vivienda, que sólo pueden pagar aquellos que tengan sueldos superiores a los cinco mil pesos, en un país donde el salario promedio no alcanza al mínimo que supere el ingreso sobre el índice de la pobreza.

Son estas clases, que se enriquecieron en las últimas tres décadas (las de siempre permanecieron solapadas), que se mudaron a los barrios privados que ahora quieren seguridad para disfrutar del botín obtenido, y mantener lo más lejos posible a los pibes chorros excluidos de todo, menos del flagelo del “paco” (residuo de la cocaína) que difunden los punteros políticos y la policía en una práctica “socialista” de la muerte. La evidencia de que la marcha de Blumberg no fue, tácticamente, confrontativa con el Gobierno, la mostró él mismo cuando habló de Kirchner y Alberto Fernández, este último nexo privilegiado entre la Casa Rosada y Blumberg: cuando empezó la silbatina, Blumberg no demoró un segundo en hacer silenciar a la Plaza (gesto que no hizo con Solá). De hecho, Alberto Fernández se manifestó molesto por el hecho que Blumberg convocara a la Plaza de Mayo “porque todos sus proyectos fueron recibidos y muchos de ellos convertidos en leyes”.

Del cotillón se encargaron las consultoras de imagen, que asesoran a Blumberg para que, aunque esté tomando sol, se muestre con gruesas carpetas caratuladas con la cara de su hijo muerto (por la policía), y poner la dialéctica de la propuesta de “crear trabajo”, “urbanizar las villas”, etc…

Y el “atractivo” de Blumberg fue explotado nuevamente al máximo, revirtiendo su debacle tras la paupérrima convocatoria que hiciera ante el Congreso. El padre sufrido que surge públicamente, inclaudicable en su lucha y un potencial nuevo dirigente. Porque lo nuevo, es para el medio pelo, intrínsicamente “bueno”. El hastío de la clase política es lo que manifiesta constantemente el pueblo en su conjunto, hecho generado por el engaño constante de las bandas que se turnan en la Casa Rosada. El vacío del “que se vayan todos” era el llamado del que “venga alguien”. Total, cualquiera iba a ser mejor. Aunque este pida más seguridad, restringiendo libertades, y más fuerzas policiales, en una provincia de Buenos Aires que tiene más agentes que todos los efectivos del Ejército Argentino, y que en la Ciudad de Buenos Aires caminen por la calle el triple de uniformados per cápita que en Nueva York.

Bienvenidos una vez más, al circo Katrasca.

Gabriel Martin


© (2006) Gabriel Martin
Todos los derechos reservados.
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