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HERRAMIENTAS

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Israel-Líbano
La guerra inútil
[Bambú Press]
Por Roberto Bardini
Publicado digitalmente: 5 de septiembre de 2006

La invasión israelí a Líbano del 12 de julio podría tener consecuencias poco favorables para el gobierno del primer ministro Ehud Olmert. Tras un enfrentamiento de 34 días y luego de repetir hasta el cansancio que las autoridades de Israel “no negocian con terroristas”, ya comenzaron a darse los primeros pasos para el canje de prisioneros de ambos bandos.

Kofi Annan, secretario general de la ONU, será el mediador en las negociaciones con la organización Hezbollah. Ofer Dekel, ex subjefe del Mossad, el servicio de espionaje israelí, fue designado por Olmert para viajar a Egipto y pactar el intercambio de los detenidos. Entre ellos se encuentran el cabo artillero Gilad Shalit, capturado el 25 de junio por milicianos palestinos de Hamas cerca de Gaza, y los soldados Eldad Regev y Udi Goldwasser, apresados el 12 de julio en el sur de Líbano por combatientes de Hezbollah.

Shalit sería canjeado por 800 palestinos, de un total de ocho mil “presos de seguridad” encarcelados en Israel. A cambio de Goldwaser y Reguev, podrían ser liberados 27 prisioneros libaneses.

Esta “guerra inútil” se pudo haber evitado, junto con el saldo de más de mil 200 muertos libaneses, más de cuatro mil heridos y 900 mil desplazados de sus lugares de residencia, a los que se suman daños materiales por tres mil 600 millones de dólares, según cálculos del Consejo de Desarrollo y Reconstrucción de Líbano.

El gobierno de Israel se encuentra sepultado bajo una catarata de críticas por su manejo de la invasión y evalúa las fallas en la conducción del desproporcionado ataque en el que participaron 30 mil soldados. Las Fuerzas Armadas israelíes perdieron 120 efectivos y no lograron liberar a los dos militares judíos, ni frenar a los tres mil milicianos de Hezbollah, ni evitar la andanada de 4 mil cohetes Katiusha sobre el norte del país, donde reside un millón y medio de civiles.

Muchos reservistas del Tsahal (abreviatura de Tsevá Hahaganá Leisrael o Fuerzas de Defensa Israelíes), reclutados con urgencia a través de la tzav shmone (“orden 8”), regresaron de Líbano con fuertes críticas por “no recibir órdenes claras” de sus jefes, pues –según dijeron– “ellos tampoco sabían qué hacer”.

El periodista Ari Shavit, columnista político del periódico laborista Haaretz, escribió con dureza: “No se puede conducir a una nación entera a la guerra prometiéndole una victoria, producir una derrota humillante y permanecer en el poder. No se puede enterrar a 120 israelíes en sus cementerios, mantener a millones de israelíes en refugios subterráneos por un mes, reducir la capacidad de poder disuasivo, adentrarnos en la próxima guerra para luego decir: ‘Ay, me equivoqué. No fue mi intención hacerlo. Páseme un cigarro, por favor’. No hay error que Olmert no haya cometido [...]. Fue a la guerra sin pensarlo, sin medir los resultados. Siguió a los militares ciegamente, sin preguntarles lo necesario. [...] Luego de lanzarse con arrogancia a esta guerra, Olmert la condujo con torpeza, sin objetivos ni métodos claros. Olvidó el frente interno y abandonó a nuestros habitantes del norte. Olmert también falló miserablemente en el plano diplomático. [...] El Israel golpeado y herido de la postguerra necesita un nuevo comienzo y un nuevo líder. Se necesita un nuevo primer ministro”.

El 63 por ciento de los israelíes quiere que Ehud Olmert renuncie y el 74 por ciento pide la dimisión de Amir Peretz, el ministro de Defensa, de acuerdo con una encuesta publicada por el diario Yediot Aharonot. La mayoría también exige la salida del general Dan Haluzt, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.

El caso de Halutz es más grave: el diario Maariv reveló que el 12 de julio vendió todas sus acciones en la bolsa de valores de Tel Aviv por valor de más de 30 mil dólares, a las tres horas de la captura de Regev y Goldwasser. El general hizo un buen negocio, porque poco después las acciones bajaron. Legisladores de la oposición piden la cabeza del general por aprovechar información privilegiada para obtener beneficios particulares. “Soy un ciudadano y tengo mis propias consideraciones económicas”, replicó Halutz, lo cual no ha contribuido a fortalecer su imagen.

Roberto Bardini


© (2006) Roberto Bardini
Todos los derechos reservados.
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Gentileza Bambú Press.

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