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HERRAMIENTAS

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Spilimbergo y la teoría de la dependencia
Por Alberto J. Franzoia
Publicado digitalmente: 4 de septiembre de 2006

Al cumplirse el segundo aniversario del fallecimiento de Jorge Enea Spilimbergo [1], resulta más que oportuno recordar uno de esas excelentes contribuciones teóricas que ayudan a pensar la realidad latinoamericana en clave nacional, popular y socialista. Cuando en noviembre del 2004 presenté en Reconquista PopularLas teorías sociales en Latinoamérica durante la segunda mitad del siglo XX” [2] (luego reproducido en otros espacios), señalé que Spilimbergo realizó un significativo aporte a la teoría de la dependencia a pesar de que el mismo no había tenido la difusión que otros muy conocidos durante fines de los años 60 y principios de los 70, etapa en la que esta teoría daba sus primeros pasos. Me refería concretamente al primer capítulo de “La guerra civil en EE.UU. y el ‘subdesarrollo”, que constituye uno de los tres trabajos incluidos en la edición de 1974 de “La Cuestión Nacional en Marx”. El mismo había sido publicado por vez primera en el número 42 de “Izquierda Nacional” en mayo de 1971.

Dicho trabajo toma como referente el estudio realizado por Marx y Engels sobre la guerra civil en EE.UU. para descifrar el carácter equívoco del subdesarrollo, ya que éste no sería el producto de ningún retraso técnico (como afirma la teoría de la modernización o desarrollismo) sino la consecuencia lógica de una determinada estructura socio-económica. Sostiene Spilimbergo en su “Advertencia a la tercera edición de la Cuestión Nacional en Marx”
“...el llamado “subdesarrollo” no consiste en ningún género de primitivismo técnico, sino en el dominio de clases sociales retardatarias ligadas a una estructura de dependencia satélite.”
El caso concreto que analiza Spilimbergo a través del enfoque marxista sobre la guerra de secesión es fundamental (lucha entre el norte que expresa un nacionalismo burgués y el sur esclavista vinculado con la burguesía inglesa), pero desde la perspectiva teórica, es en el primer capítulo del trabajo considerado donde se encuentra formulada con nitidez la diferencia central entre el enfoque del subdesarrollo sostenido por los desarrollistas y el que realizan los teóricos de la dependencia. Por lo que centraremos nuestra atención en ese capítulo titulado “¿Subdesarrollo o dependencia colonial?”

Oposición teórica

El problema que formula Spilimbergo no es antojadizo sino que surge como consecuencia de dos posturas teóricas que en aquellos años se enfrentaban dando respuestas de signo opuesto. Recordemos que desde los años 50 los teóricos de la modernización (intentando ser una opción ante el desgastado liberalismo), conceptúan al subdesarrollo como el producto de un retraso o bien como una desviación con respecto a las pautas seguidas por los países desarrollados (industrializados o primer mundo). En cualquier caso el problema es inherente a la propia historia de cada país, por lo que el desarrollo de los países centrales y el subdesarrollo de los periféricos son considerados como procesos independientes. La solución pasaría por alcanzar la etapa en la que se encuentran los primeros recurriendo a su apoyo con capitales, tecnología e inclusive personal calificado. El objetivo era por aquello años alcanzar (con la colaboración de los países desarrollados) una economía industrial autosostenida realizando inversiones en los sectores estratégicos, como siderurgia, química, electricidad y petroquímica (hoy aparecen otros rubros más importantes como informática, robótica y biotecnología).

Como respuesta a los modernizadores o desarrollistas a partir de fines de los años sesenta (si bien existen algunos trabajos anteriores) surgirán los planteos de la teoría de la dependencia. En ellos el subdesarrollo no es presentado como retraso ni desviación sino como una consecuencia de las relaciones de dependencia con respecto a los países centrales o dominantes en el capitalismo mundial, ya que ambas realidades integran una unidad de opuestos, es decir, dialéctica. Por lo tanto, la solución nunca puede vincularse con recurrir a la “ayuda” de quienes forman parte del problema, sino liberándose de la dependencia y sus agentes para iniciar un proceso de desarrollo autocentrado. Este objetivo se alcanza garantizando la reinversión nacional de los beneficios generados en dichos países, los cuales suelen ser exportados hacia los países dominantes, mientras que el resto queda en manos de los sectores internos parasitarios que, a su vez, tienen sociedad estrecha con ellos.

Si bien la teoría de la dependencia está inexorablemente vinculada a un paradigma como el materialismo histórico y dialéctico, y en su seno con la teoría del imperialismo desarrollada por Lenin, no todos sus exponentes son marxistas, y no todos los análisis hacen hincapié en los vínculos orgánicos entre la dependencia y la estructura de clases al interior de los países dependientes. El trabajo de Spilimbergo tiene el mérito de exponer estos vínculos en el capítulo que analizamos, no por primera vez en el seno de la teoría considerada, pero sí con mucha precisión y claridad conceptual, además de hacerlo en una apretada pero a la vez rigurosa síntesis. Esta combinación no resulta demasiado frecuente, por lo tanto aprovechemos el talento del autor.

¿Subdesarrollo o dependencia colonial? [3]

En este primer capítulo del segundo de los tres trabajos que incluye “ La Cuestión Nacional en Marx” Spilimbergo demuestra las diferencias esenciales entre una análisis marxista sobre la cuestión del desarrollo nacional y otro orientado por las versiones modernas (1971) de la concepción burguesa:
“La diferencia entre uno y otro análisis (el de Marx-Engels y el “moderno” de la economía burguesa) reside en que aquellos desentrañan la médula misma de la cuestión, en tanto los economistas del “desarrollo” merodean en torno a los problemas fundamentales inhibidos de captarlos, porque expresan la visión rapaz de la burguesía imperialista o la impotencia de las burguesías nacionales.”
Señala Spilimbergo que dicha inhibición se pone de manifiesto en los conceptos utilizados. El subdesarrollo es un concepto supuestamente científico que en realidad esconde más de lo que descubre. EL mismo da a entender dos cosas:
1. el subdesarrollo es una situación inherente a la estructura interna del país considerado;
2. representa un atraso cuantitativo, el eslabón de una cadena que tiene en su extremo opuesto a los exitosos países desarrollados.
“La relación entre las respectivas estructuras (desarrolladas y subdesarrolladas) sería entonces exterior, mecánica y contingente.”

Como respuesta categórica a este planteo de la economía burguesa expresada en su versión desarrollista, Spilimbergo expone el núcleo de aquella teoría que es la verdadera manifestación de un abordaje riguroso y alternativo (teoría de la dependencia):
“Pero las cosas discurren de otro modo. No estamos ante una situación inherente de atraso o primitivismo, sino ante una verdadera relación de dependencia, de explotación semicolonial, sobre la cual se basa la prosperidad de las metrópolis desarrolladas y el atraso de las economías tributarias y dependientes.”

Spilimbergo considera que el desarrollismo escamotea tanto el origen del problema, como también su solución, ya que ambas cuestiones están íntimamente relacionadas:
“El primer estigma del análisis “desarrollista” consiste, pues, en ocultar la fuente misma del subdesarrollo, o sea, la inserción de economías dependientes en el sistema de la mundial imperialista. El segundo estigma consiste en encarar la caracterización interna del subdesarrollo y la lucha contra él en términos de insuficiencia técnica frente a la cual se requieren, meramente, más ahorro y capitales, mejores métodos e instrumentos de trabajo. Esto ha llegado hoy al paroxismo con la charla especiosa sobre la “brecha tecnológica” y el “Know how”. Así por ejemplo, ante la crisis crónica de la ganadería argentina, los teóricos del desarrollismo frigerista afirman que la producción de carnes no aumentará, no podrá resolverse el problema de su venta por debajo del precio internacional, si no se generan previamente las inversiones básicas en siderúrgica, química pesada, electricidad, infraestructura.”
En definitiva lo que tenemos es un mero problema técnico, una falta de desarrollo inherente a la historia propia de Argentina que no ha realizado las inversiones necesarias en sectores económicos considerados estratégicos. Sin embargo, esta visión tecnocrática olvida considerar las relaciones históricas entre el capital monopólico proveniente de los países desarrollados y la estructura de clases parasitaria al interior de nuestro país, relaciones de dependencia que resultan funcionales para ambos.

Spilimbergo recurre a algunos ejemplos concretos de la época para validar el carácter falso de la teoría desarrollista:
“Esta asombrosa concepción no explica cómo disponiendo Argentina de un potencial instalado para la producción de tractores y maquinaria agrícola en gran escala, esta rama industrial soporta parálisis crónica y trabaja al 40 por ciento o menos de su capacidad por falta de demanda efectiva, que sí existe en cambio para una producción técnicamente similar pero de bienes de consumo suntuarios, como los automóviles.”
“Inversamente tampoco explica el sector frigerista del desarrollismo como en la década del 50 la República Popular China logró espectaculares avances en la producción y productividad sin mecanizar el agro, por la mera transformación de las relaciones sociales y de los medios de cooperación en el trabajo.”
La conclusión a la que conduce este planteo resulta evidente: “...no es la “industrialización” la que romperá el tope del atraso ganadero, sino la ruptura de ese tope lo que hará posible y viable el desarrollo industrial básico.”
Pero, a su vez, “ese tope no es técnico sino social; deriva del predominio de la oligarquía ganadera en alianza con el capital imperialista.” “Así el subdesarrollo no es sólo una relación de dependencia semicolonial sino una determinada estructura social que pone en manos de clases dominantes parásitas (desde el punto de vista de la acumulación capitalista), o sea, no inversoras, los excedentes capitalizables del trabajo nacional.”
Extraordinaria síntesis conceptual para exponer un problema clave que las distintas variantes paradigmáticas con las que tantos académicos forman a nuestros estudiantes de economía nunca logran desentrañar. ¡Cuánto dinero y tiempo invertido para formar profesionales en la fe desarrollista o liberal, cuya matriz conceptual, por lo tanto, los inhabilita de entrada para formular problemas económicos pertinentes y las soluciones adecuadas!

Algunos estudios realizados por CEPAL (una organización emblemática en lo que a abordajes desarrollistas se refiere) han destacado en diversas oportunidades la poca sensibilidad ante los estímulos del mercado demostrado por las clases “tradicionales” como se observa en la cuestión agraria (aunque no es el único sector que adopta dicho comportamiento). Pero cuál es la explicación dada por CEPAL, dice Spilimbergo:
“...la Cepal se hunde en la nebulosa del “espíritu capitalista”, cuya preexistencia metafísica habría fundado la realidad del capitalismo occidental.”
Es decir, lo que nos falta es ese espíritu burgués que hace posible un determinado comportamiento de clase, porque resulta que las ideas preceden a la realidad. Típica explicación de cuño weberiano [4] tal como es presentada en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”; tesis que por otra parte tenía la explícita intención de confrontar con la explicación materialista y dialéctica brindada por Marx y Engels. Pero como acota oportunamente Spilimbergo:
“Se trata de descubrir el fundamento material de esta ética de consumo (precapitalista) que imbuye a tales “burguesías” semicoloniales, tan en las antípodas del “espíritu capitalista” de las viejas burguesías occidentales, del estoicismo mundano de la ética puritana moldeada sobre el proceso trabajo-ahorro-inversión.”
Dicho fundamento material, no favorecedor del proceso de reinversión que conduce al desarrollo creciente de las fuerzas productivas, son las relaciones de servidumbre o semiservidumbre que imperan en el campo. Esto lleva al predominio de la producción extensiva, que no necesita de la producción intensiva, en la que el crecimiento no es cuantitativo sino cualitativo, es decir, basado en la inversión y los avances técnicos que generan mayor productividad y a menores costos.

Pero Argentina tiene una peculiaridad que la diferencia de otras economías agrarias subdesarrolladas de nuestra América Latina. Sostiene Spilimbergo:
“La particularidad argentina es que el lugar ocupado por la sobreexplotación servil o semiservil del agricultor indígena, corresponde a la alta fertilidad natural de la llanura pampeana bajo condiciones de latifundio ganadero y cultivo extensivo.”

En la economía capitalista la reinversión en el circuito productivo con permanente renovación técnica es imprescindible para poder competir y mantenerse dentro del mercado. El ausentismo es inconcebible para la sobrevivencia del capitalista ya que sólo la inversión e innovación constante le permiten competir bajando los costos. En las economías asentadas en el trabajo servil o con condiciones naturales insuperables la cosa es muy distinta, lo que favorece el parasitismo. Allí radican las condiciones para la reproducción crónica del subdesarrollo. Por lo tanto Spilimbergo sin titubeos dice lo que tantos técnicos callan:
“Abatir el subdesarrollo es, en esencia, destruir socialmente (expropiar) a las clases parasitarias del único modo conocido por la historia, esto es revolucionariamente, como lo demuestran las experiencias de Francia, Inglaterra, EE.UU. y las modernas revoluciones socialistas del siglo XX.”

Al arribar a este momento del análisis Spilimbergo va a considerar un aspecto central de todo análisis de clases que se realice sobre un país dependiente como Argentina:
“...en nuestra época la espina dorsal del bloque histórico que la sociología burguesa llama “clases (dominantes) tradicionales”, no es otra que la más moderna, la menos “tradicional” de las clases explotadoras: la burguesía imperialista, no bien la miremos no de la atalaya de su respectiva metrópoli, sino desde sus tentáculos en el mundo semicolonial y dependiente.”

Efectivamente, la burguesía de los países dominantes ha favorecido el desarrollo capitalista en su lugar de origen como consecuencia de la expansión de las fuerzas productivas, proceso que surge de la necesidad de competir exitosamente entre burgueses de la misma nación, y como condición para conquistar mercados externos. Pero una vez que dichas burguesías se instalan en regiones consideradas la periferia del sistema, actúan como inhibidoras del desarrollo, pues al remitir a sus naciones gran parte de los beneficios obtenidos no favorecen ni la acumulación de capital ni la expansión del mercado interno. Desde ya, la presencia de una clase ajena a la economía propia de los países semicoloniales, cuyo comportamiento allí resulta precapitalista, sólo se puede materializar, no mediando una conquista militar, a partir de una sólida alianza con clases nativas parasitarias o satelizadas. Así lo expresa Spilimbergo:
“Basta decir aquí que el comportamiento de esa burguesía exterior cuyos tentáculos penetran y se instalan en el seno de la sociedad semicolonial formando en ella el cuerpo de la alta burguesía, amalgamándose con la oligarquía nativa, asfixiando y satelizando a un vasto sector del empresariado vernáculo, penetrando las instituciones públicas, el aparato cultural, los órganos de difusión masiva, etc. es “precapitalista” desde el punto de vista de la sociedad dependiente, en la medida que no estimula en ella el proceso de acumulación de capitales y expansión del mercado interno.”
“Por el contrario, la inserta en el ciclo de la acumulación metropolitana, tal como la garrapata convierte el sistema digestivo y sanguíneo de la víctima en “momentos de su nutrición parasitaria.”

Spilimbergo aclara:
“Naturalmente, en el análisis de la guerra civil norteamericana, Marx y Engels no visualizan este último aspecto de la cuestión, que se refiere a un período histórico posterior.”
Así es, los amigos y compañeros de trabajo de toda una vida abordaron las especificidades del capitalismo que les tocó vivir, llamado clásico o de libre competencia, cosa que muchos críticos mal intencionados pretenden obviar. La etapa posterior, cuyas principales manifestaciones se dan a partir de fines del siglo XIX, no la vivieron o era demasiado reciente, por lo tanto no podía formar parte de sus estudios tanto materialistas como dialécticos de la historia. Esa etapa recibe el nombre de imperialismo, y encontró en Lenin a uno de sus principales y más lúcidos teóricos.

Este primer capítulo que estoy analizando es cerrado por Spilimbergo con algunas consideraciones específicas sobre la guerra de secesión, que serán retomadas y profundizadas en los capítulos II, III, IV, V, VI y VII. Cedamos la palabra al autor:
“La esclavitud se desarrolla en los Estados del sur de la Unión bajo el estímulo de la demanda de algodón por la industria textil inglesa: la voracidad de los telares mecánicos multiplicó la demanda de materias primas.
Por ese concurso de circunstancias (sobre el cual volveremos) tenemos aquí el “antiguo régimen” naciendo de las entrañas de una sociedad burguesa en formación, a la cual contrapone su propia ley de desarrollo, incapaz de frenarse en un acuerdo, compromiso, equilibrio de fuerzas, participación, obligando a tomar la ofensiva para expandir su sistema a los Estados de la Unión, monopolizar el gobierno federal, aplastar a la industria del Norte, reemplazar con latifundios esclavistas a los pequeños propietarios del Oeste y convertir el país en una colonia de la industria inglesa.
Programa semejante llevó a cabo la oligarquía bonaerense acaudillada por Mitre en la misma séptima década del siglo pasado. El dispar desenlace de ambas guerras civiles explica los destinos diferentes de EE.UU. y las repúblicas del Plata.”
Marx y Engels analizaron la peculiar realidad de la guerra en EE.UU. como se puede constatar en los artículos que publicaron entre 1861 y 1862 en el “New York Daily Tribune” y en “Die Presse” de Viena. Pero, a su vez, en nuestro medio, Alberdi señala que el papel del Sur lo desempeñaban los mitristas.

Los teóricos alemanes logran captar a través de su metodología cómo la contradicción principal de esta guerra, más allá de factores concurrentes, se expresa mediante los intereses irreconciliables entre las clases asociadas al desarrollo y aquellas otras que lo frenan. Según Spilimbergo su análisis tiene el mérito de permitirnos:
“...comprender de qué modo la unidad nacional, la soberanía económico-política, el desarrollo de las fuerzas productivas y la democracia política forman una gran causa cuyo triunfo pasa, inevitablemente, por el aplastamiento y expropiación de las clases dominantes ligadas estructuralmente al sistema del subdesarrollo.”

Transcurrido un breve tiempo desde la publicación de este trabajo sobre la guerra civil en EE.UU., asistimos en nuestra patria y en el resto del mundo dominado por el imperialismo al inicio de una nueva etapa llamada neoliberal. Esa es otra historia que no integra nuestro objeto de estudio en este análisis, sin embargo, el abordaje estructural de Spilimbergo para desentrañar cómo operan las fuerzas del subdesarrollo, captando la estrecha ligazón entre las burguesías de los países dominantes y las clases nativas a ella asociadas mantiene plena vigencia. De allí que subrayamos a modo de conclusión esta idea-fuerza del autor:
“La lucha contra el subdesarrollo es una lucha de clases y sólo puede llevársela por medios revolucionarios.”

Alberto J. Franzoia
La Plata, 4 de septiembre de 2006

NOTAS:

[1] Jorge Enea Spilimbergo, político, ensayista y periodista fallecido el 4 de septiembre de 2004. Referente insustituible de la Izquierda Nacional. Cofundador junto a Abelardo Ramos del PSIN (Partido Socialista de la Izquierda Nacional) y el FIP (Frente de Izquierda Popular). Secretario General del PIN (Partido de la Izquierda Nacional) y de Patria y Pueblo.
Entre sus principales producciones se encuentran: “Nacionalismo Democrático y Nacionalismo Oligárquico”, “Historia del Socialismo en la Argentina”, “La Cuestión Nacional en Marx”, “Clase Obrera y Poder” y “El Fraude Alfonsinista”.

[2]

Las teorías sociales en Latinoamérica durante la segunda mitad del siglo XX.

Lic. Alberto J. Franzoia

Introducción

La entrevista a Waldo Ansaldi publicada por Clarín y que aparece en el Foro Reconquista Popular con fecha 10 de octubre, necesariamente nos lleva a reflexionar acerca de cuánto hay de cierto en lo que afirma. Lo primero que se puede sostener, después de haber leído su discurso sobre la realidad de la teoría social en las ultimas décadas del siglo XX en Latinoamérica, es que tiene un carácter por lo menos incompleto, y, si profundizamos aún más en el análisis, observamos algunos errores significativos. Los años 60 y 70 fueron, como afirma el entrevistado, de una gran riqueza teórica y política para nuestra tierra, pero es necesario delimitar con claridad cuáles eran los principales planteos de la época, para asumir sin complejos las divergencias existentes en la comunidad de cientistas sociales. Tal como Ansaldi nos presenta las cosas, desde una postura supuestamente neutra, parece que la Cepal y la teoría de la dependencia representan dos aportes al estudio de nuestra realidad que están eximidos de toda tensión. Sin embargo, consideramos que esto no es así, ya que han expresado (y lo siguen haciendo) dos perspectivas antagónicas acerca de cómo abordar el subdesarrollo latinoamericano y, por lo tanto, dos propuestas absolutamente divergentes para superarlo. Aclaramos, por otra parte, que el análisis de los modos de producción en América Latina como el papel asignado a los intelectuales (temas también mencionados en la entrevista), merecen una consideración especial, que intentaremos abordar en otra oportunidad, ya que por su extensión y complejidad no resulta aconsejable incluirlo en este trabajo. Pasemos por lo tanto a examinar las principales teorías consideradas, intentando justificar nuestras discrepancias con la versión instalada por Ansaldi.

Teoría de la modernización

La Cepal forma parte de un proceso de producción intelectual mucho más amplio, que habitualmente se inscribe en la llamada teoría de la modernización, la cual, además, integra uno de los más importantes paradigmas de la ciencia social: el estructural funcionalismo (que surgió durante los años 30 en EE.UU). Desde la teoría general del paradigma se formula esta subteoría que intenta explicar y resolver la problemática de los países subdesarrollados o "en vías de desarrollo". Si bien incluye diversos enfoques (Cepal, enfoque de brecha, Germani, Rostow, Hoselitz, etc.) todos ellos comparten un núcleo conceptual y un método hipotético deductivo para construirlo.
1. El subdesarrollo de Latinoamérica debe entenderse como el producto de un retraso histórico con respecto al camino recorrido por los países desarrollados, o en su defecto como una desviación en relación con las pautas de desarrollo seguidas por ellos. Es decir, estamos en una etapa anterior al desarrollo, o vivimos una situación patológica.
2. En cualquier caso el subdesarrollo de los países periféricos es producto de su propia historia, por lo tanto no se relaciona con la injerencia de las naciones desarrolladas. Como desarrollo y subdesarrollo se consideran dos entidades independientes, los teóricos de la Cepal han asimilado realidades tan distintas como la Europa de posguerra con Latinoamérica tratando de buscar soluciones similares.
3. Si desarrollo y subdesarrollo son procesos autónomos, entonces resulta recomendable recorrer el camino de los que ya se han desarrollado, para superar el retraso o la situación patológica recurriendo a su ayuda y experiencia.
4. Contrariando el planteo formulado por el liberalismo clásico, se le asigna un rol fundamental al estado para promover dicho desarrollo, pero lo importante no es el tamaño de éste sino la función que debe cumplir:
a. promover el ingreso a los países subdesarrollados de capitales, tecnología y personal técnicamente capacitado provenientes del mundo desarrollado;
b. orientar esos recursos hacia aquellas áreas de la economía consideradas estratégicas para recorrer el camino hacia el desarrollo (industria de base y pesada);
c. una vez que el estado haya instalado las condiciones para iniciar el desarrollo, se podrá superar la dependencia con respecto a los países centrales y la economía autosostenida dejará de ser una quimera.

La secularización, entendida como un proceso guiado por el principio de racionalidad aplicado al campo económico, social y político, es lo que caracteriza el cambio, para que una sociedad atrasada se modernice. Gino Germani, uno de los exponentes más renombrados de la teoría, sostenía que los principales componentes de este cambio son:
"1. Se modifica el tipo de acción social. Del predominio de las acciones prescriptivas se pasa a un énfasis (relativo) sobre las acciones electivas (preferentemente de tipo racional).
2. De la institucionalización de la tradición, se pasa a la institucionalización del cambio.
3. De un conjunto indiferenciado de instituciones, se pasa a una diferenciación y especialización creciente de las mismas (1)."

Esta teoría, con sus diversas variantes, se instaló en nuestro mundo intelectual a partir de los años 50, montados en ella cabalgaron varios gobiernos de América Latina de la época, como el de Frondizi en Argentina, o a partir de 1964 la dictadura brasileña. Es menester señalar que las experiencias autoritarias que recurrieron a la teoría de la modernización (e inclusive aquellos que lo hicieron desde una versión restringida de la democracia), estaban transgrediendo uno de sus postulados, ya que en la faz política propone el desarrollo de un estado racional con amplia participación ciudadana (siguiendo el ejemplo de las democracias occidentales). A favor de ellas se debe aclarar que los modernizadores también sostienen que el desarrollo económico y el político no necesariamente son sincrónicos, por lo que pueden existir ciertos desfases que se superarán en el mediano plazo. Sin embargo, cuando en los años 80 la teoría produce nuevos planteos, como los de Jorge Sábato en Argentina, afirma que no es posible la modernización económica sin democracia política.

Ahora bien, cómo es posible que algunos liberales y "marxistas" adhiriesen a esta teoría. En el primer caso sólo aquellos que habían descubierto el fracaso del liberalismo clásico en nuestra tierra, vieron la posibilidad de salir del atolladero recurriendo a un nuevo planteo, que sin renegar de las pautas del capitalismo dependiente, pudiese generar más oxígeno para una economía decadente. La propuesta de un estado racional basado en burocracias eficientes, por otra parte, es afín con un sector del liberalismo que se orienta en ciencia social por el pensamiento de Max Weber. Más difícil de comprender parece la adhesión de ciertos" marxistas". Sin embargo, debemos recordar que algunos de estos intelectuales se han identificado con una hipótesis equivocada de Marx, a saber: la penetración del capital en la periferia del sistema generará el desarrollo de sus fuerzas productivas, favoreciendo por lo tanto el surgimiento de las condiciones objetivas para la revolución socialista (de allí el apoyo del científico alemán a la introducción del ferrocarril en la India). Pero Marx, a diferencia de estos consumidores de fórmulas, contaba a su favor con que había muerto antes de que el capitalismo se manifestara claramente como imperialismo. La nueva etapa del capital generó dos realidades bien distintas (países opresores - países oprimidos), por lo que Lenin produjo la teoría del eslabón más débil para dar cuenta de dónde y porqué se inician los procesos revolucionarios. Ansaldi pretende sugerirnos que la presencia de liberales, weberianos y marxistas en la Cepal fue un signo de pluralismo, pero esto es inexacto. Todos sus integrantes coincidían en un punto fundamental, consistente en invertir la tesis leninista: el imperialismo que para Lenin era la última fase del capitalismo, resulta, para estos teóricos, la primera etapa del desarrollo capitalista en Latinoamérica. Para liberales conversos y desarrollistas significaba alcanzar el fin propuesto, para ciertos "marxistas", por otro lado, el medio para luego (creadas las condiciones objetivas necesarias) luchar por la revolución.

En los años 90 quien fuera Primer Ministro de Japón entre 1982 y 1987, Yasuhiro Nakasone, nos ofrece una visión idealizada de la propuesta para el desarrollo sostenida por esta teoría que, según sus propulsores, mantiene plena vigencia:
"Una nación llega a la economía de mercado liberal mediante una vía desarrollista única a sus propias circunstancias. Las políticas que son necesarias en diversas fases para avanzar por ese sendero no deben causar guerras comerciales con quienes ya han llegado. En lugar deben respetarse, como las fases de la niñez, adolescencia y vida adulta, como pasajes que toda economía debe atravesar en su subida de la pobreza a la prosperidad" (2).

Cuando Ansaldi pasa a la segunda producción intelectual significativa de la época, cita a la teoría de la dependencia, sin aclarar que ella fue precisamente la negación de los planteos modernizadores con los que se identificaba la Cepal. Además parece que el único trabajo importante que recorrió el mundo fue el de Cardoso y Faletto y que a partir de los 80 la teoría desapareció o sólo tuvo expresiones dispersas. Analicemos detenidamente este momento del discurso porque oculta más de lo que revela.

Teoría de la dependencia

Lo primero que debemos considerar es que la teoría de la dependencia surge en los años 60 como la negación o antítesis de la teoría de la modernización, y así queda expresado en trabajos como el clásico de Osvaldo Sunkel "Capitalismo transnacional y desintegración nacional en América Latina":
"La realidad de nuestro subdesarrollo se ha venido apreciando principalmente a través del cristal de las teorías convencionales del crecimiento y la modernización. Prevalece por tanto una concepción orientadora que concibe el funcionamiento óptimo del sistema social en términos de esquema teórico ideal de una sociedad capitalista madura, representada en la práctica por los países desarrollados, y el subdesarrollo, como una situación previa imperfecta, en el camino hacia aquel modelo ideal. Sin embargo, el proceso formativo y la estructura actual de los países subdesarrollados se distinguen radicalmente de las hipótesis implícitas en aquella forma de aproximación teórica." "El enfoque que propongo consiste en apreciar las características del subdesarrollo como el conjunto de resultados inherentes o normales al funcionamiento de un determinado sistema" (3).

La hipótesis central que comparten todos los representantes de esta teoría es que el subdesarrollo de los países periféricos no es independiente del desarrollo de los países desarrollados. El concepto dependencia es central para la teoría, de allí que sea incorrecta la apreciación de Ansaldi cuando afirma "la mal llamada ’teoría de la dependencia". Dependencia es el concepto que permite explicar el subdesarrollo de Latinoamérica, por eso se analiza cómo surgió y cuáles fueron sus principales manifestaciones a través de la historia. Si bien no todos los exponentes son políticamente marxistas, esta teoría es inseparable de la teoría del imperialismo elaborada, sobretodo, por Lenin. Mientras él estudió como se manifiesta el capitalismo desarrollado en su etapa superior y porqué se expande hacia la periferia del sistema capitalista, los teóricos latinoamericanos centraron su análisis en las consecuencias que produce dicha expansión en el mundo dependiente. Por otra parte, como dependencia y subdesarrollo se vinculan causalmente, sólo puede resolverse el problema superando esta situación a partir de una política de auténtica independencia económica y política. Resulta necesario destacar que la teoría se ha construido desde una metodología dialéctica, por lo que las unidades de opuestos siempre están presentes en el análisis. La contradicción entre países dominantes y dominados es fundamental, pero no se puede aislar de la contradicción de clase, ya que la dominación es posible a partir de una alianza de clases (de los países involucrados) para explotar a otras.

Por lo dicho, la teoría de la dependencia rechaza cada uno de los planteos formulados por la teoría de la modernización (incluida la Cepal).
1.El subdesarrollo no debe entenderse ni como un retraso histórico, ni como una patología, ya que es inherente al capitalismo dependiente.
2.Esto significa que desarrollo y subdesarrollo no son entidades autónomas sino que forman parte de una unidad de opuestos, dialéctica.
3. El camino a recorrer no puede ser un símil de la vía europea o estadounidense, es el producto de una experiencia propia, latinoamericana (o de países del mundo dominado).
4. El estado debe intervenir tal como lo plantean los modernizadores, pero con un sentido bien distinto, no favoreciendo una mayor dependencia del capital de los países desarrollados o dominantes, sino cortando estos lazos históricos que fueron causa de la situación que se intenta revertir. Este proceso implica una lucha de clases, ya que las clases explotadas deben enfrentar el dominio gestado por la alianza entre la burguesía de los países imperialistas y la clase dominante de los países sometidos.
Por estas razones los marxistas que desarrollaron la teoría, tienen claras diferencias con aquellos otros que se integraron a la Cepal. Desde esta perspectiva, el imperialismo no favorece el desarrollo de las fuerzas productivas, sino que lo inhibe; no representa la primera etapa en el desarrollo del capitalismo latinoamericano, sino que Latinoamérica forma parte de los eslabones débiles de la cadena que se debe cortar para superar el subdesarrollo crónico. Otros exponentes que no son marxistas (como Sunkel) utilizan sin embargo el método y varias de sus categorías teóricas, superando con claridad la perfomance de los "marxistas" de la Cepal.

Cardoso y Faletto produjeron un trabajo esencial por aquellos años titulado "Dependencia y desarrollo en América Latina", pero no fue el más importante ni el único que alcanzó gran repercusión. Hubo varios estudios que realizaron aportes dignos de mención (lo que no significa que todas las hipótesis planteadas fuesen correctas), y que más allá de matices diferenciados, coincidían en el núcleo conceptual de la teoría. Por citar algunos:
* "La crisis norteamericana y América Latina" de Theotonio Dos Santos.
* "Imperialismo y geopolítica en América Latina" de Vivian Trias.
* "La crisis del desarrollismo y la nueva dependencia" de Dos Santos, Vasconi, Kaplan y Jaguaribe.
* "Capitalismo transnacional y desintegración nacional en América Latina" de Osvaldo Sunkel.
* "Imperialismo y cultura" (un análisis de la dependencia desde el campo cultural) de Juan José Hernández Arregui.
* "Las venas abiertas de América Latina" de Eduardo Galeano.
* "Capitalismo y subdesarrollo en América Latina" de André Gunder Frank.
Un análisis menos conocido, pero absolutamente esencial para comprender la relación entre subdesarrollo, dependencia y revolución en América Latina es el que realiza Jorge Spilimbergo en "La cuestión nacional en Marx", sobretodo en el capítulo titulado "¿Subdesarrollo o dependencia colonial?".
Fuera del contexto latinoamericano han resultado fundamentales los aportes en Africa de Samir Amin, con trabajos como "Capitalismo periférico y comercio internacional".

Por último, en relación con las observaciones realizadas por Ansaldi a la teoría de la dependencia, en los años 80 ni desapareció ni se dispersó. Lo que efectivamente ocurrió es que dejó de tener resonancias en el campo de la intelligentzia, ya que estos, por definición, sólo se interesan por las modas intelectuales, independientemente de cuáles son las teorías y métodos que aportan objetivamente a la resolución de los problemas latinoamericanos. Era común escuchar en ámbitos académicos, de investigación o en los medios de comunicación que la teoría de la dependencia había sido superada, pero nunca se fundamentó con solidez porqué. Los planteos posmodernos arreciaban, las agendas se modificaban y los temas que se imponían eran:
a. la crisis del marxismo,
b. autoritarismo o democracia,
c. estado y sociedad.
Hasta que en los 90, con el apogeo del neoliberalismo, llegó la teoría de la finitud, creada por los doxósofos (tema abordado en nuestro anterior trabajo) y asimilada rápidamente por la intelligentzia. El fin de los paradigmas científicos (mencionado por Ansaldi), el fin de las ideologías, y la globalización o el fin del imperialismo se habían instalado en un escenario preparado en la década anterior. Sin embargo, desde la teoría de la dependencia la producción continuaba. Otros intelectuales, no alienados por el pensamiento políticamente correcto, abrevaban en ellas y, no sin dificultad, las difundían. La teoría permanecía viva, por la simple razón que los problemas que había planteado en los 60 y 70 tenían plena vigencia. Además, las propuestas tanto de la teoría de la modernización como del neoliberalismo para resolver la situación, habían fracasado estrepitosamente. Sin embargo, las nuevas producciones no rehuían el debate con los temas instalados en los años 80 y 90; la democracia, el rol del estado, el marxismo y la globalización se hicieron presentes, pero interpretados desde otra perspectiva. Algunos trabajos dignos de mención gestados por los teóricos de la dependencia en esos años en los que fueron borrados de muchas agendas son:
* "Dependencia, democracia y movimiento popular en América Latina" de Enzo Faletto, 1980.
* "Las democracias en las sociedades contemporáneas" de Fernando Cardoso (quien luego abandonó la teoría para inscribirse en el neoliberalismo), 1981.
* "Imperialismo y pensamiento colonial en la Argentina" (un análisis de la influencia del imperialismo en la producción de ideas) de Norberto Galasso, 1985.
* "Imperio del Caos" de Samir Amin, 1992.
* "El futuro de la polarización global" de Samir Amin, 1994.
* "La teoría de la dependencia y el sistema mundial", entrevista a Theotonio Dos Santos, 1998
* "La explotación global" de Pablo González Casanova, 1998.

Cuando en Argentina el primer presidente de la etapa posterior a la larga y terrible noche procesista, Raúl Alfonsín, decía que con "la democracia se come, se educa y se cura", cometía un gravísimo error. Ningún pueblo sometido por el imperialismo come, estudia y tiene acceso a la salud tanto con dictaduras como con democracias. El concepto dependencia seguía siendo la clave para salir de la encrucijada. Desde ya la dependencia es un concepto que, como cualquier otro, sólo resulta útil cuando se lo llena de contenido, cuando de la sintaxis se pasa a la semántica. Los nuevos estudios sobre dependencia seguramente resultarán esenciales para resolver la crisis del capitalismo latinoamericano y del mundo dominado en general, en la medida que logren dar cuenta de sus manifestaciones actuales, cómo se encadenan con el pasado y con qué consecuencias se proyectan hacia el futuro. Resulta una tradición intelectual difícil de sustituir en el campo de las disciplinas sociales, un instrumento formidable para explicar y transformar una realidad que necesita de una teoría ágil, capaz de captar sus modificaciones cada vez más veloces. Y para que esto sea posible, el método más adecuado para construirla es la dialéctica, ya que por su naturaleza nos permite comprender el devenir permanente de la historia, incluyendo en su lógica la transformación consciente del mundo.

Sostiene en los 90 un exponente de la teoría de la talla de Samir Amin:
"Desde el frente político, tenemos que desarrollar formas mundiales de organización que sean más auténticamente democráticas de modo que sean capaces de reformar las relaciones económicas sobre la base de cada menos desigualdad. Desde esta perspectiva, considero de alta prioridad la reorganización del sistema global sobre la base de grandes regiones que deberían agrupar partes dispersas de las periferias. Este podría ser el origen de la constitución de las regiones latinoamericana, africana y sudasiática, junto con la China y la India (los únicos países continentales de nuestro planeta)... La razón de esta exigencia es simple, es únicamente en esta escala en la que se pueden combatir efectivamente a los cinco monopolios de nuestro análisis... Por supuesto, la transformación del mundo siempre comienza con luchas en su base. Sin el comienzo de los cambios de los sistemas ideológicos, políticos y sociales en el nivel de sus bases nacionales, cualquier discusión sobre la globalización y la polarización quedará como letra muerta" (4).

Noviembre de 2004

(1) Germani, Gino: "Política y sociedad en una época de transición", página 94, Editorial Paidos, 1977.

(2) Nakasone, Yasuhiro: "Los nuevos conflictos del capitalismo", Los Ángeles Time (publicado por diario El Día), 1993.

(3) Sunkel, Osvaldo: "Capitalismo transnacional y desintegración nacional en América Latina", página 13, Ediciones de Nueva Visión, 1971.

(4) Amin, Samir: "El futuro de la polarización global", publicado por en Review, Fernand Braudel Center, vol. XVI, nº 1, página 14, 1994.

[3] “Subdesarrollo y dependencia colonial” es el capítulo primero de una de los tres trabajos (“La guerra civil en EE.UU. y el ‘subdesarrollo”) incluidos en la edición de 1974 de la “Cuestión Nacional en Marx”, Editorial Octubre.

[4] Max Weber (1864-1920), sociólogo, economista y politólogo alemán. Analizó el papel desempeñado por ciertas ideas o espíritu (ética protestante) como favorecedor de las condiciones necesarias para el desarrollo del capitalismo, invirtiendo la tesis de Marx y Engels según la cual fue el capitalismo el que generó las condiciones para el surgimiento del protestantismo.



© (2006) Alberto J. Franzoia
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