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HERRAMIENTAS

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¿Quiénes somos los que nos somos?
Por Jorge Rachid
Publicado digitalmente: 8 de septiembre de 2006

Los que no somos ni oficialistas ni opositores, ¿qué somos? Somos aquellos que se permiten el derecho de cualquier compatriota y el deber de todo militante de la causa nacional, que es el de conservar y desarrollar el pensamiento crítico.

¿Se puede aplaudir la política de derechos humanos y plantear que limitarla a los 70 solamente es amputar la historia sin ser demonizado?.
¿Se puede plantear que desde 1955 las masacres en nuestro país tuvieron un solo destinatario, que fue el pueblo peronista y que la derrota del modelo de Nación del 76 sólo fue una etapa en la lucha de los sectores del privilegio por consolidar hasta hoy su hegemonía, sin ser por eso catalogado de nostálgico?

Quienes fuimos críticos de las relaciones carnales y hoy asistimos a la complacencia con Bush en el genocidio internacional que provoca y proponemos que sea juzgado por los Tribunales de la Haya, como Milosevic, ¿estamos en las antípodas del poder?

Es que en nuestro país haber combatido el neoliberalismo durante la dictadura y cuando la década del 90 lo afianzó destruyendo el sistema solidario, ¿es pecado? Cuando decimos hoy que las AFJP son una estafa al pueblo argentino y las ART responsables de las muertes de los trabajadores y las invalideces producto de la falta de inversión en higiene y seguridad en el trabajo, privatizadas y sin presencia del Estado en su cuidado.

Cuando defendemos el Movimiento Obrero Organizado como bastión de la lucha contra el neoliberalismo y en el mantenimiento del andamiaje laboral, producto del Estado Solidario aún a costa de sus propios intereses como sector, fortaleciendo las Obras Sociales aún en el avance privatizador de apropiamiento del recurso del ahorro interno genuino de los trabajadores, nos dicen que es ahistórico su rol en la globalización. O nos plantean la claudicación de sindicalistas, que los hubo, como en cada sector social de la Argentina en ésta diáspora de la fragmentación neoliberal.

Podemos decir parafraseando al criollo “que el paisano es agradecido pero le gusta que lo empujen” y si hay políticas que pueden ser correctas deben plantearse en el marco de la “Conducción Política” de Perón que nos decía que conducir es predicar y predicar es persuadir. Se puede decir que debe primar la convicción antes que la encuesta sin por ello quedar afuera de cualquier discusión en ésta democracia limitada y ajustada al Consenso de Washington, como si la filosofía política fuese tributaria de las elecciones y la conciencia de los pueblos cautiva de los intereses económicos.

El neoliberalismo ha invadido culturalmente cada espacio nacional, desde 1976, a cada uno de nosotros en su pensamiento y en su acción determinando hábitos y comportamientos impensables en épocas de lucha y de compromiso pleno. Así la política perdió sus utopías dejando paso a la profesionalización, de ahí a la acumulación de dinero antes que de voluntades fue solo un paso. El poder se comenzó a construir desde otro lugar, con reflejos militantes en lo táctico, producto de la experiencia anterior, pero con instrumentos bastardos que impidieron cualquier visión estratégica, sin continuidad de políticas de Estado y con un deterioro profundo de la identidad nacional y su capacidad soberana.

¿Puede el sector financiero seguir manejando la agenda nacional mientras se plantea un modelo productivo?
¿Es desatinado plantear un impuesto a los plazos fijos y colocaciones bancarias especulativas como los valores de bolsa que se dedican a la timba financiera mientras desde los medicamentos a los comestibles pagan IVA?
¿Se le puede pedir al ejecutivo que deje de rogarle a las AFJP que le acepten las colocaciones de bonos a tasas lógicas cuando el dinero es trabajadores argentinos, ya esquilmado por esas entidades financieras? Si planteamos que esos fondos deben ser manejados por el Estado nos plantean la seguridad jurídica, si solicitamos la eliminación del impuesto al cheque nos dicen que vamos al déficit fiscal, si decimos que reconstruyamos la política tributaria a favor de los sectores productivos y desprotegidos de la sociedad nos contestan que no se puede subsidiar. Sin embargo desde el transporte a los créditos parece que los subsidios existen en determinada dirección y se bloquean en otras, lo mismo que los fondos fiduciarios.

Plantear la reconstrucción del modelo social solidario implica una lucha profunda por el cambio de los paradigmas que dominaron nuestro tiempo desde el 76. Si el Gobierno está en condiciones o no de darla es otra cuestión, pero hay algo que es indudable que la misma no se dará en la lucha electoral, se dará en el debate de cara a la sociedad en cada uno de los sectores que hoy demandan presencia y políticas activas de un Estado presente.

Está dentro de las posibilidades plantearse confrontaciones con sectores rurales del privilegio siempre y cuando se recomponga stock ganadero con créditos blandos y apoyo fiscal a los pequeños y medianos productores como plan a mediano plazo. Es posible fijar políticas de precios en función social antes que por el manejo macroeconómico con un diseño de país productivo planificado. Se puede y se debe promover la obra pública, generadora de mano de obra genuina pero debe darse en el marco de políticas federales abiertas que integren al país y no limiten los recursos por adhesiones condicionadas.

La seguridad no es patrimonio de nadie y es reclamo de todos en un país desvastado por la exclusión y la marginación social. No se puede calificar de procesista a quienes reclaman por la misma, ni contestar con chicanas planteos que afectan a la comunidad y en especial a los sectores más humildes. Puede ser que algunos se suban para confrontar al reclamo, pero nadie duda de la necesaria respuesta desde el peronismo, desde la Comunidad Organizada, desde la democratización del poder, sin el garrote, sin mano dura ni impunidad cómplice, con políticas de Estado que como marca la Constitución garanticen los derechos y permitan la reinserción social de los individuos y la tranquilidad pública de los argentinos.

No se puede especular con la visión del mundo, desde Argentina. No se debe callar ni dejar de condenar los ataques sobre población civil del Líbano y Palestina para evitar ser catalogado de antisemita. Quienes bregamos por la paz no podemos caer en los maniqueísmos que nos proponen en general los medios de prensa. Podemos estar de acuerdo con la existencia y la seguridad necesaria del estado de Israel y condenar enérgicamente su política de terrorismo de Estado, expansionista e imperialista como lo hacen miles de judíos en el mundo con una visión como la nuestra, que pasa por los pueblos no por los intereses petroleros ni estratégicos del imperio. Podemos condenar el terrorismo en cualquiera de sus formas y al mismo tiempo reconocer la resistencia Palestina o Libanesa al ejército invasor, como legítima, sin ser contradictorios ni muchos menos acusados de supuestos antisemitismos.

Ser militante del campo nacional y popular nos da una visión no siempre coincidente con el poder y mucho menos cuando el mismo intenta marcar la astilla en el ojo ajeno y desconoce la viga en el propio. No se puede medir a todos, todo el tiempo, por la estatura propia del poder porque achica la política y la hace mediocre, mas aún cuando de su conjunto de funcionarios de Gobierno, no existen demasiadas perlas blancas para mostrar en términos históricos.

Con humildad, sin rencor y con alegría se puede reconstruir la Nación desde el peronismo como eje aglutinante del movimiento nacional. El Perón doctrinario sigue vigente para las respuestas de la hora, sería interesante debatirlo, pero no se debate.
Cada uno, y eso es neoliberal, cree que la historia comienza con su tiempo.
Cada uno, y eso es neoliberal, cree en los héroes individuales, cuando en los procesos políticos populares de masas, lo que existen son los pueblos, como hecho colectivo.
Cada quien cree que acumulando para determinado cargo, puede cambiar los ejes macro del país, eso es neoliberal. Quienes son incapaces de conectarse con la realidad poniendo la oreja a la necesidad y determina políticas sociales desde despachos donde sólo se planifican entregas públicas y movilizaciones marcadas por la necesidad, eso es neoliberal.
Las políticas sociales deben ser seguidas de indicadores de calidad de vida que permitan al Estado mejorar al largo plazo el marco de Justicia Social no prebendaría, ya derrotada por Evita junto a la Beneficencia, en la década del 40.

La Argentina debatirá a futuro entre un modelo capitalista prebendarlo de excedentes presupuestarios para políticas sociales, al estilo Tercera Vía de Guidens o un modelo social solidario estructurado desde un Estado productivo y autosuficiente que se proponga como objetivos estratégicos la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación, con base doctrinaria y convocatoria nacional movimientista.

En ese debate estaremos todos junto al pueblo en la busca de los nuevos paradigmas, sin silencios provocados, ni sumisiones a priori, ni miedos de pérdidas de espacios, sin especulaciones, ni provocaciones maniqueas, porque cuando los procesos trascendentes de los pueblos, se ponen en marcha , se sabe como empiezan pero no como terminan. De una sola cosa podemos estar seguros, los militantes no seremos testigos de la historia para relatarla sino protagonistas para dar nuestro testimonio y nuestro compromiso.

Jorge Rachid
IBAPE
CESS
MNyP
Setiembre de 2006


© (2006) Jorge Rachid
Todos los derechos reservados.
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