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HERRAMIENTAS

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Nudler sobre Verbitsky
Por Julio Nudler
Publicado digitalmente: 16 de noviembre de 2004

La extensa nota del comisario político Horacio Verbitsky en la edición dominical de Página/12 confirma, lamentablemente, su degradación moral, ya tal vez sin redención posible. ¡Demasiados años de enjuagar ropa sucia y publicar aguas servidas!

Pudiendo ser un buen periodista, incluso brillante, él optó por la permanente manipulación política, en el peor sentido. Hace mucho que engaña desaprensivamente a sus lectores si con ello cree beneficiar a alguien por quien aboga, nunca trasluciendo sus verdaderos móviles. En función de no sé cuáles operaciones políticas, asume ahora el papel de defensor de dos personajes siniestros, en este caso Alberto Fernández (jefe de Gabinete) y Claudio Moroni (Síndico General de la Nación), secuaces el uno del otro.

El único en no enterarse de la clase de corruptos que son estos personajes es Verbitsky. Ellos han manejado el sector Seguros - de cuya operatoria Verbitsky no entiende una jota - durante casi todo el menemismo, régimen que HV denunció como absolutamente corrupto.

Pero ahora nos dice que Fernández y Moroni, dos de los grandes sirvientes de Menem en el manejo de un sector donde se mueve muchísima plata, obraron honestísimamente.

¿Cómo, entonces no estaba todo podrido con Menem? Hace poco, HV ensalzó con frenesí a Martín Pérez Redrado, con elogios que convirtieron al propio Verbitsky en el hazmerreír del país, que ya no se engaña sobre sus piruetas mentales y verbales.

Una vez más, el único en desconocer la laya de Pérez Redrado es Verbitsky, repentinamente seducido por el golden boy, uno de los paradigmáticos representantes del menemismo. Alguien denunciado incluso por Amalia Fortabat como coimero, y apañador de los Macri en una estafa a pequeños inversores por 34 millones de dólares, según comprobación de la Comisión Nacional de Valores, ahora es una suerte de Che Guevara del antineoliberalismo porque consagra sus afanes al gobierno actual, con el que Verbitsky ha sellado un extraño pacto de obscena adhesión.

A Verbitsky las pequeñas cuestiones de la honradez y la hombría de bien no le interesan: si el presidente Kirchner designa a Moroni y a Pérez Redrado, éstos adquieren por ese solo hecho patente de impolutos y héroes de la nueva era política. Lo cierto es, sin embargo, que si alguna brizna de credibilidad le quedaba aún prendida a la ropa, a Verbitsky se le ha volado definitivamente.

Se recordará también, entre tantas posiciones asombrosas de HV en el pasado, su alineamiento absoluto con Fernando de la Rúa a mediados de los ’90.

Cambiando de tema, pocos días atrás implosionó bochornosamente la Agrupación Periodistas, que él fundó, pero HV no le dedica una línea a la cuestión en su largo sermón dominical. El vuelve a afirmar que la no publicación de mi columna no fue un acto de censura, callando adrede lo que sabe muy bien: que esas mismas denuncias, en notas pormenorizadas, habían sido publicadas por mí en Página/12 años ha, sin suscitar querella alguna por parte de Fernández ni de Moroni por una sencilla razón: las denuncias contra ellos son aplastantes, salvo para el candoroso Verbitsky.

Ellos lo saben demasiado bien, y tienen miedo porque si en este país se restablece la Justicia, irán presos. Es por eso también que mi situación de censurado ha experimentado un ascenso: ahora soy un proscripto. No sólo se tiró a la basura una nota mía: luego se me despojó de la columna y de todo otro espacio desde el que pudiera volver a denunciar la corrupción del gobierno de Kirchner. De esto HV tampoco dice nada, pero sí opta por publicar mi vieja columna, que ya todo el mundo conoce sobradamente gracias a Internet, convirtiéndose él en una especie de Verbitsky/12 de segunda mano.

¡Gracias, compañero Horacio, por tu compromiso inquebrantable con la libertad de expresión! ¿Cómo puede la politiquería conducir a tanta enajenación mental? Mientras tanto, HV refiere sus fallidos encuentros con la cúpula gerencial y periodística de Página/12 en términos irreproducibles, concluyendo que son personas con las que es imposible todo diálogo.

Pero como para que no queden dudas sobre su bajeza, HV afirma que mi denuncia "fue un conmovedor grito de desesperación y despedida", extendiéndome así el certificado de defunción debido al cáncer que padezco.

Sin embargo, y por sugerencia suya, yo acababa de tomar un turno con su esposa, la doctora Müller, homeópata, que él me recomendó -en la misma visita que le hice el jueves a pedido suyo- para mejorar mi estado general y moderar cualquier efecto colateral de la quimioterapia. Por precaución, y sin que esto implique juicio alguno respecto de la ideoneidad y la conducta profesional de la facultativa, acabo de cancelar el turno. Tuve la fantasía de que era Horacio Verbitsky quien me prescribía las drogas, y me sobresalté.

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