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Etchecolatz: un torturador tras las rejas

El Enigma de Julio López
...y gatos en la cornisa
Por Gabriel Martin
Publicado digitalmente: 26 de septiembre de 2006

Mientras todos los medios de comunicación, para el fin de semana evaluaban que la desaparición de Julio López, ex militante de base de Montoneros, testigo clave para la condena a reclusión perpetua por crímenes de lesa humanidad sobre Miguel Etchecolatz, era una represalia de hombres vinculados a la Dictadura; llamativamente un diario oficialista como Página/12, evaluó el domingo que el albañil de 77 años, más o menos se tomó la pastilla equivocada y “se perdió” por ahí.
Todos, apuntaban a un secuestro por parte de la mano de obra desocupada, miembros de los grupos de tarea de la Dictadura y sus vástagos vinculados a los mismos, para dar una clara señal: tras el juicio y condena a Etchecolatz, en el marco de “Genocidio”, otros mil represores de la Dictadura se sentarán al banquillo de los acusados para seguir el mismo camino, esto es, la reclusión perpetua.
Apliquemos la lógica pura.
Problema: Julio López fue secuestrado, tortura y vejado por Etchecolatz. Sobrevivió, y abierta la instancia de un juicio que, gracias a su testimonio, envío a su victimario a reclusión perpetua.
Soluciones (multiple choice):

A) El día de la condena, sufrió un strees emocional severo y se perdió sin dejar rastro.

B)El testigo clave fue secuestrado para mandar un mensaje a los testigos de otros juicios.

Los que abonan a la primer teoría, y que ojalá tengan razón, se sustentan en que López, salió de su casa el día en que se daría condena al genocida, pero un pico de desorden emocional lo hizo resguardarse en algún lugar oculto para todos, inclusive familiares, amigos y allegados. Esto sería porque tuvo que revivir, como testigo, los días más oscuros y terribles de su vida, lo que le causó la conmoción. Y se fue. Y un día de estos, volverá. A esto suscribió inicialmente Oficialismo/12.

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Karina Mujica, Marquez y Vicente Massot del masserista diario La Nueva Provincia

Al mismo tiempo, todos los psicólogos y psiquiatras consultados por Investigaciones Rodolfo Walsh, sostienen que la conmoción emocional más fuerte debió sufrirla el día en que testimonió todo lo terrible que debió pasar durante su cautiverio clandestino, con su vida en manos del capricho de Etchecolatz, como ocurrió el 29 de junio cuando dio un testimonio muy detallado y con absoluta coherencia pese a su incipiente mal de Parkinson, comenzando con las primeras sesiones de torturas con picanas en los pezones y genitales, el 28 de octubre de 1976, luego de ser secuestrado el día anterior en la Unidad Básica de Los Hornos, y trasladado al Pozo de Arana. Fue liberado el 25 de octubre de 1979. Desapareció nuevamente el 22 de septiembre de 2006.
En tal sentido, el día de la condena, Julio López debió padecer un pico de ansiedad, que si bien implica un trastorno emocional, en ningún momento arrojaría a López a un pozo similar al de las veces que tuvo que relatar lo padecido, y lo que vio. La ansiedad expectante acarrea en el mediano plazo a la depresión a la espera de la meta (en este caso, un camino recorrido hasta la condena), pero esa depresión deja de tener justificativo al momento de conocer la meta (condena), sea personalmente o por cualquier otro medio.
Asimismo, la reacción de esconderse para preservarse, según explican los psicólogos, hubiese hecho que López se refugiase entre sus afectos y conocidos. Muy raramente sucede que aislamiento por depresión llegue al extremo que ni la mitad de las fuerzas de seguridad de la provincia de Buenos Aires rescaten algún dato de su paradero. Inclusive los suicidas, se despiden, bien con una “fiesta”, o dejando una carta.
La lógica, indica entonces que el mayor porcentaje de las posibilidades se recuesta sobre el peor de los miedos: Julio López, a los 77 años, fue desaparecido por segunda vez en su vida.

¿Cómo?
Salía de su casa a encontrarse con su abogada en el juicio contra Etchecolatz, Guadalupe Godoy, para presenciar el fallo que codenaría a Etchecolatz a reclusión perpetua en una cárcel común. Salió de su casa y todo rastro se le perdió. Nadie lo vio, nadie sabe dónde puede estar. Tampoco dejó indicios.

¿Por qué?
Etchecolatz es el primer represor condenado en el marco de “Genocidio”, como plan sistemático de la Dictadura. Julio López fue el testigo clave que además de prestar testimonio por los tormentos sufridos, también fue testigo ocular del fusilamiento de dos militantes montoneros desaparecidos.

¿Para qué?
Tras la derogación de las leyes de impunidad, Obediencia Debida y Punto Final, más de mil represores enfrentarán en los próximos meses juicios como el de Etchecolatz. Es decir, enfrentarán a la Justicia sin privilegios, en causas judiciales imprescriptibles por tratarse de crímenes de lesa humanidad, y terminarán en cárceles comunes en caso de probarse su culpabilidad.
En todo caso, lo que hay que preguntarse, más que el impacto psicológico que pudiera sufrir López, es el terror que padecen en este instante los ahora potenciales testigos contra los otros represores, ya que por error u omisión, tanto de la defensa, como de la fiscalía, López no tenía custodia.

¿Quiénes?
Entrado el gobierno de Alfonsín, durante dos años, la mano de obra desocupada de los Grupos de Tarea siguieron “borrando” pruebas. Ante el nuevo cuadro judicial, no sería para nada extraño que a Julio López lo secuestrara una banda residual, que operó inmediatamente para mandar un mensaje: “El silencio es salud”.

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Karina Mujica, amiga de Etchecolatz y defensora en los medios

De ningún modo se trata de un secuestro extorsivo: Julio López no era ingeniero ni arquitecto consagrado, sino un albañil. Sobre tal condición, un hombre de vida austera y ajustada, de escasos recursos, difícilmente dispondría de los medios para irse tan lejos, máxime que la Justicia comenzó a buscarlo el mismo día de su desaparición ante la inmediata presentación de un hábeas corpus. En el caso que quisieran, aunque sea, cobrar un rescate de unos pocos miles, la banda no se puso en contacto con nadie.
Y con la mitad de los efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Gendarmería, Prefectura y agentes de la SIDE, la banda que lo secuestró debe tener una logística superior a Al Qaeda para que no haya el más mínimo indicio del paradero de López.
El gobernador Felipe Solá admitió el lunes 25 de septiembre que López podría ser “ el primer hombre que estuvo desaparecido durante la Dictadura y que estaría desaparecido también en democracia " y agregó que “ no podemos descartar que haya sido secuestrado para intimidar a futuros testigos o impedir su participación como testigo en otros juicios ". Por su parte, Edgardo Binstock, secretario de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires dijo: “Las hipótesis que manejamos son que López haya buscado alguna forma de preservarse o sufrido algún problema de salud, y no podemos descartar que haya sufrido represalias por sus declaraciones".
Guadalupe Godoy, abogada de López abonó la hipótesis de un secuestro: "En la casa quedaron sus documentos, dinero, y es una persona humilde, que no tiene medios para irse lejos".
La (triste) lógica, pareciera indicar esto, que mal y pronto, pero sencillamente se trataría de la misma banda de cagones represores que podían actuar en patota, y que asustados por la sombra de las rejas dicen “presente”, para meter miedo.
Son estos, los “pro”, los que piden “verdad absoluta” sobre la violencia de los ’70, que no admiten que los Etchecolatz violaban con el crucifijo colgando.

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Valentina: re-gata, cristiana, completita, haceme lo que quieras. Garganta profunda, colita viciosa. $55 media hora. Privado

Son los mismos cagones que no tienen huevos para dar la cara. Que actuaron encapuchados en la Dictadura, y se “encapuchan” ahora detrás de Cecilia Pando, y la proxeneta y puta marplatense Karina, que por $55 pesos ofrece un servicio completo en media hora (“colita incluida” diría el Rubro 59) en Alto Target –prostíbulo del que es socia-, pero en conferencia de prensa, como titular de Argentinos por la Memoria Completa –la segunda es Pando-, desde su ultracatolicismo y desde la defensa de su derecha berreta, explicaba que “somos monas porque nacimos de los gorilas”, con toda sorna.
Los milicos son tan berretas, que ni siquiera consiguen un gato de nivel para que defiendan el honor de la supuesta justa guerra que encabezaron, encapuchados. La tienen a Karina Mujica, la defensora de Basseotto, o “Valentina”, su nombre de guerra saunero. “Valentina $55” es la misma Karina que levantaba la Constitución con Neustadt y Blumberg, y que defendía a Alfredo Astiz (su ex amante ¿o cliente?) en el programa de Mariano Grondona.

¿Qué dirá Basseotto que una de sus defensoras más fuertes sea una puta?

¿Qué dirán las putas, que una de sus colegas defienda a un inquisidor como Basseotto? Karina Mujica: mujer de la armada que se rompe el culo en defensa de su causa

Julio López, en el juicio a Etchecolatz hizo referencia a los militantes montoneros, más allá de criticar a la conducción de dicha organización: “ Fueron los únicos valientes que hicieron frente a 240.000 hombres armados ”.

Dios quiera que aquellos periodistas progres, quebrados alimentadores de la teoría de los Dos Demonios, tengan razón, y López aparezca con vida luego de esconderse por un trauma psicológico.

Los milicos son tan cagones, que siguen actuando en banda, y en patotas, para defender la justicia de su verdad absoluta. Y encapuchados.
Que Dios nuestro Señor, se apiade de sus almas.

Gabriel Martin
Periodista
Buenos Aires, 26 de septiembre de 2006.


© (2006) Gabriel Martin
Todos los derechos reservados.
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