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¿Dictaduras, Tiranías o Gobiernos de Facto?
Por Lelio Merli
Publicado digitalmente: 2 de octubre de 2006

En estos días, en La Argentina, a raíz de diversos acontecimientos relacionados con el gobierno militar llamado Proceso (1976), caracterizado por sus violaciones a los derechos humanos, han aparecido muchos artículos periodísticos en los cuales se identifica a ese gobierno como una dictadura. Es por ello que me siento obligado a efectuar algunos comentarios, que también se pueden aplicar a todos los gobiernos de ese tipo, tan comunes en todas las regiones del mundo.

Ante todo debo aclarar que no quiero hacer de este trabajo un estudio más de derecho.

No quiero que pierda el carácter periodístico.

Debo señalar también, que ya es hora de definir cuales son Dictaduras y cuales Tiranías.

La Dictadura

Dictadura es una palabra que deriva de dictador: magistrado supremo nombrado en Roma en tiempos peligrosos, jefe supremo que ejerce un poder absoluto aunque temporario.

Se refiere a un sistema de gobierno donde las normas se "dictan". Las nuevas obligaciones se establecen en forma escrita y los derechos suspendidos también.

Tienen un tiempo de duración (generalmente de seis meses a dos años). El gobierno se ejerce como poder absoluto, pero en forma temporaria y a veces se origina en una situación de emergencia. Algunos creen que las dictaduras se denominan duras porque son fuertes o rígidas. Si así fuera, tendremos entonces muchas Dictablandas.

La Tiranía

Creer que el término Tiranía se debe utilizar sólo referida a dictaduras personalizadas , o sea cuando existe la figura de un tirano, es un error que nace de la costumbre de nombrarlo como único culpable de un gobierno despótico. Cosa corriente en Roma antigua, pero imposible en la realidad de los gobiernos actuales, donde aunque aparezca un solo tirano, se gobierna en equipo representando y hasta obedeciendo a grupos de poder muy amplios y hasta diferentes. Lo mismo se podría objetar con el vocablo dictadura que nació también en Roma definiendo dictador a un "magistrado supremo". Hoy se llama dictadura también, aun cuando en un gobierno dictatorial, son varios los dictadores (Ej.: una junta militar). Del mismo modo, la tiranía existe, aun donde los tiranos son varios.

Diferencias notables entre Dictaduras y Tiranías

La característica principal de la tiranía es ser sinónimo de despotismo. Mencionamos antes a las Dictablandas, ironía muy común empleada para con los gobiernos que sólo son autoritarios. En cambio no existen ironías para las tiranías. Nunca se ironizó con el término Tirablanda. Las tiranías han sido siempre de terror.

Entre las dos guerras mundiales (una sola tragedia dividida en dos actos) surgió en Europa un rosario de dictaduras, más parecidas a simples gobiernos autoritarios

Así ocurrió con: Hungría (1920), España (1923), Portugal (1926), Polonia (1926), Lituania (1926), Yugoslavia (1929), Letonia (1934), Estonia (1934), Bulgaria (1935), Grecia (1936) y Rumania (1938).

Pero en Rusia (1917), Italia (1922), Alemania (1933) y España (1939), nació el totalitarismo. Con ideologías diferentes y un similar despotismo. En ellas aparece, además, la figura del tirano: Stalin, Mosolini, Hitler y Franco.

Ellas dan nacimiento a las modernas tiranías. Tan es así, que en 1936 Elie Halévy (francés) pronosticó que el mundo había entrado irremisiblemente en la "era de las tiranías".

Samuel Hungtington divide a las dictaduras en institucionales o personalizadas. Estas últimas se comportan, dice — de manera distinta, "por lo general no realizan transiciones ordenadas, aferrándose al poder hasta el final, es decir hasta que el tirano muere, es asesinado o derrocado".

Considera, entonces que las dictaduras personalizadas terminan en tiranías.

Las dictaduras generalmente se fijan sus propios límites en el momento de asumir, al establecer sus "postulados", reconociendo que "en la vida todo tiene un límite", conocedores sus jefes de lo fácil que es extralimitarse cuando se tiene el poder absoluto. Las tiranías, por el contrario, jamás respetan límites, precisamente porque ni siquiera respetan la vida.

Pero veamos la opinión de un actor principal de uno de los gobiernos militares argentinos, el general Roberto M. Levingston, presidente en el período 18/670 - 23/3/71, al juzgar su gobierno y a sí mismo:

Reportaje del diario La Nación del 14/8/2005 a este Gral. de 85 años:

Dice Levingston: - "Un gobierno militar es, en realidad, una dictadura. Pero una dictadura no es una tiranía. Normalmente digo que he presidido un gobierno militar, porque cuando se emplea la palabra dictadura se la emplea con sentido peyorativo.

Los gobiernos militares (en la Arg.), salvo el último, el PROCESO, han sido siempre respetuosos de los ciudadanos".
Fuente: Nestor Gorojovsky - Reconquista Popular.

Como vemos, este presidente militar, acepta ser considerado dictador, pero jamás un tirano.

Es que, como él mismo lo dice: una dictadura no es una tiranía. Además, no permite que se compare a su gobierno con el llamado Proceso.

Un rasgo de las dictaduras es el plazo de duración.

La tiranía, en cambio, se define a sí misma casi eterna. Los Nazis hablaban de mil años (porque iban a ser el nuevo Imperio Romano).

El diccionario la define como gobierno despótico, injusto y cruel, con abuso excesivo de autoridad. Esos gobiernos, que son siempre usurpados e ilegales, se caracterizan por su injusticia y arbitrariedad. Nosotros, a la última que pasamos en la Argentina, le agregaríamos "sangrienta" y así tendríamos la definición exacta.

Llamar dictadura a una tiranía como ésa es una injusticia, al mejor estilo de las leyes del perdón que se otorgaron después.

Si bien ambas son como enfermedades indeseables de los sistemas de gobiernos, son muy distintas por su gravedad. Así como las enfermedades: unas son muy molestas y nos quitan las ganas de vivir, pero otras son peores porque nos quitan la vida directamente.

Igualmente, las dictaduras quitan las ganas de vivir, por eso muchos emigran y se exilian. Pero las tiranías persiguen y ejecutan a los opositores sin darles tiempo para huir.

Si existió en nuestra historia nacional un largo período dictatorial al que llamamos la Tiranía de Rosas (1835-52), aunque el acceso al gobierno fue votado por la Legislatura, — característica de una dictadura — ¡cuánto más debiéramos llamar tiranía al Proceso de 1976, siendo que usurpó el poder!.

Si existiera la necesidad, académica, de personalizar el término tiranía con un nombre propio tendríamos entonces la dupla exacta: La Tiranía del Proceso.

Los Gobiernos de Facto

Ahora bien, tampoco debiéramos denominar ligeramente "De Facto" a esos dos tipos de gobiernos nombrados Ut Supra, porque así se les da un aspecto de legalidad. En realidad es sólo un intento de legitimarlos, porque la legalidad propiamente dicha, está siempre ausente.

La terminología en castellano es "De Hecho"

En la escuela secundaria, durante la dictadura argentina del 43, que precedió al gobierno de Juan D. Perón, los profesores de aquellos tiempos — superiores a muchos universitarios de ahora — nos enseñaron acerca de este tema, todo cuanto se diría después al tornar a la democracia. (Observemos la diferencia con una tiranía: aquellos docentes ni siquiera fueron removidos).

Es en el recuerdo de sus enseñanzas que encaro este trabajo.

Algunos autores mencionan juntos: "gobiernos de hecho o de facto", como si de facto se tratara solamente de una traducción al latín. Es un error, puesto que de hecho significa el reconocimiento de una realidad y de facto expresa su posterior legalización según la doctrina de facto, ( que creó Constantinau al principio del siglo pasado) siempre por razones de necesidad. Al equipararlos se fomenta la confusión, que sólo beneficia a los enemigos de la legalidad y la democracia. Se puede tolerar que algunos juristas acepten equiparar los términos por razones de simplicidad, pero no se puede justificar que nosotros los periodistas lo hagamos, teniendo en cuenta lo sufrido por los argentinos con el último gobierno militar y sus teorizadores leguleyos, "muy capaces". (Muy capaces de legalizar lo ilegal)

El llamar de facto a un gobierno de hecho encierra un mensaje subliminal que incide arteramente en la percepción popular.

Dentro de la legalización de la arbitrariedad declarar a un gobierno tiránico como de facto es dar el primer paso. El vocabulario continúa con: reivindicaciones históricas y territoriales, soberanía, raza o nazionalismo, con z y hasta con lucha de clases.

Aldous Huxley va mucho más lejos cuando nos habla de una verdadera "jerga", refiriéndose al vocabulario que utilizan los gobiernos totalitarios para legitimar su despotismo y hacer aparecer posteriormente al gobierno de facto como un gobierno de derecho divino. "Tales jergas resultan, para las tiranías, instrumentos con los que llegan a justificarse ampliamente los crímenes más monstruosos". Asimismo enumera las palabras más comunes de los discursos de Hitler: "odio, fuerza, implacable, aplastamiento y aniquilación". (Agreguemos nosotros. Nunca: amor, derecho, justicia, libertad, elecciones o arte. Jamás: trabajar y cobrar, sembrar y cosechar o respirar y beber sin contaminantes. Nunca jamás: Dios y Sabiduría.)

En La Argentina se instala la doctrina de facto con la revolución del 6 de setiembre de 1930

Por ser muy ilustrativo se recomienda un trabajo del Dr. Horacio Ruiz donde expresa:

La Suprema Corte declara en la Acordada del 10/9/1930 que al gobierno surgido de esa revolución, a pesar de ser un gobierno de hecho, se lo declara un gobierno de facto con todas las consecuencias de la doctrina de facto, por razones de policía y necesidad.

(Teniendo en cuenta que al asumir el cargo se ha apresurado a prestar el juramento de cumplir y hacer cumplir la constitución y las leyes fundamentales de la nación).

"Horacio Ruiz: gobierno de 1976 / 1983. InfoUrba 190905 - Fuente: Urbe Et Ius - Revista de opinión jurídica

Como vemos, la Suprema Corte lo declara: un gobierno de facto, (por razones de policía y necesidad), ante la promesa de cumplir y hacer cumplir la constitución.

Observemos ahora la diferencia con el Gobierno de 1976, que no habla nada de la Constitución y por lo cual no se lo puede considerar igual que al anterior."

No es posible que para algunos autores "todo vale 20".

Pero no todos los autores ven con buenos ojos aquella acordada. Observemos la opinión de Alejandro Carrió al referirse a la misma:

El jurista Alejandro Carrió define a esta Acordada como un "engendro".

Dice al respecto: "Visto con alguna perspectiva, pienso que eso fue un grave error, pues importó abrir la puerta a que se legitimaran, de allí en más, las variadas revueltas militares que signaron nuestra vida política por el resto del siglo.

De esta manera, se asienta la "doctrina de facto" que luego avalaría los golpes militares de 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976".
Fuente: Jesoca Bossi- 2º Enfoque

Comparando el gobierno militar de 1976 con el anterior de 1930, vemos un aumento enorme en su arbitrariedad. Se comprueba con esta comparación la verdad que encierra el conocido refrán :

"Los vicios nunca terminan donde empiezan"

En mi trabajo "El oro maldito y la teoría del sapo" (ver Monografías.com) explico cómo el hombre se acostumbra a la contaminación, poco a poco. Asimismo se va acostumbrando a las arbitrariedades.

Podemos observar además, en el gobierno del 76, que se trató de un gobierno de hecho que, por necesidades jurídicas se consideraron a sí mismos también según la doctrina de facto, Pero no se lo debe considerar así después de su caída, en una clasificación histórica. Es más, si me tocara clasificarlo lo haría, sin duda, como un gobierno de hecho y más precisamente: DEL HECHO CONSUMADO, (consummatum est) junto al gobierno de Pinochet.

(Leer detenidamente la proclama del 24/3/76). Removieron hasta los miembros de la Suprema Corte. ¿De qué legalidad pueden hablar?.

Sin embargo, los juristas también incluyen a este gobierno entre los de facto, a pesar que "todo gobierno o funcionario de facto debe subordinarse a la Constitución escrita y a las leyes. No es válido el ejercicio de la función con ausencia de todo fundamento constitucional".

Además existen "diferencias en cuanto a los golpes de estado argentinos, ya que mientras que en los del ’30, ’43, `55 y ’63 al intervenir el poder no buscaban la sustitución del régimen democrático, sino el cambio de los gobernantes, es a partir del golpe del ’66, con Onganía, que se tiende hacia el cambio de régimen. Otra diferencia es que los golpes del ’30 y del ’43 dejaron intacto el Poder Judicial". (Gobiernos argentinos -Rincón del Vago) — Salamanca.

Como decimos, no se puede generalizar tanto con la doctrina de facto, abarcando por igual a patos y gallinetas.

Los Latinillos

Como vemos existe una gran diferencia entre una situación legal y una solamente real. Esta última, en castellano básico siempre se llama de hecho. Por ejemplo, en la separación de hecho de una pareja, a nadie, en lenguaje corriente, se le ocurriría llamarla de facto para que quede más elegante, aunque la gente al referirse a las causas de esos tristes casos diga: "el fato fue así".

Porque el pueblo, con su sabiduría infusa, tiene sus propios latinillos, que no son los que los profesores de derecho nos aplican con su latiniparla en sus códigos.

Por eso, nosotros los periodistas, que también tenemos nuestros códigos, no podemos favorecer con apariencias legales las cosas que son indudablemente ilegales. En todo caso, debiéramos usar el apócope que usa el pueblo cuando define a los gobiernos ilegítimos como "gobiernos de prepo" (praepotentia).

Gobiernos que para esos juristas interesados, (EX CATHEDRA), son De Facto. pero que igualmente caen DEO GRATIAS, IPSO FACTO por no ser DE JURE. -

- INTELLIGENTI PAUCA (A personas inteligentes pocas palabras)

Lelio Merli
Periodista
Buenos Aires, octubre de 2006.


© (2006) Lelio Merli
Todos los derechos reservados.
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