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Alberto Natale

HERRAMIENTAS

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El Partido Demócrata Progresista, Natale y los genocidios
Publicado digitalmente: 11 de octubre de 2006

En estos días, los medios de la provincia de Santa Fe reflejan el debate que se ha instalado acerca de la necesaria autocrítica que deben hacer los partidos políticos tradicionales, relacionada con su actuación durante el período denominado Proceso de los años 70.

Entre los cuestionados figuran Alberto Natale y el partido Demócrata Progresista, — del cual él es su más importante figura –por ocupar en ese período, la intendencia de Rosario.

Se menciona al legislador como un colaborador partidario de aquel gobierno genocida.

Soy latorrista y mucho tiempo también compartí esa creencia, por lo cual me retiré de la militancia por un largo período, aunque sin renunciar a ese partido, al que pertenezco.

Sin embargo, pasado el tiempo, al profundizar en el tema, arribé a conclusiones diversas.

Sirvió para mi análisis las propias vivencias de mi época de revolucionario, en el 55, dentro del grupo Ni Vencedores ni Vencidos, de Lonardi, que logró el triunfo de la Revolución Libertadora (que luego fuera "mejicaneada" por "La Fusiladora").

Aquellos compañeros me educaron en el respeto al adversario vencido, y en su defensa frente a la posibilidad de su muerte absurda.

Mi actuación en aquellas circunstancias — que entonces fue considerada cobardía por los fusiladores y hoy me llena de orgullo — sirve de base para mi análisis..

En primer término, les aclaro a aquellos jóvenes que no comprenden la falta de apoyo de los dirigentes de los partidos "democráticos" al accionar armado contra la Tiranía, que éste no es el fundamento político de su acción.

Aquellos que (con los años)creemos en la evolución más que en la revolución sabemos que dentro de la confrontación de las ideas, las izquierdas siempre triunfarán sobre las derechas, ganando todas las batallas que se perderían en el campo armado.

Pruebas al canto: 1) El panorama político actual argentino donde los fundamentos del Proceso se diluyen paulatinamente frente a la prédica constante de la izquierda.

2) El triunfo de las ideas republicanas en España a pesar de los cuarenta años de tiranía franquista, triunfadora en la Guerra Civil.

Es que existe una Evolución Revolucionaria, mucho más rápida que las traumáticas Revoluciones Armadas.

Cuando volví a la militancia escuché comentar en voz baja, en mi partido, algunas de las razones que se tuvieron en cuenta al aceptar la Intendencia de Rosario. Entonces comencé a averiguar.

Mucho después, haciendo un crudo análisis, mirándome a mí mismo y salvando las distancias en las proporciones y los tiempos, llegué a comprender a Natale.

Todo esto es muy largo de contar y no es posible en un simple artículo. Sin embargo, trataré de explicarlo. No de justificarlo, justificar es otra cosa.

Sólo diré que, "aunque Ud. no lo crea" en esa etapa del Proceso, (con la presidencia de Viola) gracias a la actuación de Natale, volvieron a su casa – sin intervención del Papa ni de Mitterrand – muchos jóvenes detenidos, que creíamos desaparecidos. Algunos de los cuales fueron vecinos míos, hijos de amigos, que guardados como moneda de cambio, se salvaron de la muerte anónima.

En mi última modesta candidatura como senador provincial, recorrí cuanta plaza o cantero encontré a mi paso. Varias veces se me acercaron señoras mayores a pedir el voto mencionando su gratitud a Natale. Me contaron de sus pedidos por algún hijo, desaparecido inexplicablemente, con el que se encontraron al caer Galtieri y que no dudaban de la intervención del intendente.

Recuerdo siempre a una señora que vendía empanadas turcas en la plaza Libertad, de Rosario.

Cuando algún ciudadano se asombre porque alguna mujer mayor de esta ciudad, sigue votando a Natale a pesar de su mala prensa, recuerde que aquí también "por algo será".

Es que el desafortunado apoyo de Natale al Proceso comenzó cuando aceptó la Intendencia de Rosario durante la presidencia del general Viola, es decir en la transición programada hacia una normalización institucional, cuando Videla y Massera ya no estaban.

Natale aceptó esa intendencia viendo que ningún político rosarino de renombre lo intentaba, demorándose así la vuelta a esa normalidad. Algo parecido, debe haber sucedido con Alfonsín cuando pensó en colaborar en la transición hacia la democracia, tal como lo denunció Firmenich y publicó Investigaciones Rodolfo Walsh el 6/10/06.

Estaba claro: el éxito de la presidencia de Viola sería el fin del genocidio. Pero no pudo ser: los "duros" lo echaron. Lástima que no lo echaron también a Natale.

Él no pudo renunciar, porque en estos casos, como con todas las bandas de delincuentes y las mafias, es muy fácil entrar pero es imposible retirarse.

Aquella, fue una decisión personal de Natale - políticamente suicida - quizás altruista.

Pero, ¿fue también altruista la de los correligionarios que lo secundaron?.

¿Lo fueron también aquellos colaboradores que hoy lo critican?.

¡Qué ironía!. aquellos que lo secundaron hoy lo acusan.

¡Con cuánta facilidad algunos se sacan el poncho!.

La verdadera historia

El desquicio administrativo militar en las municipalidades y comunas de Santa Fe era tal, que una vez que Natale aceptó, cien demócratas y cuatrocientos radicales ocuparon otras tantas administraciones.

Natale lo hizo contando con la promesa del gobierno central de que mientras durara su mandato no habría en Rosario, oficial o extraoficialmente, ningún secuestro, ninguna tortura, ningún desaparecido.

Parece que cumplieron.

Ese fue el precio que ellos pagaron por su apoyo indirecto. Pero Natale también está pagando su precio, en detrimento de su carrera política, por el concepto que tienen de él, tantos ciudadanos que no conocen el meollo de la cuestión.

Para mí, aquella aceptación fue un error — la de él y todos los demócratas progresistas que lo acompañaron — un error que hoy paga todo el partido.

Pero fue un error político que no desmerece la trayectoria personal del legislador. De no ser así, no sería reelecto continuamente.

Este reconocimiento electoral también es un ejemplo del olvido consciente que hace la gente.

Pero asimismo lo es el olvido que tienen en el partido justicialista de las causas de todas las desventuras que padecimos a partir de la muerte de su líder: la presidencia de su inepta tercera esposa y el desdichado llamado de ésta a las fuerzas armadas para sofocar un terrorismo incipiente, prefabricado por su brujo consejero, artífice de las A.A.A.

Muchos reproches podría hacer también refiriéndome a ese partido, pero solamente haré uno más, porque éste quizás contenga la clave de todos nuestros desvelos: el rechazo de la moción del Diputado Luis Sobrino Aranda (a quien casi linchan) – peronista de extracción nacionalista – moción que consistía en efectuar el juicio político a la Sra. Isabel Perón, con acefalía y como consecuencia, la asunción a la presidencia del Dr. Ïtalo Luder.

De haberse aprobado esa iniciativa, la evolución natural de la política habría impedido el paso por las amargas experiencias sufridas de allí en adelante. No habríamos soportado el gobierno militar, ni los civiles posteriores, Especialmente uno muy corrupto y otro muy inoperante.

Aquel fue un error político, como el de Natale.

Todos quisieron apagar el incendio: Natale con agua y los revolucionarios con nafta.

Los militares, en cambio, prefirieron la pólvora. Por eso invadieron Las Malvinas. De todos, ellos perdieron más: primero las islas—que también perdió el país— y después el Servicio Militar Obligatorio.

Aquel intento revolucionario, por su parte, nos hizo perder la presencia de la juventud idealista valiente, en todos los partidos progresistas. No sólo por los desaparecidos o exiliados. Es que tampoco existe una nueva generación que los reemplace. Es como si cundiera el desengaño. Quizás por este otro olvido consciente de la ciudadanía – la gente quiere siempre olvidar los tiempos malos — y por una pregunta que quedó latente: ¿Cómo si murieron 30.000 jóvenes se salvaron los jefes: Firmenich, Perdía, Galimberti, etc.?. Este último, secuestrador de Born, (con sesenta millones de rescate) que apareció después siendo su socio.

Natale, en definitiva, es el que menos perdió. Quizás por el valor de escuchar al corazón.

Pero políticamente ese fue su error, porque por su presencia la ciudadanía considera que avalaba al Proceso. Error, porque nadie creería, pasados los años, que colaboró imaginando "apurar", así, la vuelta a la democracia. (Único modo no cruento de imponer las ideas).

Por supuesto, queda bien en claro que él no fue un represor.

Conclusión

El Nuevo Genocidio

Natale, legislador de lucida trayectoria, tiene ahora ante sus ojos otro panorama genocida: La contaminación que producirán las multinacionales en nuestra región. Los muertos, con los años, no se medirán contando cadáveres. Como en las guerras, se contarán por camiones.

Dentro de algunos años, en medio de la desesperación, la rescisión de los contratos nos hará hipotecar el futuro. Con los juicios, esas empresas ganarán más que trabajando.

Por eso, necesitamos YA, leyes sabias que filtren el desembarco de esas factorías. Esa debe ser la futura tarea de Natale, suponiendo que vuelva al Congreso, como experimentado hombre de la ley. Nuestro congreso partidario se lo encomendó, al aprobar por unanimidad un proyecto mío.

Gualeguaychú, Esquel, Trelew, etc. Lo esperan.

Esta vez, en la lucha contra los genocidios, no hay posibilidad de errores.

Los equivocados están del otro lado.

Lelio Merli
Ecologista-Latorrista
Buenos Aires, 11 de octubre de 2006.



© (2006) Lelio Merli
Todos los derechos reservados.
Para reproducir citar la fuente.

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