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HERRAMIENTAS

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Desmesuras
Por Hugo Presman
Publicado digitalmente: 30 de noviembre de 2006

Desmesuras I

La desmesura atraviesa a la sociedad argentina. El movilero de cualquier radio o canal de televisión tiene una sola palabra para caracterizar cualquier inconveniente en el tránsito, sea menor o superlativo: lo denominará caos. Es ese mismo movilero que tratará por todos los medios de acentuar la dramatización de un caso trágico. Es el familiar de la víctima, que relatará como una periodista anorgásmica de la CNN, el accidente en que perdió la vida su hijo. Es el adolescente que acentuará con el re delante de cada palabra, el acceso al plano superlativo de todo lo que narra o describe. Es el ciudadano tinellizado que dispensará el carácter de ídolo o genio a cualquier frecuentador de la pantalla televisiva. Es el periodista deportivo que catapultará a la condición de crack a cualquier chiquilín que tuvo un partido afortunado. Es el periodista radial uniformado en la nueva onda que bajo la fórmula de entretenimiento e información, promueve la banalidad como sinónimo de atracción de la audiencia.

La distorsión del lenguaje atravesado por la necesidad de colocar todo en superlativo o en términos de catástrofe, navega gallardamente el territorio político. La oposición desconcertada y enclenque dice con aire despectivo: todo sigue igual.

El gobierno replica: la desocupación, la pobreza y la indigencia han retrocedido significativamente. Los gurúes económicos con su desprestigio a cuestas, afirmaron en el 2003 y 2004 que había reactivación, pero que era apenas un veranito.

El gobierno replica, con una exageración que seguramente formará parte del folklore de las frases históricamente desubicadas: “Pronto se dirá que China crece a tasas argentina” La oposición se queja de la concentración del poder y de la polarización de la sociedad que surge de los discursos del presidente Kirchner.

El gobierno sostiene que la sociedad se polariza porque la está transformando y hay sectores afectados.

Algunos sectores de la oposición sostienen: esto es básicamente igual a los noventa, pero con lenguaje “progre” El gobierno es enfático: rompimos con los noventa. Mientras el gobierno sostiene que hay una sensación de inseguridad considerablemente superior a la real situación de inseguridad, hay sectores sociales que pregonan: “ No se puede salir a la calle”.

Mientras que la oposición sostiene que la revisión del pasado ahonda las diferencias, el gobierno afirma que sin justicia hacia los crímenes de lesa humanidad, perpetrados por el terrorismo de estado no hay posibilidad de acceder a una sociedad con justicia. Existe algún caso extremo, como la afirmación de Elisa Carrió que estamos viviendo como en el nazismo, pero sin campos de concentración.

La lista es interminable. No hay el menor acercamiento entre gobierno y oposición aún en casos extremos como la desaparición de Jorge Julio López, que debió producir, en una sociedad menos fragmentada y herida que la Argentina, una movilización histórica.

Desarticulando Las Desmesuras

Es cierto que ha bajado la desocupación, la pobreza y la indigencia, pero lo que queda es una hipoteca para la sociedad argentina. También habría que precisar que esa disminución tiene una lectura mucho más estadística que ajustada a la realidad. Los parámetros del INDEC, un organismo indudablemente probo, define la línea de pobreza en un escalón, que aquellos que la superan en un 20 o 30% o aún más, no por eso dejan de ser pobres reales, aunque para los parámetros prefijados desde hace década han salido de tal condición.

Actualmente los pobres e indigentes, con parámetros estadísticos pero no reales, son el equivalente a 150 estadios de River ocupados por setenta y cinco mil hinchas, es decir superan los once millones de personas de las cuales siete millones viven con dos dólares diarios y cuatro millones con un dólar diario.

Por otra parte debe salirse de la ficción que los beneficiarios de planes son ocupados. Para dimensionar la magnitud de la catástrofe que las políticas neoliberales y su instrumentación, la convertibilidad, han ocasionado, es preciso señalar que a pesar de los índices de crecimiento excepcionales de estos últimos cuatro años, el salario real del primer semestre del 2006 es inferior al de 1998, la pobreza es un 29% más elevada comparada con el mismo año y la indigencia duplica a la de 1998.

Pero al mismo tiempo es falso que todo esté igual.

Como decíamos se ha crecido a tasas realmente importante, después de una caída fenomenal cuando estalló la convertibilidad. Esto lleva cuatro años y no hay estación ni verano que tenga una extensión de cuarenta y ocho meses o más. Pero Néstor Kirchner está desaprovechando una excepcional coyuntura internacional.

La particularidad de este gobierno es que es un mix de continuidad y ruptura con la década del noventa. También es cierto que en términos económicos y políticos, a medida que pasa el tiempo, la ruptura disminuye y la continuidad se acrecienta. Y eso augura la recurrencia en padecer alguna crisis profunda en un tiempo impreciso. Y si en algún momento Kirchner no tuvo más remedio, impelido por las circunstancias, de avanzar en compañía de los fantasmas acomodaticios de lo peor del pasado, eso ha pasado a constituir un acostumbramiento inercial, una política premeditada, que condiciona significativamente cualquier proceso transformador. El modelo está basado en un dólar alto, en exportaciones centradas en soja y petróleo, en una coyuntura internacional harto favorable. La devaluación del peso ha permitido una reactivación industrial, sustituyendo importaciones, al tiempo que significó una caída de los trabajadores en el ingreso nacional cuya participación orilla en un 24% contra alrededor del 30% en los noventa.

Pero si se analiza los soportes básicos del modelo se observa las debilidades del mismo. La soja cuyo precio internacional fomenta su cultivo, deja detrás un panorama de creciente desertización. El petróleo y el gas, con informaciones imprecisas suministradas por empresas caracterizadas por la explotación irracional y la falta de inversión, auguran abastecimiento para seis o siete años. Además el 70% de las divisas de exportación pueden quedar legalmente en el exterior. Las retenciones sobre precios internacionales excepcionales solventan el superávit fiscal.

No se avanza sobre medidas fundamentales que consolidarían un nuevo modelo, asentado sobre bases firmes. A mero título ejemplificativo: es imprescindible recuperar la renta petrolera, implementar un nuevo sistema impositivo que ayude a mejorar la distribución del ingreso, reconstruir un estado que debe sustituir a una burguesía de una pequeñez notable, casi inexistente. Delinear y fomentar un perfil industrial, planificar promoviendo y desalentando cultivos, afrontar decididamente el problema de las AFJP, implementar mejorías sustanciales en salud, educación y viviendas, afrontar inversiones fundamentales en ferrocarriles, poner realmente el sistema bancario como soporte de la producción, cambiar la matriz de distribución del ingreso.

En materia de renta petrolera, el Congreso a instancia del Poder Ejecutivo, acaba de sancionar una ley bochornosa de subsidios impositivos a las empresas del sector que son de las que más ganaron y ganan en la Argentina. Se premia la explotación irracional de los pozos descubiertos por la YPF estatal y la falta de exploración de nuevos yacimientos de todas ellas y principalmente de YPF- REPSOL, que en homenaje a la historia debería denominarse simplemente Repsol.

En este caso la diferencia con lo ocurrido en la década del noventa fue el recato. Nadie consideró ahora que un hecho deleznable debe ser celebrado como una gesta patriótica, como aquellos legisladores que se abrazaban eufóricos cuando consumaban la privatización de YPF. Alegres o tímidos, ambos Congresos actuaron como escribanía de las petroleras.

Toda transformación de la sociedad origina una polarización entre los sectores beneficiados y perjudicados. Cuanto más profundo es el cambio, más tensión se produce en la sociedad. Polarizar por cambiar la Suprema Corte de Justicia, por hacer una quita a los acreedores, por un cambio en la política de derechos humanos, por una modificación en el trato con el establishment, por una política exterior con vestigios de soberanía es lógico. Polarizar y nacionalizar una elección como la de Misiones, por un impresentable como Rovira para que a través de la modificación de un solo artículo de la Constitución Provincial habilitar la reelección indefinida, es un grosero error, una estupidez. Es el precio que se paga por apoyarse indefinidamente en una estructura clientelística, de intercambio de favores. Una derrota del candidato de Kirchner será saludable para alertarlo que la popularidad asentada en unos cuantos aciertos no significa el otorgamiento de ningún cheque en blanco, ni tampoco para adornar con leguaje progre las peores prácticas que han vaciado la política como instrumento de mejoramiento de las sociedades. No es cierto que todo permanezca igual que en los noventa como afirma cierta oposición ni tampoco es verdad que se ha roto con los noventa.

En el tema seguridad, caballito sobre el que se ha montado los sectores conservadores del Latinoamérica para jaquear a gobiernos que con matices, expresan rupturas y continuidades con los noventa, el gobierno de Kirchner se maneja en forma espasmódica y en general arrastrado por los acontecimientos. Los partidos que con matices, expresan las posiciones de los sectores concentrados de la economía, reducen la seguridad al fortalecimiento de las policías y la modificación del Código Penal. Se atrincheran ahí, con la misma simplicidad que ayer lo hacía en la economía asumiendo un fundamentalismo neoliberal que concentró la riqueza en una pequeña isla y convirtió a la pobreza en un continente.

Es imposible vivir en una sociedad donde se garantice la seguridad al tiempo que la exclusión persista a niveles incompatibles con la posibilidad de una convivencia civilizada.

Argentina tiene niveles de inseguridad comparable a EE.UU y muy lejos de Brasil o Colombia. La realidad entonces, está lejos de la desmesura de suponer que es meramente una sensación y mucho más alejada del lugar común de “ no se puede salir a la calle”.

El tema de la revisión del pasado, de cómo construir capitalismo nacional sin burguesía, el vaciamiento de la política con la desaparición del militante sustituido por el puntero y las barras bravas, patentizado en el Hospital Francés y en el traslado del cadáver de Perón, la desaparición de Julio Jorge López y la reacción social, serán analizados en Desmesuras II.

En cuanto a la concentración del poder, la pregunta pertinente es ¿Para qué? En una sociedad fragmentada fruto de una devastación, las instituciones son débiles y el poder económico enorme. Si el poder es meramente para permanecer, para consolidar a los Rovira, para acordar con Barrionuevo, para maquillar un modelo inequitativo, es como darle un bisturí a un carnicero. Pero si el poder es un bisturí en mano de un cirujano, sobre un paciente de pronóstico reservado, mientras la familia alienta y se moviliza por el paciente, las posibilidades son otras. Kirchner no puede maquillar, hacerle cirugías estéticas o fotoshop a su pasado, para adornarlo con un heroísmo del que carece. Solo puede construir su futuro a través de lo que hago ahora. Ha realizado hechos positivos en su gobierno que mejoran significativamente su pasado de gobernador. Pero hay que avanzar sobre lo fundamental que está pendiente. Debe decidirse: ¿Cirujano o carnicero?

Desmesuras II

El lenguaje grandilocuente y muchas veces apocalíptico, la política y su representación, el vaciamiento a la que ha sido sometida con la desaparición del militante sustituido por el puntero y las barras bravas, patentizado en el Hospital Francés y en el traslado del cadáver de Perón, la visión histórica reciente, la posibilidad de proponer un modelo capitalista nacional con una burguesía tan pequeña que exterioriza su presencia fundamentalmente por sus miserias, la repetición de la figura traumática del desaparecido en la persona de Julio Jorge López y la reacción social suscitada, están surcadas por la desmesuras.

Un gobierno que montado sobre varios aciertos importantes usufructúa una situación internacional excepcionalmente favorable que presenta subliminalmente como generada por él, una oposición representante y heredera en su mayor parte de los años de plomo y del fracaso de las políticas neoliberales y un “progresismo” que no trasciende de la denuncia y que en su afán diferenciador, dado que el oficialismo le arrebató varias de sus banderas, termina coincidiendo con varios de los caballitos centrales del establishment ( retenciones, criticas elementales a Chávez, coincidencias con los sectores ganaderos, confundir posiciones de autonomía con aislamiento, exageraciones ridículas como identificar rasgos de autoritarismo con el nazismo). Y una izquierda bullanguera, que en general, convierte sus deseos en presuntas realidades, engendrando un análisis de proximidad revolucionaria que la realidad se encarga una y otra vez en dispersar, aunque sus protagonistas con una tozudez digna de mejores destinos, no se den por enterados.

Vaciamiento político

El militante era la corporización de un idealista que desinteresadamente invertía su tiempo disponible en tratar de realizar la utopía de cambiar una sociedad injusta. En la década del sesenta y buena parte de la de los setenta, en lo más rescatable y valorable de ese período, el desprendimiento personal se alineaba en un proyecto colectivo, mientras los vientos de la historia alentaban la esperanza que cada uno la estaba protagonizando. El cargo público, aún el representativo, concejal, intendente, diputado, senador, carecía de valor al lado de la figura del militante, que emblematizaba la idea, de una amplitud que podía ir de luchar por el retorno de Perón a la socialización de los medios de producción y la realización de la Patria Socialista.

Cuando el país volvió a un régimen regular de elecciones, ahora sin proscripciones, a partir del 30 de octubre de 1983, el país era otro, la sociedad había sufrido procesos extremadamente traumáticos y la representación política había cambiado sus valores centrales. La muerte de Perón precipitó la caída de un gobierno en franco retroceso como el de Isabel, que apaño las bandas paraestatales de la Triple A y para impedir el golpe que se avecinaba se aplicaron políticas económicas como el Rodrigazo, que significó un brutal y gigantesco intento de redistribución regresiva del ingreso. Pero aquella sociedad poseía una estructura de resistencia, en este caso sindical y de clase media politizada, que impidió en buena parte los efectos del gigantesco ajuste, mediante movilizaciones populares que arrojaron del país a López Rega y del gobierno a Celestino Rodrigo. Los sectores concentrados de la economía, los instigadores del golpe del 24 de marzo de 1976, no confiaban en un gobierno que a pesar de sus concesiones y distorsiones, había sancionado la Ley de Contrato de Trabajo o nacionalizado las estaciones de servicio. No fue la necesidad de derrotar a la guerrilla, prácticamente agonizante al concluir 1975, lo que indujo al golpe, sino la liquidación del modelo de sustitución de importaciones, el avasallamiento de las industrias y por consiguiente de los trabajadores, cuyos representantes gremiales de base junto a los sectores combativos de clase media fueron las principales víctimas del terrorismo de estado. El exterminio, el desmantelamiento de las estructuras de resistencia eran funcionales a la implementación de un modelo de economía abierta, de desindustrialización, de arrasamiento de los trabajadores y de precipitar sobre la sociedad el miedo de militar en política.

Durante la campaña electoral de 1983, al calor de unas expectativas que la realidad destruiría una a una, Alfonsín y un peronismo más que vegetariano, movilizarían las últimas grandes concentraciones populares.

Empezaron a aparecer los operadores como sustituto de los militantes. La idea que la política, más que un instrumento para cambiarle la vida a la gente, había que ponerla al servicio de los poderosos a cambio de lo cual quienes así procedían recibirían sustanciosas migajas del botín que facilitaban.

Los gobiernos surgidos desde 1983, con pocas excepciones, vinieron a cerrar el esquema económico implantado a sangre por la dictadura criminal. La hiperinflación fue el disciplinador social imprescindible para poder aplicar luego durante el menemismo el modelo de economía abierta con la llave maestra de la convertibilidad. Tres décadas de irracionalidad dibujaron, por un lado islas de riqueza y por el otro un continente de pobreza La política se llenó de punteros que por un lado ayudan a paliar situaciones extremas y por otro necesitan de esas situaciones sobre las que asientan su importancia y poder.

El desprestigio de la política es consecuencia directa de lo ocurrido en estos últimos treinta año, de las obscenas mentiras, de realizar lo contrario de lo prometido, de ser usada para enriquecer a los poderosos y de empobrecer a los sectores medios y a los más humildes. La desocupación ignominiosa, como en su momento la hiperinflación, ayudaron al disciplinamiento social.

Cuando la política se vacía, se torna complicado despertar convocatorias entusiastas. Y ese empobrecimiento está en cada institución que convoca a elecciones, sea un sindicato, una agrupación empresaria, un club de fútbol o una institución representativa de algún sector comunitario.

Y junto con los punteros aparece la asociación con las barras bravas.

Barras Bravas

El sociólogo Pablo Alabarces, posiblemente el que mejor ha estudiado a estas asociaciones ilícitas apañadas por las comisiones directivas de los clubes de fútbol que luego son rehenes y socios de las mismas ha escrito: “ Cuarenta años: las barras bravas aparecieron en el firmamento en 1967, cuando un grupo de hinchas de Huracán asesinó a Héctor Souto, un hincha de Racing. Ese fue el primer momento en que las viejas “ barras fuertes” fueron apodadas como “bravas” y desde entonces solo han cosechado infinidad de notas periodísticas – algunas de ellas celebratorias- y ninguna medida política.

Sólo merecieron un juicio exitoso, el que condenó por asociación ilícita a la hinchada de Boca, la célebre “12”, luego del asesinato de dos hinchas de River en 1994. ……Las llamadas barras bravas son un fenómeno absolutamente previsible de las transformaciones que sufrió la cultura futbolística en la Argentina en las últimas décadas, con especial énfasis desde 1982. Si bien surgieron a comienzos de los sesenta, motorizadas por dirigentes futbolísticos que querían respaldar a sus equipos cuando salían de sus estadios ( en la creencia de que una hinchada numerosa evitaría los clásicos abusos contra los visitantes), su perfeccionamiento como grupos de tipo parapolicial se alcanzó durante la dictadura: en ese contexto, la pérdida del monopolio estatal de la violencia y su perversión por el terrorismo de Estado facilitó la generación y reproducción de grupos dedicados a utilizar la violencia como herramienta para conseguir determinados fines. Primero, los ajenos – aquellos encargados por los dirigentes deportivos o políticos - ; luego, paulatinamente, también los propios: básicamente, el beneficio económico.

Cuando en 1983 el “ Negro Thompson”, barrabrava de Quilmes buscado por el crimen de un hincha de Boca, fue protegido a la vez por la intendencia de Quilmas, el club, la AFA y la Policía Bonaerense, todo el andamiaje estaba a la vista….para quién quisiera verlo. Desde entonces, este mecanismo solo ha conseguido perfeccionarse. Por un lado porque los lazos de complicidad se hicieron más duros: hoy incluyen a los dirigentes deportivos – desde la AFA hasta el Club más modesto, no hay autoridad que no mantenga transacciones de algún género – a los líderes políticos- que los contratan como seguridad en sus actos, les consiguen empleos públicos o establecen redes clientelares territoriales-; y a los responsables policiales- no hay comisaría en la Argentina que no tenga línea directa con la hinchada de su territorio de incumbencia, tolerando el pequeño delito ( incluyendo el tráfico de drogas al menudeo) a cambio de cierto disciplinamiento acordado y alguna transacción económica……Lo que debemos interrogarnos es sobre nuestro grado de tolerancia, considerando que los responsables políticos, económicos y culturales del fenómeno son presidentes de clubes, punteros, concejales, diputados, intendentes, gobernadores. Y ninguno nació en un repollo”. Esas barras bravas fueron usadas en distintos ámbitos, incluso en el universitario, en donde “ Los borrachos del tablón” la pesada de River, actúo a favor de la radical Franja Morada.

Los hechos en el Hospital Francés, donde barras bravas a favor del oficialismo dirigidas por Sergio Muhamad alias “ Tuto”, empleado de la Municipalidad y pesado de la barra brava de Chacarita, actuaron como rompehuelgas, reemplazando a la policía en una pretendida seguridad privada, exterioriza un contubernio preocupante. El círculo vicioso del vaciamiento político es el origen de la desmesura donde la falta de calor popular es sustituida por los aparatos clientelísticos y sus custodios que son las barras bravas.

En el traslado de los restos de Perón a la quinta de San Vicente se vivieron simultáneamente las particularidades de dos tiempos diferentes. En el trayecto del féretro, miles de personas emocionadas intentaron espontáneamente expresar su dolor y agradecimiento al hombre que significó una bisagra en la historia argentina. Uno de ellos, Juan Carlos Monje me decía: “ Vine por mi y en nombre de mi vieja a quien el General dignificó en su condición de empleada doméstica”. Los millones que accedieron a una vida digna, lo que se lo transmitieron a sus hijos y nietos, no necesitan de ningún estímulo para sentir la necesidad de exteriorizar el agradecimiento permanente a quién les permitió acceder a un nivel de vida jamás alcanzado posteriormente.

En San Vicente, la situación fue diferente. Ahí el presente se exteriorizó con crudeza. La vieja contienda de los obreros de la construcción y camioneros, fue escenificada con la presencia de las barras bravas de Estudiantes, Defensores de Cambaceres y de Independiente. Algunos analistas pedestres buscaron la rápida comparación con Ezeiza. Allá dos proyectos ideológicos diferentes trataban de demostrar su poder a un Perón vivo y se enfrentaron a los tiros con un número nunca determinado de heridos y muertos, en medio de una convocatoria a una fiesta popular que reunió más de un millón de personas. En San Vicente, patotas sindicales y barras bravas en un escenario similar a los desmanes en una cancha de fútbol, intercambiaban pedradas y garrotazos, disputándose con aparatos, sin calor popular, un lugar cercano al féretro.

Las interpretaciones sobre lo sucedido pueden recorrer distintas alternativas. Desde la idea del complot motorizado por Duhalde o los sectores económicos opuestos al gobierno, que iban a silbar al presidente cuando hiciere uso de la palabra, hasta que la falta de planificación y de seguridad derivó en un enfrentamiento no previsto de barras bravas.

En cualquier caso, las miserias dirigenciales son alarmantes. El homenaje fue impulsado desde hace mucho por el ex presidente Duhalde y fogoneado por Antonio Cafiero. Luego se sumó la CGT dirigida por Hugo Moyano. El presidente, que cree en la necesidad de un movimiento que reemplace a los restos orgánicos del Justicialismo, primero rechazó y atacó la idea. Luego dudo de la conveniencia de ir, pero eso significaba un costo político que no estaba dispuesto a pagar y un desaire a su aliado sindical, el dirigente de los camioneros. Se sumó dubitativo, asegurando su presencia en San Vicente, en donde se garantizaba la ausencia de Duhalde. Como resultado de las indecisiones, el Estado delegó y privatizó la organización y la seguridad del acto. El traslado ¿ final? de los restos de Perón merecía otra convocatoria y el protocolo adecuado a quién fue tres veces presidente y el político más significativo del siglo XX. Aquí la desmesura se tradujo en la asincronía entre la magnitud de lo que se hacía y los medios provistos.

Pero nada exterioriza con más patetismo la desubicación y la falta de cintura política que la continuación del acto en medio de las pedradas y los incidentes en donde los discursos de los oradores parecían extraídos de una película diferente de lo que se veía. De alguna manera, esa desmesura, grafica con potencia el desprestigio que aqueja a la política.

La visión histórica de los setenta

La gigantesca derrota popular con que concluyó el avance iniciado en el Cordobazo, las expectativas despertadas por el regreso de Perón, los horrores del terrorismo de estado, el miedo inoculado sobre la sociedad, han tendido una pesada loza sobre los errores, las tácticas equivocadas, las estrategias erróneas desplegadas por sectores que se asumían dentro del campo popular.

Durante mucho tiempo, los organismos defensores de los derechos humanos, asimilaron la figura del desaparecido como sinónimo de un no militante, ante una sociedad que en franjas importantes justificaban que el accionar político era un riesgo que podía estar sujeto a represalias ilegales.

A medida que se fueron revelando los mecanismos del terrorismo de estado en sus aspectos criminales y vesánicos, se empezó a reivindicar la militancia, la adscripción política de los desaparecidos y de los sobrevivientes que pasaron por las mazmorras del horror.

Sin embargo, son los horrores padecidos, el exterminio de la mayoría de los integrantes de los grupos guerrilleros, los que parecen poner un obstáculo insalvable para el análisis del período. Resulta gratificante pero equivocado, una desmesura, la reivindicación acrítica de los setenta. Lo mejor de la época, es el desprendimiento, el desinterés, la idea de ser un instrumento de una utopía colectiva, la valoración de la política, el poner la vida al servicio de la transformación de la sociedad.

El accionar guerrillero tuvo justificación histórica hasta el 11 de marzo de 1973. Si bien eran discutibles los medios, la usurpación del poder desde 1966 por parte de la autodenominada Revolución Argentina, le daba razonabilidad. El asesinato de Aramburu, en los primeros días de junio de 1970, el acto inaugural de Montoneros, fue ampliamente popular. El método utilizado había sido criticado por los marxistas revolucionarios más destacados del siglo XIX Y XX.

Montoneros y el ERP gozaron desde 1970 hasta 1973, de una simpatía amplia y de un apoyo minoritario pero creciente. Producido el triunfo popular, al que la Tendencia y Montoneros contribuyeron significativamente poniéndose al frente de la campaña electoral, la organización encabezada por Firmenich cejó en su accionar armado. En cambio, el ERP, con un razonamiento que violentaba la lógica más elemental, afirmó que seguiría luchando no contra el gobierno elegido sino contra las fuerzas de seguridad. Así fue como protagonizó acciones resonantes como la toma del Comando de Sanidad en septiembre de 1973 y el asalto a la guarnición de Azul, en enero de 1974. Montoneros consolidó su poder de convocatoria en 1973 y cometió un error garrafal cuando asesinó a José Rucci, el 25 de septiembre de 1973, cuarenta y ocho horas después que la formula Perón – Perón triunfara en las elecciones presidenciales con el 62% de los votos. La falsa idea de imaginar un Perón socialista, la táctica de disputarle la conducción, condujo a la ruptura del 1° de mayo de 1974. A los sesenta y seis días de la muerte de Perón, pasaron a la clandestinidad, dejando a la intemperie y sujetos a la cacería de la Triple A, a los simpatizantes y militantes de superficie. A partir de ahí comenzó el aislamiento de las masas y el predominio de las corrientes militaristas. Los errores políticos condujeron en ambos casos, Montoneros y ERP, a la derrota militar. Cuando se produjo el golpe del 24 de marzo, el accionar guerrillero agonizaba. Esas fuerzas hubieran sido importantes para encabezar la resistencia contra la dictadura criminal. En cambio la emplearon contra un gobierno popular como el de Cámpora en el caso del ERP, y luego ambas formaciones guerrilleras contra Perón y posteriormente contra Isabel. Debilitaron considerablemente a un gobierno de origen popular y con fuertes deformaciones como el de Isabel, al cual sin embargo no lo derrotarían las Fuerzas Armadas por sus defectos y horrores, sino por algunos aciertos y su origen. Eso no quita para nada la responsabilidad del gobierno de la viuda de Perón en los asesinatos y desapariciones perpetrados durante su mandato. Las Fuerzas Armadas elevarían luego ese accionar a nivel mayorista y como metodología estatal.

Los horrores padecidos por muchos guerrilleros no lo relevan de sus errores que fueron muchas veces involuntarios y otras veces consecuencias de equivocaciones groseras de análisis. Por una u otra causa terminaron siendo funcionales a la catástrofe. La idea de “cuanto peor mejor” concluyó en una tragedia que envolvió a luchadores y simpatizantes que no tenían que ver con lo que Perón llamaba “formaciones especiales”. Cualquier gobierno popular debió reprimir el accionar guerrillero con la ley en la mano. De manera que si es válido este razonamiento, los que fueron asesinados por el accionar de los grupos armados entre el 11 de marzo de 1973 y el 24 de marzo de 1976, que no sean asesinos o torturadores, sus familiares merecen que sus víctimas tengan un reconocimiento público. Esto permitirá, que mientras se sustancien los juicios a los ejecutores del terrorismo de estado, que deben continuar, se fracture el frente de los dinosaurios que reivindican en bloque los años de plomo, y la de aquellos familiares de los asesinados en el período mencionado, que sólo busquen un reconocimiento para los que murieron en defensa de un gobierno elegido sin proscripciones.

Tal vez falte la síntesis entre el vale todo de Carlos Menem y la visión parcializada de Néstor Kirchner, a quién es justo reconocerle, que más allá de los errores, ha dado un impulso notable al tema.

Es entendible la versión histórica de Kirchner en función de la sobreactuación que hace de su participación en los setenta. Asume la posición de sus compañeros que si pasaron a la lucha armada y que levantaron una Evita muerta a la que se le podía atribuir las virtudes revolucionarias que coincidían con sus posiciones, disminuyendo la del Perón vivo que los descalificaba.

Igualmente es correcto convertir a la ESMA en un museo, pero el mismo no debe denominarse “De la Memoria”. De la misma forma que Auschwitz no es el Museo de la Segunda Guerra Mundial. La Esma debe ser el Museo del Terrorismo de Estado. El tema está sujeto a debate que hasta ahora ha sido escamoteado. Un intento de mesura en un país atravesado por la desmesura.

Desmesuras III

Las elecciones de Misiones, la cuadratura del círculo que significa construir un capitalismo nacional sin burguesía, la desaparición de Julio Jorge López y la reacción social.

Hacía mención que la desmesura atraviesa el lenguaje cotidiano. Y esa actitud se traduce en distintos sectores sociales, en diferentes edades, con relación a hechos diversos. El escritor Abel Posse, un aceptable novelista, un mediocre ensayista para ser benévolo, un crítico tardío del menemismo, que no termina de reponerse de su desplazamiento como Embajador en España, sostiene en La Nación del 5 de noviembre: “Hoy un policía que sale a la calle está más amenazado de ser juzgado que un delincuente”

La falta de controles en cualquier actividad, desde los vuelos al tránsito de larga distancia en colectivos de dos pisos que sólo se permiten en Perú y en nuestro país, lleva a las víctimas en su afán de prevenir reiteraciones similares a suponer que el accidente como probabilidad estadística puede ser evitado. Uno de los chicos sobrevivientes del accidente de la escuela Ecos, Lucas Kalwill afirma en Clarín del 5 de noviembre: “ Desde hace una semana estamos haciendo circular un petitorio y juntando firmas para que aumente el control en las rutas…..Lo hacemos porque no queremos que esto vuelva repetirse” La mesura pasa por exigir un estado que sea eficiente en los controles y un poder legislativo que sancione leyes rigurosas en materia de conducción vehicular que disminuya significativamente la posibilidad de accidentes. Pero “que esto no vuelva a ocurrir” es la desmesura que omite un detalle: la ley de probabilidades no puede ser abolida ni con controles, ni con voluntarismo.

Las elecciones en Misiones

“La nueva política” naufragó en Misiones. El Presidente de la Nación, quién empezó a construir con barro y estiércol por necesidad y ahora lo hace por vocación, olfateó mal el panorama en Misiones y decidió devolver favores recibidos del Gobernador Rovira, quién lo apoyó para elecciones del 2003, cuando los mismos escaseaban y un operador tan agudo para detectar por donde pasa el poder como el filósofo gastronómico Luís Barrionuevo, aseguraba que “salir en campaña con Kirchner era como sacar a pasear un perro muerto”

El escenario misionero se caracterizó por su entrecruzamiento ideológico. Del lado del no a la modificación del artículo 110 de la Constitución provincial que habilitaba la reelección indefinida, se alinearon entre otros, Adolfo Pérez Esquivel, Hugo Moyano, Víctor De Gennaro, el ex gobernador y efímero presidente Ramón Puerta, Mauricio Macri, Juan Carlos Blumberg, radicales, e incluso kirchneristas no dispuestos a suicidarse. El elemento aglutinador fue un religioso, insospechado por su trayectoria y por su hasta ahora carencia de ambición política, el obispo Joaquín Piña.

Del otro lado quedaron las huestes de Rovira, con una gobernación de pródigas Obras Públicas con beneficiarios de su círculo íntimo, con generoso apoyo político y financiero del kirchnerismo. Su gobernación fue muy superior a la del magnate menemista y macrista Ramón Puerta, al punto que si hubiese limitado su ambición a la modificación constitucional permitiendo tres mandatos consecutivos, su triunfo hubiera sido posible.

El planteo de modificación de un solo artículo de la Constitución, para habilitar la reelección indefinida, demuestra como en ciertas condiciones, algunos olvidan el grito de hartazgo que surgió en los convulsionados y aleccionadores días del 19 y 20 de diciembre del 2001. Es cierto que en Alemania, España o Francia, se permite la reelección indefinida, pero hay una fortaleza institucional considerablemente diferente. Países en donde no hubo un 19 y 20 de diciembre, aunque las políticas neoliberales han acentuado la desigualdad.

La restricción a la continuidad indefinida debe ser una medida transitoria, como lo es la cláusula del cupo en materia de participación femenina, que intenta paliar jurídicamente la deficiencia de la presencia de la mujer en puestos representativos, hasta alcanzar mayores parámetros de paridad.

La derrota sacudió y alteró al Presidente, que se ha sumido en un profundo silencio, por haber sucumbido en dos de sus convicciones: su olfato político de alinearse con las mayorías y el uso abusivo y enfermizo de las encuestas basadas en su presunta infalibilidad. Los encuestadores tuvieron una derrota de igual o mayor intensidad que Rovira y Kirchner. En el caso del encuestador presidencial preferido, Artemio López, el error alcanzó el insólito margen del 28%. Afirmaba que ganaba Rovira por 15 puntos y perdió por 13.

Néstor Kirchner no habló pero actúo apenas se recuperó de su perplejidad. Presionó para que se bajara el gobernador de Jujuy del intento de reelección, y la ola misionera arrasó con las intenciones de Felipe Solá. Incluso en San Luís, precursor en materia de reelecciones donde Adolfo Rodríguez Saá tuvo cuatro mandatos sucesivos, su hermano Alberto, actual gobernador, descubrió la necesidad de acotarla.

El resurgir de las huestes destartaladas de la oposición, encubre un error de cálculo similar al que sumergió al oficialismo en la derrota misionera, cuya significación fue magnificada previamente por el gobierno nacional. El espejismo de un triunfo cercano, implicaría encontrar a nivel nacional, un nombre capaz de amalgamar el agua con el aceite. Sería meramente una bolsa de gatos, muchos de los cuales son herederos directos del pasado neoliberal, que pueden ser referentes del peor pasado, pero nunca un camino a un destino diferente sobre el cual se centró la bisagra de diciembre del 2001.

Misiones no es un futuro para la oposición. Es una lección para el gobierno. El poder produce vértigo y la idea descabellada que se es el beneficiario de un cheque en blanco. Por eso decía en DESMESURAS(I) del 26-10-2006: “Una derrota del candidato de Kirchner será saludable para alertarlo que la popularidad asentada en unos cuantos aciertos no significa el otorgamiento de ningún cheque en blanco, ni tampoco para adornar con leguaje progre las peores prácticas que han vaciado la política como instrumento de mejoramiento de las sociedades”

Si esto sirve para alinearse con la voluntad popular de cambio, yendo varios pasos delante de las misma, en lugar del seguidismo enfermizo de las encuestas, Misiones será un hito recordatorio y aleccionador del 19 y 20 de diciembre.

A la desmesura del gobierno de nacionalizar la elección a constituyentes, le sigue la desmesura de la oposición de suponer que el resultado es nacionalizable a nivel de puestos ejecutivos y legislativos.

Capitalismo Nacional sin Burguesía Nacional

La desmesura surge aquí en la imposibilidad de pretender un desarrollo capitalista con anclaje nacional, impulsado por una burguesía que nunca ha superado, con su endeblez y limitaciones, a la de un bolichero provinciano. El coloquio anual de IDEA, es una expresión anual de su raquitismo ideológico, de su incapacidad de un proyecto nacional incluyente, de su dependencia a las ideas de las burguesías que se desarrollaron diciendo una cosa y haciendo otra distinta. Incapaces de aprender realmente de ellas, recitan un discurso económico dependiente, con clichés equivocados hasta el hartazgo, con propuestas fracasadas. En lugar de entender la necesidad de un mercado interno fuerte, de un Estado importante, de políticas proteccionistas racionales, sus preocupaciones pasan por el nivel de aumento de salarios, por el desmantelamiento del Estado y por la apertura de la economía.

El 5 de julio del 2004 planteé estos dilemas en un artículo que transcribo a continuación en su mayor parte, y luego quedó reafirmado por un libro de reciente aparición donde se investigó que piensan los representantes de los principales grupos integrantes de la burguesía nacional, integrada por ACEITERA GENERAL DEHEZA, ARCOR, BUNGE Y BORN, COTO, EURNEKIAN, FATE- ALUAR, LEDESMA, MASTELLONE, PÉREZ COMPANC, SIDUS, TECHINT, WERTHEIN.

Tortilla de papas

¿Como hacer una tortilla de papas, con un huevo de codorniz, media papa, careciendo de sartén y con una cocina que no funciona? Seguramente, salvo que el interrogado se atrinchere en un optimismo a prueba de infortunios, contestará que las probabilidades son mínimas, con tendencia a cero. El cocinero puede buscar soluciones alternativas, que cambien este estado de situación. Organizarse con los comensales para conseguir más papas, emprender la búsqueda de huevos de gallina, solicitar un crédito para acceder a la compra de un sartén y reparar la cocina. El cuadro se agrava en su perentoriedad, porque hay muchísimos comensales que sólo pueden volver a la vida o conservarla, si finalmente se puede elaborar y distribuir la tortilla. Entre ellos el 24% de los indigentes, o el millón y medio de jóvenes entre 15 y 29 años que no trabajan ni estudian, o los tres millones de personas que viven en las villas miserias del conurbano, o que el 70% de los jóvenes menores de 14 años son pobres.

En un cuadro idílico, los protagonistas son solidarios y sus intereses son complementarios. En la realidad, el productor de papas sólo le interesa que sea un comodity, que le garantice un mercado internacional a buen precio y fácil colocación. Nada de pensar en aceptar las retenciones que afecten su rentabilidad, y que van a proporcionar paliativos a los que no pueden acceder a la tortilla. El fabricante de sartenes y el de cocinas, en convocatoria por la convertibilidad, han mejorado su situación con la devaluación y ahora ha vuelto a fabricar con la cuarta parte del personal de las mejores épocas, pero para crecer necesitan capital de trabajo que no obtienen de los bancos, convertidos en agencia de servicios extrabancarios accesorios. Su problema es el sistema financiero que no funciona, un mercado comprimido progresivamente por la caída de los salarios y la desocupación. Significativamente recitan una letanía extraída de sus diarios de cabecera que elogiaban las políticas que llevaron a su empresa a la cesación de pagos. A eso se suman sus prejuicios ancestrales que lo inducen a sostener que el problema radica en las leyes laborales, en la indolencia de la gente que “no quiere trabajar”. No están dispuestos a arriesgar el dinero que sacaron del país o que mantienen en sus cajas de seguridad bancaria.

Los que reciben un huevo de codorniz y media papa cortan rutas y protestan, mientras cargan sobre su miseria y su futuro amputado, las deudas por las papas y los huevos que consumieron o acumularon otros. Los que tienen centenares de huevos de gallinas y galpones de papas piden histéricamente que la policía termine con esos vagos insatisfechos. También lo hacen los que tienen seis huevos de codorniz y tres papas chicas.

El gobierno cree que el acotamiento de los reclamos se producirá con el mejoramiento de la situación. La receta propuesta es la reconstrucción o la generación de un capitalismo nacional. Para ello es necesario contar con cuatro elementos fundamentales: un Estado, una burguesía nacional, un mercado, y un sistema financiero puesto efectivamente al servicio de la producción.

El Estado está desmantelado y fofo por treinta años de sostener que “achicar el estado es agrandar la Nación”. La burguesía fue arrasada o vendió en muchos casos ventajosamente sus establecimientos durante la apertura irrestricta de la economía. El mercado es liliputiense, como lo exteriorizan la presencia de los “indeseables” piqueteros, representación simbólica de millones de desocupados y excluidos.

El sistema financiero, privilegiado en las últimas décadas, actúo como garrapata y terminó achicado como reflejo de la anemia productiva a la que contribuyó con denuedo y entusiasmo. El cocinero, es decir, el gobierno, habla de las funciones esenciales del Estado, pero no da pasos concretos en su reconstrucción. Vive de los efectos beneficiosos de la devaluación, de una coyuntura favorable de los precios internacionales del petróleo y de la soja, mientras es mezquino en los paliativos para los sectores cuyos ingresos fueron evaporizados por la depreciación del signo monetario.

Para los que quedaron afuera del sistema, hace más de dos años que se le ofrece el huevo de codorniz y la media papa.

¿Como hacer una tortilla de papas, con un huevo de codorniz, media papa, careciendo de sartén y con una cocina que no funciona?

Burguesía Nacional: crónica de una derrota

Cuando Urquiza, en la batalla de Pavón, se retiro sin combatir, para disfrutar de sus campos y su palacio en Entre Ríos, el resultado de las guerras civiles argentinas quedó en mano de los comerciantes y hacendados del puerto y de la provincia de Buenos Aires. Las artesanías del interior, esbozo primitivo de una posible burguesía nacional, serían arrasadas. Corría el año 1861. En EE.UU comenzaba la guerra de secesión. Después de cuatro años, el norte industrial se impuso sobre el sur algodonero y esclavista. La burguesía norteamericana integraría territorialmente al país y aplicaría políticas económicas proteccionistas que posibilitarían el desarrollo industrial, incluyendo a la mayor parte de la población. En la guerra de la secesión argentina triunfó “el sur” de producción primaria. Eso condicionaría el devenir posterior de ambos países.

La burguesía argentina surgiría como consecuencias de las crisis del capitalismo mundial. Durante la primera guerra mundial, en la crisis de 1929, el flujo de productos industriales de los países europeos cesa significativamente. Es en esas circunstancias que surge el proceso de sustitución de importaciones. También engendraría una burguesía sustitutiva de una verdadera burguesía. Con el peronismo el Estado actuaría en su nombre, consolidándola y sustituyéndola en empresas mayores. No obstante, franjas importantes de sectores industriales minimizaron los beneficios y agrandaron las limitaciones que al derecho de propiedad les imponía los sindicatos y la legislación laboral. La industria y los trabajadores recibían una transferencia de ingresos de los sectores agropecuarios. Pero el burgués nacional era en realidad mucho más capitalista que burgués. Su reinversión en la fábrica era el remanente, en muchos casos, de las compras de campos y de inversiones suntuarias en las costas argentinas y uruguayas. Muchos terminaron conspirando contra el peronismo. Se ilusionaron después con el frondicismo, que le prometía frenar la soberbia obrera al tiempo que aspiraba integrar al campo y desarrollar la industria. Como se suprimió la transferencia de ingresos del campo a la industria, se intentó sustituirla con la inversión extranjera.

Luego se encandilaron con los gobiernos autotitulados de la Revolución Argentina que continuó serruchando las ramas donde se apoyaba la burguesía nacional. Con el tercer gobierno peronista, fue parte integrante del mismo, a través de dos de los representantes de la CGE: Gelbard y Broner. Nuevamente, hubo sectores que por razones ideológicas alienadas militaron en contra de sus propios intereses.

Miraron con simpatía o actuaron entusiastamente a favor del golpe del 24 de marzo de 1976. Muchos fueron cómplices de los asesinatos masivos. Se aliaron a una política que los excluía como la de Martínez de Hoz. Disfrutaron de la estatización de la deuda privada realizada por Cavallo. Luego apoyaron con entusiasmo la continuación de las políticas neoliberales en democracia. Coronaron su infalibilidad para el error cantando loas a Menem.

Los restos dispersos de la burguesía sustitutiva, serían una de las patas del propuesto capitalismo nacional.

Menos que la mitad de un huevo de codorniz, para hacer una tortilla de papas.

El Bonapartismo

La debilidad de la burguesía nacional fruto de su origen y desarrollo llevó a que el peronismo, de 1945 a 1955, basado en el apoyo de las fuerzas armadas y de los trabajadores realizara su política. Para ello se contó con un mercado creado a partir de una poderosa distribución de ingresos, con un Estado poderoso que reemplazaba en los hechos a esa burguesía pequeña y mezquina, y un sistema financiero que operaba en función de la producción. Así se hacía la tortilla, con los huevos de gallina apropiados, abundante provisión de papas, un sartén generoso, y una cocina con capacidad de abastecer a los comensales.

Tortilla de papas

Sin reconstruir el estado, sin desmantelar un sistema financiero creado para esquilmar todo proyecto productivo, sin un cambio total del sistema impositivo, sin desmantelar el queso gruyere de la aduana, sin políticas activas, sin un poderoso plan de obras públicas, sin un significativo cambio en la distribución del ingreso, sin inclusión social, sin la recuperación de resortes económicos básicos que tienen los países capitalistas desarrollados, no existe la más mínima posibilidad de un capitalismo nacional. Es como intentar hacer una tortilla con un huevo de codorniz, media papa, sin sartén y con una cocina que no funciona. Si el proyecto se lo concibe con las dimensiones del huevo de codorniz y no el de gallina, terminan disgustados y conspirando los presuntos beneficiarios, los criadores de codornices, los productores de papas, los fabricantes de sartenes y cocinas y con hambre los comensales. La primera regla para hacer una tortilla, es tener la audacia para romper bien los huevos. Se empieza usando los bordes del sartén para su rotura. Si sólo se amenaza o se lo hace parcialmente, la tortilla sale mal y los que tienen que comerla se quedan con hambre. Los huevos de avestruz, como obuses, son arrojados sobre la humanidad del cocinero a través de los medios que responden a los que atesoran mayoritariamente las papas y los huevos. La situación se enchastra. Los hambrientos quedan cada vez más lejos de la tortilla.

No está en la edición de bolsillo de este libro, la receta adecuada para dar vuelta la tortilla. Todo lo escrito el 5 de julio del 2004, queda reafirmado en las opiniones recogidas en “LAS IDEOLOGÍAS DEL PODER ECONÓMICO” de Eduardo Squiglia Editorial Edhasa impreso el 27-09-2006 “(Estamos trabajando) al máximo de capacidad. Es más, estamos evaluando varios proyectos para ampliarla” ( Página 35)

“ Este gobierno no nos escucha” (Página 35)

Bueno, la economía viene bien, a grandes rasgos se está moviendo bien, hay actividad, recuperación (Página 37) “( Me perturba) la burocracia del Estado y la lentitud, la imprevisión, las ineficiencia de la administración pública es una de las cosas que me saca de quicio desde hace mucho pero mucho tiempo. Además faltan reglas de juego, bajar el gasto público,eliminar impuestos, y como se está manejando el tema de los desocupados, los piqueteros, y también con los sindicatos no me gusta nada” Página 38

“¿ De que viven en las villas miserias? A ver, dígame. Porque del cielo, que yo sepa , no les cae nada. Y los marginales están ahí. Habría que hacer un inventario, ver cual es la profesión de cada uno y ponerlos a trabajar en lo que sea. Hay que dar subsidios a cambio de trabajo. Eso sí. Pero pagarles por no hacer nada, como a los piqueteros, cuando hay tantas cosas por no hacer, no me gusta, estoy en contra. Incluso con un mercado interno, reducido al cincuenta por ciento de la población, la alternativa que veo es aumentar las exportaciones. Mientras tanto, lo único que podemos hacer nosotros es encargarnos de la salud, la vivienda y la educación de nuestros empleados. No podemos confiarnos en lo que da el Estado. ......Por ejemplo, con los recursos que van a los piqueteros se podría fomentar la creación de muchas empresas y eso si sería una solución” Página 38/39

“¿ Qué se debería hacer con los sindicatos? Una revolución: disolverlos. Si, habría que disolverlos y dejar que la gente haga otros por su cuenta. Estos deberían ser organizaciones que cooperen con las empresas....” Página 40 “ ( Hay que eliminar impuestos) como las retenciones” Página 40 “¿ El Estado? Lo que se necesita es un Estado mínimo, con poca intervención, al igual que en el resto del mundo” Página 41

“ ...Yo pretendo un Estado que se encargue de fijar las grandes estrategias, escuchar a los empresarios, garantizar la justicia y la seguridad. Que se ocupe de algunas obras públicas para generar trabajo y de equilibrar el comercio internacional. Punto. Nada de reestatizar o manejar empresas, fijar precios o cuestiones por el estilo Y, le insisto, que establezca, de un modo claro, instituciones y reglas de juegos permanentes” (Página 42) “¿Qué son las reglas de juego? Hasta diciembre del 2001 las había. El Estado respetaba las concesiones y los contratos de las empresas privatizadas, no existían regateos por las tarifas, teníamos una moneda cierta, libertad financiera y un sistema impositivo sin distorsiones” (Página 47)

“ Yo estoy de acuerdo con la libertad de las empresas y de los empresarios. De los mercados. ( Página 47)

“Vea, el problema central es que nuestros países el pueblo es subdesarrollado, entonces el poder político es subdesarrollado y hace, ya se lo dije, lo que quiere. No le da bolilla a nadie.( Página 53)

“( Los buenos empresarios) existen. Pero los de verdadera valía y calidad son muy pocos. Yo, en general, pienso que los empresarios no han contribuido de una manera significativa al desarrollo de nuestro país. Más bien se han destacado, y se destacan, por obtener ventajas con los gobiernos de turno. No toman riesgos, son cómodos, ven las cosas a corto plazo, como el país. Debo reconocer que son inteligentes porque se llevaron toda la plata afuera” ( Página 59)

Kirchner y La Burguesía Nacional

Los sectores concentrados de la economía, la mayoría extranjeros, y los sobrevivientes nacionales están ganando como en las mejores épocas. Según Clarín Económico del 29 de octubre, las empresas tienen más porcentaje en el ingreso nacional que hace doce años. “De los 13,7 puntos que aumentó la rentabilidad empresaria entre 1993 y el 2005, 3,7 puntos fueron a costa de los trabajadores formales, 2,4 puntos a expensas de los empleados informales y 7,6 puntos de los trabajadores independientes. Y entonces ¿Por que elogian reticentemente en público y putean en privado? Porque no tienen formalmente el poder omnímodo de los noventa. No se les despliega la alfombra roja, se los reta, se los increpa, se los amenaza, se aplica el control de costos, mientras aceptan con disgustos el retorno de algunas leyes laborales, cuya sepultura celebraron en los noventa.

De ahí la expresión: “ Este gobierno no nos escucha”

Dos veces desaparecido

El tiempo pasa, la segunda desaparición de Julio Jorge López desaparece del interés periodístico y ciudadano, y la desmesura del olvido asesina la posibilidad de encontrarlo con vida. Que esto suceda en estas circunstancias, muy lejos de la noche ignominiosa de los años de plomo, revela la fragmentación y arrasamiento de una sociedad que en las últimas décadas no omitió catástrofe por padecer.

A treinta años de la Noche y Niebla argentino (origen de NN), parece increíble la imposibilidad de aunar esfuerzos, más allá de las divergencias ideológicas y las enemistades personales. Un desaparecido es un insulto a una sociedad civilizada. Es un atentado al futuro. Un desaprendizaje de las lecciones del pasado. La imposibilidad de aceptar la desaparición, junto con el hambre, la indigencia y la exclusión, es el umbral mínimo, de la convivencia civilizada. Quién no asume la necesidad de un pacto común para luchar, cualquiera sea sus convicciones ideológicas contra estas lacras, se excluye de la sociedad que integra.

Si hubiera un acuerdo mínimo sobre estos temas, sería posible concretar una gigantesca manifestación colectiva, de por los menos un millón de personas, encabezada por el Presidente de la Nación, acompañado en primera fila por Mauricio Macri, Nora Cortiñas, Hebe de Bonafini, Hugo Moyano, Eduardo de la Serna, Patricia Bullrich, Patricia Walsh, Ricardo López Murphy, el Padre Luis Farinello, Monseñor Jorge Bergoglio, Juan Carlos Blumberg, Víctor de Gennaro, Ricardo López Murphy, Jorge Altamira, Estela de Carlotto, Elisa Carrió, dirigentes de las centrales empresariales, de las distintas colectividades y cleros, de las ONG, legisladores, gobernadores, etc,etc, producirían un estruendo capaz de generar un nuevo punto de partida. No es una ensalada para gobernar, que por los intereses contradictorios que representan sería una contradicción en sus términos. Es apenas, pero un apenas fundamental, para fijar un marco de referencia aceptado en forma generalizada.

¿Ingenuidad? Es posible. En otros lados se hizo. Sería un contrato mínimo, anexo a la Constitución, respaldado por los píes en movimiento. Cuando el pueblo abandona las veredas y toma las calles, se abren las ventanas. Un pacto con puntos precisos que involucre incluso a aquellos sectores que habitualmente proponen cerrar las ventanas y despejar las calles.

En IDEA, el empresario Enrique Pescarmona, abogó por la aparición de López. En otras épocas, émulos de Pescarmona auspiciaban y eran cómplices de las desapariciones. O dirigentes sindicales como Triaca ignoraban que sus compañeros desparecían.

Esto no hace desaparecer las luchas nacionales ni los conflictos de clases, ni a la necesidad de poner coto a la rapiña de los sectores concentrados de la economía.

Sólo fija determinadas reglas de juego. Es el piso a partir del cual se exteriorizan las diferencias.

Apenas una gota de mesura en un mar de desmesuras. En una sociedad que convive, con el hambre, la indigencia, la exclusión, y con alguien que desaparece por segunda vez.

Hugo Presman
Periodista
Buenos Aires, 25 de octubre de 2006.


© (2006) Hugo Presman
Todos los derechos reservados.
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