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Crónica colombiana
La Iglesia, los Obispos y la Paz en Colombia
Publicado digitalmente: 29 de noviembre de 2006

Si encontré una mística en la gente de Pasto en Colombia, ésta, fue su gran apego a la espiritualidad, a lo religioso, a lo supremo y bendito. Esta gente tan especial, los pastusos, asi se llama a la gente oriunda de Pasto, son una especie de santidad, ingenuidad y bondad. Nada hace que su extraordinario encanto se desvele de nuestros ojos. En Pasto, encontramos, como en casi todas las ciudades colombianas, una suerte de "mercado" de Iglesias, dicho esto con respeto. Por sus calles podemos respirar religión, encontrarnos con dos Iglesias, una Iglesia o una Catredral y asi. De hecho, he contado en dos manzanas a la redonda del hotel en que le alojé, más de cinco grandes Iglesias. Franciscanas, Jesuitas, de la orden de las Hermanas de Teresa de Calcuta, de Don Bosco. Pero debo decir que, aqui, exceptuando sus orígenes, la Iglesia, como institución, siempre ha favorecido los interes del Estado y de los grupos de poder. A nivel individual, muy pocos de sus representantes se colocaron del lado de los humildes.

Son dignos de mencionar por el papel histórico que cumplieron Fray Bartolomé de las Casas y Don Juan del Valle-primer obispo de Popayán- quienes, en forma decidida y aun temeraria, enfrentaron a los encomenderos por la explotación cruel y el tratamiento inhumano que daban a los indios; también se recuerda a Pedro Claver de quien se conoce su proverbial entrega en favor del negro africano sometido a la esclavitud.

A finales de la década del sesenta, en la Iglesia Católica de América Latina, surgió con fuerza un fenómeno importante; una nueva manera de asumir el compromiso con Cristo, con la fe y con la religión. Muchos sacerdotes conscientes d la injusticia, el marginamiento, la pobreza y muchas otras secuelas que generan las disigualdades sociales, decidieron, recogiendo la más aut´ntica doctrina cristiana, convertirse en voceros de los sectores menos favorecidos. Ahora bien, esta especie de filosofía, ha ido permeando hasta lo más alto de la jerarquía eclesiástica, y así, encontramos en el caso colombiano, a la mayoría de los obispos comprometidos con el problema esencial del pais: la violencia y, en consecuencia, la búsqueda del camino para la paz. El más controvertido de los obispos, Nel Beltran dijo que: "El gran pecado social colombiano, es un esquema económico importado, que multiplica a los pobres y profundiza a la pobreza", -situación que se reproduce en todos los paises latinoamericanos- ."Hay un crecimiento económico que favorece a los ya favorecidos, porque se carece de distribución equitativa de bienes", y nos añade que " Hay un crecimiento económico en contravia del empleo, por lo que millones de hombres no pueden ganar dignamente el pan de cada día con el sudor de su frente".

En igual tenor de opinión, el arzobispo de Tunja, Augusto Trujillo, señala que en la pobreza no puede florecer una sociedad pacífica: "Un pueblo con hambre y sin trabajo necesita soluciones urgentes y audaces para estar en paz", El desempleo es tambien una amenaza a la paz, y si este es causado por razxones sociales o política con mayor razón, es un atentado a la paz".

El obispo de Cali, monseñor Trujillo Saenz fue por demás igual de explícito. Para él la causa fundamental de la pobreza y de la violencia está en el sistema económico neoloberal que vuelv más ricos a los ya ricos y más pobres a los ya pobres. Por lo tanto y en consecuencia, la forma más expedita para lograr la paz de manera efectiva, está en la posibilidad de construir yuna sociedad autenticamente democrática en lo político y en lo económico.

Las posiciones que asume la Iglesia Católica y de manera especial los obispos es, sin la menor duda, fértil desde los más disímiles puntos de vista. Es a ellos como pastores, como depositarios de las enseñanza de Cristo, que les toca y les correponde encontrar los caminos para el entendimiento social y el progreso del pueblo de Colombia; así, no solo se reafirma su papel de guia espiritual del pueblo, sino que recupera la fe y hace renacer la esperanza de una feligresía sin norte, fuertemente desorientada yconvertida en tierra de ndie, solo para que prosperen sectas que son ajenas a la tradicion.

En este viaje de trabajo y de encantos, descubrí un ser extraordinario, un sacerdote jesuita, el Padre Joe. Desde que comienza a hablar, a decir, a explicar, sus manos, sus ojos, sus palabras son de un amor a la gente de Pasto y de Colombia toda, que provoca una tremenda sensibilidad. Nos decia, que trabaja en un proyecto de economía sustentable con la gente de los campos y de los alrededores, donde se puede desarrollar toda clase de programas en cultivos y cosecha. Este hermano jesuita, muy hincha de fútbol, del Cali de Colombia, trabaja con la gente de la comunidad de Pasto y es además Capellán espiritual de la Selección Colombiana de Fútbol; excelente ser humano, dotado de principios y valores que hacen a las personas de bien, pero sobre todas las cosas, que manifiesta su amor, en el campesino, en el humilde, en los olvidados de los gobiernos y los Estados, como sucede en casi todos nuestros paises de América Latina.

Ana Maria Pereira
Periodista
Buenos Aires, 25 de noviembre de 2006.


© (2006) Ana Maria Pereira
Todos los derechos reservados.
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