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HERRAMIENTAS

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D’Elia abriendo las tranqueras de Tompkinsland

Argentina en su laberinto
Por Gabriel Martin
Publicado digitalmente: 30 de noviembre de 2006

Llama la atención la reacción social, y de la “militancia” política ante sucesos de relevancia que acontecieron en apenas un par de meses. Llama la atención por la hipocresía, tristemente es palpable la inercia arrastrada de la década menemista en este “proceso renovador”.

El militante popular Luis D’Elía, acometió contra el país que compró Douglas Tompkins dentro de la provincia de Corrientes, en los Esteros del Iberá, sobre el acuífero guaraní.

La indeferencia social fue tal, que cuanto menos, D’Elía pareció un desquiciado solitario que no tenía nada que hacer, cuando buscó poner en el centro de la escena política el hecho de que capitales non santos de Estados Unidos realiza inversiones estratégicas combinadas con operaciones militares, como acontece con Tompkins en esa región de la Argentina, pegada a la base militar y de la CIA montada recientemente en la Triple Frontera, también sobre las reservas de agua potable más grandes del mundo.

Riéndose de todos, Tompkins había declarado hace meses a la revista Noticias que las conspiraciones tejidas sobre la apropiación del agua potable eran ridiculeces, porque según él, es inviable exportarla a los países centrales.

Ya no hace falta aclarar que el agua es un líquido como el petróleo, y encima condensable. Hace tres semanas, Nueva Zelanda evaluó exportar bloques de glaciares a Europa para ser embotellada en paquetas aguas de botella mineral.

Alberto Fernández, el tejedor de la política kirchnerista, salió pronto al cruce de D’Elía acorralándolo y a la espera de la oportunidad para la estocada final. Tompkins, “indirectamente” se vincula a Alberto Fernández a través de una fundación (CIPPEC) donde realiza negocios con la familia Braun. El CIPPEC, es una “ONG” fundada por la hija de Domingo Felipe Cavallo, amigo de Néstor Kirchner y ex jefe de Alberto Fernández, cuando el ahora jefe de Gabinete fuera en la lista porteña Cavallo-Beliz.

La causa de D’Elía, si bien era cualitativamente valiosa, como en el fútbol, para el Gobierno mandan los números: D’Elía fue acompañado apenas por un centenar de personas, por lo que mejor privilegiar la “seguridad jurídica” de las inversiones extranjeras a la Soberanía Nacional.

Luego, Luis D’Elía empujado por el gobierno venezolano, realizó una marcha en apoyo a Irán y el gobierno de Kirchner encontró el motivo perfecto para eyectarlo con “elegancia”. La causa es la decisión soberana de Irán de desarrollar tecnología nuclear para uso energético y, además, para desarrollo militar como arma disuasiva ante la brutalidad estadounidense de masacrar a cuanto pueblo esté sentado sobre reservas de petróleo, es también inaceptable para la Argentina esquizoide, ni hablar para los pseudoperonistas.

¿Por qué Israel puede poseer más de un centenar de proyectiles nucleares, desestabilizando la región, pero Irán no?

Aquí no hay que olvidar un símbolo de inflexión de Néstor Kirchner, que puede resumirse en aquella foto en la que el sepulturero de los ’90 tocó sonriente la campanita de largada de los buitres de Wall Street.

Llamativamente, mientras el gobierno de George Bush atraviesa una crisis dada la catástrofe de Irak, más allá que al gabinete yanqui bien vale la muerte de miles de reclutas mientras continúe el flujo del petróleo saqueado con un valor de barril récord en la historia mundial, ya que invadió ese país para combatir al terrorismo demostrándose que no tenía prueba alguna de que el gobierno de Saddam Hussein apoyara a ningún grupo fundamentalista; las pretensiones sobre Irán de Bush necesita de alguna justificación para una posible intervención para hacerse con las reservas petrolíferas iraníes.

Casualmente, a más de una década de los atentados terroristas contra la Embajada de Israel (que curiosamente el Mossad encubrió) y la AMIA, Néstor Kirchner comenzó a darle libreto a Bush, pidiendo la captura internacional del ex presidente iraní y de una serie de funcionarios de ese país, porque luego de una década de investigaciones ridículas, de un día al otro se llegó a la conclusión de que Irán efectivamente había perpetrado ambos atentados.

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Que Iran se defienda con gomeras

¿Kirchner culpa a Irán por casualidad? ¿O Kirchner recibe directrices de la White House?

Patético.

Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista, decía una máxima. Llama la atención que ante la decisión soberana de Irán de avanzar en el desarrollo nuclear, las organizaciones peronistas no se sumaran al apoyo efectuado por D’Elía, al menos a su salida forzada, teniendo en cuenta que el padre del movimiento, Juan Domingo Perón, invirtió millones de dólares para que la Argentina tuviese la bomba atómica en pleno apogeo de la Guerra Fría.

Nadie movió un dedo. ¿Emilio Pérsico le habrá dicho al Movimiento Evita que Perón buscaba patrocinar al terrorismo?

D’Elía apostó alto para la construcción y acumulación de la FTV y la ruleta cantó doble cero: afuera. Se incorporó a un Gobierno que un día le dio la espalda, por este y varios motivos, como por ejemplo las intenciones de Luis D’Elía de ser candidato a intendente de La Matanza, feudo de Ballestrini, el primer duhaldista converso al kirchnerismo que manejara el distrito más importante del país, y que de no saltar de la Cámara de Diputados a la gobernación de la provincia de Buenos Aires (o a un cargo en el Gabinete-2007), volverá a su territorio, que es más o menos lo mismo que gobernar a la provincia ya que La Matanza no sólo define una elección provincial, sino que puede hacerlo a nivel presidencial.

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Scioli con el amigo Kissinger

Para Kirchner, claro está, es más confiable Ballestrini que D’Elía; como este “forro de ensayo” (Duhalde dixit) que acaba de lanzar el gobierno con la posible candidatura del motonauta Daniel Scioli a la gobernación bonaerense: el candidato perfecto para manejar a antojo. ¿O alguno cree que el ex menemista, ex duhaldista, y ahora kirchnerista Scioli tiene muñeca política para negociar con los intendentes bonaerenses? De arriba y de abajo, en el Palacio y la Calle, como titulara Bonasso un libro, tan patética es la postura sobre la desaparición de Julio López hace dos meses. Al menos Página/12 ya abandonó la teoría de que se fue de paseo por stress.

Pero esto hace que la sociedad argentina se mire sinceramente. Los Derechos Humanos le importa a una minoría más pequeña que a una agrupación universitaria.

Julio López fue desaparecido y ya no es fundamental para el Gobierno, salvo declaraciones formales, como las realizadas por Aníbal Fernández, cada tanto. La negligencia fue total: López, siendo un testigo clave, no tenía custodia de la bonaerense, ante esto ni siquiera hicieron guardia voluntaria militantes de las organizaciones de Derechos Humanos y la SIDE, que pincha cuanto teléfono se nos ocurra, todavía “no pudo” averiguar que marca de cigarrillos fumaba López.

De mínima, ante un caso de semejante magnitud, el gobernador Felipe Solá debería estar contra las cuerdas, Arslanián debería haber renunciado junto a Aníbal Fernández y cientos de policías de la “maldita”, retirados a la fuerza. Pero todo sigua igual.

Entonces hay que hacerse cargo: las marchas de los 24 de marzo en conmemoración a la noche funesta iniciada por el Golpe del ’76 es una reunión a la que asisten decenas de miles de argentinos para ser “políticamente correctos”.

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Julio Lopez

¿Cuántos se suman a las movilizaciones de las organizaciones de DD.HH. reclamando la aparición de López? Si llegasen a cinco mil, hablaríamos de un récord. Apenas unos centenares.

Es por eso que con velas, los "padres del dolor" son recibidos de inmediato por el Jefe de Gabinete y el Ministro del Interior, y por no movilizar votantes otras causas son "ninguneadas".

Fue más estruendoso el asesinato cometido en medio de una interna política Menem-Yabrán-Duhalde, del colega José Luis Cabezas; y mucho más movilizadora el asesinato de Axel Blumberg; que la desaparición, por segunda vez, de un testigo víctima de la más brutal represión que azotara al país y gracias a su testimonio vaya preso un siniestro personaje como Etchecolatz bajo el rótulo de “genocidio”.

Cuanto menos, el país todo tendría que estar en un estado de conmoción mayor al acontecido al Caso María Soledad, y si los Derechos Humanos son una bandera de este Gobierno, el mismo debería convocar a marchas del silencio en cada plaza del país pidiendo la aparición de Julio López.

Pero a hacerse cargo. La desaparición de López le importa a una minoría más pequeña que los votos que logra el MST. Al resto de los argentinos, mientras la economía se mantenga medianamente estable, poco le importa si el que gobierna es Kirchner, Massera o Piñón Fijo.

Entonces poco importa, al gobierno y a la sociedad, que cuando se hace Justicia se desaparezca a un testigo, ni tampoco importa que los recursos esenciales sean extranjerizados.

Campanita, campanitaEstamos ante un gobierno transformador, que tiene un superávit récord en la historia argentina pero el reparto de la torta se deterioró a pasos agigantados en sus tres años de gestión, que impuso una convertibilidad informal de 3-1 a costa del bolsillo de los argentinos, que efectivamente usó la bandera de los Derechos Humanos para acumular consenso y nada más, y que poco le importa, si alguna vez le importó a los amigos de Repsol, que nuestros recursos sigan siendo saqueados del mismo modo que en aquella cercana década infame, que dice haber sepultado.

Total, lo único que importa, es tocar la campanita.

Gabriel Martin
Periodista
Buenos Aires, 30 de noviembre de 2006.


© (2006) Gabriel Martin
Todos los derechos reservados.
Para reproducir citar la fuente.

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