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HERRAMIENTAS

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¿Y Kissinger para cuando?
La horca de Saddam
Por Gabriel Martin
Publicado digitalmente: 7 de enero de 2007

Durante la época de las fiestas, cuando la gente está pensando en sus vacaciones al sur del Ecuador, o en los regalos que comprarán en las nevadas puertas de Wall Mart o en las mejores tiendas de Manhattan, Chicago, Londres, etc…, ocurren las cosas más insólitas, y también aquellas que precisan de la distracción social para pasar desapercibido mientras todos ponen medias a la espera de un regalo que entregue un barbudo anciano uniformado de Coca Cola.

Y así fue, que luego de una pantomima de juicio, el ex dictador de Irak, Saddam Hussein, fue súbitamente condenado y llevado a la horca por una “democracia” impuesta por los Estados Unidos, con las “instituciones” digitadas por Estados Unidos, un tribunal compuesto según las necesidades de EE.UU., y hasta una defensa, luego del asesinato de uno de los abogados de Saddam, a gusto de Washington. Saddam siempre estuvo condenado a muerte. El mayor lamento de Bush fue que no muriera en un bombardeo para no encontrarse en esta encrucijada. Al menos, que tuviera custodia o no se entregara con vida. Imaginemos un mundo en el que Saddam Hussein hubiese tenido al menos un juicio potable.

No aconteció lo mismo como en otra “guerra humanitaria” encabezada por Estados Unidos, cuando la OTAN invadió a Yugoslavia para “arrestar” a Slobodan Milosevic, y de paso, estallar al país en un puñado de estancias con bandera. Milosevic, si bien con un juicio lejano a la transparencia, no fue sometido al circo que pude verse por televisión con protagonista central a Saddam Hussein. No hacía falta condenar a muerte a Milosevic. No era de la “banda”. Por eso, “ morto non parla ”: Saddam Hussein, hombre que tomó el poder de Irak en 1979, lo logró amparado por Bush padre, por entonces Director de la CIA (Central Intelligence of America).

¿Cuántas cosas silenció la horca que quitó el último hálito de Saddam?

La sentencia por la que fue condenado como “criminal de lesa humanidad” se basó en la muerte de 148 disidentes shiítas a su gobierno. No se revisaron las fojas sobre la matanza de kurdos en el norte de Irak, con armas químicas proveídas a Bagdad por Estados Unidos para ser experimentadas sobre una minoría étnica, situación comparable al bombardeo de la Luftwaffe de Hitler a Guernica, por pedido de Franco…así practicaban y corroboraban el funcionamiento. Saddam Hussein, protector del terrorismo internacional, patrocinador de Al Qaeda, poseedor de armas de destrucción masiva, dictador genocida que enviaba Ántrax por correo a Estados Unidos, cuyas muestras Colin Powell llevó en un frasco a una sesión de la ONU, fue sentenciado a muerte por el asesinato de 148 campesinos shiítas en 1982, en el pueblo de Dujail.

Para la justicia yanqui, mucha diferencia no tiene. Al Capone fue responsable de al menos 1.200 asesinatos y fue encarcelado…por evadir impuestos.

El asunto, es que Irak no tenía armas de destrucción masiva, no producía ni enviaba Ántrax a ningún país, las armas químicas que utilizó contra los kurdos fueron proveídas por el Pentágono, y jamás tuvo lazos con Al Qaeda ya que Bin Laden consideraba al ahorcado líder iraquí como a un “perro al servicio de Estados Unidos”, ya que el ex dictador, estuvo y se mantuvo en el poder de la mano de Estados Unidos, inclusive tras la Guerra del Golfo de 1991. ¿O acaso Bush padre envió a los marines para que lo capturaran?

Saddam Hussein efectivamente fue culpable de una infinidad de crímenes. Decenas de miles de asesinatos para mantenerse en el poder, tal como precisaba Estados Unidos, al igual que el Departamento de Estado pedía de boca de Kissinger a Videla que acelerara las desapariciones para no despertar el interés internacional. También contrabando de armas por todo Oriente Medio y África (patrocinado por Estados Unidos), que a la vez vendía armas a Irán en guerra con Irak para garantizar una guerra prolongada que beneficiaba a la industria armamentística estadounidense.

Hasta Eichmann tuvo un juicio más justo antes de ser condenado en Israel, por la propia justicia israelita, pese a ser llevado a ese país de modo clandestino en un espectacular operativo de secuestro llevado adelante por el Mossad en Buenos Aires.

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Colin Powell paseaba supuesto Antrax en plena cumbre de la ONU

Saddam Hussein fue juzgado en territorio ocupado por los Estados Unidos, por un juzgado shiíta digitado por Estados Unidos (Hussein era de la minoría sunní), y ahorcado en una zona controlada por las fuerzas armadas de ocupación de los Estados Unidos. Si lo hubiesen matado de un tiro en Abu Grabih, con tortura previa, hubiese dado lo mismo. Tan vergonzoso resultó ese “juicio”, que hasta el Washington Post y el New York Times ocuparon sendas páginas de sus ediciones para demostrar la ilegalidad del juicio y cómo Estados Unidos presionó al supuesto gobierno autónomo de Irak, que obviamente, depende de Estados Unidos.

Tan ridícula fue la ejecución de Saddam, que el abanico de críticos mundiales al hecho va desde la presidente de Chile, Michelle Bachelet, hasta el nazifascista francés Jean Marie Le Pen, pasando por el los mandatarios de España, Rodríguez Zapatero, el brasileño Lula Da Silva, el venezolano Hugo Chávez, Romano Prodi de Italia, y el presidente de Libia, Muhamar Kadhafi.

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Donald Rumsfeld con Saddam Hussein en Bagdad, 1983, en una venta de misiles a Irak

Más claro fue el comunicado de la ONU, por boca del argentino Leandro Despouy, relator del organismo supranacional sobre la independencia judicial: “Entiendo que, primero la condena decidida algunos días antes de las elecciones parlamentarias norteamericanas y, segundo, la ejecución reconfirmada no obstante la protesta y los reclamos que se han hecho al proceso, prueban que aquí, en este caso, hay un predominio de la política sobre el derecho (por) la voluntad de Estados Unidos de justificar de alguna manera; de dar fundamento a la ocupación y de darle a la guerra una dimensión amenazante con signos de represalia” y que “frente a la ejecución al haberse violado el derecho a un justo proceso, se ha violado también el derecho a no ser privado arbitrariamente al derecho a la vida”. Y a diferencia de los juicios de Nüremberg, donde las potencias victoriosas pactaron llevar al banquillo a los nazis, el juicio a Saddam Hussein fue precedida por una guerra de ocupación por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña, y una vez derrotada, Irak sufrió una mecánica destrucción por los liberadores exportadores de la democracia occidental. Un abogado de Saddam Hussein fue asesinado, los otros vivieron bajo amenazas y el “Tribunal” ni siquiera leyó los documentos de apelación de la defensa del ex dictador detenido en una prisión….estadounidense.

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Saddam el Bueno: cuando era aliado occidental

Si le hubiesen dado la oportunidad, Saddam seguramente hubiese contado cómo consultó a Washington y desde la Casa Blanca le dieron luz verde para que en 1980 iniciara la guerra contra Irán, que acabaría un año más tarde dejando un tendal de un millón de muertos.

De aquellos años son las fotos de Saddam Hussein con George Bush padre, y Donald Rumsfeld, que consideraban al líder iraquí como “el modernizador de la región”. Era un musulmán que fomentó un sistema laico, con las mujeres con derecho al trabajo y a la educación, que era la contracara de los gobiernos islamitas de la región, aunque a Washington no le agradara demasiado su admiración por el socialismo árabe parido por el líder egipcio Abdel Nasser.

Hussein fue responsable de los peores crímenes. Fue condenado a muerte en medio de la desintegración nacional que impuso Estados Unidos desde la invasión, en una guerra civil que puede derivar el la secesión de regiones, y la Casa Blanca presionó para adelantar la ejecución en medio de la mayor crisis política de Bush Jr por la situación en Irak, la cantidad de soldados muertos para garantizar el contrabando de petróleo, y la decadencia política con el ascenso de los demócratas retomando el control del Capitolio.

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Margareth Thatcher, la libertadora de Pinochet

Hussein fue responsable de la masacre de civiles que fueron enterrados en fosas comunes, como también de guerras como la iniciada contra Irán (1980) o Kuwait (1990).

George W. Bush es responsable de al menos 350.000 civiles asesinados por las bombas inteligentes del Pentágono, y Estados Unidos todavía no dio respuesta al más de millón de personas, fundamentalmente niños, que desde el bloqueo de 1991 murieron por no conseguir los medicamentos básicos. Bush padre no compareció ante la Justicia por los 15.000 muertos (número mínimo estimado) que dejó su bombardeo a la capital de Panamá para derrocar al ex presidente y ex agente de la CIA, Roger Noriega, probando sobre la ciudad los novedosos bombarderos F-117.

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Kissinger felicitando a Augusto Pinochet en Santiago de Chile

A diferencia de Saddam, el dictador fallecido Augusto Pinochet nunca tuvo que comparecer ante la Justicia, pese a ser detenido en Londres, ya que la presión británica y estadounidense propiciaron su libertad por los servicios prestados. No sea cosa que Pinochet hablara del rol de Chile en la guerra de Malvinas, a favor del Reino Unido, o de sus comunicaciones directas con Henry Kissinger y la CIA, en 1973, quienes le ordenaban la muerte de Allende y la imposición de un golpe de Estado para frenar el avance del marxismo internacional, y de paso, recuperar las empresas nacionalizadas por aquel gobierno socialista, que afectó fundamentalmente los intereses yanquis.

Pero fueron tantos los negocios de Saddam, que no era prudente dar la chance que hablara, al menos en una grabación clandestina que pudiese escapar e inculpar a sus verdaderos jefes.

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Con Videla: Kissinger aconsejaba una rapida represion

Lo que es seguro, que nadie del clan Bush, afrontará a la Justicia por los crímenes cometidos. Ni siquiera Henry Kissinger, autor intelectual del Plan Cóndor que impuso las dictaduras en Sudamérica con el resultado de decenas de miles de muertos desaparecidos (sin hablar el daño económico permanente para esos países), recibió una carta documento.

Aunque estos personajes, más aun que Saddam Hussein, merecen una soga ajustada al cuello.

Gabriel Martin
Periodista
Buenos Aires, 7 de enero de 2007.



© (2006) Gabriel Martin
Todos los derechos reservados.
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