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HERRAMIENTAS

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Venezuela: Juicio a Páez
Por Jorge Mier Hoffman
Publicado digitalmente: 9 de enero de 2007

Al igual que hace 180 años, Páez nuevamente es noticia para enfrentar ante la opinión pública un juicio de valores patriótico, ético y morales, en el marco de la Revolución Bolivariana, desde que en 1826 traicionó la misión y la confianza que depositó en él Simón Bolívar El Libertador

Esta vez le correspondió al Presidente Chávez salir en defensa del Padre de la Patria, al plantear un juicio histórico, cuando en la conmemoración de los 176 años de la muerte del Libertador, el 17 de diciembre del 2006, desde el Panteón Nacional, el primer mandatario deploró la presencia de José Antonio Páez en ese recinto patriótico. Este fue parte de su exposición:

"Páez, a mi juicio, no debería estar en este Panteón (...) es un traidor. En este Panteón hay de todo, patriotas y traidores".

De inmediato los que se proclaman dueños de la intelectualidad histórica de Venezuela, los que han secuestrado nuestra verdad histórica, y han defendido con vehemencia el servilismo antinacional “paecista”, enfilaron sus baterías de insultos e improperios hacia el Presidente Chávez, para ensalzar de cualidades patriotas, de ilustre estadista y hasta de excelsos valores intelectuales, al mentado “León de Payara”, porque en su momento, así fue bautizado el “catire” Páez por una rancia oligarquía conservadora que declaraba su aversión a Simón Bolívar con toda su gesta libertadora, y a su vez celebraba su fidelidad a los amos del Norteamérica, como los autores intelectuales de la conspiración antibolivariana que llevó a la tumba al Padre de América. En esa oportunidad de un 26 de abril de 1837, ya muerto Bolívar, Páez surge nuevamente en los Llanos para combatir, en la población de San Juan de Payara, a la rebelión de los hermanos Juan Pablo y Francisco Farfán, antiguos oficiales suyos que intentaban revivir el Ideal Bolivariano de Integración que había sido sepultado por Páez en Venezuela, por Santander en Colombia y por otro de los subalternos de Páez, el venezolano Juan José Flores en Ecuador… Una integración y un sueño por la unión americana que nació y murió con Bolívar un 17 de diciembre, y que ya vislumbraba el Padre de la Patria en una irónica conversación que sostuvo con su compatriota y hermano del alma Antonio José de Sucre:

Bolívar: “Me ruboriza decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de todo lo demás

Sucre: “Mi General no creo que hemos fracasado, todo lo contrario: hemos sembrado tan hondo el sentimiento de independencia, que ahora parece que quieren independizarse los unos de los otros

Manuel caballero destaca entre los iletrados serviles lacayos del imperialismo Estadounidense, que al igual que ayer, hoy enfilan sus baterías de odio y rencor hacia la obra Bolivariana, y hasta comete el sacrilegio de anteponer la figura de Páez frente a la de Bolívar en su visión de la identidad americana, festejando en el “catire” el nacimiento de la Venezuela de hoy, separada de la Gran Colombia, y su desarrollo económico sustentado en la explotación petrolera que sufrió Venezuela durante siete décadas en manos de las trasnacionales de los Estados Unidos.

“Páez es el primero de combatir a los españoles en nombre de Venezuela, mucho antes de que se lograra la independencia”

Triste comentario del venezolano Manuel Caballero, quien usurpó el puesto de un insigne bolivariano, como lo fue José Luis Salcedo Bastardo. Comentario que contrasta por lo dicho por un acucioso investigador mexicano de nombre Guillermo Sherwell, quien pretendió hacer un Juicio de Valores de Simón Bolívar, pero luego de leer sus cartas y evaluar su obra en seis naciones, en 1921 resumió toda su experiencia de varios años en pocas palabras:

“El que estudia a Bolívar siente al terminar su tarea, la misma reverencia que se experimenta al dejar un lugar sagrado, donde el espíritu ha estado bajo la influencia de lo sobrenatural y lo sublime”

Son dos posturas, dos percepciones de la identidad nacional y dos juicios de valores totalmente antagónicos, que nos obligan a revisar la historia en el marco de los acontecimientos: sin censuras ni prejuicios sobre estos dos personajes que forman parte de nuestra gesta libertadora, y comparten el mismo recinto en el Panteón Nacional.

De los hechos

"Las cartas de Caracas me afligen (…) todas me hablan de la miseria del país y del estado de muerte en que se hallan los negocios mercantiles y la agricultura: sólo el General Páez nada me dice de esto, seguramente porque los negocios suyos están en buen estado y poco le importa la pobreza pública

El General Páez (…) es el hombre más ambicioso y más vano del mundo: no quiere obedecer, sino mandar: sufre de verme más arriba que él en la escala política de Colombia: no conoce su nulidad; el orgullo de su ignorancia lo ciega. Siempre será una máquina de sus consejeros y las voces de mando sólo pasarán por su boca, pues vendrán de otra voluntad que la suya: yo lo conceptúo como el hombre más peligroso para Colombia, porque tiene medios de ejecución, tiene resolución, prestigio entre los llaneros que son nuestros cosacos y puede, el día que quisiere, apoderarse del apoyo de la plebe y de las castas negras y zambas. Este es mi temor, que he confesado a muy pocos y que comunico muy reservadamente".
Simón Bolívar

Esta opinión del Libertador, registrada por su edecán en Bucaramanga, hecha por tierra los argumentos que esgrimen algunos iletrados de nuestra Academia Nacional de la Historia, en cuanto a que Bolívar jamás hizo juicios de valores sobre la conducta de Páez.

Todo comenzó a finales de 1812, cuando el joven Simón Bolívar, con 29 años de edad, conducía su impecable Campaña Admirable para lograr lo increíble: con apenas 70 hombres insubordinados, mal alimentados y desdeñados, se estrena en la localidad de Barrancas como comandante de un incipiente pelotón, a los cuales convirtió en el más devastador ejército que ha conocido la historia, hasta tal punto de lograr la increíble hazaña militar de reconquistar a Venezuela en siete meses, y con una impecable campaña de victoria militares, como la de Araure, que llegó a los oídos de un llanero de nombre José Antonio Páez, quien fue Gobernador de Barinas y Comandante en Armas de la Provincia.

Para el momento que cae la Segunda República que obliga a Bolívar exilarse en Cartagena, Páez se encuentra en Mérida destacándose como un aguerrido soldado que dio muerte al temible realista José María Sánchez, hombre muy alto y de una gran fortaleza y destreza con la espada, lo que le hizo ganar a Páez el seudónimo de “centauro”. En Mérida, Páez se suma a las fuerza del patriota Rafael Urdaneta, que se desplegaban luego del triunfo de José Tomás Bovez y su banda de llaneros forajidos. Fue un importante pelotón de lanceros que, irónicamente, se unieron a Páez cuando quedaron a la deriva tras la muerte de su líder en la Batalla de Urica.

Cuatro años después, a finales de enero de 1818, Bolívar prepara su Plan ofensivo de llegar a Caracas, para lo cual pacta una entrevista con Páez, quien se había hecho célebre por su bandolerismo en los Llanos, por lo que los españoles pusieran precio a su cabeza.

“… desgraciadamente su moralidad, su desinterés, su humanidad, sus acciones y su vida no concurren a defenderlo, sino que dan más fuerza a la acusación y a todas las que puedan dirigirse contra su persona”. Se refería Bolívar a las acusaciones que se le imputaban a Páez sobre el asesinato de un ciudadano francés para robarle su dinero.

La célebre entrevista se hizo en el Hato “Cañafístola”, donde ambos líderes mostraron sus pelotones de soldados e hicieron gala de la diplomacia para unir fuerzas en una lucha común en contra de un enemigo común: España

Para Bolívar, el acuerdo de cooperación era una cuestión de justicia, independencia e identidad americana, mientras que para Páez era un negocio más: Bolívar poseía las armas y para Páez, la posibilidad de continuar sus fechorías asaltando las haciendas, los pueblos y los transeúntes cargados de dinero

A Bolívar lo presentaron como el General en Jefe del Ejército Libertador, mientras a Páez como el “taita” para sus llaneros que lo acompañaban en todas sus fechorías. No era un ejército de valientes defensores de la justicia como lo han querido hacer ver los iletrados historiadores. Páez, al igual que lo hizo el asturiano Boves, conducían sus hordas de bandoleros para asaltar los pueblos; y bajo estas mismas condiciones, Páez aceptó colaborar con Bolívar en la guerra por la independencia, y así fue el célebre encuentro que narró Páez:

Hallábase entonces Bolívar en lo más florido de sus años y en las fuerzas de la escasa robustez que suele dar la vida ciudadana. Su estatura sin ser procerosa, era no obstante suficientemente elevada para que no la desdeñase el escultor que quisiera representar a un héroe; sus dos principales distintivos consistían en la excesiva movilidad del cuerpo y el brillo de los ojos, que eran negros, vivos, penetrantes e inquietos, con mirar de águila, circunstancias que suplían con ventajas lo que a la estatura faltaba para sobresalir entre sus acompañantes. Tenía el pelo negro y algo crespo, los pies y las manos tan pequeños como los de una mujer, la voz aguda y penetrante, la tez, tostada por el sol de los trópicos, conservaba no obstante la limpidez y lustre que no habían podido arrebatarle los rigores de la intemperie y los continuos y violentos cambios de latitudes por las cuales había pasado en sus marchas...”
José Antonio Páez

Bolívar concibe la idea de atravesar el río Apure para llegar a Caracas, pero no tiene las flecheras necesarias. Al exponer su plan a Páez, éste le dice que puede contar con las embarcaciones españolas que estaban del otro lado del río Apure. Intrigado Bolívar por la oferta, le pregunta cómo las tomaría. Páez le responde que lo hará con la caballería. Sonriente, Bolívar le dice: “¿Pero, Dónde está esa caballería de agua? - Porque con la de tierra no se puede hacer tal milagro” - Entonces Páez escoge cincuenta de sus mejores lanceros y se lanzan a las aguas del Apure en el Paso del Diamante de unos 700 metros de ancho. Nadando contra la corriente y con las lanzas en la boca, llegaron hasta las embarcaciones para sombro de los marinos que se vieron abordados por jinetes.

Este acto sin precedente en la historia militar convenció al Libertador de lo necesario de contar con Páez y sus llaneros en sus planes de independencia, y a partir de ese momento, Páez juró fidelidad y lealtad bajo las órdenes del General Bolívar

Luego de la muerte de Simón Bolívar, Páez asume la presidencia de Venezuela en tres oportunidades; tiempo durante el cual, debió derrotar las facciones bolivarianas que intentaron en vano revivir la unión de los pueblos, como lo hizo el Libertador al fundar la Gran Colombia.

El 6 de mayo de 1873 Páez muere en Nueva York. Quince años después, sus restos desembarcan en el puerto de La Guaira a bordo de la goleta estadounidense “Pensacola”, y escoltado por marines Norteamericanos que les rendían los honores correspondiente. En la Plaza Washington de Caracas se le rinden los honores, dada la simpatía de los Estados Unidos al héroe de Venezuela; allí en esa plaza en el Paraíso, se depositan todas las ofrendas florales que hace llegar el cuerpo diplomático acreditado en Venezuela; y el 19 de abril de 1888, Páez es sepultado en el Panteón Nacional, en la nave izquierda, al lado del Libertador, donde se proyectó erigir un fastuoso monumentos en mármol blanco.

Es un resumen sucinto de la vida de Páez, pero suficiente para evaluar, en un Juicio de Valores, los conceptos emitidos por el Presidente Chávez, a la luz de los atenuantes que exponen sus defensores, y los agravantes de los detractores; no en cuanto a sus invalorables aportes en las batallas por la independencia de Venezuela, que no están en tela de juicio, sino en cuanto a la procedencia o no de compartir junto al Padre de la Patria, el sagrado espacio inmortal de nuestros próceres en el Panteón Nacional.

De los atenuantes

Páez demostró sus extraordinarios dotes militares, como uno de los mejores soldados que batalló bajo las órdenes del Libertador. Su estratagema para vencer a los realistas en las “Queseras del Medio”, y su heroicidad para salvar lo que quedaba del Batallón Británico en la segunda Batalla de Carabobo, son sólo dos de los títulos que le hicieron acreedor del grado de General en Jefe de la Independencia de Venezuela dado por Bolívar cuando se fundó al Tercera República, y donde fue premiado por el Libertador, como su más fiel subalterno al mando de la administración de Venezuela en la Gran Colombia.

Páez fue presidente de la República de Venezuela en tres oportunidades. El 24 de marzo de 1831 es designado por una Asambleas Electoral. En este primer gobierno, lleva a cabo una labor organizadora del Estado en una alianza estratégica con los Estados Unidos para lograr el desarrollo económico del país, y firma acuerdos de cooperación con los británicos.

Quienes lo alaban, lo consideran un “pacificador” que logró la unidad territorial de Venezuela, tras varios intentos desestabilizadores: la resistencia a jurar la constitución por parte del Arzobispo de Caracas, Ramón Ignacio Méndez, quien fue expulsado junto con todo el cuerpo sacerdotal; el alzamiento de los generales José Tadeo Monagas y José Gregorio Monagas; y la conspiración que intentó deponer a José María Vargas que lo sucedió en su segundo mandato en 1835.

En 1838 Páez es electo para una segunda presidencia que asume el 1° de febrero de 1839. En este nuevo mandato sigue ocupándose de la educación, el crédito exterior, la deuda pública contraída por la antigua República de Colombia; y en enero de 1843 es sustituído en la presidencia por el General Carlos Soublette.

Desde Calabozo, el 4 de febrero de 1848 inicia Páez un movimiento armado contra el gobierno conservador de José Tadeo Monagas. En la batalla de Los Araguatos es derrotado por José Cornelio Muñoz, que lo obliga a emigrar a Nueva Granada, siguiendo a Santa Marta y de allí a Curazao. El 2 de julio de 1849 invade Venezuela por la Vela de Coro; ofensiva que concluye con su captura en Macapo, localidad de Cojedes, por parte del general José Laurencio Silva, fiel edecán del Libertador y casado una de sus sobrinas, Felicia Bolívar. Monagas lo encarcela en el castillo de San Antonio en Cumaná, donde lo visitan su esposa Dominga Ortiz y su hija; y de allí sale el 23 de mayo de 1850 al destierro.

Pero sus servicios por la patria eran incondicionales, y vuelve a Venezuela el 18 de diciembre de 1858 a solicitud del presidente Julián Castro y de la Convención de Valencia, para encargarse del Ejército y la pacificación del país, convulsionado por el alzamiento de los promonaguistas, liberales y federalistas. Cuando estos últimos proclaman en Coro la Federación del 20 de febrero de 1859, el gobierno central lo nombra Jefe de Operaciones en la Provincia de Carabobo; pero al no obtener las amplias facultades que exige, renuncia y opta por regresar a los Estados Unidos, país que siempre lo recibió con especial agradecimiento. A su regreso, el 10 de septiembre de 1861 sustituye a Pedro Gual como Jefe Supremo de la República. Todo el año 1862 y parte de 1863, conduce Páez la guerra contra los federalistas que encabezaba Juan Crisóstomo Falcón. Finalmente el Tratado de Coche pone fin a las hostilidades en abril de 1863. El 13 de agosto sale de Venezuela por tercera y última vez, estableciendo su residencia definitiva en los Estados Unidos.

El 13 de julio de 1867, el gobierno de Venezuela le expide el diploma que lo acreditaba como Ilustre Prócer de la Independencia Suramericana.

Cuando esta gente (los llaneros) salió a pelear e integrarse en el ejército de Colombia (ejército de Bolívar) no lo hacía como achagüeño, fernandino o calaboceño, sino como venezolano. Ese es el primer aporte de Páez

”.Manuel Caballero.Número 17 de la Academia Nacional de la Historia. "Sustituyendo al insigne e ilustre Bolivariano".José Luis Salcedo Bastardo.

Y para honrar sus servicios a la Patria, el Banco Central de Venezuela ordenó la emisión de papel moderna de Bs. 20 con la figura de José Antonio Páez.

De los agravantes

Mientras Páez disfrutaba en Venezuela la paz y la tranquilidad de una guerra, que finalizó para él con la Batalla del Lago de Maracaibo el 24 de julio de 1823, para Bolívar ahora es cuando comenzaba la verdadera acción y los verdaderos sacrificios para llevar la justicia y la libertad a los pueblos oprimidos de América... Al respecto decía el Libertador:

El General Páez (…) es el hombre más ambicioso y más vano del mundo: no quiere obedecer, sino mandar: sufre de verme más arriba que él en la escala política de Colombia: no conoce su nulidad; el orgullo de su ignorancia lo ciega. Siempre será una máquina de sus consejeros y las voces de mando sólo pasarán por su boca, pues vendrán de otra voluntad que la suya: yo lo conceptúo como el hombre más peligroso para Colombia”.Simón Bolívar

Ya lograda la independencia de Colombia y Venezuela, los siguientes cuatro años para Bolívar serán de una labor inconmensurable para liberar lo que se convertirían en Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia; pero ya en sus planes estaban también Cuba y Puerto Rico, según lo había programado con Páez y sus subalternos, luego de su regreso del Sur

A mediados de 1823 la situación política y militar del Perú se había deteriorado muchísimo. Un llamado desesperado del pueblo peruano, obliga al Libertador a embarcarse en Guayaquil el 7 de agosto para arribar al Callao, donde debe preparar al país para la guerra.

Bolívar, facultado únicamente para dirigir las operaciones militares, se dedicó con tesón a reorganizar el ejército, mientras su obra libertadora se derrumbaba en Quito, Guayaquíl, Panamá, Venezuela y Colombia

A la infinidad de problemas que debía atender el Libertador, se suman la falta de recursos que debían llegar de Colombia, las intrigas, conspiraciones y la indiferencia de Páez y Santander en apoyar la guerra en el Sur. Todas estas circunstancias hacen que Bolívar se encuentre enfermo de cuidado en Pativilca, en la costa del Perú, donde recibe la noticia de que ahora la guarnición del Callao se había pasado a los realistas. Su labor en Perú se estaba desmoronando; en Quito y Guayaquíl los facinerosos intentaban volver al pasado; en cuanto a Colombia, Santander hacía de las suyas dilapidando el erario público y haciendo negocios con la emisión de bonos; y como si no fueran suficientes tantas calamidades juntas, recibe noticias de los malos negocios de Páez en Venezuela, y su desidia para atender los problemas que aquejan a la población, y para colmo de males, los diputados en Colombia y Venezuela se oponen a prestar la ayuda urgente que requiere Bolívar para llevar a cabo la liberación del Perú, en fin..! la revolución bolivariana se desvanecía y ya todo parecía perdido.

El fastidio que tengo es tan mortal, que no quiero ver a nadie, no quiero comer con nadie, la presencia de un hombre me mortifica; vivo en medio de unos árboles de este miserable lugar de la costa del Perú; en fin, me he vuelto un misántropo de la noche a la mañana”. Simón Bolívar

Ese momento fatídico para la salud de Bolívar y la libertad del continente, fue descrito por el Coronel Joaquín Mosquera, cuando sus oficiales y amigos le aconsejan dejar el Perú y volver a Venezuela:

“Estaba Bolívar sentado en una pobre silla de vaqueta. El Libertador mostraba un semblante cadavérico, que preocupó a tal punto a sus colaboradores, que llamaron de urgencia a Manuela Sáenz para que estuviera con él en los últimos instantes de su vida. Todos temían un desenlace fatal..! Hacía varios días que no probaba alimento. Sus pantalones de guinme dejaban ver sus dos rodillas puntiagudas y sus piernas descarnadas; su voz era hueca y débil, no había cumplido los 41 años, y su pelo se teñía de blanco”

Para cualquier mortal el momento era de infinita reflexionar sobre las consejas de sus amigos de abandonar Perú. Le decían que era prácticamente imposible continuar la guerra ante tantas adversidades. En ese momento Mosquera se dirige a Bolívar, cuando recostado de una palmera medita hacia el océano infinito que tiene ante sus ojos y en tres oportunidades le pregunta al no tener respuesta: ¿ y que piensa hacer ahora su excelencia..? hasta que Bolívar sin voltear la mirada responde con firmeza y seguridad: TRIUNFAR..!”

Era la respuesta de la verdadera revolución encarnada en un sólo hombre, cuya energía glorificante era capaz de impregnar de valor y heroísmo a cualquier mortal

A partir de ese momento, y como si una energía subliminal hubiera alimentado el aura del Libertador y a todos a su alrededor, sorprenderá a sus hombres que esperaban impacientes en las afueras de la residencia, cuando les ordena ensillar los caballos para continuar la guerra. De inmediato ordena evacuar la ciudad de Lima para establecer el Comando del Ejército, y manda echar a pique todos los buques de El Callao, como queriendo decir: “No hay vuelta atrás”.

Bolívar emprende la ofensiva libertadora; y el 6 de agosto de 1824, en Junín, derrota al Ejército Real del Perú. La campaña continúa, y mientras Bolívar entra en Lima y restablece el sitio del Callao, el General Sucre, en Ayacucho, pone el sello definitivo a la libertad americana el 9 de diciembre de 1824.

Para agradecer la inconmensurable labor del Padre de la Patria, el Congreso del Perú decreta honores y recompensas al Ejército Libertador, pero Bolívar no acepta el millón de pesos que se le ofrecían, ni el cofre repleto de oro y piedras preciosas que ponen ante sus pies los habitantes de Cuzco.

En 1826 Bolívar redacta un Proyecto de Constitución para la nación que llevará su nombre en el Ato Perú, Bolivia, en el cual están expresadas sus ideas para la consolidación del orden y la independencia de los países recién emancipados. Pero mientras Bolívar consolidaba la Gran Colombia como la nación más grande, rica y poderosa del planeta, con sus inagotables reservas en oro, plata, minerales diversos, tierras para la agricultura, caudalosos ríos, selvas tropicales, flora, fauna, cumbres de montañas y una inmensa costa hacia el Caribe y el Pacífico, en esa misma fecha, Páez conspiraba para destruir la obra del Libertador.

Mientras Bolívar lucha por la unión, en Venezuela, Páez conspira por la separación de Venezuela de la Gran Colombia junto con un grupo económico financiado por la oligarquía estadounidense, que buscaba monopolizar el “Canal de Panamá” y las concesiones de inmensas riquezas minerales y forestales del continente. Fue un pequeño grupo que Bolívar llamó despectivamente “La cosita”, pero que resultó devastador para la obra bolivariana, y por ello la historia la recogió como “La Cosiata”.

Bolívar al ser advertido de la conspiración de Páez regresa a Caracas a comienzos de 1827, para enfrentar personalmente al caudillo, al traidor, y líder de los movimientos separatistas que se confabulaban con la oligarquía colombiana de Santander

Ante la expectativa de la llegada de Bolívar a Venezuela todos esperaban lo peor..! El arresto y hasta el fusilamiento del traidor era lo que se merecía Páez conforme a la norma militar y la gravedad de los hechos. Pero en el corazón de Bolívar no albergaba el resentimiento sino la gratitud de un soldado que peleó bajo sus órdenes y la convicción de hacerlo recapacitar.

En Puerto Cabello, todos esperaban la reacción del Libertador que, al bajar del barco, sorprendió al propio Páez con un caluroso abrazo. De inmediato sacó su espada, pero no para cortarles la cabeza la traidor: esa filosa espada que lo acompañó en toda su odisea en el Sur, ahora se la entregaba a Páez en un gesto de paz y reconciliación. Ambos llegan a Caracas para ser recibidos con mantos de flores en un júbilo nacional preparado por Páez. Bolívar expide un Decreto que confirma la autoridad civil de Páez en Venezuela; y con la seguridad de haber conversado con un amigo y un subalterno que le juró obediencia, el 4 de julio Bolívar sale por última vez de Caracas: se embarca en La Guaira, y por vía de Cartagena llega a Bogotá, para sumir la Presidencia de la Gran Colombia el 10 de septiembre de ese mismo año.

Pero en los planes de Páez continuaba el deseo separatista que le permitía el título de Presidente que sólo ostentaba el Libertador

El General Páez (…) es el hombre más ambicioso y más vano del mundo: no quiere obedecer, sino mandar: sufre de verme más arriba que él en la escala política de Colombia: no conoce su nulidad; el orgullo de su ignorancia lo ciega...” Simón Bolívar

Una ambición que ara alimentada por los sectores económicos que actuaban como testaferros de poderosos imperios económicos, que ya se asomaban como los imperialistas del nuevo milenio.

El atentado del 25 de septiembre de 1828 para asesinar al Libertador en Bogotá, creó una sombra de dudas sobre quienes habían jurado lealtad al Padre de la Patria. Santander, autor intelectual del fallido magnicidio, es perdonado por Bolívar de ser fusilado, y desde su prisión en el Castillo de Bocachica, obtiene el salvoconducto para viajar a Venezuela. Santander es recibido cordialmente por Páez, quien a su vez le brinda apoyo y facilita su extradición hacia Nueva York, desde donde ambos detractores de Bolívar mantienen cordiales comunicación por cartas.

Páez continuó alimentando los intereses separatistas que proclamaba “La Cosiata”, pero esta vez no sólo para invocar la disolución de la Gran Colombia, sino que firmó la Resolución que declaraba a Simón Bolívar “Enemigo de la Patria”, y a partir de ese momento, fueron perseguidos todos los fieles al Libertador. Se ordenaron tropas para enfrentar a Bolívar si intentaba regresar a Venezuela, se confiscaron sus bienes, se prohibió cualquier homenaje a su persona, se borró su nombre de los monumentos públicos, y se expulsó al Arzobispo de Caracas, Ramón Ignacio Méndez junto a todos los clérigos que manifestaban su fidelidad al Padre de la Patria.

El 27 de mayo de 1830, en momento en que el Libertador se dirigía a Santa Marta, con la esperanza de invadir a Venezuela, Páez se juramente como Presidente de Venezuela

El 4 de junio de 1830, un día viernes muy temprano por la mañana, Antonio José de Sucre toma el camino de la montaña. El Gran Mariscal de Ayacucho es la última carta que se jugará el Libertador para reconquistar a Venezuela. Pero la conspiración estaba en marcha..! En el sendero estrecho a Cabuyal, en las montañas de Berruecos, cuatro asesinos a sueldo contratados por José María Obando lo esperaban. Ellos eran: Apolinar Morillo, venezolano, Andrés Rodríguez y Juan Cruz, peruanos, y Juan Gregorio Rodríguez, de Tolima, Colombia. Cuando pasa la comitiva, una voz grita: “General Sucre”. De inmediato, el joven General, de apenas 35 años de edad, voltea y suenan los disparos. Sus acompañantes que se les habían adelantado en el camino, sólo pudieron escuchar de Sucre: “Ay balazo”. Al conocer la noticia Bolívar exclamó: “Se ha derramado, Dios excelso, la sangre del inocente Abel. No se puede vivir en un país donde se asesinan a los hijos de la Patria

Con la muerte de Sucre mueren también las esperanzas del Libertador por la unión americana.

El 20 de diciembre Bolívar es sepultado en Santa Marta, dejando en su testamento, su voluntad de ser enterrado en Caracas, su ciudad natal. Voluntad que no será cumplida por 12 años, mientras Páez dominaba el panorama político de Venezuela. De nada sirvieron los ruegos y las súplicas de su hermana María Antonia y demás familiares y amigos, el Congreso supeditado a Páez, negaba la solicitud de repatriación del Libertador. En opinión de algunos: “ Traer a Bolívar era un peligro que reviviría la unión de los pueblos ”.

Y como si un fueran suficientes los desmanes hacia la excelsa figura del Padre de la Patria, algunos de los conjurados en el asesinato de Sucre, como Pedro Carujo, encuentran en el gobierno de Páez impunidad y protección

El 21 de enero de 1831 llega la noticia a Venezuela sobre la muerte del Libertador y aunque parezca increíble, fue festejado por las autoridades nacionales. De inmediato hubo júbilo y celebración por la noticia de la muerte de Simón Bolívar, y así quedó reseñado en un patético documento, como una demostración del extremo a que puede llegar la inconsciencia política, ajena a todo interés nacional:

“Anoche ha llegado a esta ciudad el capitán inglés Phil Ritton (…) Trae la noticia de la confirmación de la muerte del General Simón Bolívar (…) Bolívar, el genio del mal, la tea de la discordia, o mejor diré, el opresor de la patria, ya dejó de existir y de promover males que refluían siempre sobre sus conciudadanos.

Su muerte, que en otras circunstancias y en tiempo del engaño pudo causar el luto y la pesadumbre de los colombianos, será hoy sin duda el más poderoso motivo de sus regocijos, porque de ella dimanan la paz y el avenimiento de todos (…)”

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Paez, de profesion Traidor

Ciertamente, Páez y la cofradía de aduladores, traidores, mercenarios y apátridas, quienes se habían confabulado con la oligarquía neogranadina y potencias imperialistas extranjeras, celebraban el triunfo de su conjura para destruir a Bolívar; puesto que él y sólo él, era capaz de evitar que en la Gran Colombia se impusiera la cultura de la corrupción y el saqueo de los recursos naturales, en perjuicio de la voluntad de la mayoría de sus conciudadanos y a partir de esa funesta noticia, se instauró la Cuarta República de Venezuela.

En 1831, a menos de un año de la muerte de Bolívar, el General José Tadeo Monagas se alza en amas para luchar por la restitución de la Gran Colombia y el Ideal Bolivariano, pero es depuesto por los ejércitos de Páez.

En el año de 1840 el gobierno británico hace llegar a Páez una exquisita espada de oro y piedras preciosas, toda una joya invalorable de las que tanto agradaban al “centauro”, al momento en que enviaba tropas británicas para ocupar la Guayana Ezequiba. No faltaron los periódicos que acusaron a Páez de traicionar los intereses de Venezuela, y el haberse vendido por unas joyas para entregar la Guayana Ezequiba, cuyas consecuencias aún perduran en nuestro tiempo.

Con Páez llegaron las barraganas y la inmoralidad a la Presidencia de la República. Páez se lucía con su amante Barbarita Nieves, mientras su señora esposa, doña Domínguez Ortiz, era el hazmerreír en la sociedad caraqueña.

El descalzo mozo llanero que lavaba los pies a Manuelote, convirtió el poder que da el gobierno en una fuente inagotable de riquezas que le proporcionó haciendas, fincas, casas, mujeres, prendas, viajes, lujo y confort, que será la constante en la Curta República que surgió con la muerte de Bolívar.

A los setenta años fue recibido por la municipalidad de Baltimore con honores públicos y agradecimiento de un gobierno que le debía a Páez los innumerables negocios que hacían en América

Páez pasó sus últimos días viviendo en los Estados Unidos su riqueza mal habida, donde hasta el mismo presidente Grant le sirvió de edecán cuando Páez dirigió la parada militar en Washington un 4 de julio.

De la sentencia

Páez fue una guerrero que supo sacar provecho de su liderzazo entre los llaneros, lo cual favoreció la causa libertadora en las cuatro batallas más emblemáticas de la heroicidad de “El Centauro”: La Batalla en Agua de la Miel, El Asalto a las Flecheras, Las Queseras del Medio y la Segunda Batalla de Carabobo, entre otras menos importantes, pero que no le restan valor al “catire” de los llanos.

Por su parte, Bolívar luchó en 450 batallas para consolidar la Gran Colombia, como la obra maestra de su revolución.

Bolívar sacrificó su felicidad y la inmensa fortuna nacional por el bienestar de los ciudadanos de América, mientras Páez hizo de la independencia un lucrativo negocia que se reflejo en sus casas y haciendas. Bolívar le dio la libertad a sus esclavos y repartió sus haciendas entre ellos. Páez se hizo de hacienda y aglutinó una gran cantidad de esclavos que las trabajaban para él. Bolívar murió pobre y expatriado en Colombia, mientras Páez pasó sus últimos días en Nueva York, agasajado por un gobierno que le agradecía su fidelidad.

Bolívar creó la nación más poderosa del planeta, la Gran Colombia, lo cual le costó 20 años de guerras y sacrificio; un sueño de nación americana que fue dividida por la ambición de tres personas y en menos de un año: Páez, Santander y José Flores.

Conclusiones

Todos los hechos referidos nos llevan a la conclusión, de que Páez puede permanecer en el Panteón Nacional, junto con las otras 142 personalidades que también descansan en ese recinto patriótico. Pero el que definitivamente debería ocupar un lugar especial y predominante en el Panteón de la Gloria Bolivariana es Simón Bolívar.

Napoleón cuenta con un Panteón Especial bellamente esculpido en madera y mármol, para ser admirado por visitantes de todas partes del mundo que van a Francia a visitar el lugar donde reposan los restos del Gran Corso. En Washington se le hizo un inmenso mausoleo a George Washington, héroe de la guerra de independencia; y que decir de los otros impresionantes monumentos donde descansan los restos de los héroes de cada país. Entonces la pregunta:

¿Por qué Bolívar no tiene un lugar especial?

Bolívar debería ocupar un lugar especial y digno de su legado inmortal, quizás construido a manera de pirámide sobre la cima del cerro del Avila, para que su mausoleo en cristales dorados impactados por los rayos del sol en cada amanecer, ilumine las mentes de nuestros políticos, para que su espíritu inmortal pueda definitivamente descansar en paz, lejos de la mezquindad, la envidia y la corrupción que aún se respira en el Panteón Nacional, donde reposan las almas de otras personalidad de nuestro acontecer histórico, pero ajenas a los sanos e invalorables principios de moralidad bolivariana que nos legó el Libertador, y hasta de otras, como Páez, que lejos de honrar su memoria, contribuyeron a enterrar su obra. Pero como siempre él decía:

“La suerte de Venezuela no me puede ser indiferente ni aún después de muerto”
SimónBolívar

Jorge Mier Hoffman
Historiador, periodista
Caracas, 9 de enero de 2007.


© (2007) Jorge Mier Hoffman
Todos los derechos reservados.
Para reproducir citar la fuente.

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Investigaciones Rodolfo Walsh