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HERRAMIENTAS

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Dos líneas de cuatro
Por Hugo Presman
Publicado digitalmente: 26 de enero de 2007

Cuentan que a Inodoro Pereyra se le escapó una lágrima. Que el Mendieta gritó como nunca antes su “ Que lo parió”. Que la Eulogia hizo la promesa de convertirse en anoréxica si “el Negro volvía a dibujar”. A Boogie, el aceitoso, ese policía duro, de procedimientos ilegales, en el geriátrico, se le calló el cigarrillo de la boca. Sperman, la versión caricaturesca de Superman, sintió que no podría volver a volar.

Roberto Alfredo Fontanarrosa, “el Negro” en una carta a “Viva”, la revista del diario Clarín del 14-01-2007 dice: “Finalmente, la mano derecha claudicó. Ya no responde, como antaño, a lo que dicta la mente. Por lo tanto, e independientemente de que yo siga intentando reanimarla, me veo en la necesidad de recurrir a alguno de los muchos excelentes dibujantes y amigos que tengo para pongan en imágenes mis textos…..” Luego se refiere a su entrañable amigo Crist que se hará cargo de los dibujos diarios habituales y concluye, humorista siempre, aún en medio del dolor: “Vale este informe a los lectores para que no se sorprendan al advertir que he mejorado notablemente la calidad de mis trazos y de mis colores”.

Luego se supo, que Inodoro “el renegau” seguirá hablando por boca de “el Negro” y que los dibujos de esta entrega quincenal lo hará Oscar Salas.

Aunque Fontanarrosa no lo diga, ya se sabía que el excepcional humorista y escritor, padece de esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad que limita la movilidad del paciente.

Esa limitación que llevó a que a Inodoro Pereyra se le escapara una lágrima. Que el Mendieta gritara como nunca antes su “Que lo parió”. Que a sus lectores nos sumiera en reflexiones sobre ese Dios – si existe- tan poco piadoso. Y que a Boogie, el aceitoso, se le cayera el cigarrillo de la boca.

“El Negro” por suerte tiene la garra de los canallas de Rosario Central. Por eso dice: “Las cosas están así. Me parece que no hay que sentirse demasiado mal. Por suerte, hay comprensión y mucho afecto de la gente. Estoy jugando con ocho, pero todos me bancan. El otro día hablé con Pedrito Marchetta, que también tuvo un problema de salud, y le dije: ‘Pedro, dos líneas de cuatro y a tirarla para arriba”.

Ahora, “el negro” está actuando como el DT de su supervivencia.

Ahí está “el negro Fontanarrosa”. Tratando de hacerle un caño a la adversidad. Una gambeta a la enfermedad. Sin perder el optimismo ni el humor. Desmenuzando el lenguaje como siempre. Tal vez recuerde aquella frase que puso en boca de uno de sus personajes que al afirmar: “Venderemos cara nuestra derrota” el otro le contestaba: “Quién querrá comprar una derrota y encima cara”. O tal vez una sonrisa se le dibuje (nunca mejor dicho) en su cara cuando rememore: “Soy crítico meteorológico, señor. La tormenta de anoche: floja iluminación de los relámpagos, yuvia repetida, escenografía pobre y pésimo sonido de los truenos en otro fiasco de esta puesta en escena de Tata Dios.” O “- ¿Y usted cómo se gana la vida?- ¿Ganar? ¡De casualidá estoy sacando un empate!” O aquella reflexión pragmática con la que Inodoro le contesta al perro: “Mendieta, uno se deslumbra con la mujer linda, se asombra con la inteligente... y se queda con la que le da pelota.” O en otras de sus ironías campestres: “- ¡Mire esta vaca, Serafín! Musa inspiradora de miles de composiciones escolares... ¡Y ahora es acusada de traficante de colesterol por el naturismo apátrida! Nos da su leche, su carne, su cuero. ¡Lo quiero ver a usté haciéndose una campera de zapayitos!”

Fontanarrosa, como dice el escritor Guillermo Saccomanno: “Es uno de los narradores argentinos más notables y menos pillados, con una llegada inmensurable a un público que, además de serle fiel, aumenta y aumenta sin parar mientras el escritor, como recelando de este fenómeno, se mantiene, sin creérsela, en una reserva irónica, apartado de todo circuito literario y toda rosquita de consagración. Sus seguidores componen un público diverso que va desde los hinchas de fútbol a los lectores de comics……. Porque si un don tiene la literatura del Negro es hacerles sentir a sus lectores la estupidez humana. El Negro logra este efecto sin soberbia, con una inteligencia que, cuando asoma es sabiduría, y la irradia también sobre el lector. Tal vez esto es lo que hace que su literatura, sin preocuparse por los prestigios de género, supere la contradicción civilización/barbarie que se traslada en la literatura entre lo culto y lo masivo poniéndose simplemente a escuchar con una percepción que le envidiaría el mismísimo Puig.”

Tal vez, por eso, le puede decir en un reportaje a María Laura Santillán: “Defiendo a muerte el ocio no creativo, dejáme de romper las bolas con el ocio creativo” Que luego se traduce cuando Eulogia increpa a Inodoro Pereyra: “- ¡No me diga que va a barrer, Pereyra! ¡La última tarea doméstica que hizo jué doblar una serviyeta!”

Su pasión por el fútbol y Rosario Central no le impide ironizar sobre sus limitaciones deportivas: “Jugando al fútbol, soy una cosa patética” que traducido en clave humorística se transforma: “Tengo dos problemas para jugar al fútbol. Uno es la pierna izquierda. El otro es la pierna derecha.”

El humor que práctica, muchas veces es una ácida reflexión: “- La muerte nivela a güenos y malos, don Inodoro. Lo malo es que nivela pa’ bajo.” O una profunda ironía: “Con la verdá no ofendo ni temo. Con la mentira zafo y sobrevivo, Mendieta”. A veces arranca la sonrisa, esa caricia al cerebro, con el tránsito por el absurdo: “- Hay una muchacha en la ciudad que circula diciendo que usted es el padre de sus gemelos...

- Eso es una exageración... De uno de ellos, quizá, pero no de ambos…”. Otras desarticula el lugar común, ese que Ortega y Gasset denominaba “El tranvía del transporte intelectual”. Es cuando coloca en boca de sus personajes: ¿Por qué esta agresión gratuita? - ¡Mire; Si quiere se la cobro!” O cuando transita por el escepticismo nacional: “- Estoy comprometido con mi tierra, casado con sus problemas y divorciado de sus riquezas.”

El mismo que afirmó en una oportunidad “No estudié inglés de pibe porque mi viejo era peronista, antiimperialista”

El Escritor Y Sus Circunstancias

Autor prolífico, no puede dejar de ironizar sobre su propia obra. Cuenta Guillermo Saccomanno: “Antes de subir al micro para entrevistarlo al Negro volví a leer algunos de sus libros de cuentos. Digo algunos. Porque en su totalidad sobrepasan la decena. Y como si esta cantidad fuera escasa, en estos días el Negro está entregándole a su editor y amigo, Daniel Divinsky, un libro más. Bromeando, por teléfono, le avisé previamente al Negro que venía en el micro intentando leer su obra completa. “Un viaje a Rosario no te va a alcanzar”, dijo. “Hubieras sacado un pasaje a Río.”

Colaborador en los textos de Les Luthiers, una creación original y argentina, algunos de sus cuentos llegaron al teatro. Incluso Inodoro Pereyra personificado en una de sus versiones por Hugo Varela, y el Mendieta, trajinaron brillantemente las tablas.

Es imposible no sufrir una sobredosis de risas con “La mesa de los galanes”.

O con la reconstrucción de una violación inexistente, basado en el sueño de un protagonista y realizada con los participantes en el sueño Alguna vez, en medio de una ceremonia intelectual adocenada, en donde los referentes eran Borges, Saramago o Proust, Fontanarrosa citó como su inspirador a Ermindo Onega, aquel excepcional jugador de River, ante lo cual los escritores presentes se codearon perplejos, porque desconocían la existencia de ese “escritor” “En las ferias de libros, la gente que se me acerca no viene por la literatura. Se me acerca por el fútbol. Es decir, no son lectores “cultos”.

Y hay una anécdota a propósito de su cuento Mamá. “Relatado en primera persona, Mamá es la historia de un hijo que cuenta los vicios secretos de su madre y los va disculpando. El tabaco, el alcohol, el juego. Hasta que un médico le diagnóstica que el verdadero problema de su madre no es ni el tabaco ni el alcohol ni el juego sino la “ninfomanía”. A partir de ahí el hijo decide no evocar más a su madre y prefiere no enterarse de qué se trata esta enfermedad. Una vez publicado el cuento, lo llamaron tías y vecinas: Robertito, le dijeron, nosotras no sabíamos que tu mamá era así”.

Su participación abriendo y cerrando el Tercer Congreso Internacional de la Lengua en Rosario produjo conmoción. En la apertura pidió un indulto para las denominadas “malas palabras”. “Obviamente, no se quién las define como malas palabras, tal vez sean como esos villanos de viejas películas como las que nosotros veíamos, que en un principio eran buenos, pero que al final la sociedad los hizo malos.

Tal vez nosotros al marginarlas, las hemos derivado en palabras malas, lo que yo pienso es que brindan otros matices muchas de ellas. Yo soy fundamentalmente dibujante, con lo que uno se preguntará: ¿qué hace ese muchacho arriba del escenario? Manejo muy mal el color, por ejemplo, pero a través de eso sé que cuanto más matices tenga uno, más puede defenderse, para expresarse, para transmitir, para graficar algo, entonces, ¿hay palabras, palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza, algunos incluso por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo. Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica realmente agresivo……… .. Voy a ir cerrando, hay otra palabra que quiero apuntar que creo es fundamental en el idioma castellano, que es la palabra «mierda», que también es irremplazable. El secreto de la contextura física está en la r —anoten las docentes— porque es mucho más débil como lo dicen los cubanos: miELda, que suena a chino y eso —yo creo que ahí está la base de los problemas que ha tenido la Revolución cubana—, quita posibilidades expresivas.

A veces hay periódicos que ponen: «El senador fulano de tal envío a la M a su par…». La triste función de esos puntos suspensivos, realmente el papel absurdo que están haciendo ahí, merecería también una discusión acá, en el Congreso de la Lengua. Voy cerrando, después de este aporte medular que he hecho al lenguaje y al Congreso, lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar.”

Y en la clausura para quitarle formalidad: “De repente se terminó el Congreso. Tengo la sensación, aparte de que es después de cuatro años —como los campeonatos de fútbol—, que uno lo estaba esperando, porque surge una expectativa enorme, se hablan de ello, se hacen conjeturas, etc. etc. se prepara, se trabaja mucho y de repente, me veo intentando hacer unas palabras de cierre. También supone que hay que sacar conclusiones. Primera conclusión, muy simple: Concluyó el Congreso. Y la conclusión: “Por último quisiera simplemente, recordar un versito muy corto que yo escuchaba cuando era niño y adolescente, no es un verso que pertenezcan al romancero español o que sea una de las piezas más importantes de la literatura de esta lengua, pero yo se la escuchaba decir como glosa a un cantante bastante popular de tango que se llama Alberto Castillo y que antes de iniciar sus actuaciones radiales decía algo más o menos así, que también me expresa: «Yo soy parte de mi pueblo y le debo lo que soy; hablo con su mismo verbo; canto; canto con su misma voz».

Si el mismo Negro, que un día había dicho: “Yo desde mi ignorancia me hago una pregunta: ¿por qué los chicos se tienen que levantar tan temprano para ir a la escuela? Gardel se levantaba a las ocho de la noche. Y fue Gardel. (...) Les voy a contar que estuve en Córdoba, donde me dieron el Doctor Honoris Causa, lo que indica lo mal que está la educación argentina. Imagino la desolación de los estudiantes que estudian ocho horas diarias y ven que a un tipo como yo le dan el Doctor Honoris Causa. Yo no terminé el tercer año de la escuela secundaria. Y no levanto como bandera el ser un ‘salvaje ilustrado’; digo que no terminé la escuela porque desde el comienzo sostuve una batalla desigual contra las matemáticas. Desigual por la simple condición de superioridad numérica de ellas. Los números son millones, y yo era uno solo. Yo fui a lo que era el Politécnico y me acuerdo de aquellas épocas de estudiantes, con todas las expectativas..., ¡qué horrible que era eso! Para mí era un espanto, similar a lo que me ocurrió no hace mucho, que tuve que hacer una dieta de vegetales…..Siempre he ligado la lectura con el placer. Siempre he sido un lector vago. Y repito otra consideración que pasará al mármol: creo que casi todos los grandes logros y avances de la civilización se debieron a la vagancia”.

El mismo Fontanarrosa que, más allá de sus ironías, es un trabajador: “Yo le digo a mi hijo Franco que no hay diploma de músico ni de jugador de fútbol. Los diplomas no cuentan y el talento no siempre ayuda: lo que cuenta es el trabajo. Yo me considero un dibujante correcto, que no tiene el afán del virtuosismo. Virtuosismo tienen Crist, Caloi o los Breccia. Es que un buen chiste salva un mal dibujo, pero no al revés. Y esto me pasa con los cuentos, que escribo tres y cuatro veces.

Como no iba cerrar el Congreso, alguien capaz de ridiculizar a los eufemismos con: “Ya no quedan domadores Mendieta, ahora todos son licenciados en problemas de conducta de equinos marginales”

Dos líneas de cuatro

A los 63 años, “el Negro” está jugando su partido más difícil. Más complicado que no concurrir a una mesa de “ El Cairo”, aquel famoso bar rosarino donde discurría con sus amigos. Más importante, que la palomita de Aldo Pedro Poy, aquél 19 de diciembre de 1971, con la que eliminaron al rival eterno y que conmemoran todos los años. Por suerte, el negro es canaya como el logotipo que ha creado para su club y dice: Estoy mejor de lo que pensaba que podía estar al decidir dejar de dibujar. Fue un proceso de transición en el que llegué a un punto que debí decir: "Esto ya no va". No puedo, desde el punto de vista profesional, mandar a publicar un dibujo así. Además, me generaba un esfuerzo físico y una tensión enormes. Me llevaba muchísimo tiempo y lograba un resultado pobre. Llegué a la conclusión de que esto es lo que hay.” O como expresaste en el Congreso de la Lengua: “También en palabras más bellas, lo dijo en algún momento Agustín Goytisolo en un hermoso poema que se llamaba «Palabras para Julia» y que cantó y musicalizó extraordinariamente Paco Ibáñez; eran consejos que daba Agustín Goytisolo a su hija y en un momento le dice: «No sé decirte nada más, pero tú debes comprender que yo aún estoy en el camino». Y es mi caso también”.

O como canta tu amigo Joan Manuel Serrat en “Para la Libertad” de Miguel Hernández: “Para la libertad/ siento más corazones/ que arenas en mi pecho/ reliquias de mi cuerpo/ que pierdo en cada herida…./ Soy como el árbol talado que retoño/ y aún tengo la vida. O como decís vos, en clave futbolística: “Estoy jugando con ocho, pero todos me bancan. El otro día hablé con Pedrito Marchetta, que también tuvo un problema de salud, y le dije: ‘Pedro, dos líneas de cuatro y a tirarla para arriba”.

Fíjate: el Inodoro ya enjugó la lágrima, Eulogía inició el régimen y Boggie levantó el cigarrillo del suelo. Mendieta mueve la cola menos preocupado. Es que todavía se puede hacer una buena y prolongada campaña, aunque haya que jugar, de acuerdo a las circunstancias‘ con dos líneas de cuatro y a tirarla para arriba”.

Hugo Presman
Periodista
Buenos Aires, 26 de enero de 2007.



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