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L. Rega, secretario de Peron

HERRAMIENTAS

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Triple A
Circo, maquillaje y falseamiento de la historia
Por Eduardo Jara
Publicado digitalmente: 26 de enero de 2007

En el año 87, después de mi exilio, me tocó conversar con un jefe de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), un agrupamiento nacionalista de derecha que había actuado en el enfrentamiento armado contra la guerrilla.

Tuvimos un diálogo franco, ya en esos años, puesto que a ambos todavía nos unía nuestra identidad política peronista y a pesar de haber estado enfrentados anteriormente, la ocasión exigía hablar descarnadamente sobre los hechos dolorosos que nos habían separado.

El hombre me relataba que lo que se conoció como Triple A daba para todo. Cualquier grupo con intenciones de actuar, sólo necesitaba poseer hombres dispuestos, armamento necesario e inteligencia previa para planear golpes contra “el enemigo marxista apàtrida que nos quería imponer ideologías extrañas”.

El entrevistado me relataba que se movían con cierta impunidad durante el gobierno de Isabel. Un gobierno heredado por matrimonio de una mujer poco preparada metida en camisa de once varas que no sabía para qué lado tomar, puesto que la ausencia de un gran líder, no la podía llenar ni su viuda, ni ninguna otra persona de este país que luego de su muerte pudo ni supo reemplazar. No fue solamente esta pobre mujer puesta de presidenta que en reuniones de gabinete se llegó a defecar encima debido a la colitis ulcerosa que la afectaba por su stress nervioso.

Aún hoy sabemos que el histórico balcón de la Casa Rosada está ocupado por el fantasma de quien fuera el último patriota que gobernó nuestro país y nadie más pudo sucederlo porque se necesita que sea precisamente un patriota que ame sinceramente a su pueblo para reemplazar a un Líder de esos quilates. Dicen que ese tipo de líderes se producen a veces cada cien años en las historias de los países.

Pero yendo al relato que nos ocupa, la tenebrosa Triple A era una estructura fantasmal nutrida por hombres de diferentes pelajes y hasta su propia sigla nunca se supo ciertamente qué significaba. Nunca se supo si era Alianza Anticomunista Argentina o Alianza Antiimperialista Argentina.

Quiere decir que en esos años convulsionados, la espiral de violencia daba perfectamente para que generaran hechos armados de cualquier tipo, tal como aún tenemos grabados en nuestras retinas en la masacre de Ezeiza cuando estuvimos ahí gritando “Juventud Presente, Perón, Perón o Muerte”, y posterior y dolorosamente corroborada por las imágenes de la revista Así de la época, donde se mostraban a los agresores algunos con gafas y pelo corto, muy bien organizados y pertrechados disparar indiscriminadamente contra la muchedumbre que corría aterrorizada. Ese fue el bautismo de fuego donde apareció por primera vez lo que más adelante se conocería como la Triple A.

Quienes militábamos en el peronismo conocimos que dos comisarios de la Federal, Almirón y Morales la conducían amparados por “el Brujo” López Rega.

El Ministerio de Bienestar Social era su base central operativa y sus recursos puestos en la conformación de grupos paramilitares que actuaban como sicarios contra toda aquella militancia de superficie que hubiese sido detectada en las marchas y movilizaciones que tuviese algún olor a “izquierdista o subversiva”. Hubo una paciente inteligencia previa durante los días del bombo y los cánticos en la calle.

Según me relataba mi interlocutor, en la Triple A todos eran grupos autónomos que tenían independencia para tramar y ejecutar sus golpes.

Bombas a las Unidades Básicas, secuestros y “ajusticiamiento” de militantes al puro estilo mafioso firmaban su accionar donde demostraban verdadera saña, cadáveres fusilados con setenta u ochenta balazos encima aparecían tirados en cualquier zanja generando estupor y amedrentamiento de cierta militancia que empezaba a ralearse de las UB y organizaciones de superficie por temor a perder la vida horrorosamente.

El relator, me comentaba que luego del golpe militar del 76, con su grupo prosiguieron accionando como Triple A creyendo que los milicos que les hacían guiños cuando eran gobierno los iban a seguir bancando. Pero no fue así para su sorpresa. Este hombre sufrió graves heridas en un atentado que les falló y eso no lo libró de caer preso de los militares que le dieron tres años de cárcel por la cabeza a él y a los demás de sus compañeros que empezaban a caer detrás de él.

Así los pabellones de las cárceles se poblaban de militancia peronista mayoritariamente, solo que estaban separados en los pabellones.

En unos estaban los de las BDT (“Bandas de delincuentes terroristas”) como los bautizaron los represores y en otros los de las Tres A. Todos en cana por igual, aunque a los derechistas no los torturaban como les pasaba a los otros.

Hubo un caso en Córdoba de tres personas que cayeron presas con armamento y un coche robado en un control militar. Eran dos hombres y una mujer que inmediatamente fueron trasladados a las dependencias del Tercer Cuerpo de Ejército que lo dirigía el general Luciano Benjamín Menéndez, primo de Mario Benjamín que se rindiera deshonrosamente en Malvinas ante los ingleses.

Ambos gorilas antiperonistas, sobrinos del otro militar gorila y golpista Benjamín Menéndez que se levantara contra Perón. Todos de familia de prosapia militar liberal y antiperonista.

Cuando los detenidos fueron llevados a comparecer ante el mismo “Cachorro” Menéndez se sintieron salvados. Suponían que el militar los felicitaría por su esfuerzo y los liberaría disculpándose por el error.

Menéndez los interrogó preguntándoles a qué grupo pertenecían. Los detenidos declararon expresamente casi orgullosos que eran peronistas del Comando de Organización (CDO), un grupo derechista ligado al sindicalismo de la UOM.

Fue suficiente esa declaración para que se cortara la entrevista y Menéndez los expulsara de su oficina donde fueron a parar a la cárcel condenados por tenencia de arma de guerra, asociación ilícita, robo de automotores y demás.

Estos del CDO habían cometido el error de haberse calificado a sí mismos como peronistas ante un militar antiperonista y liberal como la mayoría de sus cuadros de mando.

Conocí otro caso personal. El de Ernesto Marchi, fallecido en Córdoba hace dos años de un ataque cardíaco.

Ernesto había sido un peronista de extracción gremial ligado a Elpidio Torres, que no era mal visto por los militares, pero lo que lo perjudicó durante el Proceso fue que dos de sus hermanos, Ángel Dante y Juan Carlos fueron desaparecidos por grupos de tareas por su militancia en la “Tendencia revolucionaria peronista”.

Ernesto también fue a parar esposado y detenido a la oficina del “Cachorro” Menéndez, que atendía personalmente en ciertos casos. Menéndez le dijo ahí que estaba por subversivo cuando el detenido le preguntó por qué lo llevaron. Encima, con la mala pata de haber sido custodio del ex vicegobernador cordobés Atilio López, ajusticiado por la Triple A en Buenos Aires.

El “Gordo” Ernesto le replicó al general que con él se había equivocado. “Usted sabe, general, que yo nunca he sido bolche ni zurdo”. Menéndez impenetrable le dijo que iba preso. El “Gordo” trató de defenderse y le preguntó si lo mandaba preso por haber andado con el “Negro” Atilio.

El general Menéndez le respondió: “Vas preso tres años por peronista”, y lo hizo sacar de su despacho. Ernesto fue a parar a la cárcel de la Plata y como llevaba el mote de “sindicalista” y pinta de “pesado”, lo metieron en el pabellón donde estaban los de “las Tres A”.

Al “Gordo” eso le convenía, según me confiaba, porque las condiciones eran distintas para unos y otros. A los de las Tres A les daban mejor comida y no los torturaban como a los guerrilleros. Eran toda gente “pesada”, la mayoría de la banda del “Loro” Lorenzo Miguel preso en el buque Granaderos. Pero a Ernesto la suerte casi se le da vuelta, cuando cae al pabellón un abogado cordobés llamado Juan Facundo Quiroga, igual que el caudillo riojano, que era de la derecha y al verlo ahí a Ernesto lo denunció inmediatamente se ser “un zurdo” mimetizado entre ellos.

Ernesto fue llevado ante los jefes del pabellón de la Triple A y milagrosamente logró que le creyeran su historia de “sindicalista facho” para que no lo pasaran con los otros pobres desgraciados a una muerte segura.

Volviendo a mi primer entrevistado del CNU, le pregunté si en su grupo eran todos gente convencida ideológicamente y me respondió que ellos eran un grupo chico muy nacionalistas y peronistas, pero que después empezaron a ingresar delincuentes comunes salidos de las cárceles con alguna rebaja en sus penas para nutrir sus bandas.

“Entraba cualquiera”. me dijo. “Una vez hasta incorporamos a un hippie que levantamos en la ruta haciendo auto stop. El pobre tipo no entendía nada al ver el armamento que llevábamos en el auto robado”.

“Primero se cagó todo y le preguntaron si quería unirse a ellos. El hippie no quiso saber nada. Hablaba del “flower power”, la marihuana, el sexo libre y la paz mientras nos cagábamos de risa de sus argumentos”. “En el trayecto, lo apuramos de nuevo y sacó lo de la madre, que la quería mucho y no buscaba quilombos. Cuando le dijimos que iba a tener plata, el hippie empezó a pensarla, hasta que aflojó y se nos unió”. Me comentaba por último que lo tuvieron que hacer despiojarse, sacarse la barba y el pelo largo y después funcionaba como uno más en el grupo represivo. En estos relatos de guerra podemos ver claramente que lo de la Triple A fue un engendro de fantasía inventado por los militares para generar el caos dentro del movimiento nacional alentando los odios intestinos porque mientras más mugre, saña y venganzas hubiera, más se irían frustrando las aspiraciones de las masas en buscar una salida liberadora.

Trasladar los ejes de la guerra al seno del movimiento popular fue un éxito de la oligarquía vendepatria porque sin esa fisura histórica no hubiesen podido contener el avance de las masas trabajadoras contenidas totalmente en el gran movimiento nacional y popular que fue el peronismo, ni podrían haber tenido los pretextos suficientes de derrocar al gobierno constitucional a meses de finalizar su mandato e ir hacia nuevas elecciones. La firma del decreto de “aniquilar a la subversión” por Isabel y Luder, presidente del Senado, fue un argumento falaz que los militares procesistas trataron de hacer creer durante años para buscar justificarse y exculparse de miles de torturas y desapariciones cometidas contra detenidos bajo el poder del Estado.

La Triple A desapareció definitivamente porque los militares liberales antiperonistas que operaban de civil usando la sigla AAA, tomaron el poder, ocuparon los cargos de gobierno enfundados en sus pulcros uniformes y sus caras de piedra con torvas miradas. Se dedicaron en su rol específico para lo que fueron diseñadas las Fuerzas Armadas por la oligarquía luego de la caída de Perón en el 55 donde su principal y casi única tarea era la represión contra el pueblo civil, el movimiento obrero y la Resistencia Peronista. Ellos al igual que señores feudales enseñoreados con el poder del Estado se ocupaban de la picana y la cuchilla de carnicero, dejando definitivamente de lado el sable libertador del general San Martín y sus honras de la Guerra de la Independencia; y asociados a la oligarquía que los parió le entregaban el super Ministerio de Economía al nieto fundador de la Sociedad Rural Argentina, José Alfredo Martínez de Hoz, para que sea el padre del modelo económico que hasta el día de hoy no ha dejado de ejecutarse obedientemente por todos los gobiernos devenidos posteriormente, donde como consecuencia de su implementación destructora del aparato de producción industrial sigue generando en la actualidad que en Argentina se sigan muriendo 55 niños por día de desnutrición y enfermedades derivadas de la pobreza que se podrían haber evitado.

Ahora al comienzo del año electoral desempolvan el tema de Isabelita para seguir con el circo pero sin pan, y con esto los que gobiernan logran ganar protagonismo nuevamente para que nos ocupemos de estos temas, que si bien son muy importantes de discutir, lo más acuciante para nuestra población es la inflación que crece, los precios que aumentan, la crisis energética instalada definitivamente, en definitiva la dependencia de la que seguimos siendo esclavizados.

Mientras Hugo Chávez que gobierna el hoy de Venezuela, con simpatías o no, anuncia las nacionalizaciones de las empresas privatizadas. Su orden fue terminante: “Todo lo que haya sido privatizado, nacionalícese”, tomando el toro por las astas como le corresponde a un estadista en construcción de poder real para afianzar un proceso revolucionario.

En Argentina. por lo contrario, nos quieren hacer seguir distrayendo con falsos ejes como fue la sangría intestina en el movimiento nacional de hace 30 años y donde el peronismo puso toda la sangre y sus mejores hombres, más allá de reyertas, puteadas y balazos de lo que siempre nos caracterizamos por ser un movimiento de rebeldía en marcha hacia la justicia social y en contra del sistema de opresión neocolonial.

Un grupo minúsculo nos quieren fabricar otra historia como lo hicieron sus predecesores, los Mitre, para pretender disfrazar la realidad de un país que produce anualmente alimentos para 300 millones de personas.

Somos una población escasa de 40 millones de habitantes con más de la mitad de la población, y me quedo corto, en la indigencia más absoluta sufrida por los millones de argentinos desocupados y la juventud sin ningún futuro.

Estas pirotecnias siniestras que tiran estos grupos minúsculos de poder transformados en nuevas oligarquías son cantos de sirenas y engañifas para seguir ganando tiempo y acumular millones de dólares en negocios privados.

Son todos liberales sin una pizca de pensamiento nacional, timoratos y cobardes que tocan las campanitas de Wall Street para congraciarse con el poder mundial imperialista. Sino fueran así tengan por seguro que Duhalde no los habría puesto en el gobierno que les llegó de arriba, sin votos y sin partido.

Sólo lucrando y usufructuando con las honras ganadas en el pueblo argentino del único movimiento nacional que transformó profundamente las estructuras del anterior sistema de colonización por otro más justo con un proyecto nacional claro y realista, el único que queda como salida en esta Argentina mancillada y que produjo en los hechos 76.000 obras públicas y proveyó durante diez años felicidad para el pueblo y grandeza para la Nación. El Movimiento Nacional Justicialista creado por el genio del general Juan Domingo Perón, el más grande movimiento de masas que gestó la historia de América latina, nos sigue marcando el rumbo para sacarnos de encima las alimañas y buscar una salida liberadora en este actual mundo peligroso e inestable donde nos toca vivir.

Eduardo Jara
Periodista. Fundador del Movimiento Nueva Argentina (MNA) en Córdoba.
Buenos Aires, 26 de enero de 2007.



© (2007) Eduardo Jara
Todos los derechos reservados.
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