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Estados Unidos: crisol de razas

Racismo y xenofobia en Estados Unidos
Por Osvaldo Vergara Bertiche
Publicado digitalmente: 31 de enero de 2007
Cómo exhacerban el racismo en Estados Unidos.

“Un programa de televisión en Estados Unidos está provocando indignación en la comunidad brasileña. Un conductor estadounidense toma una bandera de Brasil, la pisotea, y aparentemente orina sobre ella" (1).

Cristopher Antal, conocido en los medios como O Gambá, es el presentador de un programa mensual en un canal de cable en la ciudad estadounidense de Marlboro, donde habitan cientos de inmigrantes brasileños.

En las imágenes de la presentación, se lo ve arrancando violentamente una bandera de Brasil, previamente atada a un árbol, mientras se queja de los inmigrantes que llegan desde el país sudamericano. Pero además del mensaje con tinte racista y xenófobo, el conductor arroja la bandera al piso y aparentemente orina sobre ella. No es el primer incidente de este tipo: Cristopher Antal ya había tenido varios dolores de cabeza por ofender a las comunidades árabes y judías en su programa.

La Asociación Americana-Brasileña de Framingham, exigió a las autoridades del canal que dejen de exhibir esas imágenes o retiren el programa del aire.

El director de la emisora alegó que como la Constitución estadounidense protege la libertad de expresión, él no puede censurar el programa.

Según informa la cadena O Globo en su edición de noticias en Internet, el Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño fue notificado sobre el malestar que sobrevuela en la comunidad brasileña, pero aún se desconoce si se manifestará sobre el tema”.

Que xenófobos (de xenofobia: odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros), racistas (de racismo: exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros) y otras yerbas, existen y hacen de las suyas, todos lo sabemos.

No es nada nuevo, y sobre todo en el país del norte.

Las relaciones blancos-negros (o mejor dicho las humillantes relaciones de los blancos para con los negros) que caracterizaron a Norteamérica durante siglos han sido explícitamente denunciadas y combatidas desde distintos ángulos.

Pero esta bipolaridad, como fenómeno racista, tiende a desaparecer para dar cabida a una amplitud aún más aberrante: blancos-negros... blancos-latinos, blancos-asiáticos y como si esto fuera poco, el incentivo constante de la ¿antinomia? negros-latinos.

La composición étnica-social de los EEUU se ha ido modificando con el transcurrir del tiempo.

Asimismo, las características demográficas en cuanto a la edad y el sexo. Durante el siglo XX, debido a las fluctuaciones en los nacimientos, muertes y migraciones, la población cuadruplicó en ese período.

De los 76 millones de habitantes que vivían en 1900 se ha pasado a la cifra de 300 millones de habitantes en el año 2006, según el U.S. Census Bureau .

Estados Unidos tiene un crecimiento anual de la población del 0,92%.

Durante el siglo XX la inmigración fue de más de 40 millones de personas. En el 2004 la tasa de inmigración neta estimada era de 4,4 emigrantes por cada 1.000 personas. En el mismo período, nacieron 330 millones. En 2002 la tasa de fertilidad fue de 64,8 nacimientos por 1.000 mujeres de entre 15 y 44 años. Asimismo, el 34,0% de total de nacimientos procedían de madres solteras.

Alrededor de 165 millones de personas murieron en el siglo XX. En 2002 se registraron 2.443.387 defunciones que representaron una tasa de mortalidad de 8,5 fallecidos por cada 1.000 habitantes. Específicamente, la composición étnica actual es la siguiente:

Los blancos constituyen el 74,7% (224,1 millones) del total.

Los negros constituyen el 12,1% (36,3 millones) del total. Los asiáticos el 4,3% (12,9 millones) del total.

Los indios americanos y los nativos de Alaska constituyen el 0,8% (2,4 millones) del total.

Los nativos de Hawai o insulares del Pacífico constituyen el 0,1% (300.000) del total.

Personas de otras razas constituyen el 6,0% (18 millones) del total. Personas con dos o más razas constituyen el 1,9% (5,7 millones) del total.

Mientras que los latinos de cualquier raza forman el 14,5% (43,5 millones) de la población total.

Estos últimos son la minoría de más rápido crecimiento en Estados Unidos. Pero carecen de poder político proporcional a su número, pues muchos de ellos no son ciudadanos, y por lo tanto, no pueden votar.

Es significativo que las llamadas “minorías” sumadas ascienden al 25,3 % de la población.

Tanto negros como latinos encuentran un poderoso terreno común en el hecho de que un número desproporcionado de sus miembros están entre las filas de los pobres.

En las organizaciones que les agrupan se manejan consensos en una larga lista de cuestiones políticos a resolver, entre ellas el apoyo a los cambios en el sistema de justicia criminal.

En ciudades grandes como Nueva York y Chicago, los dos grupos juntos integran la mayoría de la población.

Pero, si bien ha habido mucho trabajo conjunto por parte de grupos negros y latinos en torno a temas específicos, las alianzas no se dan naturalmente. En muchos lugares, los dos grupos se han enfrentado por cuestiones de representación política, empleos y fondos públicos.

El sociólogo Nicolás C. Vaca, argumenta en su libro “La supuesta alianza” que existe un “conflicto callado entre latinos y negros” y que “no se debe esperar que los grupos unan automáticamente sus fuerzas, dadas sus diferencias y la tendencia de los grupos étnicos en este país de cuidar de sus propios intereses”.

“Algunos aspectos prioritarios para muchas organizaciones latinas, como legalizar el estatus de los inmigrantes ilegales, están en conflicto con los intereses de los grupos negros, como la pérdida de empleos para trabajadores negros no especializados a manos de los latinos”, señala Vaca.

Como de costumbre... ¡pobres contra pobres¡

Las agresiones son cada vez mayores y van desde el mantenimiento de políticas discriminatorias y racistas hacia adentro de las fronteras, mientras se levanta, hacia afuera, el Muro de la Humillación, ya que se considera que el 41 % de los migrantes latinos son mexicanos y se dan el “lujo” de la ofensa para con nuestros símbolos.

Y si bien es cierto que todos conocemos de estas impunes actitudes, sorprende en el caso concreto que nos ocupa, que el Director de la emisora halla alegado que “como la Constitución estadounidense protege la libertad de expresión, él no puede censurar el programa”.

¿Qué es la libertad de expresión? Sin duda, para los sectores hegemónicos norteamericanos, el permitir cualquier cosa. Incluso el insulto y el desparpajo de un cavernícola.

Nunca viene mal recordar a Manuel Ugarte cuando nos alecciona: “ante la agresión sistemática, ante la intriga permanente, ante la amenaza manifiesta, todos los atavismos se sublevan en mi corazón y digo que si un día llegara a pesar sobre nosotros una dominación directa, si naufragaran nuestras esperanzas, si nuestra bandera estuviera a punto de ser sustituida por otra, me lanzaría a las calles a predicar la guerra santa brutal y sin cuartel, como la hicieron nuestros antepasados en las primeras épocas de América, porque en ninguna forma ni bajo ningún pretexto podemos aceptar la hipótesis de quedar en nuestros propios lares en calidad de raza sometida ¡Somos indios, somos españoles, somos latinos, somos negros, pero somos lo que somos y no queremos ser otra cosa!”.

Hoy por hoy, el espacio indo-luso-hispanoamericano, debe combatir la pobreza y la marginalidad dentro de su territorio, para así detener la migración, como producto natural de las pésimas condiciones de vida de millones de seres humanos.

Y por otro lado, caminar sin pausa, pero aceleradamente, a la conformación de la Patria Grande como el único reaseguro para enfrentar todo tipo de bravatas y sometimiento, haciendo realidad la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social.

Siempre nos pisan. Hasta que llegue el día en que los libres del Sur, hagan tronar el escarmiento.

Osvaldo Vergara Bertiche
Periodista
Rosario, 31 de enero de 2007.


1. Clarín, 29/01/2007


© (2007) Osvaldo Vergara Bertiche
Todos los derechos reservados.
Para reproducir citar la fuente.

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