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HERRAMIENTAS

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Otros cuatro años de Bush II
Y la Banda seguirá tocando
Por Gabriel Martin
Publicado digitalmente: 3 de diciembre de 2004
¿Era de esperarse que Bush II retuviese la presidencia para mantener esta administración fundamentalista del imperio? Con los pies en la tierra, sí, y no pudo haber respuesta más contundente que dio el pueblo estadounidense en las urnas, como nunca antes en la historia lo había hecho. Esto, a pesar de los deseos del “progresismo mundial” que esperaba y vaticinaba una victoria del ambiguo y tan impresentable candidato demócrata, John Kerry. El principal dilema, real, que pesaba sobre la legitimidad del Imperio no era quién se haría con el control del poder político sino en qué condiciones. El bochorno del 2001, con la usurpación ilegal de Bush II sobre la Casa Blanca, ponía en tela de juicio la poca legitimidad “de la mayor democracia del mundo occidental”. En los meses previos a los comicios, circuló por todos los pasillos de Washington la posibilidad de suspender las elecciones en caso de un nuevo atentado “bíblico”, similar o mayor a los del 11 de septiembre de 2001. Es decir, se sondeaba sobre la opinión pública estadounidense, que poca reacción mostró ante tales rumores, que Bush II cumpliera un rol similar al de Julio César con Roma, siendo el dictador que actuaría como bisagra entre la República Imperial y la instauración formal de un Emperador. Pero nada de esto fue necesario, y la rendición casi incondicional la dio el propio Kerry en el último tramo de su campaña. En todo caso, lo que hubiese puesto en un lugar insostenible es que Bush se hiciera de la reelección mediante un nuevo fraude, del cual él no perpetró el primero en la historia del Imperio, sino que uno de los íconos for export como John Kennedy de la democracia y la libertad, también había practicado. Pero, “We the people”, dictó sentencia. La participación siempre baja en proporción, en los comicios, fue récord en la historia de los Estados Unidos: 114.662.509 gringos, fueron a las urnas. La “mejor democracia” tiene un particular, extraño y retrógrado sistema, absolutamente inequitativo: con ganar al menos por un voto en un Estado, el ganador se lleva todos los electores y apenas dos Estados tiene un sistema de reparto proporcional; lo cual posibilita que sin obtener una mayoría popular mediante el voto directo, alcance de todos modos la presidencia sobre el Imperio, tal como ocurriera en el 2001 como tantas otras veces. Sin embargo, esta vez, el texano no solamente obtuvo 274 electores, doce más que Kerry, sino que además hubiese ganado con el voto directo al haber conseguido más de cuatro millones de votos que el postulado Demócrata. La legitimidad que le acaba de otorgar el pueblo estadounidense es inapelable. La mayoría, de forma clara y a pesar del mundo entero, fronteras adentros optó por “Four more years”. Los artilugios de los que se valió Bush II durante la campaña, no fueron más allá de los esperables, la manipulación del miedo interno fundado por las “células dormidas” del terrorismo que amenaza el modo de vida occidental, sumado a las oportunas apariciones del ¿ex? agente de la CIA, Osama Bin Laden, prometiendo bañar en sangre a los Estados Unidos, competía en carrera con un déficit récord en la historia de los Estados Unidos, una tasa del desempleo no vista desde los años posteriores a la crisis de 1929, y el retroceso total de los servicios médicos y derrumbe de la educación. Y a esto hay que sumarle, teniendo en cuenta que la sociedad estadounidense en la más mediatizada del planeta, que la mayoría y más importantes medios se pronunciaron de forma directa desde sus editoriales a favor de John Kerry, encabezados por el Washington Post, el New York Times y el Wall Street Journal. El horror desatado en el mundo, sólo importa al mundo. La masacre en Irak y las aberraciones de esa guerra, poco importa dentro de los Estados Unidos y escandaliza fronteras afuera asi como la rapiña sobre Afganistán está más que harto justificada. Estos factores eran vistos como el potencial Waterloo para los halcones republicanos. Pero como dijo Woody Allen quién apoyaba a Kerry, el fenómeno Michael Moore, “sólo convencía a los que ya estaban convencidos” de votar contra Bush II. Y sinceramente, los insuficientes 55.5 millones que votaron por el candidato Demócrata lo hicieron en gran parte por espanto; fue un voto “en contra” del mal mayor. Y lo que pueda decir Noam Chomsky, es apenas una música agradable en el exterior, pero dentro del sistema totalitario, no es más que funcional para demostrar cierto grado de pluralismo en una sociedad totalitaria. El mapa electoral mostrado luego de los comicios confirma el convencimiento de la sociedad estadounidense. Los Estados que reposan sobre la costa Este y Oeste, los más cosmopolitas, fueron para los demócratas. En cambio, absolutamente todo el centro de la “Norteamérica profunda”, a excepción de cuatro Estados, todos volcaron su pronunciamiento para que Bush II siga al mando del Imperio y el mundo por un nuevo período a iniciar en enero próximo. Y fríamente, ¿qué votaron quienes optaron por Kerry? En el mejor de los casos un cambio en el modo de aplicar la violencia. Las invasiones se harían al amparo de la obediente ONU, y el saqueo de los recursos petroleros presentaría mejores modales. Pero también resultaba iluso que las corporaciones petroleras y el complejo militar industrial abandonaran al hombre que mejores años de bonanza asegurara, como hizo Bush II. De haber ganado Kerry, algo que en Latinoamérica no se pronunció, hubiese acontecido otra catástrofe, pese al peligro Bush. Al igual que Clinton, Kerry era apuntalado por los sectores financiero-especulativos que estuvieron en el centro del modelo de acumulación de los ’90, años de disparada de endeudamiento sin par en el continente, y apogeo de Wall Street y sectores de servicios (iniciado por Reagan, continuado por Bush I y Bill Clinton), con las sucesivas crisis del Tigre Asiático, el Tequila mexicano, el efecto Vodka ruso, la crisis de Brasil que arrastró luego a la Argentina y Uruguay. Y es que al lado de este troglodita petrolero, Clinton pareciera encarnar el marxismo-leninismo, mientras el mundo también olvida que, mientras el simio coronado emperador lanzó su doctrina de la “Guerra Preventiva”, el simpático Clinton inventó una doctrina de similares características: la “Guerra Sanitaria”, alternativa humanista con la que se valió para actuar sobre Somalía y Kosovo. El Imperio es Imperio y hay que entenderlo como tal, como objeto de estudio inmodificable por cuestiones de deseos externos. El vilo final sobre el Estado que definía la suerte de la continuidad o “cambio, era Ohio y sus 20 electores. Era la última esperanza para Kerry y “el mundo” amenazado por Bush. Que Estados Unidos y Ohio se hayan definido por el fundamentalismo Republicano puede ser explicado sociológicamente. Fue durante este mismo año que diputados y senadores de ese Estado votaron para que la enseñanza pública cambie su programa en cuanto al origen de la humanidad reemplazando la teoría de la evolución por la teoría creacionista bíblica. Es decir, en ese y otros tantos Estados, Dios tomo el barro e hizo al hombre (y a la mujer con una costilla). El fundamentalismo protestante y la Asociación del Rifle, no son expresiones aisladas y sectarias. Es la “Norteamérica profunda”. Con Bush II, los más ricos están mejor, y el resto de la sociedad cree en una Nación donde el “destino manifiesto”, la predestinación como social e individual ya está signada y digitada por Dios. Como nunca luego de la Gran Depresión los estadounidenses medio viven en un estado tan precario en cuanto a salud, educación y trabajo. Esta problemática es visualizada desde el exterior de EE.UU. y especialmente desde aquellos países donde en mayor o menor medida existió cierto grado de Estado de Bienestar. Pero para estos “predestinados”, estos deberes del Estado hacia la sociedad no son cuestiones encarnadas como un “deber” del todo hacia el conjunto. De modo sencillo y simple, a ojos de la idiosincrasia gringa, Bill Gates, aunque haya amasado su fortuna con el plagio, el robo y la violación a todas las regulaciones monopólicas habidas y por haber, están justificadas por una predestinación Divina que le otorgó el Don de la riqueza y como tal no debe ser discutido, a decir de Max Weber. En tal sentido, se ve el todo y las intervenciones imperiales no hubiesen cambiado de fondo con Bush II o Kerry. El “destino manifiesto” de los Estados Unidos es llevar la “democracia” entendida por ellos para iluminar a la ceguera mundial, las amenazas de los latinos que habitan fronteras adentro, las supuestas “células dormidas” del terrorismo que descansan a pocas cuadras de Times Square, no son otra cosa que amenazas a la predestinación Divina del Imperio, del cual Bush II es hoy el más férreo portavoz. El mundo sigue en peligro por otros cuatro años, y esta vez legitimado por el pueblo estadounidense, mientras que aunque parezca un absurdo, en los corredores del Partido Republicano ya fogonean la candidatura de Bush III, Jeff, el más reaccionario de la Dinastía y que hoy gobierna La Florida.

Copyright IRW Publicado en Marxian@s Nº 23, Suecia Nov-Dic 2004
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