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HERRAMIENTAS

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La modernización y la transformación de las Fuerzas Armadas de América Latina
Los soldados de la posmodernidad
Por José Luis Martínez
Publicado digitalmente: 21 de diciembre de 2004
Los 34 ministros de Defensa del continente expresaron en Quito hace pocos días su rechazo más enérgico a toda forma de terrorismo. Los representantes regionales sostuvieron que "es un objetivo compartido la prevención, combate y eliminación de todas las formas de terrorismo, crimen organizado y el tráfico ilícito de drogas y armas y sus conexiones". Sin embargo, la conferencia de ministros de Defensa de las Américas, realizada en la capital ecuatoriana, mostró también las discrepancias entre Estados Unidos y el Mercosur sobre el empleo de militares para mantener la seguridad interior. Este es uno de los temas que se debaten hoy cuando se habla de seguridad y defensa.

"Hay países como Colombia, Estados Unidos y Canadá que plantean la globalización de la defensa y seguridad interior en la lucha con temas candentes, como la droga, mientras que hay otros, como los del Mercosur ampliado, que manejamos otro concepto", sostuvo el ministro argentino del área, José Pampuro. El ministro argentino consideró que las funciones de las Fuerzas Armadas y de las instituciones policiales deben permanecer diferenciadas. "No desconocemos el problema que plantea esta globalización del narcotráfico, pero entendemos nuestras propias identidades para el manejo de estos megadelitos", explicó.

El responsable de defensa del gobierno de Néstor Kirchner afirmó que el criterio de separación de funciones es compartido por los otros miembros del Mercosur (Brasil, Paraguay y Uruguay) y asociados externos, como Chile.

Admitió que Brasil emplea soldados en la batalla contra el crimen, pero aclaró que "es un problema de falta de fuerzas" suficientes.

"Brasil no tiene policía militarizada, como la Gendarmería de Argentina o los Carabineros de Chile. Recién ahora el presidente Lula está creando esta fuerza, y por eso cuando la policía es superada debe recurrir al Ejército", dijo.

El gobierno de Brasil encabezó durante las reuniones la posición contraria a Estados Unidos, argumentando la necesidad de que cada país establezca sus prioridades en cuanto a la seguridad.

El ministro de Defensa y vicepresidente brasileño, José Alencar, dijo que mientras unos países utilizan la fuerza para combatir el terrorismo, otros, como el suyo, defienden la lucha contra las causas estructurales que generan ese problema.

El jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, argumentó que "la paz del hemisferio se fundamentará sobre los pilares de la democracia, la oportunidad y la seguridad porque la seguridad es el cimiento imprescindible sobre el cual la democracia, la oportunidad y la prosperidad se construyen".

"Las nuevas amenazas del siglo XXI no reconocen las fronteras, los terroristas, traficantes, criminales, forman una combinación antisocial que desestabiliza cada vez más la sociedad civil y a menudo estos enemigos se refugian en las regiones fronterizas y fuera del alcance efectivo de los gobiernos", dijo el jefe del Pentágono. Sin embargo, señaló que "cada país enfrentará y abordará esta tarea (de la seguridad) a su manera según su propia historia, sus principios constitucionales y decisiones soberanas para asegurar la seguridad de nuestros pueblos".

El ministro de Defensa de Colombia, Jorge Alberto Uribe, se sumó al pedido de Estados Unidos e instó a las naciones del continente a "actuar" para luchar contra el terrorismo y el narcotráfico. "Estamos frente a una amenaza transnacional frente a la que todos, sin distinción, debemos actuar. Para derrotar al terrorismo no basta la ayuda consignada en declaraciones. A Colombia no le sirve la retórica, le sirven los hechos", dijo Uribe.

La VI conferencia de ministros de Defensa de las Américas se clausuró con la Declaración de Quito —de 46 puntos— poniendo énfasis en el combate al terrorismo y el crimen organizado, a la vez que manifestó su claro respeto por la democracia.

En ese sentido, en el documento suscrito, los ministros expresaron que "cada estado tiene el derecho soberano de identificar sus propias prioridades nacionales de seguridad y defensa; definir las estrategias para hacer frente a las amenazas a su seguridad".

El documento final sostiene que "la democracia es una condición indispensable para la estabilidad, la paz, la seguridad y el desarrollo de los estados del hemisferio". En ese sentido, expresaron que la seguridad es una "condición multidimensional del desarrollo y del progreso de las naciones" y que la "pobreza extrema y la exclusión social también afectan a la estabilidad y la democracia". En la primera conferencia, realizada en 1995, estuvieron presentes 34 países; a la segunda (1996) y a la tercera (1998) acudieron 31; a la cuarta (2000), 27. A la quinta, el año pasado, asistieron 29 representantes. La seguridad ha sido la línea temática dominante durante los cinco encuentros anteriores y otro de los ejes también ha sido las posibilidades de cooperación entre las naciones.

Lo cierto es que el futuro de las Fuerzas Armadas y sus nuevos roles está en discusión desde hace tiempo. El cambio de las misiones militares hacia tareas que no son tradicionales, el uso de las FFAA en misiones internacionales por organizaciones que trascienden a los Estados y la internacionalización de las fuerzas militares, son hoy una realidad.

La democracia como sistema político, la economía de mercado como opción de desarrollo vigente y la integración como resultado de la globalización, también marcan a las instituciones armadas a la hora de definir su futuro. ¿Qué FFAA necesita América Latina? Esa es la pregunta que se realizan políticos, militares y académicos.

El pluralismo poco a poco se consolida en las democracias y las mismas FFAA acceden en aceptarlo convirtiendo el tema de la defensa en "opinable" y en un asunto de manejo público.

En el último decenio, el mundo se ha visto enfrentado a una serie de cambios políticos, económicos, sociales e internacionales, los cuales han tenido un fuerte impacto en las diversas realidades. La región de América Latina se constituye en una de las más afectadas, dados sus altos índices de subdesarrollo, marginalidad y falta de posibilidades. Los problemas mundiales llegan al continente americano con un carácter más agudo, propinándole fuertes golpes al desarrollo social de los países con las consecuentes inestabilidades políticas. En este entorno, han aparecido nuevas amenazas que representan un peligro cierto para toda la escala jerárquica de organización política y social de los países, esto es desde el Estado hasta el ciudadano individual. En consecuencia, migraciones descontroladas, crimen organizado, narcotráfico, terrorismo y delincuencia común son problemas que por la gravedad que revisten y el tratamiento diverso que requieren, han obligado a discutir qué se entiende por seguridad y cuál es el ámbito de ésta y cuál es el que corresponde a la defensa. Paralelamente, imperativos de larga data o integraciones muy asimétricas y por lo tanto inciertas, mantienen aún a algunos países con sus antiguas hipótesis de guerra con cierta latencia, afirman los analistas.

Los nuevos tiempos exigen un sistema educativo diferente para las FFAA, que tienda efectivamente a preparar al profesional militar para enfrentar el desafío futuro con habilidad y capacidad para readecuar su institución sin destruirla en sus basamentos, opina el doctor Jaime García Covarrubias, profesor de Política y Seguridad Nacional en el Center for Hemispheric Defense Studies (CHDS). Este centro pertenece a la Universidad Nacional de Defensa de Estados Unidos, por donde pasaron —entre otros civiles y militares— la actual candidata a la presidencia de Chile por el Partido Socialista, Michelle Bachelet, y el diputado del Frente Amplio José Bayardi, seguro candidato a ocupar la subsecretaría de Defensa de Uruguay.

"El cientista político chileno Ernesto Ottone señala que es necesaria una educación nueva para la sociedad global, donde la captación de la información no sea lo central sino que de paso a la discriminación de mensajes. Para ello, es necesario imbuirse de las nuevas "destrezas", las que son: iniciativa personal, disposición al cambio, capacidad de adaptación, manejo de racionalidades múltiples, espíritu crítico, capacidad interactiva y de gestión, capacidad para transmitir mensajes a interlocutores diversos y trabajar en grupos. Toda esta educación debiera conseguir ciudadanos capaces de hacer crecer la productividad, de ejercer profundamente su ejercicio ciudadano y lograr una autonomía personal. He aquí la tarea de las FFAA en la región, asumir una concepción educativa coherente con los problemas del mundo actual y salir al encuentro de la postmodernidad para estudiarla, aprenderla e idealmente aprovecharla en su beneficio", sostiene el brigadier chileno retirado García Covarrubias,

En opinión de este académico "las organizaciones militares en América Latina no van al mismo ritmo de evolución que sus pares en Europa o en EEUU y Canadá, empero el impacto ya las ha influido. Los procesos de modernización institucional se han intensificado para incorporar nuevas tecnologías, aceptar nuevas misiones y disminuir esa diferencia que todavía se observa entre servicios, armas y rangos".

En este mismo contexto están los procesos de profesionalización como en Argentina o la mayor integración de los estudios de los militares con las universidades civiles. En el caso de Chile, la Escuela Militar ha firmado un convenio de estudios con la Universidad Diego Portales. En esta misma línea, Paraguay ha formado una comisión para reconocimiento de grados académicos militares en el sector civil. La consolidación de este proceso de convergencia militar, que ya es una realidad en varios países de la región, va a significar que el "gap" entre civiles y militares disminuirá notablemente en un lapso de aproximadamente 10 años. Es importante considerar que el ideal de este proceso es la concurrencia de los cadetes militares a los establecimientos civiles y no que los profesores de las universidades concurran a los centros educacionales militares para efectuar sus clases en un ambiente cerrado. Lo interesante es la interacción resultante y la confrontación de puntos de vista entre los militares y civiles. Por ello, el militar de la postmodernidad en Latinoamérica tendrá que desarrollar una visión más amplia en su interpretación de los valores militares. Esto significa colocarlos en la dimensión que les corresponde como fundamentos y justificación de una profesión singular, que requiere de un fuerte componente vocacional, pero que en ningún caso pueden considerarse como la expresión valórica de la sociedad toda. Las FFAA deben estar subordinadas al poder civil —el que siempre tomará la decisión final— y ese es electo democráticamente por toda la sociedad, heterogénea y pluralista.

Según sostiene el doctor García Covarrubias ha realizado consultorías del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en asuntos de defensa "la postmodernidad es una realidad del mundo occidental que es necesario conocer en su profundidad. Se caracteriza por un proceso de auge fuerte de la ciencia y tecnología y de cambios en las estructuras sociales, plasmando un mayor pluralismo, fragmentación, heterogeneidad, permeabilidad y ambigüedad. El entorno o escenario de la postmodernidad es la globalización. Las FFAA han sufrido este impacto con el efecto multiplicador que le imprimió la profundización del proceso democrático, la consolidación de la economía de mercado y la necesaria integración. Además de lo anterior, el término de la guerra fría implicó cambios en las misiones tradicionales. La situación en América Latina es obviamente diferente a los países más desarrollados, pero ya viven esta tendencia a la cual resulta imposible sustraerse. Sin embargo, es necesario asumir estos cambios en forma profunda, midiendo los efectos que pueden tener para el futuro operativo de las FFAA en el sentido de no perjudicar su eficiencia. Eso es lo principal ya que la capacidad operativa y el buen cumplimiento de su misión es su "raison d’Etre".

Pero, en esto no hay que adelantarse mucho porque el cambio es muy lento y es necesario cautelar las diferencias que dotan de espíritu de cuerpo a las unidades. En suma, debe ser un proceso natural y necesario que ocurra al interior de las propias FFAA y no dirigido desde afuera", explica el especialista chileno autor de varios libros y estudios sobre el tema.

Todos estos cambios delinearán en un plazo mediano a un profesional militar más tecnologizado, práctico y sin tantas ataduras formales a la hora de ejercer su profesión.

Deberá, además, estar capacitado para un mando flexible, dinámico y rápido donde sus referencias se trasladarán desde la clásica visión "Clausewitziana" de destrucción de fuerzas militares y la ocupación de terrenos, por la destrucción de los sistemas de mando y control del adversario.

Otra particularidad del conflicto moderno es su relación con los medios de comunicaciones. Esta tendencia se ha venido observando progresivamente desde la Segunda Guerra Mundial y debido al progreso de la tecnología, hoy es ciertamente gravitante. Todos somos testigos ahora que la guerra se transmite por televisión y los comandantes tienen que fundamentar y estar en condiciones de defender sus decisiones frente a las cámaras. En la guerra de hoy, los militares van acompañados durante las operaciones con los canales de televisión más importantes del mundo, quienes transmiten lo que sucede al instante. Los éxitos se aprecian inmediatamente y los errores y desaciertos también. En tiempos de paz la necesaria relación con los medios de comunicación no es un tema menor y hoy, todas las FFAA en la región le conceden particular énfasis.

En consecuencia, el militar de la postmodernidad deberá estar preparado para enfrentar este particular evento. ¿Cuál es el rol de los militares latinoamericanos en el futuro? El debate de ideas ya comenzó y estos son apenas algunos de los puntos de la agenda que está en discusión. Y son precisamente las ideas las que producen finalmente los cambios materiales para la transformación y modernización, en este proceso de consolidación democrática irreversible —según Fukuyama— en el mundo occidental, del que es parte América Latina.


La República de Uruguay - 5 de diciembre de 2004
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