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Abdullah, rey de Arabia

HERRAMIENTAS

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Ahmadinejad, presidente de Iran

Rey Abdullah de Arabia: ¿malo pero no tonto?
Por Luis Edgar Schmid
Publicado digitalmente: 11 de marzo de 2007

Decía el general Perón: “Es preferible un malvado a un tonto, porque si el malvado se convence que portarse bien es negocio, se portará bien. Pero el tonto nunca dejará de serlo ni de hacer tonterías.”

Quizás Abdullah, rey de Arabia Saudita, sea malvado, pero podemos estar seguros –y más de mil millones de musulmanes también– que no es tonto, gracias a Allah. Y como es inteligente, se dio cuenta que los planes Estados Unidos-Israel llevan a una “guerra de Treinta Años” que arrasará Medio Oriente, incluso su trono, decidió oponerse –muy estilo árabe– y le está dando resultado.

La primera oposición de Abdullah fue el 6 de febrero, cuando evitó la guerra civil Fatah-Hamas. Desde la primera quincena de enero era claro que Elliot Abrams (número dos del Consejo de Seguridad Nacional) fogoneaba esa guerra y enviaba armas para el cuerpo de seguridad de la Autoridad Palestina (Fatah) a través de Egipto y para iniciar la lucha contra Hamas.

Elliot Abrams es un caso: ¿se acuerdan cuando en los ‘80 estaba a cargo de Centroamérica en el Departamento de Estado y contra Nicaragua? Daniel Ortega lo denunció y Abrams se defendió diciendo que “Ortega es antisemita”. Después Abrams se tuvo que ir porque en el caso Irán-contras estaba hasta el cuello.

Abrams fue a trabajar al AIPAC (American Israel Project for American Century), tanque de pensadores neo-cons que ya en el segundo mandato de William Clinton estaba planificando lo que hoy es la política de George W. Bush. Actualmente Abrams es número dos del Consejo de Seguridad Nacional que dirige Steve Hadley.

Hadley, junto con Paul Wolfowitz (Banco Mundial y número dos del Pentágono) serían miembros de la logia “Quill and Dagger” de la Universidad de Cornell (fraternal con Skull & Bones de Yale, de donde salen los Bush y John Dimitri Negroponte, ex director de Inteligencia Nacional y segundo de abordo del Departamento de Estado).

Abrams sostenía que había que apoyar a Fatah para derrotar a Hamas e indirectamente a Irán. Y por supuesto, aislando a Irán, iniciar una guerra que cambiaría muchas cosas en Medio Oriente. Pero como el rey Abdullah es básicamente un conservador inteligente, no tiene el más mínimo interés en guerras que provoquen cambios no deseados.

Abdullah resolvió terminar con lo que Condoleezza Rice llama “diplomacia trilateral” (Estados Unidos, Israel, palestinos), diciendo que “los problemas entre árabes se arreglan entre árabes”. Abrams al parecer cruzó el “punto de no retorno” del rey y éste resolvió intervenir, citando en Riyadh a los principales de Hamas y Fatah, y los presionó un poquito, incluso a Muhammad Dahlan, el “hombre de los ingleses” en Gaza.

Todos terminaron aceptando el gobierno de unidad y Abdullah los llevó a La Meca donde sellaron el pacto frente a la Piedra Negra. Esto ya no es uno de esos típicos pactos de Medio Oriente, que se firman para traicionarlos poco después.

Un “arma” que tenía Israel era el bloqueo de los Fondos de la Autoridad Palestina, pero eso no es problema para Abdullah, de entrada dio 600 millones de dólares “para viáticos” de la Autoridad Palestina, y próximamente entregará otros mil millones, lo cual le ganó el agradecimiento de la Unión Europea que reticentemente ponía los maravedíes para mantener la Autoridad Palestina.

El “arma” de Abdullah es la sobreproducción de petróleo. A principios de enero, antes de la ruptura, un plus de 700.000 barriles sauditas bajó el precio de 60 dólares o más, a sólo 50, lo cual ayudaba a debilitar a Irán en su enfrentamiento con Estados Unidos. Hoy, en marzo, el barril Brent vuelve a cotizarse a 61 dólares, todo vuelve a la normalidad y se terminó el plus de petróleo barato para una guerra que no le conviene a Abdullah.

Otro que también estaba muy enojado era Vladimir Putin. Se sintió traicionado por Estados Unidos en sus esfuerzos junto a la Unión Europea por la paz en Medio Oriente. Instruyó a su canciller Lavrov que luego de su reunión en el Kremlin con Putin el 29 de enero, dijo a la prensa que “ciertos forasteros no identificados” estaban “instigando la disputa interior en Palestina” e “impidiendo un relanzar del proceso de paz entre los israelitas y palestinos.”

Desde 2003 Putin viene jugando y ganando una partida de ajedrez que consiste en tejer una serie de alianzas geopolíticas que haría empalidecer al propio Bismarck y donde va arrinconando de a poco a Estados Unidos. Muchísimo más ágil que la pesada diplomacia soviética, limitada por lo ideológico, la actual KGB-cracia es ágil, imaginativa, pragmática y sabe detectar las posibles contradicciones entre su “target” y Estados Unidos, para aprovecharlas a su favor. No tiene el más mínimo deseo que una guerra o un grupo de halcones neo-conservadores patee el tablero de ajedrez de un partido que Putin va ganando.

Una semana Putin después visitaba oficialmente a Abdullah. Es la primera vez en la historia que un mandatario de Moscú visita Arabia. Se pusieron de acuerdo en todo, la paz, el precio del petróleo, trabajar en equipo y, de paso, Putin se llevó algunas órdenes firmadas de compra de armas. También es la primera vez que Rusia coloca armas en Arabia. Fue una victoria más para Putin, pero también un gran logro en la diplomacia independiente de Abdullah.

Otros muy preocupados son los chinos. El presidente Hu firmó con Abdullah la provisión de petróleo para la reserva estratégica de China. La provisión de un mes de reserva demanda un año de construcción y China aún no completó su reserva para el primer mes. Una interrupción de suministros del Golfo –por la guerra– sería una catástrofe.

China hizo una primera sutil advertencia cuando la visita a Beijing del secretario del Tesoro. Henry Paulson, diciendo que ya no compraría más bonos de la Tesorería. No le hicieron caso. Después anunció la conversión de 200 mil millones de dólares a otras monedas. Tampoco le hicieron caso. La semana pasada anunció una leve reforma en los encajes bancarios, no para pinchar sino desinflar un poco la burbuja especulativa, y ahí si que temblaron las bolsas. “La víscera más sensible es el bolsillo”, dijo el general Perón.

Los chinos, descubridores de la acupuntura, saben donde clavar su dedo índice para dejar al otro fuera de combate o al menos sacarle las ganas de seguir combatiendo. El golpe bursátil dejo a los operadores rogando que este desinfle de la burbuja no alcance la burbuja de las hipotecas con subprima. Por lo pronto al poderoso HSBC ya le costó diez mil millones.

Eso fue el martes 27 de febrero. El jueves 1 de marzo Condoleezza anunció su intención de abrir negociaciones en Bagdad con Siria e Irán. Al mismo tiempo, han cesado los anuncios de refuerzos de la US Navy hacia la zona del Golfo. Mientras tanto los analistas financieros en CNN –muy preocupados– hablan de caídas bursátiles, pero no las relacionan a los movimientos navales en el Golfo.

Otros jugadores mayores, pero silenciosos, son Japón y Corea del Sur, que comparten con China el tener grandes reservas de Bonos de Tesorería de Estados Unidos, pero también ser muy dependientes del petróleo del Golfo. Para ellos una guerra en el Golfo sería una catástrofe y no vacilarían en seguir el camino de China: vaciar sus reservas en dólares aunque provoque una hiperinflación en Estados Unidos.

El sábado 3 de marzo, en una visita de ocho horas, Mahmud Ahmedinejad visitó a Abdullah con un abrazo entre hermanos islámicos y dejando en claro que los “problemas islámicos se resuelven entre islámicos”. Tercer y nuevo triunfo de Abdullah.

El teniente general Hamid Gul, ex jefe del ISI (inteligencia pakistaní) mantiene que la teoría de crear una división shiita-sunni fue desarrollada por “tanques de pensadores” norteamericanos, como Rand Corporation, y es una invención de su imaginación. “Los iraníes nunca intentaron exportar la ideología shiita. Las razones para las tensiones sectarias son diferentes y completamente locales en cada sociedad. El Imán [ayatola Ruhollah] Khomeini estaba completamente contra la idea de concentrarse en la escuela shiita [del Islam] y una vez dijo que como los shiitas eran seis por ciento de toda la ummah musulmana, si Irán intentara concentrarse sólo en los shiitas, no funcionaría. Al-Qaeda también es pan-islámico, y los pan-islámicos nunca irían por una definición estrecha de sus ideologías como el Salafismo”, dijo Gul.

“Cualquier agresión americana sobre Irán sería una prueba de tornasol de pan-islamismo, y los jihadis por el mundo unirían sus manos con Irán contra América. E Irán nunca apuñaló la espalda de al-Qaeda. Pakistán ha tomado más de 700 miembros de al-Qaeda y los entregó a los americanos. Los iraníes no entregaron a nadie a los americanos. Las familias de Osama bin Laden cruzaron a través de Irán, Saiful Adil y otros importantes líderes de al-Qaeda cruzaron a través de Irán, y nadie fue molestado, porque Irán es un seguidor pan-islámico y no de cualquier definición sectaria estrecha”.

En este Gran Juego, Pakistán también es otro jugador pero introducido por Estados Unidos para jugar contra Irán y a favor de Israel. Lo intentó el general Musharraf pero falló lastimosamente y quedó aislado, especialmente de Abdullah.

Más hábil que Musharraf, Ahmedinejad le reconoció a Abdullah la iniciativa y el liderazgo en la cuestión palestina, y que lo va a apoyar en esto. Otro golpe para Estados Unidos-Israel. Además Abdullah sabe que Ahmedinejad ya tiene los misiles suficientes para bombardearlo en su palacio y en sus campos y terminales petroleras. La guerra la pueden planear en Jerusalén y Washington, pero el que recibe los golpes es él. Las relaciones árabe-persas están mejor que nunca.

¿Qué pasará con al-Qaeda? Los pakistaníes necesitan al Talibán por la sencilla razón que normalmente, y desde su independencia, Pakistán crece al ritmo de 2,4 %. Pero cuando hay guerra en Afganistán (como cuando la invasión soviética), la ayuda de Estados Unidos hace subir el crecimiento a 6%. Cuando llega la paz vuelve a caer el crecimiento.

El ISI (Inteligencia pakistaní) seguirá resguardando los santuarios del Talibán en la frontera y el tráfico de opio, aunque no al Mullah Omar, muy rebelde, sino al Mullah Daddullah, su hombre y quien esta primavera estará comandando la ofensiva contra Kabul.

A quien no necesitan es a al-Qaeda, que ya no tiene lugar en Afganistán. Tampoco le conviene estar allí porque está lejos de Israel y Europa. Están volviendo a casa a través de Irán, que no los intercepta, y se localizan en Maaskar al-Battar, campo de entrenamiento dentro de Arabia Saudita y cerca de la frontera con Irak.

Los servicios de Abdullah simulan no ver nada, como el ISI pakistaní respecto al Talibán, mientras la gente de Osama no haga problemas dentro de Arabia y sólo salgan del campo para ir a combatir en Bagdad.

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Lords of War

Hoy Condoleezza Rice parece una “paloma”, pero sumergidos sus movimientos por las caídas de las bolsas, ella comienza el camino recomendado por Zbignieb Brzezinski (audiencia del 1 de febrero), el Iraq Study Group y buena parte del establishment, incluidos muchos generales retirados. No sería extraño que las redes detrás de Zbig Brzezinski estén en acción y su alcance llegue hasta Riyadh.

Zbig es bien conciente que se terminó la uní polaridad, que el otro polo es Eurasia, que las reglas de juego ya no son las de la Guerra Fría I y que a ese otro polo se están acercando jugadores como Japón, Alemania y Francia. En la Guerra Fría II los cambios geopolíticos se suceden a una velocidad inimaginable en la Guerra Fría I. Son tan veloces como lo era la guerra de movimientos de la Segunda Guerra Mundial respecto a la guerra de posiciones de la Primera Guerra Mundial.

Hace apenas dos meses, los analistas aún contaban a Abdullah como el mejor aliado de Estados Unidos e Israel en la región. Pero Eurasia ha tomado velocidad propia y es posible que Abdullah también lo vea así. Desde la creación del actual reino saudita por esta misma dinastía en 1927, hace ya 80 años, primero Gran Bretaña –cuando aún era “el” imperio– y luego Estados Unidos, siempre contaron con Arabia Saudita como aliado fiel de diplomacia sumisa.

El apoyo de Arabia Saudita a la sobrevaluación del dólar es crucial, se puede decir que la ‘conditio sino qua non’. Fue Paul Blumenthal, secretario del Tesoro, quien convenció al rey Feisal en 1974, para que la OPEP comerciara su petróleo en dólares. Y fue el reciclado de los petrodólares impulsado por el Banco Mundial y el FMI el que impone a los bancos centrales del mundo unas reservas en dólares que aumentan valor de éstos. El valor del dólar no es económico sino político.

Y por eso llama la atención, que ante la posibilidad de una guerra contra Irán, pese a haber apoyado dos guerras contra Saddam Hussein, Abdullah comience a moverse en forma independiente.

Arabia Saudita es una monarquía que todavía se mantiene como un sistema feudal en el que la dinastía de los Al-Saud gobierna con mano de hierro. La Ley Básica de 1992 declara que los reyes de Arabia Saudita serán los descendientes del primer rey, Abd Al Aziz Al Saud, y que el Corán será la constitución del país, es decir que se regirá por la ley islámica (Sharia). No existen partidos políticos, ni tampoco elecciones, excepto las primeras elecciones municipales realizadas en 2005.

El rey es el absoluto monarca, o su poder, al menos teóricamente, está limitado por los preceptos de la ley islámica y otras tradiciones sauditas. También debe mantener un consenso con otros miembros de la familia real, con los líderes religiosos (ulema) y con otros importantes miembros de la sociedad. La ideología del estado es la Salafi , la cual promueve la construcción de mezquitas y escuelas donde se enseña el Corán en todo el mundo. Los principales miembros de la familia real son los encargados de elegir al rey que siempre será un miembro de esta familia y con la subsiguiente aprobación de los líderes religiosos.

Pocos Estados son tan conservadores como Arabia. Que Condoleezza vaya por ahí diciendo que “quiere extender la democracia en Medio Oriente” le suena como a Revolución Francesa. Abdullah prefiere escuchar a rusos, chinos o iraníes que piden paz y que todo siga como está. El rey quizás sea conservador y malvado, pero no es tonto. Quizás esté contribuyendo a que las nubes de la guerra se alejen de Medio Oriente.

Edgar Schmid
Analista en Geopolítica
Buenos Aires, 11 de marzo de 2007.


© (2007) Edgar Schmid
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