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Gatillo Fácil: Cristian Ezequiel Flores - Parte I
"Hay que matar a todos los negros"
Por José Luis Zamora
Publicado digitalmente: 16 de febrero de 2005
Uno de los policías le dice:
"Che negro, parate ahí." - "Vení, vení." - "Qué te pasa." -"¡Arrodillate!"
Siempre con el "fierro" en la mano. Intimidando,amenazante

A la altura de la calle Crovara 5600 en VilIegas, Pdo. de la Matanza, sujeto rústicamente a un poste de luz - a un paso de la vereda - golpea la vista un cartel de chapa, pintada en fondo blanco. En el mismo, se destacan en letras pintadas de color rojo, los nombres de Pierri en conducción y a Piriz, quien se arroga militancia.

Todo un despliegue burdo realizado por el Movimiento Nacional Peronista - Agrupación MYRP. Para consuelo de la gente, también, se dignaron en destacar que allí se encuentra enclavado el barrio: Puerta de Hierro. Lugar denominado así porque es habitada por gente humilde, sin recursos, de vida dura y que a la hora de los votos recién recobran su valor para el oportunismo avaro y barato de nuestra pobre - en ideas - y alicaída conducción politica.

En el momento de recibir justicia a tantos y tantos atropeUos, se les da vuelta la cara. Aquí, en el corazón mismo de Puerta de Hierro, sucedió el hecho.

Cristian Ezequiel Flores, había nacido el 03-04-84 en San Martín, provincia de Bs. As. El Hospital Tompshon, que lo vio nacer, acunó sus primeros sueños; el Hospital Parossien, que lo vio morir, calló y con esto amparó una evidente, sostenida impunidad policial bonaerense. Una más en la existencia de una lista indignante de inocentes asesinados de mano de integrantes de filas represivas policiales, que actúan como verdaderos escuadrones de la muerte y que ejecutan, como en este caso, principalmente menores, sin piedad, con total impunidad. Se trata de algo más que excesos, se trata de exterminio de pobres. El capricho de un frágil destino, marcado por la bala antigua de la bonaerense, conjugó la trama de un horror perfecto: Su joven muerte.

El único testimonio arrancado a la madre después del hecho, resume de manera senciUa, pero exacta lo sucedido con su hijo Cristian, me dijo: «Lo mataron por matarlo». Y pide justicia.

El padre de Cristian es árbitro de fútbol. Ahora, se encuentra desocupado. El destino lo marca a fuego con pruebas que sobrelleva con dureza, digno. Un esquince de ligamento y rotura de meniscos lo tienen a mal traer, no sólo en la parte laboral, también en su desplazamiento, que lo hace lento, que lo exaspera internamente pero no se queja. Ahora hace changas. Otra de tantas pruebas por las que pasa es el asesinato de su hijo: Cristiano La prueba más terrible que pueda soportar un hombre.

Con el apodo de "Tata" lo conocen en Puerta de Hierro. "Tata", cariñosamente, le decía el hijo.

Miguel Ángel, es alto, Oaco, moreno, de pelo ensortijado totalmente blanco. Desde el África, seguramente, viene su historia de familia. Ahora, enclavado en un punto minúsculo de un partido bonaerense, La Matanza. A brazo partido lucha y se desangra por hacer que se haga justicia. No pide más. Tiene más hijos, cinco. Tiene nietos, dos. Por ellos, para que no vuelva a suceder otra tragedia con su familia; denodadamente pide se investigue el proceder de los efectivos policiales de la comisaría n° 20 de San Alberto, domicilio: Pekín 4290.

Ahora, en su domicilio particular, sentados a la mesa familiar, que se me antoja amplia, generosamente grande para albergar sus demás hijos y nietos, existe un lugar vacío, el de Cristian. "Esa silla nadie la ocupa", me dice con lágrimas en 105 ojos, "es como si lo estuviéramos esperando". Calla unos instantes, se para y arroja con rabia sobre la mesa unas fotografl8s tomadas en el velatorio de Cristian que impresionan, que deberían golpear y despertar conciencias de cómo son tratados los humildes cuando no poseen defensa, ni recursos para denunciar los atropellos sufridos.

Caen las fotografías en mis manos y compruebo, una vez más, que la discriminación, la falta de respeto hacia el otro, la indiferencia hacia los derechos humanos tan reclamados constantemente, me quema, me subleva. Esas fotos son un ejemplo cabal de lo sucedido: El cadáver de Cristian entregado a su familia, se encuentra en primer lugar, no higienizado. Fue entregado totalmente manchado de sangre. Segundo, debido a la práctica de autopsia, lo atraviesa un cordÓn desde el mentón hasta el ombligo, cocido burdamente. Semejante trato recibido después de muerto, después de haber sido asesinado, existe en ello degradación, una brutalidad despiadada. Tercero, se descubre un disparo en el abdomen no revelado a la familia y que es causal de su muerte.

¿En dónde recibió el balazo de gracia? ¿En la comisaría n° 20?

La noche anterior al 08 de enero del 2002 Cristian fue a un cumpleaños. Bailó, se divirtió con sus amigos de toda su corta vida y regresó a su hogar a las seis de la madrugada. El alba comenzaba a despuntar sobre Puerta de Hierro.

Cristian desayunó tranquilo; luego, siempre parsimonioso, como era su forma de ser, se duchó. Esperó a su "Tata" - el padre - a que se levantara, cosa que ocurrió entre las 8:00 y 8:30 brs. Conversaron un largo rato hasta que Miguel le pregunta que va hacer. Cristian le responde que irá a una pileta con tres o cuatro amigos. Miguel me dice desconoce los nombres de estos chicos; en mi interior comprendo que no quiere comprometerlos, el miedo reina por ahí. Continúa su relato y me dice que seguidamente y como es su costumbre durante el verano, él se fue a tomar mate enfrente, al aire libre, como le gusta estar. Marcela Alejandra, es la hija mayor de Miguel. "Vive a la vuelta", me aclara. Le avisa que va a dejar un pedido cerca de allí y que regresará con facturas para el mate. El padre asiente. La madre de Cristian no se encontraba en su hogar, había salido esa mafiana. De lo posteriormente ocurrido, se enterará al mediodía.

Mientras "Tata" observa a su hija alejarse, escucha dos disparos. Piensa que se trata de cohetes dado que para esas fechas, tan próximas a las fiestas, es común en el barrio. También piensa en Cristian, que ya se había ido tal como le había manifestado, con sus amigos a la pileta. Lo había visto ir con sus pantalones cortos, alegre.

La duda que cruza como un rayo por su mente hace que desconfíe de los supuestos cohetes, me dice que pensó: ¿Y si se tratara de disparos?

Se dirige como puede, debido a la lesión que sufre en la rodilla, a la tira ancha de la Viila - así se le denomina - que está ubicada en medio de la misma. En ese instante ve venir en su dirección, corriendo con todo lo que le da sus cortas piernas, a un chiquillo que le señala y grita: "Tata, Tata, le dieron al Pito." Así, le decían en Puerta de Hierro cariñosamente a Cristiano Preguntado angustiado sobre lo que estaba sucediendo, llega al lugar del hecho. A Cristian, herido de bala, un móvil poiiciallo había "levantado".

Los vecinos, alarmados, atropelladamente como podían le contaron lo sucedido con su hijo: Entre las tiras 15 y 19, en el pasillo, Cristian junto a sus amigos, se habría encontrado con un efectivo policial que aparentemente repartía células judiciales. Éste efectivo era acompañado, como es de rigor, por otros dos uniformados que aguardaban en el móvil policial estacionado en la calle Crovara 5600.

Al ver a Cristian, el policía le dice de manera imperativa: "Che negro, paráte ahí." Luego, enseguida agrega: "Vení, vení". Cristian al intuir cierto tono de amenaza en el timbre de voz, duda, desconfía. -Con un: "Qué te pasa" el policía vuelve a la carga. No se conforma con la abrupta paralización, tal vez por miedo, que produce en Cristiano.
Pretende, además, se arrodille ante él Aseguran los testigos presénciales: "En todo momento, con el fierro en la mano."

Cristian reacciona y fuertemente se aferra al brazo del uniformado. Se entabla una lucha despareja, dado que se trata de un chico contra la experiencia de un hombre que además de ser mucho más fornido físicamente, posee el entrenamiento necesario como para reducir a una persona. No obstante, a dicho policía se le escapa un disparo que impacta en su propia pierna. Al escucharlo, los compañeros que se encontraban en el móvil, acuden retrocediendo unos pocos metros por la calle Crovara 5600, ingresando al descampado - una suerte de canchita de fútbol frente a las tiras 15 y 19 - a toda velocidad y ya frente a Cristian, le efectúan, por atrás, dos disparos de arma de fuego, que impactan: uno en la cadera y otro en la pantorrilla de Cristian, provocándole fractura expuesta. No podía Cristian - levantarse para caminar. "Parate, parate", quieren obligarlo; Cristian les responde: "No, porque me rompiste la pierna". Seguidamente lo arrastran - dicen: "como una bolsa de papas" - unos veinte metros al móvil policial. Amenazan a los habitantes de Puerta de Hierro con sus armas de fuego para que no se acerquen; quienes enardecidos trataron de rescatarlo implorando que desistieran en su actitud, que no sigan lastimándolo.

Cristian gritaba y fue lo último que se le escuchó decir: "Llamá a mi mamá, avisá al Tata". Ahí se pierden las pistas de lo que sucedió con Cristiano. Se supone que sería llevado - herido como se encontraba - a un hospital.

El padre llega al lugar del hecho. Todo había concluido. Le narran lo acontecido. "Tata", toma la determinación de llamar un remis y dirigirse al Hospital Parossien.

Al llegar encuentra un despliegue policial inusitado. No le permiten el ingreso al nosocomio; mientras tanto su segunda hija: Silvana Estber, logra por una puerta lateral, colarse. Ve a su hermano tirado en una camilla, observa también que tiene maniatados con vendas sus muñecas y tobillos y se da cuenta que está muerto. Reacciona gritando desesperadamente: "Estos hijos de puta mataron a mi hermano".

El padre, quien se encontraba afuera sentado aguardando noticias ya que lo dejaran ingresar, escucha los gritos desesperados de su hija y entra en pánico por la situación que nunca hubiera querido que sucediera. Comienza sostener una especie de lucha, ampliamente desfavorable para su lado, con efectivos policiales por la entrada al hospital- se encontraba en todo el derecho a hacerlo, se trataba de su hijo - quienes lo reducen arrojándolo al piso y tratando de esposarlo, retorciendo sus brazos, en una clara actitud de brutalidad policial. Después de esos incidentes ocurridos en el hospital, se dirige a la comisaría n° 20 para averiguar que es lo que realmente sucedió con su hijo y efectuar el papeleo necesario para la entrega del cuerpo. Una vez allí, le informan que el hijo en ningún momento ingresó en comisaría.

"Tata" reconocería a los "ratis", me dice; asegura poder verlos, ahora, tranquilamente pasearse por allí en el mismo móvil policial en el que trasladaron a su hijo camino a la muerte, todos los santos días.

Un testigo que vive enfrente de la comisaría n° 20, aseguró que vio como Cristian era ingresado herido; lo había reconocido por sus ropas. Inconfundible.

Por obvias razones de seguridad - ya que vive enfrente, en una villa - no salió de sus labios más que eso. No obstante, dicho aporte fue importantísimo. ¿Porqué? Porque de ser así, Cristian ingresó vivo a la comisaría n° 20 y posteriormente fue trasladado hacia el Hospital Parossien, muerto, asesinado con un balazo en el abdomen; tal como se pudo comprobar de parte de la familia al sacar las reveladoras fotos del cuerpo de Cristian en el velatorio. También, en certificado de defunción se hace mención del disparo en el abdomen; está firmado por el Dr. Lopez, Carlos Aiberto, médico policial, quien practicó la autopsia en la morgue ubicada en Autopista Richieri y Camino de Cintura, revelándose idéntica situación. El certificado de defunción y la autopsia se realizó de manera acelerada; la entrega del cuerpo también el mismo día del hecho, a las 19 hrs.

Comenta la familia de Cristian que ahora, cuando los efectivos policiales de la comisaria n° 20 llevan a su casa alguna citación o escrito judicial, se burlan, se ríen en sus propias narices.

Un amigo de la familia Flores - no identificado - que vive en la villa "San Pete", escuchó a un efectivo policial expresarse de la siguiente manera:

"Hay que matar a todos los negros"
"Ya matamos a uno, le vamos a dar a todos"

Racismo a flor de piel. En todo su esplendor. Como los nazis.

Otra amiga de una de las hermanas de Cristian, también de San Pete y cuyo padre es concejal, le aseguró haber escucbado a ciertos policías que, en cualquier momento, "si sigue moviendo papeles" ,le van a "reventar" la casa y "colocar" cualquier "cosa" que la comprometa.

Uno de los tantos métodos de amenaza que poseen en la Bonaerense para amedrentar; en este caso, a la familia Flores.

La Dra. Casal Gatto, Fiscal en la causa n° 122634, asegura no mover a ningún personal policial de la comisaría n° 20.

"Tata"pidió de manera reiterada, copia de causa - fotos - y hasta el momento 18/07, se lo han negado.

Cuando se presenta sólo, Casal Gatto desde hace una semana pone trabas para atender a "Tata". Cuando por el contrario lo hace con la Preso de D.H. Mtza. Sra. Delia Blanco, por muy poco, no son atendidos con alfombra roja. Cristian Ezequiel Flores, entró para la sociedad, después de muerto, en una mera y fria estadística de gatillo fácil, racismo y tormentos.

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