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HERRAMIENTAS

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Ofertas
Por Gabriel Fernández
Publicado digitalmente: 5 de junio de 2007

Los méritos de este gobierno ya han sido explicados, detalladamente. Las diferencias con gestiones previas, también.

Las luchas populares argentinas forzaron cambios importantes, y esas transformaciones se han palpado. No se trata de comparar esta administración con la de los 90 ni, mucho menos, con algún período dictatorial.

Pero las soluciones a esos dilemas centrales deberían llegar más temprano que tarde.

Por un lado, porque el futuro de la Nación lo necesita. Porque es justo, posible y necesario.

Por otro, porque al posicionarse en la centroizquierda, en lo popular, si este gobierno no resuelve los asuntos profundos de nuestra gente, otros esbozarán promesas afincadas en viejas recetas.

Hay ofertas que vale la pena aprovechar: precio y calidad. Pero hay otras de las cuales mejor escapar, pues intentan vendernos barato algo que no queremos.

Es bastante habitual encontrar pibas repartiendo volantes en los cuales se nos ofrece gratis una hamburguesa que no deseamos, si adquirimos previamente una hamburguesa que no nos gusta. Sin embargo, el lector perspicaz entenderá que existen otras ofertas mucho más preocupantes. Se trata de las que nos proponen adquirir productos caros, que no necesitamos. O nos perjudican.

El año naciente estará cargado de ofrecimientos de esa naturaleza. Las variantes imperiales propondrán a pueblo y gobierno alternativas vinculadas con sus intereses, revestidas de colores agradables a la vista y promocionadas como senderos pletóricos de atractivos. Nos invitarán a despegarnos de amigos cercanos, a meter las narices en problemas lejanos, a beneficiar adversarios harto conocidos. Nos dirán que si lo hacemos, seremos mejor considerados en “el mundo”, lo cual nos habilitará para obtener beneficios que permitirán zanjar las dificultades.

Habrá una propuesta para cada caso puntual, y los grandes medios anunciarán los posibles avances con bombos y platillos.

Entonces, tendremos que analizar qué nos conviene.

Hace tres décadas, por caso, que sostenemos relaciones estrechas –con algunos altibajos— con los poderes centrales del mundo capitalista. Esos vínculos han consistido, básicamente y sintetizando, en entregarles dinero y recursos. No se recuerdan beneficios de importancia.

Se les ha pagado una deuda externa que no necesitábamos contraer y que fue asumida por un gobierno inconstitucional. Se les ha permitido arrebatar los ahorros argentinos y llevarlos al exterior.

Se les ha entregado las empresas públicas y las ganancias son remitidas regularmente a las sedes internacionales de los adquirentes. Se les ha brindado facilidades para la explotación de nuestros recursos naturales con el drenaje consecuente.

Como contracara, en poco tiempo, los escuetos contactos con países latinoamericanos permitieron establecer un intercambio más razonable. Cada vez que una nación sureña se acerca a nuestro país promueve inversiones, compra productos industriales, pone en marcha plantas abandonadas.

A diferencia de las relaciones marcadas en el segmento anterior, esas inversiones no incluyen exigencias políticas sobre el funcionamiento de nuestras instituciones.

Y, como dirían Echagüe y D´Arienzo, contienen mucha “Paciencia” hacia el errático proceder internacional argentino.

El que invita una copa es un parroquiano amable, deseoso de compartir un momento y un sabor con las cercanías.

Pero el que dice “tomo y obligo”, promoviendo la ingestión de un líquido que no nos agrada, es un cargoso con aires de mandón.

Sin embargo el asunto no termina ahí. Más bien, empieza por otro lado. Porque la definición de una política internacional adecuada a nuestros intereses está ligada al establecimiento de una estrategia interna bien diseñada.

En los tres años recientes, la Argentina asentó su bonanza en una carga impositiva muy dura para los sectores populares y exportaciones primarias de nulo valor agregado.

Por algún motivo se evitó canalizar esos recursos hacia un proyecto productivo que favorezca una ampliación del mercado interno y una mejoría en el nivel de vida de las franjas sociales más postergadas. En el comienzo de la actual gestión muchos argumentaron que no existía poder político suficiente para reorientar la vida nacional en esa dirección.

Después de las elecciones que fortalecieron al gobierno, especialmente a través de una contundente victoria en la provincia de Buenos Aires, el planteo perdió vigor.

El pueblo argentino percibe que la presente gestión tiene un firme control de los poderes institucionales en un sentido integral. Y que lo bueno y lo malo que sucede guarda relación con las decisiones adoptadas desde el Poder Ejecutivo.

¿Exagera la opinión pública la capacidad de maniobra del gobierno? Es posible; pero es cierto que hay una infinidad de pequeñas acciones genuinamente progresivas que son descartadas de plano.

Mientras el clima general continúa cubierto por una fresca brisa progresista, cuando la vista se focaliza sobre cada rubro de la acción gubernamental, el ambiente se espesa.

La sensación corriente es que en los niveles activos, cuando la administración deriva en concreciones, se escoge la opción conservadora en detrimento de la perspectiva productiva y distribucionista.

A quienes formulan estas objeciones se les indica que resulta preciso vestirse despacio, si es que uno se encuentra en verdad apurado. Con razones, los críticos replican que esperar a Godot es un ejercicio vano. Que si en la cancha se ven los pingos, hace tres años que largaron.

O, más claro: la desocupación sigue siendo importante, los salarios promedio son bajos, el número de excluidos es formidable, la industria argentina no florece.

Los méritos de este gobierno ya han sido explicados, detalladamente. Las diferencias con gestiones previas, también.

Las luchas populares argentinas forzaron cambios importantes, y esas transformaciones se han palpado. No se trata de comparar esta administración con la de los 90 ni, mucho menos, con algún período dictatorial.

Pero las soluciones a esos dilemas centrales deberían llegar más temprano que tarde. Por un lado, porque el futuro de la Nación lo necesita. Porque es justo, posible y necesario.

Por otro, porque al posicionarse en la centroizquierda, en lo popular, si este gobierno no resuelve los asuntos profundos de nuestra gente, otros esbozarán promesas afincadas en viejas recetas.

La habilidad oficial para salir airoso, comunicacionalmente, de algunos entredichos es loable. Mas no todos los problemas pueden zanjarse con manejos dúctiles.

Cerramos este artículo narrando una historia real, ocurrida pocos días atrás. Puede que sea una excepción, puede que no.

Andando por el Sur bonaerense, hallamos un compañero de extensa y digna trayectoria militante y un buen historial laboral fabriquero.
—Y ¿cómo ves la cosa?, preguntamos más al tanteo que con precisión.
—¡Hay muchos compañeros en el gobierno! Eso me gusta. Y el Flaco le chanta las cuarenta, cada vez que puede, a los milicos. Eso de poner una mina en Defensa, es una jugada bárbara. Y parece que el tipo apuesta al Mercosur nomás, está bien…
—¿Vos que hacés?
—…no, yo justamente mañana voy a ver si lo encuentro a (fulano) que agarró un cargo en el ministerio a ver si me tira un hueso…la verdad no me sale nada…yo no me sé manejar, viste que siempre laburé de lo mío…decir que mi mujer hace unos mangos limpiando casas, cuando consigue, qué se yo…hay un montón de compañeros que están así…pero yo veo que a la gente le va bien, dicen que hay muchos que se van a veranear…

El hombre estaba avergonzado. Se sentía un fracasado en un país que aparenta ir viento en popa. Y mientras narraba sus desventuras aclaraba que entendía que “lo demás” –un país que no lo involucraba— andaba bien rumbeado.

La charla terminó así.
— ¿Vamos a comer unos panchos? ¡Ahí en la esquina te regalan un cono de papafritas!, propuso.
—Es que no como panchos…
—¡Eh! ¡No te vas a venir a hacer el fino! Es lo que hay…

Gabriel Fernández
Periodista
Director de Question Latinoamericana
Buenos Aires, 5 de junio de 2007.
Fuente: Question Latinoamericana



© (2007) Gabriel Fernández
Todos los derechos reservados.
Para reproducir citar la fuente.
Publicado originalmente por Question Latinoamericana

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