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HERRAMIENTAS

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Exclusivo testimonio sobre el centro clandestino La Perla
La comida de los chanchos
Por José Luis Zamora
Publicado digitalmente: 20 de enero de 2005
Klimosky, integrante de la Conadep cuenta públicamente por vez primera su testimonio sobre un hallanamiento al centro clandestino de detención, tortura y desaparición conocido como "La Perla", provincia de Córdoba, a cargo del represor Benjamín Menéndez. De como un hombre recogió basura para alimentar a sus cerdos y encontró partes humanas, y una noche de luna llena lo vio a Menéndez bajar de un autó y ordenó fusilar a 120 personas.
El Dr. Gregorio Klimosky, quien fuera activo participante en materia de Derechos Humanos en tiempos difíciles de la dictadura militar e integrante de la Conadep, refiere la historia de la experiencia vivida en el CCD “La Perla”, en Córdoba, en ocación de su participación en un allanamiento.
Textualmente nos cuenta:
“Pasaron cosas muy interesantes, si se puede aplicar esta palabra a cosas tan terribles. Cuando hicimos este allanamiento hubo testigos que nos acompañaron y reconocieron todos los lugares donde se había torturado a la gente. La picana eléctrica estuvo a la orden del día en aquella época y por ejemplo, en los lugares donde se torturaba y había enchufes para las picanas, se había disimulado poniendo material para tapar todo, de manera que no se pudieran localizar. Los testigos señalaron el lugar donde deberían estar, levantaron la madera que los disimulaba y ahí estaban. Se ve que había habido una labor para ocultar las cosas.
Así había muchas anécdotas, pero las dos que más recuerdo, son una corta y una larga.
La corta que, yo notaba que uno de los testigos estaba algo encorvado y le pregunté que sucedió, me dijo: “Cuando yo estuve aquí, me pegaron un culatazo tan fuerte que me hundieron el tórax y me tuvieron que operar para poner los órganos en su lugar, más o menos satisfactoriamente, pero, sigo teniendo dolor en toda esa zona del cuerpo”.
La anécdota más larga, la recuerdo así, prosiguió el Dr. Klimosky:
“Resulta que había en “La Perla” un campesino que había pedido permiso para poder, de alguna manera, alquilando una parte del campo, tener su ganado para que pudiera comer pasto en esos lugares o por lo menos ponerlos en un corral para alimentarlos.
Había chanchos también. Este hombre hacía una cosa que no se aconseja hacer, que es alimentar con basura a los chanchos, que era recogida de los pabellones de “La Perla”, donde él hacía un paseo para juntarla.
Y en una de esas, clasificando la basura, de repente, encontró un dedo humano. Fue grande su sorpresa, pero se dio cuenta que existía alguna dificultad en el lugar. No dijo nada a nadie. Empezó a vigilar y a espiar de lo que ocurría en los pabellones. Fue descubierto y por ello fue llamado por los militares y le advirtieron que no se meta en líos porque le podía costar caro.
Este hombre siguió vigilando y una noche tuvo una experiencia tremenda.
Era una noche de luna y se acercó a unas grandes cisternas abandonadas que se encontraban en “La Perla”.
Vio que llegaban dos o tres camiones cargados de gente. Los hicieron bajar y ubicarse en fila al borde las cisternas. Luego, llegó un auto del que descendió un general de cabellos plateados, que se ve era Menéndez, el conductor de ese cuerpo de Ejército.
A sus órdenes, en un momento determinado, dispararon con ametralladoras y las 120 personas cayeron a las cisternas.
Como después había que destruir las pruebas, tiraron petróleo a las cisternas llenas de cuerpos fusilados y produjeron una enorme fogata.
Como este hombre declaró ante la Comisión de la Conadep, produjo la intervención de la Justicia del Ejército que proceso a esta persona para que dijera que vio, con la idea que estaba diciendo falsedades.
Pasó una cosa muy curiosa.
El juez que se llamaba Timoteo Gordillo, exactamente como la persona que introdujo por primera vez la carreta en la Argentina, quiso amedrentar al detenido y se sentó silenciosamente frente a él y lo miró fijo durante 20 minutos. Pero, no se dio cuenta que esta persona era vasco-francés y que tenía también su carácter. Y, durante los 20 minutos le devolvió la mirada al juez.
Este juicio terminó con que pasó a la esfera civil y la Conadep intervino nuevamente.
Fueron con topadoras para tratar de buscar las cisternas y las huellas de esa atrocidad.
Los militares, se ve, habían levantado todo y no se pudo encontrar resto alguno; aunque debieron estar cerca de lograrlo porque el militar que en esos momentos se encontraba en “La Perla” asistiendo la operación, empezó, cuando las topadoras se acercaban a cierto lugar, “a sudar tinta”. De manera que estuvieron cerca. Todo terminó de la peor manera, sin resolución de ninguna parte. Pero el relato es realmente impresionante. Debería consignarse.”
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