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Gatillo Fácil en Lugano: Los casos Barboza y Acosta
¿Qué pasa en la comisaría 52° de Villa Lugano?
Por José Luis Zamora
Publicado digitalmente: 26 de enero de 2005

En el sumario administrativo n° 465-18-000404/2003 que se instruyó en el Dpto. de Investigaciones Administrativas de la Policía Federal Argentina al personal de la comisaría 52° de Villa Lugano, se puede apreciar la escasa predisposición y “vocación” de servicio que albergan los encargados del mismo, para llevar a cabo el esclarecimiento de las denuncias radicadas por familiares directos de víctimas de una antigua costumbre en uso de las filas uniformadas: el enfrentamiento armado con supuestos delincuentes. Más tarde, se demuestra en la mayoría de los casos que resultan ser inocentes.
Una frondosa historia posee la 52°. A la hora de demostrar su accionar “moldeado” en el “incremento” de bajas de “peligrosos delincuentes” en la sumatoria de las estadísticas elaboradas, éstas se encuentran, en un ascendente número compuestas por menores.
Algunos, cuentan en voz baja, por miedo, las malas lenguas del barrio armados con “peligrosísimas perchas de madera entre sus ropas”.
Para este personal policial y en especial para los que componen la Brigada de Investigaciones, los métodos válidos a la hora de reprimir son variados y conocidos.
Ellos son brutales en su accionar y no dudan cuando se les presenta la oportunidad en apelar a algún viejo camarada para que acuda en su ayuda, en especial cuando se trata de algún comisario retirado que ande por ahí, perdido a altas horas de la noche, visitando a su pobre viejecita. Todo les sirve, todo les viene bien, todo “vale”.
Al comisario inspector retirado Alberto Damián Medina, con domicilio en av. Díaz Velez 4163 - 2° piso - Dpto A, en Cap. Fed., quien tuvo como último destino “La Dirección Gral. De Responsabilidad Profesional de la Superintendencia de Asuntos Internos”, compadres de quienes instruyen el sumario aludido, y al que le gusta aclarar que “no usa reloj”, le suceden cosas extrañas luego de retirarse.
No posee mucha noción del horario en que se retira de un domicilio, como el día 11/02/02, razón por la cual a “la hora” de dar explicaciones, se toma un margen de tiempo aproximado de dos horas, amparándose en lo dificultoso que suele ser estar ubicado en tiempo y seguramente lugar para alguien como él que no usa reloj.
Para Medina, el día en que “se enfrentó en tiroteo” con unos “pibes chorros” después de visitar a su viejecita de 87 años, que parece vive sola desde el día en que enviudó, se retiró de su domicilio entre la 01:00 y 03:00 hrs. de la noche. Palabra del señor.
La jueza le creyó, no le pareció llamativo y para confirmarlo le faltó decir: amén.
Cuenta, que hizo el camino de siempre, es metódico en su accionar; se detuvo en todos los semáforos que encontró, no sólo porque este exservidor de la Ley respeta a rajatabla la leyes de tránsito, sino porque dice “sentir pánico” a ser el causante de un accidente con el auto. Parece que “este buen hijo”, no sólo respeta las leyes, siente pánicos, y no usa reloj sino que también debemos agregar sufre de alucinaciones. Temporarias, pero alucinaciones al fin. Lástima que las mismas pueden provocar daños a terceros, más cuando se trata de menores y nadie se preocupa en averiguar cuan peligrosas pueden ser “las alucinaciones” del crio. insp. retirado Medina. Porque siendo policía puede llegar a ver armas donde no las hay. Eso lo pone nervioso, aunque para la jueza, es normal.
A pesar de su excelente puntería, alega que “nunca en toda su carrera” tuvo un “enfrentamiento armado”, “nunca” un disparo de “intimidación”. Sólo disparó en “polígonos”. Por lo que demostró, se debe haber pasado “la vida” en un “polígono” practicando puntería, porque la realidad nos indica que se muestra infalible a la hora de disparar sobre menores.
Relata que, al llegar al semáforo ubicado en av. Cruz y Saladillo, se le acercan tres jóvenes rodeando el auto y agazapados con “claras intenciones de robo.” Como el comisario Medina, como ya referimos también sufre de alucinaciones además del pánico que le embarga cuando maneja, “le pareció ver” entre las ropas de uno de los pibes un caño que asomaba por entre las mismas y de otro de los chicos “supone”, no lo puede asegurar, que “un arma de fuego” le obligaba a “estirar las ropas”. Como entró en otro de sus “pánicos”, ser asaltado y por amenaza que ello representaba, “se agachó” dentro del auto, tomó su pistola 9 mm y sin apuntar, alzó su brazo derecho realizando varios disparos. No puede precisar cuantos fueron los mismos (otro que no sabe contar) y como debemos suponer si pensamos bien, tantas horas de “polígono” dieron al fin su resultado: de los tres menores que él dice haber visto, uno logró escapar, que parece se fue corriendo por las calles de Lugano con un arma en la mano, los otros dos que al final no se encontraban armados como “supuso”, al bajar del auto Medina, dice, yacían en el piso mortalmente heridos: Daniel Barboza, tenía un disparo en la región pectoral izquierda y su amigo: Marcelo Acosta, un balazo en el ojo derecho. En éste último se podía distinguir claramente un pedazo de madera sobre su cuerpo, más precisamente un trozo “de percha” o “del Percha”. Ambos tenían 17 años.¿Qué pasa en la comisaría 52° de Villa Lugano?

¿Medina los fusiló?
Y aquí, es donde nuevamente, entra a tallar la figura recortada, en otro caso más de gatillo fácil, del sgt. Rubén Solares, alias “El Percha”; integrante de la brigada de Investigaciones de la 52°, hábil y fiel recaudador de sus superiores, del cual en el caso del fusilamiento del que resultó víctima Lucas Ariel Roldan, tomamos debida nota.
Quienes lo conocen en Villa Lugano y en especial en la Villa 20, donde es amo y señor, saben que la aparición de un trozo de “percha” sobre el cadáver de un menor, en especial, se corresponde claramente a un mensaje hacia los demás pibes.
Que es la “marca registrada” de este suboficial a modo de advertencia o amenaza, amparada bajo el paraguas protector de un “espíritu de cuerpo” que no duda en brindarle la impunidad necesaria, la cual parece no tener límites.
La sombra recortada en la noche de este asesino serial, dicen los testigos del barrio que es: “el terror de los pibes del barrio”. Titulo dado en una información del diario Página/12, la cual él exhibía orgulloso en una oficina de la comisaría 52° pegada en una pared.
El 11 de febrero de 2002, frente a los monobloques de Villa Lugano, llamado Complejo Habitacional N° 27, jurisdicción de la 52°, al menos cuatro testigos declaran haber visto al “Percha” fusilando a Daniel Barboza y a Marcelo Acosta, quienes momentos antes se encontraban charlando en una pequeña plaza ubicada en el centro del barrio de monobloques, llamada también “el medio”, como refiere la madre de Daniel: Evaristo del Valle Vera.
“El Percha”, cuentan, los hizo arrodillar y, lisa y llanamente, los ejecutó de un tiro a cada uno. Luego, en la soledad de la noche, se escucharon tres disparos más. Cinco en total. Todos los testigos coinciden en el número de disparos de armas de fuego escuchados esa noche.
Un remisero de la agencia denominada “El Garage”, le comentó a Ramón, tío de Daniel, que: “esa noche tenebrosa, de tanto calor, algo raro se intuía en el ambiente porque el coche que supuestamente querían robar los chicos, había estado dando vueltas durante mucho tiempo alrededor del Complejo Habitacional desde temprano”.
Agregó dicho chofer de remis, el cual ahora tiene miedo: “Qué bárbaro como los asesinaron.”
Ahí están más “despejadas”, las dos horas de margen que el comisario Medina se toma de ventaja o coartada por no usar reloj. Raro.
Se cuenta, asimismo, que como testimonio del armado de escena, mudas, pero reveladoras huellas de sangre, marcaron el lugar. Las mismas, fueron lavadas por dos primos de Daniel con agua bendita, suministrada por el cura de la parroquia del barrio, porque según este párraco: “Había que hacerlo de esa forma para lograr que las almas de los chicos subieran al cielo.” De denunciar el hecho... ni palabra.
No sólo hasta allí llega la osadía y la crueldad con los pibes del sgto Solares, alias “El Percha”; uno de los cuatro testigos afirma haber podido escuchar muy claramente primero a Marcelo, rogar: “Dejáme, loco, yo no hice nada”; para luego escuchar la súplica de Daniel que indefenso alcanzó a gritar: “Llamen a mi mamá”.
Otra testigo, por temor, dos años más tarde le confesó a Evarista haber visto todo desde su departamento ubicado en el 9° piso y que se encuentra justo frente al lugar en que fueron fusilados los pibes. Cuenta que, en un primer momento, dado la altura no los reconoció. Vio a uno de ellos arrodillado (Daniel) y al otro chico, (Marcelo) a un costado. En ese momento tuvo la necesidad de ir al baño y una vez allí escuchó los disparos que la sobresaltaron. Primeramente fueron dos, y otros tres con un espacio de tiempo significativo entre los mismos. Al asomarse nuevamente para ver lo ocurrido, observó aterrada a cuatro personas de civil acomodar los cuerpos, arrastrándolos de allí para acá. Vio llegar dos patrulleros y una ambulancia, sin uso de sirenas ni balizas. Luego la ambulancia se retiró del lugar. En iguales condiciones, al rato, llegó otra ambulancia para llevarse uno de los chicos heridos (Marcelo); Todo se efectuó en perfecto silencio y con muestras de un gran apresuramiento, sin tomarse en el lugar ninguna medida de parte de peritos, como supuestamente debería haber sucedido. De juez o fiscal ni hablar que se hubieran hecho presentes en el escenario armado.
Otro matrimonio joven que vive en el Complejo vio todo lo ocurrido. Tienen miedo.
Evaristo esa noche no pudo estar junto a su hijo Daniel como él rogara, ante su fusilador instantes antes de morir, desesperadamente, por lo tanto ha echado sobre sí un mundo de culpas. Me cuenta que Daniel había vuelto al barrio luego de haberse refugiado varios meses en la casa de su padre. Todo a raíz de de la intranquilidad que les ocasionaba las constantes amenazas dirigidas por “El Percha” a sus hermanos y a él.
Evaristo recuerda que días antes “El Percha”, pasó por su domicilio, se asomó por la ventanilla del auto que conducía y le gritó al hijo que se encontraba con unos primos: “sos boleta”. Luego, antes del asesinato de Daniel, recibió una llamada anónima donde le comunicaban que frente a su casa había policías vigilando su domicilio. Ella vio desde el balcón durante varios días a “El Percha” haciendo “la guardia”, al acecho.

¿Cuál era el motivo?
Una denuncia efectuada por Evaristo en contra de un policía, que vestido de civil, había fracturado el tabique nasal de uno de sus hijos de 17 años, por ese entonces. Seis meses más tarde, un domingo, la llamaron por teléfono. La persona se presentó como policía y le advirtió que iba a pegarle un tiro en la cabeza a uno de sus hijos por haberse efectuado una denuncia contra un compañero.
Ella le respondió: ¡Yo te denuncié, pegámelo a mí!
También, por otra pelea de uno de los hermanos de Daniel con un proveedor de drogas que opera libremente en el barrio y, que todo el mundo conoce... incluso la policía, se ve que, viendo amenazada una de las fuentes de ingresos, “El Percha” se sintió muy nervioso. Subraya Evaristo con indignación que Solares odiaba a su hijo mayor sin siquiera conocerlo, que de siempre demostró " estar dispuesto a hacer “todo que fuera necesario” para verlo en la cárcel o muerto. Daniel, terminó siendo su revancha.
Tres policías de La Federal involucrados: uno de civil, uno retirado, uno asesino serial de menores. ¿Espíritu de cuerpo? En el medio un vendedor de drogas.

¿Quién verdaderamente los mató?
¿Porqué la jueza María Cristina Bértoli cerró la causa con el sobreseimiento masivo del comisario Medina y Cía, teniendo la misma tantas irregularidades de procedimiento e investigación?
¿Qué pasa en el Dpto de Investig. Administrativas de la P.F.A., que el sumario 404/2003, no avanza en su investigación y resolución final?
El secretario: subcomisario Julio César Guardini o el prosecretario subinspector Adrián Antonio Blanco, ¿Podrán responder? O existe también “espíritu de cuerpo”. No creo. ¿Qué pasa en la comisaría 52° de Villa Lugano, Cap. Fed.?

“El Percha” Solares, Rubén.
“Hoy estamos cargados de muerte”
Abelardo Castillo.

Para ilustrar sobre las “actividades” que en las zonas de Lugano y Mataderos desarrolla a sus anchas sin que nadie lo moleste, ni la justicia le solicite debidas explicaciones y todo el mundo le tema al sgto. de la Policía Federal Argentina: Rubén Solares, alias “El Percha”, basta con, en principio, comenzar a investigar sobre su persona entre los habitantes de esas zonas, sin alardes en lo posible, porque de enterarse, en cualquier momento puede aparecer como una sombra detrás de uno, pistola en mano y obligarnos a arrodillarnos ante él.
Comienzo diciendo que “El Percha”, es de mediana estatura, pinta canas sobre una cabellera corta tipo “pirincho”, un tanto entrado en kilos aunque dicen hace “fierros”. Se desplazaba en un Falcon amarillo, otros dicen que gris. Lo cierto es que siempre conduce coches en muy buen estado, que sólo Dios sabe a quienes pertenecieron alguna vez.. Cuando camina, lo hace a lo matón tipo “Texas Rangers” porque además usa botas texanas. Es tanto el temor que se le tiene, que entre los pibes cuando anda en la zona tratan de pasarse la data porque lo más saludable es buscarse un lugar seguro.
“El Percha”, es tan sólo la punta del icberg teñida de sangre por muertes y corrupción mediante. “La mano en la lata”, diría Rodolfo Walsh, es dirigida y amparada por altos funcionarios de la Policía Federal Argentina, dado que se trata de uno de los “recaudadores” favoritos, dicen de los días viernes. Por lo tanto el manejo de todo ello implica tener al frente personal que sea fiel en el cumplimiento del “deber” y, por sobre todo, con experiencia en el ramo. Y... adivinó, “El Percha” la tiene.
Siempre trabajó en brigadas que es desde donde se controlan la marcha y operativa de los negociados históricamente en la P.F.A. El robo regulado a los comercios y secuestros “resonantes” a particulares importantes que rechazan “protección”, requieren también operaciones de “zonas liberadas, la cometa de trabajadoras en el ramo de la prostitución callejera o de departamentos es una excelente entrada, ahora último la venta no sólo de marihuana o cocaína sino que también se agrandó las ofertas incluyendo la devastadora “pasta base”, al módico precio de un pesito, que como es de suponer se encuentra al alcance de la mano y del consumo de cualquier pibe. Pero, la especialidad de “El Percha”, se corresponde con las estadísticas que se encarga de incrementar asiduamente, en el tema seguridad, apretando el gatillo de su 9 mm a pibes arrodillados ante él.
Como dijimos, cuentan que es apreciado, generando lazos o vínculos muy fuertes con sus superiores por su condición de excelente recaudador, y por ende, ante cualquier problema que pueda suscitar alguna de sus tantas “intervenciones” en los “enfrentamientos armados”, posee asegurada la impunidad necesaria para zafar, ya que no sólo por su condición de “recaudador” sino por conocer los negocios del jefe inmediato superior de turno, éste se encuentra en la obligación de prestarle toda la asistencia necesaria. Por lo tanto la dependencia es mutua, perfectamente eslabonada.
Se le adjudican varias víctimas de su gatillo fácil, torturas, enfrentamientos preparados, causas armadas, ajuste de cuentas o la infaltable amenaza que termina en asesinato, ante cualquier indicio de deserción en sus filas de los pibes reclutados para “un robo seguro”.
A Marcelo Rani le armó una causa por “salidera de banco” en Caballito, adjudicándole la muerte de un policía. Se dio el gusto de que le dieran 20 años de prisión. Está en Chaco. Al otro lunes, una semana después de haber fusilado a Daniel y a Marcelo, caso en el que se inculpa su compañero Medina, asesina a “Pipi” o Gabriel Omar Álvarez; (causa cerrada en una semana-tiempo record) vivía en Villa 20. Lo asesinó en un supuesto enfrentamiento en una estación de servicio ubicada en Piedrabuena y Unanué, en Villa Lugano, una de sus zonas operativas, por acercarse de manera sospechosa a una camioneta Renault Kangoo, dijo la Brigada de Invest. De la cría 52, esa noche. Tenía heridas de balas en brazos, pecho y sugestivamente en un ojo. Un calco a los casos de Roldan y Acosta. Se trataba de la “marca registrada” del Percha.
Mató a un pibe del Barrio INTA, (no se conoce su nombre). Lo cierto es que esperó que saliera del Penal de Marcos Paz, sabiendo de antemano fecha y hora y lo coció a balazos. Quedó registrado como “presunto ajuste de cuentas.”
La estadística del armado de procedimientos o de causas, - especialidades del “Percha” en las que en su mayoría se ven afectadas personas inocentes - la Procuración General de La Nación, en un informe “ajustado” nos dice que entre enero de 1995 y abril 2004, existieron 95 casos, en los cuales 153 personas se vieron privadas de su libertad, interviniendo en este modus operandi 12 comisarías y 14 divisiones. Plantaron, agrega Procuración, 89 armas de fuego, utilizaron 38 automóviles robados, en 37 casos plantaron también cocaína, en otros 23 marihuana y en 7 dinero falso. Amén de haber se quedado muy, pero muy cortos en los números, y para verle el lado positivo, hay que decir que al menos existe un reconocimiento de la situación que afecta a tantas personas, en especial a menores y pobres.
Hasta el momento, ninguna autoridad competente entre sus “superiores” o la justicia y que tenga acceso a tener conocimiento sobre su paradero, tiene noción sobre el destino actual del “Percha” en dependencias policiales. Parece ser un misterio indescifrable sobre el cual se tejen diferentes visiones. Algunos dicen que pasó por Barracas, otros por Constitución y no falta quien afirma haberlo visto en Barracas. La última información asegura que volvió a la comisaría 52° en moto con sus botas bien lustradas.
Pero lo más probable es que en algún momento, como una sombra asesina, recorra nuevamente los pasillos de la Villa 20 o de Ciudad Oculta, con sus ridículas camisas, apretando o fusilando pibes arrodillados a sus pies, con una pistola en la mano.¿Qué pasa en la comisaría 52° de Villa Lugano, Cap. Fed.?

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