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Debate
Bayer y el peronismo: mitos y realidades del desvarío de un escritor retirado
Por Gabriel Martin
Publicado digitalmente: 31 de enero de 2005

Según Bayer, a todo aquel que levante la voz contra Perón, es inmediatamente receptor de una retórica stalinista recibiendo la patente de "gorila".
Sobre el "gorilismo" de Bayer, haciendo valer el supuesto stalinismo, no hay mucho para decir para cualquiera que medianamente conozca su posición política. Ahora bien, no vendría mal separar la paja del trigo, entre Perón, peronismo y "tendencia revolucionaria", que para este fantástico escritor que vive de las ponencias de un trabajo realizado hace 33 años, es decir, para los creyentes, durante toda la vida de Cristo y la impronta que dejó en el mundo (ahora vale para devotos y no), este excelente escritor dispensó ese tiempo en conferenciar sobre su máxima obra.

Así y todo, para la tilinguería porteña, es una voz autorizada para hablar del peronismo con total impunidad, y especialmente sobre determinados períodos en los que, como siempre ocurrió, no tuvo compromiso alguno.

En esta ocasión, Bayer cuenta que el peronismo “nos estuvo golpeando la puerta toda la vida”, y cuenta que a él mismo se le metió en cada uno de los aspectos de su vida, o casi.
Pues guste o no guste, disguste más o menos, la historia argentina desde 1945 a la fecha estuvo signada por la figura y cruz de Juan Domingo Perón. Si cabe duda alguna de ello, ¿qué hace Bayer discutiendo sobre Perón a 30 años de su muerte?.
Pasaron tres décadas y medias del fallecimiento de Perón, y Bayer y/o los gorilas de siempre, siguen enroscados en la figura de Perón.

Pero por alto pasa otra grave culpa que le cabe a Bayer y/o demás gorilas, tantos de izquierdas o derechas: Bayer se afirma como eterno opositor a Perón y maldice la importancia que cobró el mismo en la historia nacional, pero ¿Qué alternativa construyeron al menos en las tres décadas en las que Perón ya no estuvo? Bayer, el resto de los intelectuales y dirigentes políticos llevan treinta años de “changüí” sin construir nada y no sólo eso, ¡siguen discutiendo sobre el Perón de 1946-1955!

Por lo menos, esta falta de capacidad no sólo es alarmante en nuestro país, sino igualmente preocupante como patética.
Hace casi tres años, en una librería de Malabia y Corrientes, el Sr. Bayer fue a dar una charla (una vez más) sobre su excelente obra, La Patagonia Rebelde, a treinta años de su edición que en el original era La Patagonia Trágica. Cuáles eran las culpas de Perón en la masacre patagónica, sigue siendo una pregunta que aún hoy deben quedar a los concurrentes a aquella charla. En la misma, Bayer trató de cobarde a Perón por no haber defendido la democracia “e irse sin un solo tiro”. Pues bien, valga el embrollo de este excelente ex escritor: la misma oligarquía que ordenó y comandó el fusilamiento de aquellos trabajadores en nuestra Patagonia, fue la que ordenó y comandó el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, que precedió a su partida de la presidencia. Bombardeo que se cobró 350 muertes, en su mayoría de obreros peronistas que espontáneamente con palos y armas de corto calibre fueron a defender con su sangre a la atacada democracia.

La contradicción de Bayer radica en que siempre estuvo en contra de toda forma de violencia, pero acusa a Perón de no haber hecho cumplir auqella frase de que “a la violencia, hemos de responderle con una violencia mayor”. A no ser que Bayer, en este caso, caiga en la falta del típico revolucionario de la izquierda argentina del “animémonos y vayan -ustedes”.
Claro está que esto no quiere decir que Bayer no tenga razón en muchas cosas de las que dice. Y en esto, le duela o no al más ferreo peronista de izquierda, el responsable de la masacre de Ezeiza fue Perón, Osinde (que en Ezeiza contrató un contingente de legionarios franceses) fue apoyado por Perón y ni que hablar de “Lopecito” Rega.

Ahora bien, parece que Bayer estuvo tres décadas estudiando la alquimia para darse cuenta que la derecha peronista no quería ninguna revolución. Con esto se puede explicar las tres décadas en las que Bayer apenas publicó “Los anarquistas expropiadores” en 1974. Ahora que Bayer se dio cuenta de las intenciones contrarrevolucionarias de la derecha peronistas, al fin nuestro país puede continuar con su historia.
También queda clara la complicidad de Perón al no mover ni una sola pieza para investigar qué pasó en la cacería de Ezeiza.

Hay que detenerse ahora en un par de afirmaciones de Bayer sobre el peronismo revolucionario, que claro está, el no reconocerá jamás como tal. Es comprensible para cualquier militante de café disparar con semejante impunidad. La Tendencia Revolucionaria, equívocamente, apostó en primera instancia a la “teoría del cerco” que en realidad había montado el propio Perón rodeándose de Isabelita, Osinde, López Rega, Rucci y Lorenzo Miguel (a todos, que “Dios nuestro Señor se apiade de sus almas”).
Pero como mínimo, cabe catalogar de estúpida la afirmación de Bayer de que “esa izquierda” no hizo ningún reproche a Perón. Entonces, señor Bayer ¿qué canal estaba mirando el 1º de mayo de 1974? Porque es obvio que el olor a “peruca” no le permitió arrimarse a ver qué pasaba en esa Plaza de Mayo.

El líder carismático, reza Max Weber, radica su poder en sus cualidades que rozan lo sobrenatural, de ahí explica su posición de caudillo que imanta a las masas, afirma con palabras más académicas el sociólogo alemán. Y cuando ese carisma es puesto en duda con el rechazo, el poder del líder es cuestionado.

Por lo que cabe aclarar que, primero, la Tendencia Revolucionaria (FAR-Montoneros y demás organizaciones de superficie -JP, JTP, JUP, FVP, etc) fueron ese 1º de mayo a cuestionar directamente al líder del movimiento, con la consigna “¿Qué pasa general que está lleno de gorilas el gobierno popular?”; segundo, que ante la respuesta furibunda de Perón, dos tercios de esa Plaza se retiró, no fue expulsada, sin responder a las agresiones de la derecha sindical, es decir, la mayoría le dio la espalda al líder por quién había apostado a sangre y fuego su retorno.
Esto vendría a ser como que en una movilización en el día de hoy, la mitad de la Plaza de la Revolución le haga un desplante a Fidel, o Chávez convoque a los bolivarianos y estos peguen media vuelta dándole la espalda (hablando siempre en términos de convocatoria de masas y que nadie supo desde 1810 a la fecha, convocar a tanta gente como Perón y que en Ezeiza, la Tendencia movilizó a unos 2.5 millones de personas, esto es en aquella fecha, que uno de cada tres argentinos fue a buscar al líder).

Y tercero, Bayer afirma que para la Tendencia, “Perón seguía siendo la revolución”. Como diría el Padre Mugica, “el peronismo es demasiado complejo como para tomárselo tan a la ligera”, cosa en la que Bayer cae constantemente. Cualquier persona, por ínfimo grado intelectual que posea y que haya al menos leído que pasó en esos años, puede hacer una diferencia entre Perón y peronismo. Una cosa es Perón, que artoevidente no volvió de España a hacer una revolución, y otra cosa es el movimiento peronista, cuya izquierda encabezada por Montoneros no era “peronista pura”, pero tenía bien en claro que el sujeto histórico revolucionario, en aquel entonces, pasaba por el peronismo y el pueblo peronista, aunque Bayer hubiese preferido que el pueblo sea anarquista o vaya uno a saber qué identidad es del paladar de este escriba de “izquierda”.
Pero le guste o no, el pueblo siguió siendo peronista, según mostraron las movilizaciones populares y las urnas, tanto con Perón como con los deformes liberales que se calzaron el sayo peronista desde su muerte en adelante.
Valga la redundancia que el propio Bayer califica al peronismo de Menem como la antítesis del verdadero peronismo, con su liberalismo y destrucción de la industria nacional, por lo que en su eterno enredo, mientras Perón estuvo vivo, su política era entonces, siempre según el propio Bayer, antiliberal e industrialista.

Otro descubrimiento científico del Sr. Osvaldo Bayer, es que “Argentina fue gobernada desde 1916 por sólo dos partidos; el radical y el peronista; y por 14 dictaduras militares”. Le van a dar el Nóbel.
A esto cabe una respuesta del propio Perón: “La única verdad es la realidad”. Así que lo lamente o no el Sr. Bayer, por capacidad propia e incapacidades ajenas, estos dos partidos se repartieron el poder desde 1916 a la fecha.
El Sr. Bayer se lamenta porque “Argentina no tiene ningún Allende”. Tal vez le hubiese gustado que el poder haya sido tomado por el PCR, que actuó infiltrado hasta los tuétanos por la Triple A, a la que acusa sin falta de razón de nazi, pero que casualmente dedicó su caza a militantes del peronismo de izquierda y del PRT-ERP.
Tal vez hubiese querido que el poder haya sido detentado por el benemérito PC Argentino, que supo marchar junto al embajador estadounidense en 1946 para enfrentar a Perón, que celebró el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, que se mantuvo indiferente a todos los golpes de Estado y tuvo un apoyo crítico a Videla (que se resalte lo “crítico”) para no entorpecer el comercio entre Argentina y la URSS, lo que hubiese redundado en una “caja” más chica para este auténtico partido político semejante a una carrera universitaria de la burocracia para vivir de la política desde la más temprana militancia. Se olvida Bayer que quien, pese a Estados Unidos, abrió el comercio con la URSS y el bloque socialista fue el primer gobierno peronista, y que respecto a Cuba, Allende no envió ni una caja de aspirinas a la isla y el bloqueo fue roto por el propio Perón, versión nazificada, en su retorno al poder.

Y por último puede que Bayer hubiese preferido que el PRT-ERP tomaran el poder como vanguardia esclarecida, que con Cámpora en el gobierno siguió su lucha para llamar al diálogo y ofrecerle una tregua nada más ni nada menos que a Isabelita y López Rega.
Al lamento de la falta de un Salvador Allende en nuestro país, le faltaría aclarar al Sr. Osvaldo Bayer la posición torpe de las vanguardias de izquierda chilenas que no hicieron otra cosa, en su mayoría, que acelerar la caída de este.

Para Bayer, Perón huyo de forma patética, en vez de inmolarse como Allende. Algo discutible, Perón partió al exilio y Allende eligió la gloria. La gloria, decía un escritor, en un bronce cagado por palomas.

En su “ponencia sobre el peronismo”, Bayer dispara la tradicional acusación de que aquella (la peronista) era una democracia apoyada básicamente porque era la que más limosnas daba. En todo caso, devolvió al pueblo lo que le correspondía. Según la izquirda que Bayer dice representar, si Perón daba, eran limosnas de un demagogo, si no lo hubiese dado, hubiese sido otro presidente más al servicio de la oligarquía. Y para salir del terreno de las limosnas, sería un tanto complicado calificar de limosnas en entregarle al pueblo la porción de la torta más grande que recibió en su historia, esto es, cuando el 1949, el 49% del PBI iba a las manos de los que menos tenían, es decir, la riqueza se repartía en partes iguales entre los poderosos y los trabajadores. Inclusive con el retorno del peronismo en 1973, se elevó del 30% al 43% en 18 meses, la participación de los trabajadores en la riqueza nacional. Hoy apenas sobrepasa el 20%, pero Bayer sigue diciendo que el acceso al trabajo, a la salud pública y a la universidad al alcance de los trabajadores, simplemente “limosna”.

Durante todas las dictaduras que invadieron nuestro país desde 1955 hasta 1983, le guste o no al Sr. Osvaldo Bayer, la única resistencia popular que tuvieron fue encarnada por el peronismo. Desmembrada, no organizada, medianamente organizada, en sus principios, o altamente organizada pero miope en sus cálculos con Videla y la banda de criminales que le siguieron, fue la izquierda peronista la que se opuso a las dictaduras. No fue Codovilla, que además de su gorilismo, se opuso a toda respuesta contra las dictaduras, sino un peronista, John William Cooke, el grado más alto de intelectual revolucionario que parió este país. Perón “huyo patéticamente” tras las criminales botas de Aramburu, pero fueron peronistas quienes ajusticiaron a este en 1970.

Ahora Bayer culpa a Kirchmer de no formar un nuevo movimiento nacional y popular, despojándose del PJ y todo su aparato, y alianzas con la UCR. ¿Pero con quién construir la alternativa? Si el Sr. Osvaldo Bayer piensa que se encontrará la solución con una coalición con el circo del Luna Park (Bonasso, D’Elía y poco y nada más), poca esperanza cabría en el Campo Nacional y Popular.

Y en este punto, el Sr. Osvaldo Bayer vuelve a demostrar su incoherencia y desvarío político: al pretender que Kirchner funde un nuevo movimiento, Bayer sigue depositando las esperanzas del país en el peronismo.

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