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HERRAMIENTAS

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Gatillo Fácil: Caso Gastón M. Flores
"Tonchi"
Por José Luis Zamora
Publicado digitalmente: 16 de febrero de 2005

Disparos en la madrugada.

Esa madrugada, la del 3 de marzo de 2002, quedará, quizá, para siempre grabada en la memoria y corazones de: Juan Baffico y Diego Correa, dos muchachos que de milagro sobrevivieron a una atroz persecución y balacea que les propinó - mientras circulaban con un coche por la zona de La Tablada junto a un amigo en común: Gastón “Tonchi” Flores - el Comando de Patrullas de la comisaría 13ra de La Matanza en complicidad con un integrante de la D.D.I. de la misma zona: El sgto ayte. Gerardo Rodolfo Azamé alias “El Turco”. Si bien, un conjunto de angustia, incertidumbre y rabia se reflejará, todo ello junto, como una ardiente llama de indignación en el resto de vida de quienes pueden contar ahora la experiencia, no ocurrirá lo mismo con “Tonchi” a quien el cabo lro. Osvaldo Pascual Gómez, (leg. 147387) empuñando una Itaka cal. 12/70 con munición de plomo, determinó “fusilarlo” a quemarropa sin que existan indicios que señalaran “alguna prueba” que “justificara” dicho proceder. A la hora de morir Gastón se encontraba absolutamente indefenso. Tenía sólo 22 años.

LOS HECHOS.

De un único lado partió una balacera sin sentido.

De sólo recordar los hechos sufridos que lo tuvieron como uno de los protagonistas - involuntario, al igual que sus dos compañeros - en Juan, se agolpan los recuerdos y sensaciones que derivan al espanto o al tormento indistintamente. Por ello, relata que aproximadamente a las cinco de la madrugada, los tres amigos del barrio regresaban de un cumpleaños festejado a un conocido de “Tonchi” apodado entre ellos como “El Toro”. Juan Baffico no había participado, sólo los había ido a buscar. Se trasladaban en un Fiat Uno, color azul, patente: AHL-278. Habían tomado, en principio, Provincias Unidas hasta la rotonda de San Justo; de allí, Camino de Cintura hasta la otra rotonda, la de Tablada siguiendo el recorrido por avenida Crovara. El dueño del auto: Juan, manejaba a una velocidad normal; su acompañante era Diego; atrás, se ubicaba Gastón que por momentos iba del lado izquierdo, de a ratos, para poder conversar más cómodo se sentaba en el medio del asiento trasero. Todo iba bien, se encontraban alegres. Al llegar al semáforo existente en av. Crovara y Arieta Juan detuvo la marcha por indicación de la luz roja. Vio a unos tres o cuatro metros por delante de su automóvil, que en la bocacalle se encontraba cruzada una camioneta de color blanca y que detrás de ésta había una persona de civil. En principio -recuerda muy bien- dicha persona a él le daba la espalda, pero para su sorpresa de golpe giró sobre sí empuñando un arma plateada con la cual directamente le apuntó a su cabeza. Al auto, lo mantenía frenado, pero ante tal situación de riesgo se asustó tanto que no se explica cómo hizo para poner primera marcha y pisar el acelerador. A pesar que “el vidrio de su ventanilla se encontraba por la mitad”, no escuchó que quien lo amenazara con un arma de fuego le indicara algo; sólo sabe que su único pensamiento pasó por la de escapar a toda costa de la situación descripta. Pensaba lógicamente que en dicha persona estaba el propósito de asaltarlos. Debido a ello no miró por el espejo retrovisor por si alguien más se encontraba en el lugar. Ni falta hacía. Por otra parte, ¿Quién lo hubiera hecho? Se trataba de una situación límite. Debido a ello arranco “arando” su Fiat, (repito, la situación hacía menester la reacción) desde ese instante, comenzaron a escuchar incontables detonaciones de armas de fuego. Juan, sólo puede hablar por lo que sintió él en ese momento; pensó que quien disparaba era la persona que le había apuntado sin otro motivo aparente que con el propósito de asaltarlos momentos antes. Por los impactos recibidos les pareció que el auto podía llegar a “destartalarse”. No escuchan sirenas, ni vieron luces de balizas prendidas, se imponía por sobre todo una infernal balacera. El informe de Balística n° 347, fdo por Krauz, Hugo, perteneciente al gabinete de rastros, nos detalla sobre los impactos recibidos en el auto de Juan: 8 orificios de entrada de proyectil sobre la tapa del baúl. Uno en la parte inferior del vidrio de la luneta trasera, otro sobre el burlete de goma lateral izquierdo. Tres improntas ocasionadas por proyectiles en la superficie del paragolpes trasero de plástico oscuro. Una impronta en parante izquierdo y parante transversal superior de la tapa de baúl. Tres en parabrisas delantero lateral izquierdo superior, un pasaje de proyectil. En el sector del lateral interno, sobre el techo, una abolladura producto de un disparo con trayectoria de atrás hacia delante. En suma, en su conclusión expresa en uno de sus párrafos: “Que los orificios contabilizados “impresionan” por su disposición y por haber sido producidos por proyectiles “múltiples” de armas de fuego”. El Fiat Uno, extrañamente, fue introducido dentro de un patio interno de la comisaría actuante, cuando debería haber sido dejado en la calle como sucede con las demás causas.

Nos salvamos... la policía.

Completamente justificada - como pudimos apreciar - la “huida” de los muchachos ante una situación de tal magnitud; Juan hace hincapié en que por desesperación, que conlleva a un lógico temor, era impensable suponer que se hubiera “acordado” - respetando las leyes de tránsito - mirar por el espejo retrovisor. Inaudito sería exigirle también eso. Debido a ello pensó que no había nadie más en el lugar, menos... la policía. Se supone que se trataba de una clara actitud de robo a mano armada por parte de ese individuo solitario junto a una camioneta solitaria en medio de una avenida. ¿Qué otra cosa? Pero sí, había alguien más; y ese “alguien” era: “El Comando de Patrullas de La Matanza a bordo del móvil nro 29075”. Dicho Comando (palabra en sí siniestra) estaba compuesto por: Juan Barrionuevo - cabo - leg. 146600; René Montenegro - cabo 1ro/chofer - leg. 144872 - Osvaldo Pascual Gómez - cabo 1ro/acompañante - leg. 147387. En su alocada carrera a la nada - sólo pisaba el acelerador para salvaguardar la vida de todos - a unos ciento cincuenta metros aproximadamente sí pudo ver por el lado del acompañante un móvil policial que, sin sirenas ni balizas prendidas trataba de sobrepasarlos. Por la mente de Juan pasó fugazmente la idea: “nos salvamos, la policía”, ya que imaginó, como asegura, ésta iba en vuestro auxilio. Se equivocaba. Y feo. Juan entonces decidido pisa el freno.

“Me parece que me dieron”.

Sólo ahí en ese preciso intervalo de tiempo entre la detención del vehículo y el descenso por parte de los tres del mismo, ya que durante toda la balacera nadie dijo palabra alguna, o lo más lógico algún grito alguna indicación, nada, fue cuando “Tonchi” les avisó tomándose el hombro izquierdo: “me parece que me dieron”. Iban a ser sus últimas palabras dirigidas a sus amigos.

Lo fusila.

Al bajarse los tres uniformados de la bonaerense del patrullero, uno de ellos, se dirigió resueltamente a Juan tomándolo del cuello e insultándolo; los dos restantes, fueron hacia el lado derecho del Fiat Uno al encuentro de Diego y Gastón. Los muchachos ya habían bajado del auto con los brazos en alto tratando de explicar que ellos no habían hecho nada malo. Dada la situación, reinaba incertidumbre en el grupo agredido. Se daban cuenta que no eran sus salvadores, se trataba de sus verdugos. En la parte trasera del auto Juan fue tirado boca abajo y esposado por detrás sobre el boulevard, luego, fue arrastrado hasta la altura de un macetero donde desde allí podía ver el Fiat de frente, en forma completa. Escuchó una detonación de arma de fuego y alcanzó a ver a su amigo “Tonchi” retroceder unos pasos para luego caer violentamente detrás del auto. Inmediatamente a ello, a Diego, que también se encontraba ya reducido, fue colocado junto a Juan, cabeza a cabeza. “Tonchi” al momento de descender del auto trataba de demostrarles a los policías que se encontraba herido, es por eso que se levantaba la remera para mostrar las lesiones sufridas en la espalda. Esta actitud o este movimiento, de una lógica y sentido común para cualquiera, resultó fatal para él ya que para su verdugo se trató de una “actitud amenazante o sospechosa”. Gómez, sin palabra mediante, con toda sangre fría en acción, a metro de distancia, tal vez menos, no dudó en apretar el gatillo de su Itaka 12/70 y terminar, absurdamente, con la joven vida de un inocente: Gastón Matías Flores, “Tonchi” para los amigos que lo querían.

Manchas de tinta sobre la persona.

Se sabe, que cuando a una persona le cuelgan un San Benito sobre las espaldas, luego, de comprobarse todo lo contrario a lo que se dijo de ella, de evidenciarse su total inocencia, le resulta ante la sociedad una tarea muy difícil de revertir. Cualquiera de las calumnias que fueron vertidas, provocadas generalmente por un sector determinado, del ámbito que se trate, por falta de idoneidad y absoluta responsabilidad, es causal de daños irreparables. Ni siquiera una reparación económica como se cree o se sostiene, limpia el honor de las personas, al contrario, lo oculta, lo envilece y contribuye de esta manera a que siga fomentándose irremediablemente, “alegremente” parafraseando a Rodolfo Walsh: “la secta del gatillo”. En este caso - es una constante de los medios sensacionalistas - leamos la descripción, del hecho producido esa madrugada, que hace el diario “Crónica”, pág. 13, del día 05 de marzo de 2002. “Que el episodio comenzó en la esquina de Arieta y Crovara en Tablada. Un grupo de policías pretendió interrogar a tres jóvenes que circulaban “en actitud sospechosa” en un Fiat Uno, color azul con vidrios polarizados. Pero los desconocidos “emprendieron una veloz huída” en el auto y fueron perseguidos por los uniformados “generándose un bestial tiroteo” que terminó con el deceso de uno de los muchachos que fue identificado, en forma oficial, como Gastón Flores, de 22 años. Los restantes hombres, ambos de 23, pudieron ser reducidos por los funcionarios que dijeron haber incautado, en poder de los individuos, un revólver colt 38 largo y cinco cartuchos para recarga “en las manos del occiso”. El sangriento caso es investigado por los pesquisas de la DDI de La Matanza encabezados por el comisario inspector Ricardo Antonio Vitali. En la causa tomó intervención el Dr. Sergio Carrera Fernández, fiscal de turno de la UFI nro 6.” Marquemos los errores de dicha nota. Primero, el Comando de Patrulla de La Matanza jamás pretendió interrogar a los muchachos, sólo se limitó a balearlos en persecución con claras intenciones de provocar la muerte de los ocupantes del vehículo. Segundo, en ningún momento se dio lugar a “un bestial tiroteo”. Para que ello ocurra debería haber habido intercambio de disparos de parte de ambas partes. No sucedió. Tercero, no se molestan siquiera en dar los nombres de los integrantes de la patrulla, pero sí se encargan de “ensuciar rápidamente” el nombre y honor de la persona que resultó muerta. No se puede defender, por lo tanto es más fácil. Cuarto, el revólver aludido en la nota fue plantado por los policías y existen cientos de testigos que pueden dar cuenta y fe de ello, bastaba con averiguar durante cinco o diez minutos por las calles del barrio. Quinto, en actas policiales - no hablemos de declaraciones testimoniales porque fueron hechas días después de esa nota periodística - no se hace mención de que en las manos de “Tonchi” se hubieran encontrado cinco cartuchos de balas para su uso. Repito, en “sus manos”. Según el perito, fueron encontradas dentro del auto Fiat Uno. Se demostrará que fueron plantados. Sexto, evidentemente, la única versión que escucharon fue la que “les arrimó” la propia policía, cuyo intermediario fue el “solícito” comis. Insp. Vitali; los corresponsales para este diario no existen, o carecerán de presupuesto para recabar información en el lugar de los hechos El artículo fue, además, mal titulado: “Jóvenes fueron ultimados en tiroteo con policías.”

Un parte preventivo-un acta de procedimiento.

El folio nro 8, de fecha 03-03-02, pertenece en la causa al Parte Preventivo nro 234/02 cuya procedencia corresponde a la comisaría Matanza 13ra de La Tablada. Está firmado por el subcomisario Mario Antonio Contreras y por el ofic. Subinsp. Diego Fabián Estivala. En dicho documento nos vamos a encontrar con demasiados interrogantes a puntos oscuros, que en lo posible voy a tratar de ir rebatiendo, uno a uno, por falaces y arbitrarios. 1) “Que promediando las 05:15 hrs, el Cdo de Patrullas de Mtza “avista de repente”, al circular con el móvil 29075 por la rotonda de La Tablada, el desplazamiento de un automóvil Fiat Uno, color azul noche, patente AHL-278, con tres ocupantes, no pudiendo detallar sexo, en virtud de poseer el vehículo vidrios polarizados”. Analicemos este primer punto. En el “avistamiento repentino”. No sin antes dejar de aclarar o pasar por alto que existe en estas dos inocentes palabras de boca de oficiales policiales un llamado de atención para quien circula de noche por esas tierras bonaerenses, además de la contradicción en la que veremos incurren. a) Si era de madrugada, si pudieron “avistar de repente” - me hace recordar irremediablemente al caso Roldán, denunciado aquí en su oportunidad - el color y patente del rodado, si pudieron observar que las ventanillas del mismo poseía vidrios polarizados, que, siempre siguiendo el relato oficial, deducimos que no se encontraban bajos o semi bajos sino totalmente subidos, si pudieron a pesar de ello determinar que eran tres los ocupantes. ¿Cómo no pudieron determinar el sexo de los mismos? Raro, o al menos contradictorio, tendiendo a sospecha de mentira en camino, si recordamos lo que declaró Juan respecto a su ventanilla: “Se encontraba por la mitad”. b) ¿Y si a todo esto, se trataba de una familia atemorizada a ser asaltada - como ocurrió con los muchachos - dado la actitud del hombre que se encontraba al lado de la camioneta abandonada? Reafirmo, hay que estar atentos si se circula desprevenidamente por allí, porque evidentemente la falta de profesionalismo, de capacidad, de razonamiento, de sentido común, de al menos este Comando de Patrullas... es para tener miedo. Lo único que tienen en claro es... apretar el gatillo, especialmente cuando “avistan” algún vehículo que se les torna sospechoso. Después se evaluarán las consecuencias. Total, poseen la chapa de la impunidad permanente. 2) “Que dicho vehículo realizaba “una brusca maniobra” al observar el móvil policial, que le imparten la voz de alto y que lejos de acatarla emprenden veloz carrera por av. Crovara en dirección a Cap. Esquivando vehículos y cruzando semáforos en rojo.” ¿Brusca maniobra? ¿Esto es lo determinante para la policía, evidenciar y aseverar que se trata de delincuentes quienes efectúan o efectuamos o efectuaríamos en un posible momento una brusca maniobra con un automóvil? ¿Es sólo patrimonio de la delincuencia? Porque entonces me pregunto y me preocupa, ¿Qué me queda a mí, que manejo bastante mal? Ya debería haber sido acribillado a balazos hace rato. Y cada tanto. Se ve que tuve un Dios aparte al no toparme nunca con el Comando de Patrulla de La Matanza, y Dios no lo permita. Otra, ¿A qué distancia se encontraban separados uno de otro vehículo como para suponer que “una voz de alto” pueda ser escuchada? No está aclarado. ¿Cuántos semáforos en rojo cruzaron los chicos? Uno... dos... no está determinado. ¿Cuántos vehículos -potenciales testigos, seguramente- esquivaron los chicos? ¿Hay uno, tan sólo, que haya visto la maniobra y declaro? No. No existen. ¿Existieron? ¿Cómo es posible que se detuvieran en el semáforo en el que se encontraba “el Turco” si venían huyendo? Raro. 3) “Que un sgto. De la DDI Matanza observa la persecución aludida, identificado éste como Gerardo Rodolfo Azamé - leg. 116943 (actualmente preso por un caso similar-otro G.F.) y efectúa con arma de puño disparos en la parte frontal del automotor”. Esto lo dice el Parte Preventivo, reitero su nro 234/02, firmado por el subcomisario Mario Antonio Contreras. Dudas no caben, no es un invento periodístico, está. Entonces: Si este integrante policial alegremente balacea a un automóvil, sin tener el más mínimo conocimiento de situación, o sea, por las dudas, y además, en su declaración testimonial, fs. 22-23 dice “que intentó detener el rodado haciendo ademanes con las manos, “sin esgrimir un arma”... alguien miente y estamos en problemas. O miente el subcomisario Contreras, o miente el “Turco”. Careo. Es lo menos que pediría como juez de la causa. Porque en el caso que fuera como afirmó Contreras, su superior, en el parte aludido, Juan Baffico no sólo no miente sino que no vio ni sufrió de alucinación alguna o algo que se le parezca, el arma plateada en las manos del sgto Azamé apuntando directamente a su cabeza, existió. Que posteriormente haya entregado para su peritaje “otra” arma es “otro” cantar. Por consiguiente se deduce que lo más lógico y comprensible es que Juan se asustara y emprendiera “una veloz carrera” como señaló la policía y Juan no negara en ningún momento. Los que sí no mienten, quedaría demostrado, son los dos sobrevivientes a esta tragedia. 4) Sigue el parte del subcomisario Contreras develando: “Que disminuyeron la velocidad y pudieron “observar” que “casi” al detenerse el vehículo se abre la puerta trasera del lado del acompañante y “sacan” un arma de fuego efectuando disparos hacia el personal, sin lograr impactar ningún proyectil, ni herir a efectivo policial alguno. Que luego de detenido el vehículo descienden rápidamente del mismo sus tres ocupantes, los cuales dejan las puertas delanteras y trasera del lado derecho abiertas, permaneciendo junto al rodado. Que quien bajó del lado trasero derecho “volvió a disparar con un arma de puño” contra el personal policial. Bueno, bueno. ¿En plena persecución disminuyen los muchachos la velocidad? Es la primera vez que me entero que delincuentes - se supone desesperados por zafar de la situación en la que se encontrarían - disminuyen la velocidad de un vehículo en fuga. La primera vez. O carecían de experiencia en “huidas” o “no huían”. Recordemos la declaración de Juan: “nos salvamos, la policía”. Sí, Juan pudo haber disminuido la velocidad de su coche, pero por “ese” motivo específico, no para “enfrentarse en feroz tiroteo” con sus supuestos salvadores, como quieren hacer que creamos a toda costa los uniformados. En cuánto a los disparos efectuados contra el personal policial transcribo lo declarado por Gómez en fs. 78 a 81, dice: “Qué vio como se abría la puerta derecha del Fiat Uno, a la vez que un “sujeto masculino” “sacando parte del cuerpo” apuntaba y efectuaba “uno o dos” disparos con un arma que no llegaron a impactar al móvil y que al sacar parte del cuerpo “se sostuvo con la mano izquierda del parante del medio del automóvil” y con la derecha es con la que disparó”. En cambio, en el parte preventivo dicen que “sacan un arma de fuego efectuando disparos”. “Disparos”: quiere dar a entender que debieron de haber sido en cantidad: dos o más. Gómez dice “uno o dos”. Y se agrega siempre en el mismo parte que al detenerse el vehículo Tonchi volvió a efectuar un disparo más. En suma contabilizamos, seguro, tres disparos. ¿Cómo es que se encontraron dos vainas servidas, tres cartuchos intactos? Las cuentas no dan. Para estar bien seguros, veamos lo que agrega el ya “legendario” parte preventivo, fabricado por la Bonaerense: “Que se incautó un arma hallada “en el interior” del Fiat Uno, revólver cal. 38 marca Colt, n° 125277ª, con capacidad para 5 cartuchos, “tres cartuchos intactos” y “dos servidos”. En cuanto a la ”posición” de tiro que - supuestamente - Tonchi habría adoptado para disparar con el auto en movimiento, exponiendo más de la mitad de su cuerpo, la puerta trasera abierta, más él aferrándose a el “parante medio”, dicha declaración carece de consistencia por cuanto que, a extrema velocidad, con la puerta abierta, ésta hubiera tenido, seguramente, un vaivén u oscilación que ocasionaría presiones simultáneas y dolorosas sobre la mano de Tochi aferrada al parante medio, y alguna magulladura o corte en la misma lo hubiera indicado. La autopsia sobre el particular no hace referencia alguna. Además, en todo caso, de haber sucedido que Tonchi sí efectuó disparos contra el personal policial, es de suponer que lo más lógico o coherente hubiera sido que eligiera hacerlo sin exponer la “mitad de su cuerpo” sólo “sacando” el arma por la ventanilla abierta. 5) Volvamos al momento en que el móvil policial le da alcance al Fiat Uno. Dice Gómez en su declaración: “Que lograron sobrepasar el Fiat Uno y se colocaron a “un par de metros” adelante. Y que previamente a ello, se bajó él y Barrionuevo “casi a la altura de la trompa” del mismo.” “Que en primer término se bajaron del Fiat Uno el chofer (Baffico) y el acompañante (Correa) ofuscados, haciendo ademanes con los brazos y gritando: “eh, no estamos haciendo nada”. “Que el ve que de la parte de atrás del auto sale un tercer “sujeto” con “una de sus manos en la cintura” “como si tuviera un arma” en la cintura”. (...) “Que el “sujeto” lo miraba, que avanzó hacia él, como que se le venía encima “siempre con la mano en la cintura”. “Que por ello efectuó un disparo con la escopeta, la cual tenía colocado un cartucho con posta de guerra, con dirección al piso”. “Que al impacto retrocedió unos pasos y se fue cayendo de a poco hasta que finalmente “se recuesta despacio en el suelo”. “Que movió un poco la cabeza para un lado tomándose la zona del abdomen y que luego no se movió más”. Si Gómez se había asegurado que el cartucho en su Itaka fuera una posta de “guerra”, existe implícitamente la certeza que era consciente que con ello podía matarlo si le disparaba. Lo hizo. Pero, ¿Qué más hizo Gómez aparte de disparar? ¿Qué hizo Gómez mientras Tonchi agonizaba? ¿Se quedó inmóvil mirando como se desangraba en su agonía? ¿Pidió auxilio para su atención médica en aras de salvar una vida? Nada de ello. Esto es lo hizo Gómez según testigos presentes: Aprisionó con su borceguí la espalda de Tonchi, todo el corto o largo espacio de tiempo en que agonizó, en actitud de no permitir que se moviera. Cuando Gómez en su descargo dice en referencia a cuando Tonchi recibe el disparo: “Se recuesta despacio en el suelo”. También miente. ¿Quién puede creer semejante estupidez? ¿Puede alguien “recostarse despacio” después de recibir un disparo de cal. 12/70? El sgto, por muy poquito no dijo que estuvo a punto de “ofrecerle” un almohadón de plumas de ganso para que la caída no le ocasionara daño alguno. Así, bestialmente, fusiló a un chico inocente haciendo abandono de persona al ignorar y negarse a brindarle atención médica inmediatamente después de haberlo “fusilado”. Agrega tres frases que demuestran fehacientemente la ineptitud de Gómez para vestir un uniforme policial y el desprecio absoluto por la vida de un ciudadano al cual tenía la obligación de asistir, de servir... no de matar. Dice Gómez: “Que “no vio”armas”. “Que todo hacía “suponer” que estaba armado”. “Que “posteriormente” se enteró que dentro del Fiat Uno se halló un revólver cal. 38”. De menor a mayor: O Gómez es un inexperto dentro de la fuerza policial - lo cual agravaría aún más también a la “institución” - que de hecho ya lo está - o es un mentiroso psicópata o asesino psicópata, o la combinación - lo más seguro - de estas dos ultimas. Al bonaerense le “pareció como si tuviera un arma” pero nunca la “vio” e igual “supuso” que estaba armado, aunque más tarde se “enteró” de su existencia física. ¿Cómo, no venía Tonchi disparando en la supuesta huída en “feroz tiroteo” con medio cuerpo afuera? ¿No efectuó, entonces, Tonchi un tercer disparo al bajarse del auto? Sin no, no se explica, como Gómez después dice que no vio arma alguna. Que miente, miente. Gómez es un mentiroso absolutamente siniestro, que demuestra tuvo intención y ganas de asesinar a alguien esa madrugada. Y que lo logró. Y que la víctima que eligió era inocente. Para finalizar sobre su “personalidad” se puede agregar que es sádico y torturador. ¿Qué otra cosa se puede decir de alguien que pisa la espalda de un moribundo? Pregunto: ¿Existe algo peor? Todo esto se corresponde con un simple parte preventivo y un acta de procedimiento.

El arma “encontrada”.

Para comenzar con el tema del revólver marca Colt encontrado dentro del Fiat Uno de Juan, se verá cómo se van a ir desanudando las “acostumbradas” mentiras, una a una, hasta llegar a la comprobación, una vez más, que para “plantar” un arma - cuando se tiene que justificar una aberrante acción policial - cada uno de los que interviene cumple una función especialmente estudiada para llevarlo a cabo. Y aquí no sólo mienten comisario, subcomisario, ayte o el mismo Gómez. Mienten los peritos, toda la brigada o comando, miente el Turco Azamé, mientes los demás “compañeros” - omitiendo la denuncia - que “socorrieron” en su auxilio - varios patrulleros - y estuvieron en la escena de los hechos y “observaron”. Y si nos descuidamos nos puede llegar a mentir hasta el perro “olfateador”, que posiblemente tengan, por miedo de mandar en “cana” a sus camaradas. A ver si nos damos cuenta que estos muchachos de vez en cuando “se dan”. Porque no se explica tanta complicidad, tanta excitación en el trabajo cotidiano. Muchachos de la comisaría 13ra de La Matanza... aflojen. ¿Cómo hizo Tonchi para: bajarse del coche herido en la región dorsal, producto del rebote de esquirlas de los disparos que ingresaron en el interior del mismo mientras eran perseguidos por el móvil 29075 al mando de Gómez (- lo demuestran la autopsia, también el peritaje posterior efectuado al rodado Fiat y a fs. 141 Acta de Constatación del escribano Adan Néstor Segurado, escritura 104 de fecha cuatro de marzo de 2002 donde dice: “Deja constancia de la autenticidad de diversas reproducciones fotográficas que se ha obtenido del cuerpo de Matías Gastón Flores, velado en la Cochería Lauría, Eizaguirre 2488, San Justo. Determina “diversos impactos de bala” en la zona dorsal directamente atrás de la nuca, en la baja espalda, herida de gran tamaño en el frente de su cuerpo en la zona del bajo vientre” -) recibir un disparo de Itaka a quemarropa, el cual lo hace salir despedido violentamente hacia atrás (- no como dice Gómez, dado que sería inverosímil pensar que “se recuesta despacio en el suelo” -) y esconder arrojando dentro del rodado la supuesta arma que tenía en su mano instantes antes y habría disparado una vez más, arma que tampoco Gómez vio? ¿Resto de fortaleza física? No se me ocurre dado las múltiples y graves heridas recibidas; ¿habilidad? En ese momento sería pedir mucho; ¿frialdad? Menos ¿picardía? Descarto. Y podría seguir conjeturando toda una vida y no le encontraría lógica que me pueda convencer. Claro, viéndolo del lado de la víctima, que recibe -sin esperarlo- un disparo a quemarropa de un calibre de la magnitud de 12/70. Dije a “quemarropa” y lo recalco bien para que se entienda, porque pareciera que es cosa mía, y no, lo reafirma Gómez sin querer: “un par de metros, uno de otro”, y un par siempreesde a dos. Dos metros. Sucede que si busco “habilidad”, si busco “frialdad”, si busco “picardía” y no por separado, sino todo junto, lo más seguro es que lo encuentre en la persona de Gómez, no de la víctima. Ya demostramos que es un mentiroso, pero además es frío -de otra manera no podría haber fusilado a una persona como lo hizo- tiene picardía - justamente para dar vueltas las cosas - y es habilidoso... para torturar y matar. Gómez se convierte así en un “emblema” del sistema que al servicio del mismo éste no dudad en ampararlo. ¿Cómo? Veamos como actuaron los peritos para “plantar” un Colt 38 en el lugar de los hechos y embarrar la cancha. En una palabra, encubrimiento. El acta de procedimiento dice: “que Flores cae al piso abatido “inmediatamente” y que “desprendiéndose” de una de sus manos el arma que portaba, ésta cae en el habitáculo del vehículo, “precisamente” en el piso del lado derecho del asiento trasero”. Con “inmediatamente” dan a entender que Tonchi no tuvo tiempo a nada. Con “desprendiéndose”, lo único que se puede llegar a interpretar es que el arma “volaba”. Con “precisamente”, dan a interpretar que “justo” ahí es donde Tonchi quería esconder el arma una vez herido de muerte. ¿Es posible? Sólo un incauto, más, un imprudente puede comerse este sapo de la Bonaerense. Cuentan los cientos de testigos que se encontraban curioseando el desenlace, si se quiere epílogo de una muerte provocada con saña a un chico del barrio que, al arribo de los peritos, éstos estuvieron “dando sólo muchas vueltas alrededor del automóvil y del cuerpo de Tonchi como si no supieran por donde “arrancar”. A fs. 51 del libro de guardia de la dirección Dptal Policía Científica La Matanza se registra la salida del personal al lugar de los hechos a las 05:45 hrs en móvil n° de orden 4639 y morguera n° 25568. La lista del personal es el siguiente: Coordinador - Gabriel Barrios - leg. 23442 - ofic. subinsp. Médico policial- Dra. Alejandra De La Valle - leg. 22737 - ofic. subinsp. Eviscerador- Carlos Gudiño - leg. 102656 - sgto ayte. Planimétrico - Daniel R. Caracho - leg. 113258 - sgto ayte. Perito balística - Daniel A. Caravajal - leg. 146051 - cabo 1ro Levanta rastros - Hugo A. Krauz - leg. 136212 - cabo 1ro Todo un “verdadero equipo de trabajo” sólo para un cometido: plantar un arma y salvar a un “camarada”. Los vecinos se estaban equivocando en la apreciación que tenían en los primeros momentos de su arribo al lugar, no es que los peritos no sabían por dónde arrancar, estaban aguardando una oportunidad para aplicar la reservada picardía que los caracteriza. Vieron como apurado llegaba “el Turco” Azamé, una vez allí se cambiaba de remera, daba órdenes a sus subordinados y luego “conversaba” con un perito. Mientras tanto al bonaerense fusilador se lo retiraba del lugar en resguardo de su integridad física - aunque en ningún momento sufrió amenaza alguna - pero se trata de un método de “trabajo” que prevalece en cualquiera de las fuerzas represivas estatales. (Idéntica situación se vivió en Floresta el día de la Masacre, provocada por otro fusilador: Juan de Dios Velastiqui, el cual fue retirado rápidamente del lugar de los hechos, quedando detrás de sí el desastre provocado: El burdo amontonamiento de cuerpos muertos de tres chicos del barrio de Floresta en una estación de servicio - en ese caso también fueron plantadas armas alcanzadas por “alguien” en un coche color azul). Ahora, en el caso que nos ocupa, en el afán de llegar a su cometido, como primer detalle de la torpeza con la que actuaron, hay que remarcar que, los peritos no tomaron las pruebas para efectuar un dermo-test de las manos de Tonchi. “Se olvidaron” o tal vez peor: se “les perdió”. Uno de los peritos identificado por el hermano de Tonchi se corresponde a una persona de unos 35 años, cabello negro peinado para atrás, alto, tez trigueña, contextura robusta. Lo reconocería hasta en las fotografías, según declaró. Eduardo relata lo que muchísimas personas presentes también vieron. El perito aludido anteriormente se acercó al rodado con una carpeta con hojas para anotaciones en una de sus manos, transportándola como si se tratara de “una bandeja”. Que debajo de ésta llevaba “algo” que en un primer momento no pudo determinar. “En un primer momento”, luego sí. Continúa diciendo Eduardo que, el perito ingresó parte del torso a la parte trasera del Fiat quedando los pies apoyados en el asfalto. La siguiente secuencia la recuerda claramente. Dice: “Apoyó la carpeta en el asiento en la parte de atrás del lado del acompañante, luego la retira y saca de debajo de ésta un revólver”. “Lo colocó junto a unos proyectiles arriba del techo del Fiat a la vista de todo el mundo, señalándola para que la gente la viera. Pero la gente ya había visto demasiado, dado que hasta los mismos proyectiles fueron vistos como eran extraídos en una rápida maniobra de uno de sus bolsillos del pantalón del perito en cuestión. Era más que evidente que si una gran cantidad de testigos que habían observado el interior del coche durante todo el tiempo que estuvieron en el lugar y no habían visto nada hasta la llegada y actuación de los peritos, algo demasiado burdo y torpe se estaba “cocinando”. Es por ello que todos coinciden en increpar dicha “actitud”, que se corresponde con el tan mentado “espíritu de cuerpo”, tantas veces visto en procedimientos similares. La declaración de Eduardo se corresponde a fs. 287-288-289. Otros testigos coinciden en un relato similar. A fs. 194-195-196, Javier; a fs. 144-145-146, Víctor; a fs 135-136-137, Sebastián; a fs, 147-148-149, Carlos; a fs. 150-151-152-153, Ángel Julián, quien además aporta agregando que “uno de los peritos se encaminó hasta donde estaba una persona de civil y que recién había llegado”. ¿”El Turco” entregándole el arma y proyectiles en cuestión?

Dos testigos importantes.

Existen dos testimonios importantes para la causa. Uno es el de Luciano y el otro se corresponde a Javier. Por razones obvias no daré sus apellidos. Primer testimonio: A fs. 192-193, Luciano nos cuenta que el día posterior al velatorio de Tonchi, en la playa de Isidro Casanova, junto a su novia, tomaron un remís y se dirigieron a la casa de ésta. (Ella conoce el nombre de la remisería). Luego de dejarla en su domicilio, él siguió viaje hasta el suyo. Aclara, destino final. En el trayecto se puso a conversar con el chofer - manejaba un Renault 9 - y salió el tema de la muerte de Tonchi. La versión de los hechos dada por el remisero es la siguiente. En primer término, le aclara que, había visto cómo la policía se había equivocado con los chicos de un Fiat Uno. Comienza el relato diciendo que cuando él circulaba con su remís por Auchan es pasado por el Fiat el cual se detiene en un semáforo ubicado en Crovara y Arieta, a la vez que es pasado también por una camioneta policial que circulaba sin balizas, ni luces, ni sirena. Que vio a un costado de dicho semáforo una pick-up, manos o menos modelo ’80. Del interior de la misma salió una persona que con un arma apuntó a los ocupantes del Fiat y que “evidentemente” los chicos habrán pensado que el referido sujeto los iba a robar, que ante el susto “evidentemente” tampoco se habrán dado cuenta que atrás de ellos había una camioneta policial. Dice que vio salir al Fiat a toda velocidad, mientras el sujeto que había bajado de la camioneta disparaba contra el Fiat. Que al mismo instante los policías también efectuaron disparos contra el rodado y que no puede precisar pero que más o menos a unos doscientos metros el Fiat frenó de golpe. Que vio a tres chicos que con las manos en alto bajaban del auto. Un camión que pasaba por el sitio impidió por algunos instantes ver lo que seguía aconteciendo mas no le impidió escuchar una fuerte detonación de arma de fuego, concretamente un itakazo, y al tener nuevamente visión de los hechos vio a uno de los chicos en el suelo. Es todo lo que pudo observar el remisero con un aditamento personal: teme represalias por parte de la policía. Segundo testimonio: A fs. 194-195-196, Javier, de quien el abogado de Gómez asevera que tendría las facultades auditivas severamente dañadas, que aún así fuera, esto no le impidió ver lo siguiente: Que el día de los hechos se encontraba terminando de arreglar su taller mecánico, ubicado sobre avenida Crovara, justo enfrente donde se desencadenó el fusilamiento de Gómez. Estaba acompañado de amigos suyos: Leonardo, Patricio y Andrés, lo que posiblemente no pudo escuchar Javier, sí lo pudieron hacer tres testigos más que se encontraban junto a él. Las persianas del taller se encontraban levantadas y ellos en la vereda cuando escucharon detonaciones de armas de fuego. Alcanzaron a ver como el Fiat era perseguido a balazo limpio por el móvil policial y como los chicos bajaban con los brazos en alto. Seguidamente pudo ver a uno de los agentes - Gómez - encañonar resueltamente a la persona que había bajado de la parte de atrás del rodado y a una distancia que estima entre metro y metro y medio efectúa un disparo con una escopeta contra dicha persona - aclarando que en esos momentos no había reconocido ni el auto, ni sus ocupantes - quien emitió un grito de dolor y habría expresado algo así como que “le había arruinado la vida”. Continúa Javier en su testimonio: Alguien dijo: ¡No! , a lo que recibió como respuesta de parte de quien disparó (Gómez) un frío: “Ya fue”. Pudo ver también como el herido hacía intentos por levantarse al mismo tiempo que Gómez con uno de sus pies le impedía hacerlo. Vio caminando por la misma vereda del taller a un policía de civil, quien se saludó con los uniformados y que dicha persona estuvo “caminando la zona”. Seguidamente uno de los policías se presentó en el taller y le solicitó pasar al baño, pudiendo observar que dicha persona se encontraba “muy transpirado” y que al preguntarle que es lo que había pasado, éste le respondió “que se venían tiroteando” y que además agregó: “Mirá si son boludos... el auto es legal y es el titular”.

¿Qué dice la autopsia?

A fs. 10 a 15, de fecha tres de marzo de 2002, firmado por el Dr. Julio C. Cámera - legista - médico de Policía - MN 75866 - MP 37856 y el Dr. Eduardo José Bredo - subcomisario - médico de Policía - MN 83105 - MP 36472, dan la siguiente conclusión: “La muerte de Matías Gastón Flores se produjo por un paro-cardio-respiratorio traumático, por herida de arma de fuego en pelvis”. Ésta frase de sólo veinte palabras nos quiere informar en las consideraciones médico-legales lo siguiente:

A) Fueron perseguidos a balazo limpio. 1) “Un proyectil en región dorsal izquierda ligeramente por fuera de la línea de proyección del cuello y por encima del inicio de pliegue axilar correspondiente, el cual quedó alojado en el espesor del tejido celular subcutáneo por lo que no ingresó al interior del organismo y no produjo lesiones”. 2) “Un proyectil localizado en la región lumbar izquierda a unos 3cm de la línea media y aproximadamente sobre la segunda vértebra lumbar, que quedó alojado en el espesor de la masa muscular sobre la apófisis de la vértebra correspondiente. No ingresó al interior del organismo y no produjo lesiones”. 3) “El aspecto general de ambos proyectiles corresponderían a postas o munición de cartucho de escopeta de conformación de “plomo” desnudo esférico levemente deformados, por lo que se trataría de un único disparo de escopeta”. 4) “Una excoriación superficial de unos 3cm de diámetro localizada en la columna vertebral, en la parte media de la región dorso lumbar izquierda”. 5) “Una lesión contuso-excoriatíva infraescapular izquierda con desprendimiento epidérmico, compatible con roces de proyectil de armas de fuego que no penetra los tejidos”. Como vemos hasta aquí se confirmaría que los muchachos fueron tiroteados de parte de los uniformados y hay que agregar que con las heridas comprobadas en la región de su espalda, Tonchi no pudo - debido al dolor - hacerse el “Tarzán” colgando medio cuerpo fuera del auto aferrado a un parante en donde la puerta, además, le destrozaría la mano con el vaivén de ida y vuelta, como ya se expuso acabadamente.

B) Fue ejecutado sin miramiento. 1) Orificio de entrada. (Itakazo) “Gran herida contuso-perforante, redonda, de “50 mm” de diámetro, bordes netos, invertidos y ligeramente facetados, con anillo de contusivo circulante compatible con orificio de entrada de proyectil de arma de fuego localizado en la fosa ilíaca derecha, por donde se exterioriza espontáneamente el ciego y parte del intestino delgado. Se extrajeron 3 proyectiles en total con trayectoria de derecha a izquierda, levemente de arriba hacia abajo. A lo largo de su recorrido produjo la lesión de una serie de estructuras vasculares y viscerales que derivaron en una seria hemorragia interna que fue la causante del deceso de la víctima a través de un mecanismo de Shock- Hipovolémico. (Pérdida crítica del volumen sanguíneo)”. Si después de tomar conciencia del daño que puede producir y produjo sobre la persona de Tonchi un disparo de un calibre 12/70, se sigue insistiendo que tuvo intención de esconder un arma, no se sabe de lo que se está hablando y si a eso le sumamos que Gómez nunca la vio, menos todavía. Lo que sí sabemos es que tuvo además “pérdida crítica del volumen sanguíneo”, hecho que quizás con una atención médica inmediata se podría haber evitado si no fuera porque a Gómez, todo lo que se le ocurrió como ayuda humanitaria, después de fusilarlo, fue decir “ya fue” y por si fuera poco pisarle la espalda para que no se moviera y por consiguiente se desangrara mientras agonizaba.

¿Qué dice el análisis toxicológico?

Habla por si sólo: A fs. 083 nos pone en conocimiento que: “Investigación de Tóxicos y Drogas de Abuso, “bajo juramento de ley” del farmacéutico, Daniel M. Rodríguez; perteneciente al Laboratorio Químico Policial sobre muestras de sangre de: 1) Correa, Juan Diego. 2) Baffico, Juan Domingo. Ambos: “RESULTADO NEGATIVO”.

EPILOGO.

Como resultado nos queda que Gastón “Tonchi” Flores y sus dos amigos, sin lugar a dudas fueron víctimas del accionar criminal por parte de miembros de la Policía Bonaerense, institución que una vez más demuestra que la represión sin límites forma parte de su política de acción. Que Gómez o Azamé o cualquier otro psicópata asesino integrantes de sus filas, no se corresponden a hechos aislados. Que no son loquitos sueltos que andan por ahí a los tiros. No. Si todo “un aparato” se encuentra montado y dispuesto a - mediante maniobras fraudulentas, despistar y entorpecer el accionar de la Justicia - es porque se trata de una política que viene, además, no sólo de la institución sino de mucho más arriba, se trata en definitiva de una política de Estado.

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Investigaciones Rodolfo Walsh